El adolescente y la identidad: desarrollo de la personalidad

Adolescente visto de espaldas contemplando un paisaje montañoso, imagen referencial sobre la construcción de la identidad
Imagen referencial. Fotografía: Manga Verde / Pexels. No representa a un paciente real.

La adolescencia es una etapa de cambios biológicos, psicológicos y sociales. La psiquiatra Rocío Álvarez reflexiona sobre cómo se construyen la identidad y la personalidad, y por qué es importante el acompañamiento durante el paso a la vida adulta.

Cambios y desafíos de la adolescencia

La adolescencia es un período normal en la evolución humana, se caracteriza por la presencia de profundos cambios biológicos, psicológicos y sociales. En esta etapa se produce la aceleración del desarrollo cognitivo y se consolida la personalidad.

En algunas culturas hay ritos preestablecidos que ayudan al adolescente a pasar esta etapa y a tomar una “ubicación” dentro de la comunidad para formar parte de ella. En esta etapa se pone a prueba su fuerza, su coraje, sus límites, sus valores, sus capacidades y voluntad. Sin embargo, en sociedades tecnológicamente avanzadas, el final de la infancia, los cambios físicos y mentales, y las exigencias de la vida adulta no bien aclaradas, delimitadas o diferenciadas, hacen que la etapa de la adolescencia sea más difusa y que muchos jóvenes tiendan a evadir el enfrentamiento a la realidad y refugiarse en fantasías, drogas, fiestas u otras adicciones. Hoy, por ejemplo, es común ver a los jóvenes evadirse en lo tecnológico sin llegar a un fin y después crearse un sufrimiento grande al compararse con esas vidas de revista de las redes sociales. Los jóvenes de sociedades que crecen están cada vez más desprotegidos, no tienen el acompañamiento y las explicaciones que necesitan sobre el funcionamiento del mundo, las realidades y sus deberes.

Alcanzar el estatus de adulto, con todas las responsabilidades que esto implica, atemoriza a muchos jóvenes, y son pocos los que tienen la capacidad de autodirección; la mayoría necesita acompañamiento para crecer, un acompañamiento que le sirva para saber quién es y hacia dónde va, que le haga tener en cuenta lo que le rodea y es real, no una mera fantasía de televisión o celular. El mundo no solo atemoriza, sino que atrae y desconcierta, y es provocando lo investigativo que aplacamos el miedo en el adolescente.

En sociedades muy avanzadas tecnológicamente hablando hay largos períodos de estudio para muchas carreras representativas; esto tiende a atrasar el período de independencia, que es vital para el desarrollo del individuo, y alarga su desarrollo social. Por ello hay que estimularlos a estudiar y a tener trabajos de medio tiempo, o estudios y deporte de acuerdo con la necesidad del individuo y sus capacidades. Hay que ayudar a los jóvenes a elegir carreras y actividades que les den satisfacciones y les ayuden a encontrar un desarrollo social óptimo. Toda la inversión de tiempo que requiere formar a un joven vale a la hora de desarrollar su identidad y consecuente personalidad.

Cómo se forma la identidad y la personalidad

La identidad se forma según el ambiente en que se vive, al identificarse con las figuras de autoridad, con los pares, al elegir deportes, amigos, pasatiempos, ideas, lecturas, etc. Esta identidad lleva al joven a desarrollar características propias en concordancia con las necesidades de su mundo concebido y lo lleva a desarrollar una personalidad en concordancia con las habilidades que necesita. Entre más entrenamiento tenga un joven en desarrollar un control de emociones y desarrollar habilidades y valores, más fuerte será su personalidad.

Según el autor Erik Erikson, la mayor tarea del adolescente, dentro de esta marea de cambios físicos, biológicos, mentales y sociales, es conseguir una “sana identidad del yo”, es decir, saber quiénes son, lo que quieren, lo que no quieren, hacia dónde van, sus sueños, conocer sus capacidades, habilidades y limitaciones para tomar su “ubicación en el mundo”. Es decir, si te gusta el mundo médico, te interesará desarrollar capacidades para la ciencia y tolerancia para conseguir llegar a este mundo, y el joven desarrollará las habilidades requeridas para ser médico; desarrollará capacidades de acuerdo con el rol o roles que desee desempeñar y tolerará lo incierto y los caminos que se van abriendo para él. Esto reforzará su autoestima enfocándose en lo logrado en esos caminos que se le abren hacia sus cometidos.

La sociedad debe proveer la materia prima, la semilla que se quiere que germine para cosechar lo que se necesita, y cuidar la cosecha, no dejarla al azar ni a la ignorancia de una televisión o redes sociales que venden fantasías y crean sufrimientos inútiles. La tarea de educar jóvenes es de suma importancia, principalmente al ubicarlos en la realidad. Los caminos se van haciendo al caminar y la tolerancia es básica, un valor y habilidad que se pierde en la rapidez de la vida actual. Es muy importante acompañar al joven en sus caminos de elección o ayudarle a vislumbrar los mejores caminos y a saber hacia dónde se dirige. Para saber qué camino debemos tomar, debemos saber a dónde queremos llegar.

Las crisis de identidad y los modelos de referencia

En la adolescencia es normal atravesar crisis de identidad: “no sé quién soy”, “¿me gusta esto o no me gusta?”, “¿hacia dónde voy?” y más cuestionamientos por el estilo que se activan en la mente para aumentar la autoconciencia y la reafirmación. Para las respuestas se buscan modelos a seguir, soluciones e ideas nuevas para una mejor adaptación al medio. Las crisis de identidad se resuelven con la adquisición de mayor identidad e independencia, es decir, con una reafirmación positiva del yo en relación al medio circundante y al momento en que se vive.

Es muy importante que los padres vigilen en estas etapas de la vida que el joven esté expuesto a modelos sanos y a la realidad, que se tenga mucho cuidado con lo que ellos escogen para seguir en televisión y en redes sociales. Es un deber colectivo vigilar que la sociedad en la que nos desempeñamos promueva la génesis de modelos que traduzcan valores y que la cultura los adquiera y muestre constantemente a los niños y jóvenes. Las películas se empeñan en mostrar una normalidad de fiestas, alcohol y drogas en la juventud y esto no es verdad: el joven debe exponerse a la realidad y a modelos que enseñen capacidades, habilidades, ideas de adaptación, comunicación y valores con los que se pueda desarrollar de la mejor manera posible.

Acompañamiento familiar y autonomía

Es normal ver el negativismo en los jóvenes, que no quieren modelos antiguos o modelos rígidos que para ellos fallan en mucho. Con la fuerza de la juventud se siente cierta invencibilidad que no es real. Las discusiones con los padres generalmente se dan alrededor de los amigos, de los estudios, de la carrera, de las salidas y fiestas; se miden fuerzas con las elecciones. Por este motivo es más provechosa una conversación guía y límites claros a tiempo, sin negociar lo no negociable: no malas amistades, no drogas y no exceso de fiestas. Si las fiestas y los amigos ayudaran a los jóvenes serían la recomendación más dada; los buenos amigos son aquellos que refuerzan las buenas actitudes, jóvenes interesados en el estudio, los deportes y el futuro. Las fiestas son solo una distracción que sirve para conocer gente y divertirse, no para que se den varias veces a la semana, y peor para alcoholizarse. Exponerse a drogas o a que pase algo malo por el exceso de alcohol no es lo que se necesita en la vida, todo lo contrario, es algo a evitar. Si algún joven se siente atraído a las cosas que lo pueden dañar hay que pedir ayuda casi de inmediato. El alcohol, las drogas, el exceso de fiestas, las adicciones sin sentido llevan a dañar una vida.

Los jóvenes quieren sentir su independencia, quieren sentir su poder y tener sus iniciativas, sus equivocaciones, sus aprendizajes; por lo que es importante un acompañamiento eficaz más que un juzgamiento constante. Ellos quieren formar un nuevo mundo con sus ideas que mejoren lo ya vivido. Esto tiene sentido en la cuestión de la evolución humana, las cosas tienden a ser siempre diferentes y son los jóvenes los que abren caminos. Si se ven secuestrados en las pantallas de celulares, en las drogas y las fiestas esa evolución se verá estancada.

Conclusión: tiempo, esfuerzo y comprensión

En conclusión, tenemos un individuo que sale de una etapa de vida sin mayores responsabilidades de decisión, sufre pensando en lo incierto del futuro, en los cambios que se dan en su vida, en las responsabilidades que tendrá que asumir, y no es algo pasajero y leve, es algo importante y que necesitará de mucho apoyo para que sea capaz de formar una personalidad firme y equilibrada. Cuando el joven va al colegio y comparte con otros, cuando interviene en cuestiones reales y familiares, cuando elige sus deportes, va entendiendo el mundo y va desarrollando mecanismos adaptativos, formas de superación, habilidades sociales y resolución de problemas que serán su armadura para defenderse en la vida, serán los pilares de su personalidad y de su futuro. El futuro de un joven necesita inversión de tiempo, esfuerzo y comprensión, y cada adulto en la sociedad tiene la responsabilidad de ver por sus jóvenes y entregar a la comunidad alguien de valor comunitario.

Fuente: artículo original «EL ADOLESCENTE Y LA IDENTIDAD, DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD», proporcionado por la Dra. Rocío Álvarez F. Se han normalizado tildes, puntuación y errores de digitalización del documento escaneado. Las reflexiones y recomendaciones se atribuyen a su autora.

Este contenido ofrece información y reflexiones generales sobre la adolescencia; no sustituye una valoración profesional individual. Si un adolescente presenta dificultades emocionales o conductas de riesgo, busca orientación con un profesional de salud.