
Es una enfermedad benigna
sumamente frecuente que se produce en edad en que la actividad testicular
(hormonal) está declinando, es decir guarda una relación directa con el
envejecimiento del hombre. Esta patología tiene un gran efecto humano y
económico ya que 50 a 80% lo padece a los 70 años y va en aumento con los
siguientes. En los últimos años se han propuesto muchos métodos de
diagnósticos y numerosos tratamientos médicos y quirúrgicos para solucionar
éste problema. Siendo fundamental la correcta valoración de los signos y
síntomas urinarios que van desde problemas de obstrucción como disuria
(dificultad para orinar), disminución de la fuerza y calibre del chorro
urinario, frecuencia
urinaria diurna y nocturna aumentada, retención completa de orina y síntomas
de irritación (inflamación) como ardor, urgencia urinaria y molestias
pelvianas. Teniendo como
examen indispensable dentro de la valoración física el tacto rectal. De
manera rutinaria se debe medir las características del flujo urinario
(UROFLUJOMETRIA computarizada), análisis de sangre, orina y la ecografía
de riñones, vejiga, próstata y residuo postmiccional completan la
valoración.
Con
estos resultados podemos definir si la Hipertrofia Prostática Benigna
(HPB) amerita tratamiento o no. Dependiendo de la severidad de los síntomas
y su repercusión en la función renal y vaciamiento vesical
el urólogo determinará la conducta a seguir que va desde tratamientos
farmacológicos cuyo beneficio se debe a
mejorar el flujo de orina tratando de evitar la cirugía o el
procedimiento quirúrgico que gracias a los avances científicos se realiza en
la gran mayoría de las ocasiones por vía transuretral (a través de la
uretra), sin cicatriz y con estancia muy corta en el hospital y con
excelentes resultados.
Autor:
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Dr.
GUSTAVO PICO MONTALVAN
Urólogo Guayaquil |


