MUERTE CEREBRAL: Una mirada cRÃoica y reflexiva

Ilustración informativa de MUERTE CEREBRAL: Una mirada cRÃoica y reflexiva
Ilustración temática: MUERTE CEREBRAL: Una mirada cRÃoica y reflexiva
 

Carlos Gherardi, MD.

Introducci?
El Diagnóstico de muerte cerebral sigue siendo conflictivo para la sociedad y para la medicina a pesar de haber transcurrido más de treinta años desde que fuera propuesta como una alternativa frente a la Clínica y tradicional muerte cardiorrespiratoria.

El c?ebre informe del comité de la Escuela de Medicina de Harvard publicado en 19681 propone por primera vez definir el llamado coma irreversible hasta entonces como un nuevo criterio de muerte, y reconoce como motivación esencial para ello la cantidad de pacientes con cerebro dañodo severa e irreversiblemente que estaban sometidos a ventilaci? mecótica y la ausencia de sistematizaci? sobre las condiciones requeribles del presunto donante para efectuar la ablación que. permitiera la obtenci? de óganos para trasplante.

Para la medicina y para la sociedad este hecho signific?la internacionalizaci? de una nueva definici? que cambi?el concepto y el criterio sustentado hasta entonces y que se basaba en la completa interrupción del flujo sanguíaeo (paro cardíaco o asistolia) y la cesaci? consecuente de las funciones vitales (respiración, ruidos cardíacos, pulso. etc.) El corazón ya no podía ser considerado el órgano central de la vida y la muerte como sinánimo de ausencia de latido cardíaco. Se eleg? el cerebro como el órgano cuyo daño deb? definir el final de la vida2.

El paso del tiempo y el continuo avance tecnolúnico complic?aun más la comprensión de este concepto en virtud de la generalizaci? de la aplicaci? del soporte vital al paciente grave y la consecuente implicancia que su aplicaci? o retiro tiene en la muerte del mismo. El advenimiento de toda una época que puede llamarse de "muerte intervenida", en la que las acciones que se emprenden, se omiten o se suspenden en el paciente cRÃoico tienen una influencia decisiva y cercana en la Determinación de la muerte, ha creado una importante cantidad ddudas, dilemas y conflictos que deseamos examinar en este capóvulo3-4.

Examen del problema
En la década del cincuenta un grupo de Neurólogos franceses (Mollaret y Goulon) llamaron la atención sobre ciertas situaciones Clínicas que evolucionaban con coma muy profundo y aparentemente irreversible que llamaron "coma depassí. Se trataba de pacientes asistidos con respirador, con respuesta nula a está ulos, pérdida total de reflejos incluidos los troncales (tos, degluci?) y falta de actividad electrofisiolótica cerebral (ECG plano). Simultáreamente a partir de estos años la incorporaci? de las salas de cuidado intensivo en la atención Médica cambi?la epidemiolog? del paciente cRÃoico observíadose un aumento progresivo de patología no recuperable generalmente portadora de accidente vascular cerebral y encefalopat? hipótica. Desde entonces también el nombre de coma irreversible comienza a ser frecuente para describir este tipo de pacientes hasta entonces mal caracterizado. Simultáreamente en los mismos años los trasplantes renales comenzaron a cobrar mayor impulso con la búsqueda de dadores cadavíaicos y en 1963 se efectuaron los primeros trasplantes de hígado y Pulmón . Finalmente, y luego de importante investigación experimental en varios centros, Barnard realiz?en 1967 en el hombre el primer trasplante cardíaco. En todas estas situaciones resultaba imposible precisar las condiciones en que se obtiene el órgano del para el éxito del trasplantes.
En este contexto, urgido por las referidas circunstancias y el pedido expreso de eminentes médicosdel Massachusetts General Hospital,.un comité ad-hoc de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard dirigido por Henry Beecher- hasta el momento coordinador de un grupo que estudiaba las cuestiones óticas referidas a la experimentaci? en seres humanos- e integrado por diez médicos con la asistencia de un abogado, un historiador y un te?ogo aconseja RÃoidamente en una publicación aparecida en el lAMA el día 5 de Agosto de 1968, una nueva definici? de muerte basada en la irreversibilidad del daño cerebral producido 1. Los requerimientos y pruebas diagnósticas que demostraran la detenci? en las funciones del cerebro fueron establecidas taxativamente en mismo informe: coma (ausencia completa de conciencia, motilidad y sensibilidad), apnea (ausencia de respiración espontárea), ausencia de reflejos que involucren pares craneanos y tronco cerebral, y trazado electroencefalográfico plano o isoeléctrico. Cumplidas estas condiciones durante un tiempo estipulado, y previo descarte de la existencia de hipotermia o intoxicaci? por drogas depresoras del sistema nervioso, deb? diagnosticarse la muerte, ahora "cerebral", y suspenderse todo más odo de soporte asistencia!. Esta propuesta sobre muerte cerebral se impuso RÃoidamente por la clara evidencia de irreversibilidad en Aquíellos cuadros clínicos en quienes se verifican las condiciones neurológicas allídescriptas y en los que, aun manteniendo las medidas de asistencia respiratoria mecótica y de soporte circulatorio, el paro cardíaco se produciRÃo en pocas horas o días.

La imperiosa recomendación del informe Harvard provino de la conveniencia de normatizar las condiciones en que era posible y razonable establecer un l?ite en la atención Médica de un paciente en coma con evolución irreversible sometido a un soporte vital como la respiración mecótica. La sinceridad y valent? de este comité se expresíen el propio trabajo donde se enumeran las dos causas centrales de la propuesta:


1) la carga o el peso (burden) que los pacientes con coma irreversible significan para el propio paciente y/?para otros (familia, hospitales, falta de camas para pacientes recu- perables) y 2) la "controversia" existente por no saber claramente cuando era razonable efectuar la ablación de óganos para trasplantes, circunstancias ambas que prestaron fundamento lúnico al planteo efectuado l.

En el trabajo original de sólo cuatro Páginas donde se propuso esta prudente y sabia decisión, que surgi?de la observación racional de la realidad asistencial, existen adicionalmente a la descripci? Clínica sólo dos comentarios centrales de la coMisión: la preocupaci? de la existencia de una norma legal que, para protección de los. médico s, declarara a la persona muerta antes de retirada del respirador, y la expl?ita menci?, apoyada por la ótica cita bibliogRÃoica del trabajo, de que la Iglesia Católica, a través del Papa P? XII, ya en 1958 había declarado que la prolongaci? de la vida por métodos extraordinarios en este tipo de pacientes crónicos y la verificaci? del momento de la muerte eran de incumbencia estrictamente Médica l.
En resumen, el informe Harvard fu?el resultado de la observación Clínica que registRÃola existencia cierta de un grupo numeroso de pacientes, emergentes del avance tecnocientúnico de la medicina, que necesitaban imperiosamente un abordaje especial. La necesidad de la adopci? de una nueva conducta era dependiente de una concepción netamente utilitarista: deb? normatizarse cuando era léxito óticamente ablacionar óganos para los transplantes que ya se efectuaban y además era dificil soportar indefinidamente la atención de situaciones claramente irreversibles. La decisión no podía ser otra que el establecimiento de un l?ite en la asistencia que en este caso result?la interrupción de la ventilaci? mecótica6.

Esta nueva situación prestá normalidad y consentimiento al progreso de la trasplantolog? y comenz?a plantear en la práctica operativa el retiro del soporte vital respiratorio en un particular tipo de paciente cRÃoico que se definiñoa partir de ese instante como muerto desde el punto de vista cerebral. En los años subsiguientes y hasta el comienzo de la década del ochenta en sucesivos documentos publicados sobre este tema se estableci?una definici? de la muerte, los criterios sobre los que se sustenta y los tests que permiten su diagn?tic07-8-9. Asílas cosas, la muerte se definiñocomo el cese del funcionamiento del organismo como un todo y el nuevo criterio de muerte cerebral ten? como fundamento central la abolici? de la función cerebral completa (whole brain criterion). Esto último implicaba el cese de las funciones corticales (coma, ausencia de motilidad voluntaria y sensibilidad) y Aquíellas dependientes del tronco cerebral (reflejos que involucran pares craneanos, ausencia de respiración espontárea). El nuevo paradigma de la muerte surg? asía través de la interpretaci? conceptual de equiparar a la cesaci? de la actividad de las neuronas responsables de la Organización de los principales subsistemas orgánicos con la interrupción de la función integradora del organismo como un tod09.

Habida cuenta que la concepción totalizadora que resume esta nueva definici? puede interpretarse como un aporte creativo de la bioótica que sintetiza operaciones tecnolóticas, conceptos científicos e ideas filosóticas 10, resulta indispensable analizar la evolución que en las tres décadas posteriores se ha producido en la investigación bioMédica, en el propio debate bioúnico sobre los problemas del fin de la vida y también algunos aspectos del marco juRÃoico en que se ha intentado encuadrar este tema en distintos países.

Aspectos científicos
La aparición del la muerte cerebral como un estricto Diagnóstico neurológico ante cuadros claramente irreversibles, permiti?la inmediata creencia de que está amos en presencia de un nuevo adelanto médico capaz de descubrir por el más odo cientúnico el verdadero sus trato de la muerte. La irrecuperabilidad e irreversibilidad de este cuadro prestá absoluta credibilidad a la interrupción del soporte vital: en efecto la muerte por asistolia ocurriRÃo en pocos días indefectiblemente. No obstante estos cuerpos no parecen muertos (look death), se ha demostrado que la prosecuci? del tratamiento de sostén en algunos casos permiten "sobrevidas" superiores a los doscientos días y quizás si hoy, treinta años después , se aplicara todo el arsenal disponible las"sobrevidas" seRÃon aun mayores y habituales. Las mujeres embarazadas con fetos no viables al tiempo de la patología cerebral han permitido -luego de varias semanas y hasta meses- el nacimiento de recién nacidos normales y la esperma de varones es apta para la fertilizaci?2-6.

Actualmente no es fácilmente sostenible una justificación biolótica de la muerte cerebral para argumentar la pérdida irreversible de la función cerebral completa. La actividad el?trica cerebral se ha encontrado presente en el electroencefalograma en porcentajes que oscilan entre el 15 y el 40% de personas con criterios de muerte cerebral y en algunos países como Gran Bretaño ya no es requerido este estudio para su Diagnóstico 11. Desde el punto de vista endocrinometabúnico se constata idemnidad en la función hipot?amohipofisaria con normalidad en la secreción de vasopresina en el 25% de las series con muerte cerebral lo que resulta concordante con la presencia de diabetes insípida sólo en el 38% de los niños y en un porcentaje muy variable de adultos (50 a 70 %). Se han encontrado asimismo valores normales de hormonas hipofisarias tales como PRL, GH, LH Y TSH sóticas. Se ha comprobado asimismo la normalidad del eje TRH y TSH con respuestas adecuadas de la hip?isis anterior a la estimulación hormonal12. también se ha verificado la existencia de respuesta hemodinótica frente a está ulos externos y la misma incisión quirúrgica para efectuar la ablación promueve un aumento de tensión arterial y tAquícardia resultando un dato operativo demostrativo de interacción con el medio exteriorI2-13.

Con estos resultados y algunos otros se ha observado cRÃoicamente que no se consideren estos índices metabúnicos como parte de las funciones integradoras del sistema nervioso central cuya afectación ha sido el concepto central del nuevo criterio de muerte aunque pudieran ser interpretados como ejemplos de actividad cerebral residual14. Actualmente siguen vigentes las normas del Subcomité de Calidad de la Academia Americana de Neurolog?l5 acerca de los criterios de Diagnóstico clínico de la muerte cerebral en presencia de signos de foco neurológico evidente (traumatismo de craneo, hemorragia subaracnoidea por rotura aneurisMédica) y otras situaciones derivadas de lesiones encefóticas isqué icas e hipóticas, con especial recomendación de excluir las causas reversible s (intoxicaci?, hipotermia, trastornos metab?ic0s).

Dicho informe confirma que la muerte cerebral es un Diagnóstico clínico, sistematiza el test de apnea que resulta crucial para el Diagnóstico, afirma que la evaluación repetida a las 6 horas es recomendable aunque dicho lapso es arbitrario y finalmente concluye que los métodos "confirmatorios" son opcionales para Aquíellos casos de evaluación Clínica dudosa (por ejemplo severo trauma facial). Adicionalmente muchos otros métodos exploratorios del enc?alo como el EcoDoppler transcraneal, la perfusi? cerebral por métodos radioi- sotóricos, la angiografia, el SPECT y el estudio pormenorizado de potenciales evocados han demostrado utilidad predictiva en la aproximaci? de la muerte cerebral y no la validez cierta de un más odo confirmatorio seguro. Contrariamente a lo inicialmente esperable, el avance en el conocimiento neurofisiolúnico no ha permitido encontrar un examen que delimite una frontera nítida. entre la vida y la muerte neurológica (funciones corticales y troncales) por lo que los tests Diagnósticos de muerte cerebral tienden con el paso de los años a ser más clínicos que instrumentales2-15.
Recientemente y como un dato más de la vigencia de este debate se ha planteado una controversia en Gran Bretaño entre los médicosde Terapia Intensiva y los anestesi?ogos sobre si debe o no aplicarse anestesia al donante (muerto cerebral) para efectuar la ablación de los óganos16.

Estos datos biolúnicos que se han acumulado ponen en duda el concepto inicial de pérdida irreversible y completa de la función cerebral, como criterio que fundamenta la nueva definici? de muerte y muestran que sólo un Número muy cRÃoico de neuronas cesan su actividad17. Esta realidad, enfrentada con el criterio de pérdida completa de la función cerebral, no podrá responder esta pregunta crucial: qué cualidad tan esencial y significativa tiene este Número cRÃoico de elementos de una entidad que su pérdida constituye la muerte de toda la entidadía18. Asimismo la consideraci? de la afectación de los subsistemas integradoras del organismo considerado como un todo resulta dificil de mantener cuando se observa la conservaci? intacta de funciones esencialmente homeostópicas como las endocrinometabásicas, lo que cuestionaRÃo la definici? misma de la muerte.

Aspectos bioúnicos
Esta muerte cerebral, que a pesar de los treinta años transcurridos desde su concepción, aun no ha perdido su adjetivaci? de "cerebral" nos introduce en el apasionante tema de debatir si, en estos tiempos de incesantes adelantos tecnolúnicos, la identificación de la muerte como extremo del final de la vida no es verdadera y simplemente una convenci? acordada por la sociedad del mismo modo que lo seRÃoel comienzo de la vida humana6.

Desde el comienzo de esta nueva etapa result?claro que el tema en cuesti? no era simplemente un problema médico sino que afectaba a toda la sociedad requiriendo una profunda reflexión sociolótica y moral. Ya en los primeros años de debate sobre la pertinencia del concepto de muerte cerebral, R. Morrison expuso -en un meduloso trabajo publicado en 1971 em Science19 que este fenómeno final no era un evento sino un proceso continuo, gradual y complejo que excedía la biolog? y la medicina y que todo acuerdo sobre este punto necesitaba, además de una intensa indagaci? filosótica, ótica, legal y social, ser asumido y comprendido por la sociedad, quien en definitiva tendRÃo que delinear y aceptar el nuevo concepto sobre la misma.

Sin embargo la circunstancia inicial de denominar como muerte a la nueva situación y ciertos desarrollos conceptuales posteriores impidieron quizás un adecuado conocimiento sobre la naturaleza óptima de los hechos.

"Los Nuer, una tribu africana, consideraban a los recién nacidos defectuosos como hipop?amos que eran equivocadamente concebidos por padres humanos quienes entonces los colocaban en el borde del RÃo, para devolverlos a lo que era su habitat natural". Esta an?dota histópica, tomada del libro de Bioótica de Beauchamps y Childress (3ra. Edici?) y citada por Youngner18 hace referencia al artilugio conceptual utilizado por esta tribu para obviar la prohibici? moral de matar recién nacidos no deseados. La similitud de esta costumbre tribal con la aceptaci? de declarar como muertos a Aquíellos pacientes con pérdida de la función cerebral completa, en lugar de plantear la necesidad de la interrupción del soporte vital o la ablación de óganos para permitir la llegada de la muerte, sugiere al autor citado que la muerte cerebral no signific?una tergiversaci? conceptual para toda la sociedad.

A partir de 1968 y desde el marco formal de la bioótica sucesivos documentos publicados establecieron consensos para el establecimiento de definiciones, criterios y tests Diagnósticos sobre la muerte. La abolici? de la función cerebral completa (whole brain criterion) significaba la cesaci? de la actividad de la función integrad ora del organismo como un todo y provey? en la hip?esis de Bernat de 1981 el sustento conceptual de una Determinación tomada trece años antes. A partir de entonces, y a propuesta de la coMisión presidencial, en el acta sobre la definici? de la muerte se considera como muerte a: 1) la irreversible cesaci? de la función circulatoria o respiratoria y 2) la irreversible cesaci? de la función cerebral completa. Esto último impli- caba tanto las funciones corticales (coma, ausencia de motilidad voluntaria y sensibilidad) como Aquíellas depen- dientes del tronco cerebral (reflejos que involucran pares craneanos, ausencia de respiración espon-tárea). Se nece- sitaron unas pocas semanas para elaborar el informe Harvard (1968)1 y muchos años para establecer un marco conceptual (CoMisión Presidencial, Bernat. 1981t

Desde 1968 y en las siguientes décadas del setenta y del ochenta se asisti?a la aparición cada vez más frecuente de cuadros clínicos intermedios con variables grados de lesión del sistema nervioso como en el estado vegetativo persistente (EVP), demencias profundas, anencefalias y otras, en que no se cumplen los criterios aceptados de muerte cerebral (idemnidad del sistema reticular activador del tronco cerebral y de las funciones respiratoria y circulatoria), pero que también tienen daño cerebral irreversible con pérdida absoluta de las funciones corticocerebrales superiores: tienen permanentemente abolida la conciencia, la afectividad y la comunicación con conservaci? de los ciclos sueño-vigilia, de los reflejos y movimientos oculares, de la respiración espontárea y de los reflejos protectores del víaito y de la tos2-6-14. La existencia de este grado de lesión neurológica cerebral superior ha dado origen al criterio de muerte neocortical sustentado en la pérdida de las funciones cognoscitivas superiores, que tienen su asiento en la cortezl-14-16. En estos casos la suspensi? de la hidratación y la nutrición provoca la muerte por paro cardiaco en un lapso de 10 a 15 días circunstancias que han instalado el debate sobre la inmutabilidad de la definici? de la muerte y su criterio de sustentaci?.

Entretanto y mientras en este grupo importante de pacientes se comienza a plantear frecuentemente importantes problemas de decisión Médica, durante este tiempo, en el mismo país (USA) no era posible acceder a la solicitud de interrupción de la asis tencia respiratoria mecótica en el paciente en coma (Karen Quinlan en 1976) y se comenzaba el debate social, médico y juRÃoico sobre sobre la aplicaci? o suspensi? de los métodos de soporte vital al mismo tiempo que se impulsaba, desde diversos foros, el derecho de los pacientes a decidir sobre su destino.

Asimismo, la evolución posterior de los acontecimientos en esta óptima década han avanzado sobre la aceptaci? de la abstenci? y el retiro de los métodos de soporte vital en el estado vegetativo persistente, cuyos casos paradigmédicosen el mundo han sido la suspensi? de la hidratación y nutrición parenteral de Nancy Cruzan en 1990 en USA y de Antony Bland en 1994 en el Reino Unido.

Asílas cosas, desde hace varios años existe un permanente reexamen del problema desde el punto de vista bioúnico. Muchos eticistas, médico s y fil?ofos, se han preguntado por qué tomar en cuenta la falla neurológica que regula la homeostasis de las funciones vegetativas, como el caso de la respiración, para definir la muerte y no simplemente la pérdida irreversible de la conciencia que es la que define absolutamente la naturaleza y condición humanas13-17. Este criterio cerebral superior (high brain criterion) da sustento a la hip?esis de muerte neocortical que abandona completamente el sentido puramente biolúnico de la vida y prioriza en cambio los aspectos vinculados a la existencia de la conciencia, afectividad y comunicación como exPresión de la identidad de la persona. Siguiendo esta lárea de pensamiento la teoRÃo de la identidad personal de Wikler apunta a defender el "high brain criterion" considerando asimismo como razones espurias a la justificación biolótica, pretendidamente inobjetable, de la muerte cerebraño2?. Cuando queda abolida totalmente la conciencia como en el EVP la persona desaparece quedando en cambio el cuerpo biolúnico que la alberg?

El desarrollo filosófico de la diferenciaci? entre el concepto de persona y organismo también puede enriquecerse a partir del estudio de la ontog?esis del cerebro humano desde el embrión hasta el lactante en donde se establece la existencia de cuatro fases evolutivas secuenciales: organismo, individuo biolúnico, ser humano y persona2!. La distinción. entre ser humano y persona como conceptos bien diferenciados desde el punto de visto ontogenúnico ayudaRÃoa la comprensión de los fenómenos operados en el fin de la vida cuando se producen diversas afectaciones del sistema nervioso central.

Aspectos juRÃoicos
El Diagnóstico de muerte cerebral cre?la necesidad de una Adaptación legal a la nueva definici? provocando modificaciones primeramente en el status juRÃoico en los diversos Estados de USA y seguidamente en varios países europeos. En nuestro país la ley N? 21.541/77 Y su reglamentaci? expuso las condiciones requeridas para el Diagnóstico de muerte cerebral para los casos de donantes de óganos, que luego fuera extendida para todos los hombres por una nueva ley de reformas (Ley No 23.464/87) después ratificada por la Ley No. 24193/93 ahora vigente.

En la legislaci? argentina se establece como necesaria para determinar el fallecimiento de una persona (art. 23 de la ley 24193/93) la constataci? acumulativa y persistente durante seis horas de: a) ausencia irreversible de respuesta cerebral con pérdida absoluta de la conciencia, b) ausencia de respiración espontárea, e) ausencia de reflejos cefísicos y constataci? de pupilas fijas no reactivas y d) corroboraci? de inactividad encefótica por los medios tétnicos o instrumentales que fije el Ministerio de Salud. Actualmente, y en cumplimiento de lo prescripto por el inciso d) la resolución 34/98 del 20 de Marzo de 1998 (Boletin Oficial No. 28.865) emitida por el Ministerio de Salud de la Naci? con el' asesoramiento del INCUCAI normatiza técnicamente el Protocolo de Diagnóstico de Muerte bajo Criterios Neurológicos. Como ya se ha dicho si bien el Diagnóstico de muerte cerebral es eminentemente clínico, y en países con alto desarrollo tecnolúnico como Gran Bretaño y Estados Unidos de NorteAmérica no se exigen Exámenes complementarios sino en circunstancias muy especiales (trauma facial severo, fractura de pe?sco,etc), en nuestro país existe una normativa legal que exige su realización en todos los casos.

La Certificación del fallecimiento seRÃoefectuada en este caso por dos médico s, entre los cuales figuraRÃoun Neurólogo o neurocirujano, y la hora del mismo seRÃocuando se constaten por primera vez los signos mencionados. Si bien esta nueva ley de Trasplantes manifiesta taxativamente que esta normativa para la Certificación del fallecimiento es víaida para todo efecto, la experiencia de algunos médicosy servicios asistenciales han verificado que algunos jueces no aceptan cumplir la norma cuando no se trata de un donante de óganos.

No obstante en este proceso se ha producido un extenso debate en todo el mundo y por ejemplo recién en 1990 Suecia y Dinamarca incorporaron a su legislaci? el Diagnóstico de muerte cerebral, que aun hoy no resulta aceptada en la mayoría de los países islúnicos. Incluso en algunos países, como en Jap?, en los que existe una disposición juRÃoica permisiva y un alto desarrollo tecnolúnico, no se ha diseñodo una Política clara de trasplantes por razones de ?dole moral y cultural. Dinamarca es un país donde actualmente existen dos standard de muerte: la cerebral para el caso de donantes de óganos y la cardiorrespiratoria tradicional para el resto de las situaciones.

Desde hace algunos años en los Estados de Nueva Jersey y de Nueva York de USA existe una disposición legislativa por la cual las personas tienen derecho a no aceptar el retiro del respirador en caso de muerte cerebral por objeci? de conciencia lo que significa anteponer el ejercicio de la autonomás por encima de una norma (Diagnóstico de muerte cerebral) que parece entonces conceptuarse como meramente convencional y hasta de cumplimiento voluntari06.

Dilemas actuales
Si se examina reflexivamente el problema desde el informe Harvard hasta nuestros días se puede ver como un continuo todo este proceso que se inicia por la posibilidad de remplazar con soporte externo la casi totalidad de las funciones vegetativas en pacientes en coma permanente con diverso grado de lesión neurológica. La visualizaci? de la muerte cerebral como el establecimiento cierto de un l?ite convencional en la asistencia Médica permitiRÃo una mayor comprensión de esta situación. La presentación en sociedad de la muerte cerebral como producto de un descubrimiento por el avance cientúnico tampoco ayudíaal conocimiento pleno de la verdad. No obstante la RÃoida aceptaci? de este criterio cerebral para la interrupción de la asistencia respiratoria mecótica o el soporte circulatorio se debi?justamente a que se propon? una solución para un problema grave y cierto. Del mismo texto del informe Harvard surge que ante determinadas circunstancias hubo una imperiosa necesidad de establecer un l?ite en la atención Médica2-6.

La utilización de la palabra muerte para calificar la nueva situación no facilitéstampoco la comprensión total de la situación por parte de la medicina ni de la sociedad y no se obtuvo entonces la plena identificación de la muerte con la muerte cerebral. Es importante señalar que .a pesar del consenso operativo existente en la mayoría de los países del mundo occidental para los casos de Selección del donante de óganos, el acuerdo en proceder a la ablación en las circunstancias actuales no ha implicado la óptima creencia de esta identidad ni siquiera en la mayoría (sólo un 35%) de los integrantes de un equipo de procuraci? y trasplante y quizás por ello no se ha podido prescindir de la palabra cerebral para calificar a este tipo de muerte22.

también la generalizada aceptaci? actual de la abstenci? o interrupción de todos los métodos de soporte vital, incluidos la hidratación y nutrición, en el paciente cRÃoico y su directa influencia en la Provocación de la muerte, permite asimilar con mayor facilidad la visión de la muerte cerebral como una interrupción en el más odo de soporte vital (respirador). Por ello, si uno de los objetivos centrales del informe Havard fue reglar la procuraci? de óganos, y hoy ya se acepta la licitud ótica de interrumpir el soporte vital, se ha planteado la posibilidad de autorizar la obtenci? de óganos en otras situaciones Clínicas (estado vegetativo persistente y niños anencefísicos )23-24-25-26.

Finalmente la subsistencia de este debate demuestra por si mismo que la aceptaci? del concepto de muerte cerebral como una necesidad indudable no ha implicado la aceptaci? plena y conciente que ?a es la muerte (por lo menos la ótica y verdadera)2-6-24-25. La aplicaci? actual en Pitsburgh de un protocolo con una compleja metodolog? de obtenci? de óganos con corazón detenido, que trata de preservar las condiciones del órgano junto a la necesidad de obviar el Diagnóstico de muerte cerebral, aunque determinando la existencia de la muerte después de 2 a 3 minutos del paro provocado por la suspensi? del soporte vital, expresa las permanentes reservas que aun existen en la sociedad6.

reflexión cRÃoica. La muerte cerebral como l?ite.
Mas allíde las más tiples observaciones de estricto orden filosófico respecto de la interpretaci? bioótica sobre la muerte, sus definiciones y criterios, resulta imprescindible recordar las dudas iniciales de Youngner17-18, ya citadas, la propuesta de Havely y Brody27 de obviar la discusi? de cuando ocurre la muerte y en cambio acordar una conducta para cada situación (ablación, suspensi? del tratamiento y enterramiento) y referir los comentarios de Singer24 cuando afirma que la propuesta de la muerte cerebral fue una opci? lótica en un tiempo en que no era aceptable moralmente decidir intencionalmente sobre la Provocación de la muerte de un paciente para la pro curaci? de óganos y limitar la asistencia en caso de daño cerebral irreversible. Pero ahora, contin? Singer, si ya se acepta la interrupción del soporte vital para permitir la muerte cuando el paciente esta irreversiblemente inconciente y la preservaci? de la vida biolótica no es beneficiosa para ?, Cuál es el sentido de mantener el concepto de muerte cerebral? Ciertamente, y no sin razón, el autor citado concluye que en estos casos se podrá efectuar la ablación de óganos para trasplante, retornando al viejo concepto de muerte cardiocirculatoria como condición imprescindible para el enterramiento del cadíaer.

también Truol cuestiona muy seriamente el mantenimiento del concepto de muerte cerebral, consideRÃodolo incoherente en la teoRÃo y confuso en la práctica a la luz de los cambios
operados en la comprensión de todas estas cuestiones que ya hemos comentado y que permiten encontrar más tiples contradicciones en la definici?, en el criterio y en los tests Diagnósticos de la muerte. Asimismo la seguridad del paro cardiaco prójimo en todos los casos de muerte cerebral hoy ya no es tan cre?le como hace treinta años desde que el desarrollo de un verdadero tronco cerebral artificial, representado por la terapia intensiva, permite "sobrevidas" de varios meses y hasta más de un año. La propuesta esencial de =este autor es abandonar el concepto de muerte cerebral y permitir la donaci? de óganos separando este tema de la discusi? sobre la dicotomás vida /muerte, oblig?dose a cumplir en los casos de EVP, anencefalia y también en otras situaciones los principios de consentimiento expreso del donante y/o su representante y de no maleficencia. El avance en la discusi? de esta cuesti? en el caso de anencefísicos lleg?al punto de ser aprobado por el comité de ótica y Asuntos Judiciales de la Asociación Médica Americana en 1995 aunque fuera posteriormente rectificado por el mismo comité al año siguiente26.

En nuestra opinión así como la muerte cerebral fue la respuesta correcta a la situación histópica de la medicina de los 60, corresponde examinar ahora Cuál es su sentido en relación con la realidad que se vive en la medicina cRÃoica en este tiempo, treinta años después 6. Actualmente una nueva ótica de la vida y de la muerte se vive en las salas de cuidado cRÃoico cuando entre el 50 y 90 por ciento de las muertes ocurridas en esta Áreas se definen por las acciones Médicas que concientemente se omiten o se suspenden en cada paciente28. Ya nadie discute ni oculta que la muerte, evento cuya proximidad o posibilidad cierta define por símismo al paciente cRÃoico, se produce en el marco del "permitir morir" como resultado mediato o inmediato de actos médicos que afectan funciones vitales3-4-28. Aun más , los principales estudios prospectivos y retrospectivos que se han publicado sobre la frecuencia de abstenci? o suspensi? de métodos de soporte vital y su relación con la Determinación de la muerte incluyen también la interrupción de la asistencia respiratoria mecótica en los casos de muerte cerebral lo que en algún sentido homologa ambas situaciones desde el punto de vista de la práctica Médica operacional28.

después de estos treinta años y a la luz de la evolución de los acontecimientos relatados, en los casos de muerte cerebral y en todos los otros en quienes se toma una medida de suspensi? de un soporte vital (respirador, tratamiento hemodinúnico, di?isis, hidratación, nutrición, etc) existe ciertamente una interrupción que implica no-tratamient06.

Esta época de "muerte intervenida" no es conocida suficientemente por la sociedad, lo que resulta una oMisión grave e inadmisible. Asílas cosas, esta intervención debe ser comprendida por la sociedad, reconocerla como un producto de la incorporaci? tecnocientópica a la medicina, debe integrar su cultura acerca de la enfermedad y de la muerte y aceptar que las decisiones deben ser compartidas por el paciente, con su manifestaci? previa o actual, o por su representante o por la familia. Lo que no debe ocurrir es que toda esta decisión pueda quedar en manos de los médico s. La vigencia del principio de autonomás exige este esfuerzo por parte de la sociedad porque el derecho de decidir y de usufructuar el progreso exige también la obligación y el deber de compartir las consecuencias de cada decisión en esta
instancia.

Con una visión del Diagnóstico de muerte cerebral como un l?ite convencional en la asistencia Médica que se acordíacon fines utilitarios, el informe Harvard marc?un verdadero hito en la adMisión de establecer la interrupción (no tratamiento) en la atención Médica aunque con la salvedad =expresa de considerar muerto (con una norma legal expresa) al paciente antes de proceder al retiro del soporte vital, para que no se pudiera considerar a los pacientes "técnicamente" vivos l.

Actualmente, treinta años después , la propuesta de Singer y Troug en el sentido de abandonar el concepto de muerte cerebral significa en realidad abandonar la identificación de la muerte cerebral con la muerte y todas sus complejas argumentaciones biolóticas, filosóticas y morales. Si como se ha dicho la propuesta de la muerte cerebral obedeci?a una cuesti? práctica y ésta fue resuelta, porqué no clarificar el concepto de la misma a la luz de los acontecimientos ocurridos en estos treinta años donde se modific?sustancialmente las actitudes frente a la vida y la muerte. Siguiendo nuestra interpretaci? inicial respecto de la calidad de los pacientes (coma irreversible) que tuvo que afrontar el informe Harvard, de la necesidad (obtenci? de óganos para trasplante) de la época y del l?ite (interrupción de la respiración mecótica) que se impuso, ahora podrá mos concluir que los nuevos pacientes son los estadías neurológicos intermedios que no cumplen los requisitos de muerte cerebral (estado vegetativo pesistente, anencefalias), la nueva necesidad es la lucha por la muerte digna y el reconocimiento pleno del ejercicio del principio de autonomás y los nuevos l?ites son no sólo el retiro de la respiración más anica sino también de la Alimentación y la hidratación parentera16.
Es posible también que en este tiempo el Diagnóstico de muerte cerebral opeRÃocomo una pantalla que no ha permitido avanzar hacia situaciones Clínicas intermedias porque se olvidíasu historia de convenci? acordada derivada de la observación Clínica, no se profundiz?suficientemente su fRÃoil argumentaci? biolótica, quedando siempre el debate envuelto en la compleja metafótica de la muerte. Si ahora vemos todo este proceso como un continuo, grabas a los hechos operados en estos treinta años resultaRÃoocioso discutir la propuesta del informe Harvard de que la muerte (la muerte cerebral) ocurRÃo antes del establecimiento del l?ite, o si finalmente admitimos que la muerte (la ótica) ocurre después del l?ite.

La participación de la sociedad en este debate es imprescindible por que los problemas que tienen que ver con la vida y con muerte no son simplemente dependientes de un ordenamiento moral, médico ni juRÃoico sino del derecho a morir ya vivir de cada uno.

Si en cambio todo este proceso se lo ve como un fenómeno exclusivamente médico no se plantea la verdad en su totalidad y se excluye a la sociedad de un debate y un acuerdo en el que debe participar porque el tema le atañe absoluta y completamente.

En todas la situaciones que examinamos, mas allídel debate único, médico o legal se debe enfrentar un problema pRÃotico: la definici? existente sobre la muerte cerebral y cualquier otra basadas en la afectación del cerebro superior no permite el enterramiento del cuerpo (cadíaer) mientras no se haya producido el paro cardíaco. A la ausencia de actividad circulatoria (asistolia), que tradicionalmente defin? la muerte y hoy sólo es un requisito para disponer el enterramiento del cadíaer, se llega en la muerte cerebral por el abandono de todos los métodos de asistencia en pocos minutos u horas, mientras que en el estado vegetativo persistente son necesarios 10 a 15 días desde la suspensi? de la hidratación y nutrición.

Toda esta compleja situación que se genera en la práctica=justifica a Halevy y Brody cuando proponen27 obviar la discusi? sobre cuando ocurre la muerte y proponer en cambio una respuesta para cada una de las tres preguntas centrales: a) Cuándo se puede suspender el cuidado del paciente, b) Cuándo pueden extraerse los óganos para trasplante y e) Cuándo es posible el enterramiento del cuerpo. Para estos autores los médicosdebieran estar autorizados a suspender unilateralmente el tratamiento ante la pérdida irreversible de la conciencia,-situación discutible porque margina al paciente o a su representante en la Determinación de la futilidad de una acción Médica-, y la ablación podrá efectuarse cuando se cumplan los criterios clínicos hoy vigentes de muerte cerebral -aunque hoy se propone la posibilidad de efectuarla en situaciones como en la anencefalia23. La tercer pregunta es la ótica que tiene acuerdo un?ime: para enterrar el cuerpo es condición necesaria el paro cardíaco.

Finalmente en el análisis único del "permitir morir" se debe considerar que, más allíde los métodos que deben suspenderse, la toma de decisión sobre la muerte se encuentra en el marco del "derecho a morir" de cada paciente. El consenso moral, médico y legal que tiende a producirse sobre las decisiones del morir debiera cumplir tres principios fundamentales: el pleno conocimiento de la sociedad sobre la necesidad del establecimiento de un l?ite convencional en la atención Médica en determinadas =circunstancias; el respeto por las preferencias del paciente; y que la aplicaci? de alguna regla no permita arbitrariamente la muerte programada de minusvíaidos mentales o físicos.

SeRÃomuy dificil aceptar moralmente si existen varios tipos de muerte (la cardiorrespiratoria tradicional, la cerebral actual y alguna otra), aunque necesitemos una definici? médico -legal aceptable de la muerte real. Lo importante y trascendente es que la muerte seRÃosiempre una sola y que su interpretaci? y significado es un problema filosófico que no tiene una respuesta biolótica ni Médica ni tampoco legal.

Resulta todavía impensable o por lo menos muy lejano el tiempo en que sea posible encontrar una solución que ponga fin a la incertidumbre que hoy tenemos sobre todos los aspectos que se relacionan con la vida y la muerte. Sãoo el pleno debate nos enriqueceRÃoy ninguna decisión debeRÃotomarse en cada caso sin el absoluto respeto por el paciente o su representante. El derecho a morir y el derecho a vivir sólo le pertenecen a cada uno.

Quiz?nadie como Diego Gracia29 ha resumido magistralmente un concepto que compartimos totalmente: "La muerte es un hecho cultural, humano. Tanto el criterio de muerte cardiopulmonar como el de muerte cerebral y el de muerte cortical son constructos culturales, convenciones racionales, pero que no pueden identificarse sin más con el concepto de muerte natural. No hay muerte natural. Toda muerte es cultural. Y los criterios de muerte también lo son. Es el hombre el que dice qué es la vida y qué es la muerte. Y puede ir cambiando su definici? de estos términos con el transcurso del tiempo. Dicho de otro modo: el problema de la muerte es un tema siempre abierto. Es inútil querer cerrarlo de una vez por todas. Lo único que puede exig?senos es que demos razones de las opciones que aceptemos, que actuemos con suma prudencia. Los criterios de muerte pueden, deben y tienen que ser racionales y prudentes, pero no pueden a aspirar nunca a ser ciertos."

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Gracia Diego. Etica de los confines de la vida. Ed. El Buho. Colombia 1998

Autor: REVISTA ECUATORIANA DE MEDICINA CRÓNICA

 

 

 

   
  

   

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