C�NCER
DE OVARIO
| Autor: |
| Dr. Jaime S�nchez
Sabando. |
| |
| Coautores: |
| Dra. Mar�a Teresa
Espejo C. |
| Dr. Dar�o Sarasti S. |
I. Introducci�n.
El c�ncer de ovario
representa la tercera causa de c�ncer en cuanto a frecuencia en el �rea
ginecol�gica y corresponde al que mayor n�mero de muertes ocasiona, su
frecuencia est� en alrededor del 4% de los c�nceres de la mujer. En las �ltimas
d�cadas su incidencia ha aumentado y se mantienen bajas las cifras de
supervivencia lo cual se atribuye a su curso usualmente insidioso e incluso
hasta silente o asintom�tico; por lo cual, las pacientes son atendidas
aproximadamente en dos terceras partes con enfermedad avanzada. La forma m�s
frecuente es la de estirpe epitelial siendo de menor frecuencia la de origen
germinal.
Los tumores malignos de c�lulas
germinales se ven con mucha mayor frecuencia en mujeres de menos de 20 a�os
mientras que los c�nceres epiteliales aparecen principalmente sobre los 50 a�os,
las mujeres mayores de 65 a�os tienen m�s probabilidades de encontrarse en
fases avanzadas de la enfermedad en el momento del diagn�stico inicial siendo
tambi�n sus �ndices de supervivencia menores con relaci�n a mujeres de
menor edad.
Factores de Riesgo.a. Factor
gen�tico familiar:
aproximadamente
entre un 5-10% de las neoplasias de ovario pueden atribuirse a un origen
familiar y se describen tres patrones hereditarios: S�ndrome de c�ncer ov�rico
familiar espec�fico de sitio, en el cual las mujeres tienen riesgo de sufrir
c�ncer de ovario solo, un segundo s�ndrome es el de c�ncer de mama-ovario,
en el cual las mujeres tienen carcinomas de mama y ovario con mayor frecuencia
solos o en combinaci�n, est� asociado con el gen BRCA-1 y se ha encontrado
existencia de un segundo gen relacionado el BRCA-2. El tercer tipo es un tipo
familiar de c�ncer en el que hombres y mujeres tienen un riesgo alto de
sufrir c�ncer de colon y en menor proporci�n otros c�nceres como carcinomas
g�stricos, tiroides, sarcoma, ovario (c�ncer de ovario-colon Lynch II),
endometrio y mama.
Los tres s�ndromes tienen una
forma de transmisi�n vertical, compatible con una herencia autos�mica
dominante y las hijas de madres con estos carcinomas tienen un 50% de riesgo
de sufrirlas.
b. Factores reproductivos:
las nul�paras tienen un riesgo mayor de sufrir
carcinoma epitelial de ovario, Mc Gowan demostr� que las nul�paras tienen
hasta 2.45 veces m�s posibilidades de desarrollar esta neoplasia que las
mujeres que hab�an tenido tres o m�s embarazos, report� as� mismo que el
riesgo se reduce a 1.27 en aquellas que tuvieron al menos una gestaci�n. Su
posible explicaci�n estar�a en el probable efecto protector del estado
endocrinol�gico del embarazo.
c. Factores farmacol�gicos:
los f�rmacos utilizados para aumentar la
fertilidad como el clomifeno podr�an tener un papel en el aumento del riesgo
de desarrollar neoplasias ov�ricas (Rossing), la utilizaci�n de
anticonceptivos orales podr�an ser por el contrario un factor protector,
Rosenberg y cols demostraron un riesgo relativo de 0.6 en aquellas mujeres que
utilizaron ACO y la reducci�n del riesgo pareci� persistir hasta 10 a�os
despu�s de haber suspendido la terapia hormonal. Reducci�n similar se pudo
determinar en mujeres nul�paras que utilizaron anticonceptivos durante 5 a�os.
La utilizaci�n de estr�genos como terapia hormonal de reemplazo en mujeres
posmenop�usicas no parece tener relaci�n con el c�ncer de ovario, algunos
estudios sugieren que aumenta el riesgo en un 1.15% y puede alcanzar un 1.27%
si la toma ha sido mayor a 10 a�os.
d. Factores ambientales:
como
suceden con otros tipos de c�nceres epiteliales frecuentes los datos
epidemiol�gicos sugieren que estos factores ambientales podr�an ser
determinantes importantes en el desarrollo del c�ncer de ovario. Se ha
sugerido una asociaci�n entre la exposici�n a talcos y asbestos con la
neoplasia ov�rica, as� tendr�a un papel la utilizaci�n de talcos en el �rea
genital, polvos o pa�os higi�nicos en el perin�; en cuanto al asbesto se ha
podido inducir en experimentos con animales luego de su administraci�n
intraperitoneal hiperplasia papilar at�pica del epitelio ov�rico. Esta teor�a
cobra validez cuando un sinn�mero de estudios han demostrado la capacidad de
migraci�n de sustancias qu�micas desde el perin� y vagina hacia la cavidad
peritoneal y ovarios. Otro factor como la dieta no se ha podido demostrar en
forma consistente su relaci�n con esta carcinog�nesis, se ha sugerido una
posible asociaci�n con aumento del consumo de grasa animal, carne o prote�na
total y niveles de colesterol s�rico elevado.
e. Drogas:
el
alcohol y el cigarrillo no se han podido demostrar incidencia en la aparici�n
del c�ncer de ovario, el caf� tiene una asociaci�n con reducci�n de la
fertilidad y fecundidad pero no con esta neoplasia.
f. Irradiaci�n:
en
el seguimiento de las mujeres sobrevivientes a las bombas at�micas de
Hiroshima y Nagasaki se determin� un incremento significativo del c�ncer de
ovario, con un per�odo de latencia entre 15 y 20 a�os, no ha habido otros
estudios que demuestren esta asociaci�n.
g. Otros posibles factores:
no
existen pruebas determinantes sobre la asociaci�n viral con estas neoplasias,
se sugiere fuertemente la presencia del virus de la parotiditis por su gran
actividad oncog�nica y gonadotr�fica; pero hasta la actualidad su papel
carcinog�nico en esta patolog�a es discutido.
V. Etiolog�a.
Se
discuten
tres teor�as sobre la posible etiolog�a del c�ncer de ovario:
1. Teor�a de la "ovulaci�n
incesante",
propone que en cada
ovulaci�n el epitelio ov�rico sufre un trauma por lo cual hay una renovaci�n
celular frecuente la misma que puede ser sensible a mutaciones por carcin�genos
y alteraciones en la reparaci�n del DNA.
2. Teor�a del "exceso de
gonadotropina"
por la cual hay un
incremento de la estimulaci�n epitelial provocando un aumento en la
proliferaci�n y diferenciaci�n con riesgo de que en un momento exista una
transformaci�n maligna por asociaci�n con agentes carcinog�nicos.
3. Teor�a de "migraci�n
de carcin�genos ex�genos"
desde
el �rea genital y perineal hacia la cavidad abdominal.
VI. Clasificaci�n Histogen�tica
de las Neoplasias de Ovario.
1. Neoplasias derivadas del
epitelio cel�mico:
� Tumor seroso
� Tumor mucinoso
� Tumor endometrioide
� Tumor mesonefroide (c�lulas
claras)
� Tumor de Brenner. Ca.
Indiferenciado
� Carcinosarcoma y tumor
mesod�rmico mixto
2. Neoplasias derivadas de las
c�lulas germinales:
A. Teratoma
A.1 Teratoma maduro
� Teratoma s�lido adulto
� Quiste dermoide
� Estroma del ovario
� Neoplasias malignas que
aparecen secundariamente al teratoma qu�stico maduro
A.2 Teratoma inmaduro
(teratoma parcialmente diferenciado)
B. Disgerminoma.
C. Sarcoma embrionario.
D. Tumor del seno endod�rmico.
E. Coriocarcinoma.
F. Gonadoblastoma.
3. Neoplasias derivadas del
estroma gonadal especializado.
A. Tumores de c�lulas de la
granulosa-teca
A.1 Tumor de la granulosa
A.2 Tecoma
B. Tumores de Sertoli-Leydig
B.1 Arrenoblastoma
B.2 Tumor de Sertoli
C. Ginandroblastoma
D. Tumores de c�lulas lip�dicas
4. Neoplasias derivadas del mes�nquima
inespec�fico.
A. Fibroma, hemangioma,
leiomioma, lipoma
B. Linfoma
C. Sarcoma
5. Neoplasias que metastatizan
al ovario
A. Tubo gastrointestinal
(Krukenberg)
B. Mama
C. Endometrio
D. Linfoma.
VII: Cl�nica.
Su diagn�stico precoz es dif�cil, esto
hace de su sospecha y diagn�stico un reto. Los s�ntomas m�s frecuentes son:
dolor abdominal, distensi�n del abdomen, flatulencias o dispepsia y presi�n
de la
pelvis. Alrededor del 50% de
las pacientes presentan ascitis y masa pelviano-abdominales en el momento del
diagn�stico. A medida que el tumor crece, las pacientes pueden notar
flatulencia abdominal y aumento del per�metro del abdomen. La enfermedad
avanzada se asocia con anorexia, dolor intenso, p�rdida de peso, nauseas. En
las primeras etapas el dolor se debe a distensi�n de la capa ov�rica y en
etapa tard�a puede deberse a hemorragia dentro del tumor o necrosis y a�n
torsi�n o rotura de este.
El signo cl�nico m�s
frecuente es la distensi�n abdominal, que dificulta la evaluaci�n. La
ascitis es un fuerte indicio de malignidad aunque una enorme estructura qu�stica
ov�rica puede ocupar el abdomen y dar lugar a ondas de l�quidos cl�nicamente
similares a ascitis. Pueden presentarse tambi�n adenopat�as en territorios
supraclaviculares, inguinales y axilares. Los genitales externos de las
pacientes suelen ser normales; aunque la exploraci�n con esp�culo puede
revelar un cuello uterino desviado por la compresi�n extr�nseca.
Signos cl�nicos m�s
frecuentes:
� I
nicio:
sintomatolog�a inespec�fica: trastornos digestivos leves, dispepsia,
aumentan de frecuencia urinaria.
� P�rdida de peso
� Dolor abdominal de
intensidad variable
� Trastornos menstruales:
amenorrea, menorragias, polimenorreas, metrorragias, etc.
� Masa p�lvica uni o
bilateral
� Ascitis
III. Diagn�stico.
El diagn�stico de c�ncer de
ovario requiere un alto �ndice de sospecha y la suma a �sta de una evaluaci�n
completa que debe partir de una historia familiar de la paciente, anamnesis
exhaustiva y un examen f�sico integral que incluya un examen ginecol�gico
detenido.
1. Historia cl�nica.
Los datos de antecedentes
familiares de c�ncer de ovario y su forma de transmisi�n son importantes,
forma de inicio de la enfermedad y sintomatolog�a asociada digestiva,
urinaria, mamaria. Son de importancia tambi�n los antecedentes gineco-obst�tricos
y la historia de anticonceptivos utilizados.
El examen f�sico debe
determinar existencia de adenopat�as en territorios evaluables cl�nicamente,
presencia de ascitis, masa p�lvica anexial por tacto bimanual recto vaginal.
Establecer si se trata de una masa uni o bilateral. Las caracter�sticas de la
masa son importantes puesto que su caracter�stica s�lida, bilateral en
ocasiones, fija y mayor de 10 cm est� asociada en la mayor�a de casos a
enfermedad maligna, por el contrario la presencia de masa qu�stica, m�vil y
unilateral se asocia con gran frecuencia a enfermedad benigna.
Deber� considerarse tambi�n
el hecho que pueden haber otras masas p�lvicas aparentemente anexiales que no
necesariamente sean dependientes de ovario y que entran en el diagn�stico
diferencial: diverticulitis, absceso tuboov�rico, carcinoma de ciego o
sigmoides, ri��n p�lvico, mioma uterino o intraligamentoso.
2. Laboratorio cl�nico:
Los an�lisis de
laboratorio habituales no tienen gran inter�s en el diagn�stico de los
tumores de ovario, su principal valor reside en que permiten determinar
repercusi�n sist�mica de infecciones p�lvicas y evaluar la funci�n
renal.
3. Rx standard de t�rax.
Permitir� evaluar la
existencia de im�genes metast�sicas, derrame pleural o patolog�a
cardiopulmonar asociada, la decisi�n de realizar ex�menes complementarios
como TAC de t�rax depender� de los hallazgos radiol�gicos.
4. Ecograf�a abdomino-p�lvica.
Aporta datos importantes
sobre las caracter�sticas de la masa: uni o bilateralidad, s�lida o qu�stica,
presencia de papilas intralesionales, ascitis, implantes peritoneales,
adenopat�as retroperitoneales, lesiones metast�sicas en h�gado,
pieloectasia.
Su papel es discutido en cuanto
a la detecci�n del c�ncer precoz y los resultados entre los diversos autores
han sido contradictorios. En los momentos actuales se prefiere la sonograf�a
transvaginal que permite incrementar la exactitud del descubrimiento de las
expansiones anexiales.
Un avance m�s reciente de la t�cnica
ecogr�fica es la utilizaci�n del Doppler color transvaginal la misma que al
permitir una valoraci�n del flujo vascular puede proporcionar informaci�n
adicional sobre el potencial de malignidad de las masas anexiales.
5. TAC Abdomen y pelvis.
Con y sin contraste tiene
una gran utilidad como complemento a la ecograf�a al igual que la resonancia
magn�tica nuclear.
6. Pielograma intravenoso.
Util en la determinaci�n
de afecciones p�lvicas adyacentes, ectopia renal, desplazamiento ureteral u
obstrucci�n tumoral.
7. Proctosigmoideoscopia y
Enema de Bario.
Estudios necesarios cuando
la paciente tiene sintomatolog�a intestinal baja asociada.
8. Citolog�a c�rvico vaginal.
T
iene
importancia para valorar la integridad del resto del �rea ginecol�gica y
descartar procesos asociados infecciosos o neopl�sicos.
9. Citolog�a de la ascitis.
La paracentesis diagn�stica
con la intenci�n de obtener un bloque de c�lulas para estudio es innecesaria
y se convierte en un procedimiento de riesgo en los casos de quiste maligno
cerrado que al ocasionar la ruptura del mismo provoca difusi�n de c�lulas
malignas por la cavidad peritoneal modificando el curso y la historia natural
de la enfermedad.
10 . Marcador Tumoral. CA-125:
Es un determinante antig�nico
que corresponde a un anticuerpo monoclonal de Ig1 murina generado contra la l�nea
celular de un carcinoma epitelial de ovario, su rango de normalidad de admite
hasta las 35 u/, tiene una alta sensibilidad que alcanza el 82% de las
pacientes con c�ncer de ovario epitelial pero poca especificidad y su
utilidad en el diagn�stico de la enfermedad subcl�nica a�n no ha sido
determinada.
Existen algunas condiciones no
malignas que pueden elevar las concentraciones de este marcador tumoral:
enfermedad inflamatoria p�lvica aguda, adenomiosis, endometriosis, quistes ov�ricos
funcionales, s�ndrome de Meigs, menstruaci�n, miomas uterinos, hepatitis
activa, pancreatitis aguda, cirrosis, colitis, insuficiencia card�aca
congestiva, diabetes mal controlada, diverticulitis, mesotelioma, ascitis no
maligna, pericarditis, neumon�a, poliarteritis nodosa, enfermedad renal,
lupus eritematoso sist�mico, entre otras.
X. Historia Natural.
La diseminaci�n del c�ncer
de ovario es fundamentalmente por implantaci�n peritoneal, por contiguidad y
por v�a linf�tica y hemat�gena.
Tempranamente las c�lulas
exfoliadas del tumor se implantan en las superficies de la cavidad peritoneal
siguiendo el trayecto circulatorio del l�quido peritoneal, siendo el epipl�n
un �rea propensa al desarrollo de focos neopl�sicos secundarios. Las
micromet�stasis iniciales luego se transformar�n en grandes n�dulos que
coalescer�n y formar�n un bloque tumoral voluminoso; junto a la diseminaci�n
peritoneal aparece la ascitis que fundamentalmente es de tipo mec�nico por
bloqueo de la absorci�n linf�tica y por alteraciones de la permeabilidad del
lecho peritoneal posiblemente mediada por agentes qu�micos tipo
prostaglandinas y polip�ptidos vasoactivos de origen probablemente tumoral.
Cuando la enfermedad progresa la diseminaci�n
linf�tica alcanza los ganglios p�lvicos y para�rticos, las c�lulas
tumorales desprendidas penetran en los plexos linf�ticos del ovario extendi�ndose
a lo largo de los canales que discurren junto a los vasos sangu�neos
gonadales hacia los ganglios situados en las proximidades del polo inferior
del ri��n y de all� en direcci�n a la l�nea media hasta llegar a los
grupos ganglionares de la regi�n para�rtica y regiones contiguas de la vena
cava. Se ha reportado que en los estadios III puede haber compromiso
ganglionar p�lvico de hasta sobre un 70% (Burghart y cols); en cuanto al
compromiso de los ganglios para�rticos su porcentaje de compromiso por
estadios var�a entre un 18% para el I y alcanza un 67% para el estadio IV.
La otra forma de diseminaci�n
es la hemat�gena, sin embargo afecta un 2-3% de los casos, es usualmente
vista en estadios avanzados, los �rganos blancos son el h�gado y el pulm�n.
XI. Estadiaje.
El estadiaje del c�ncer de
ovario es quir�rgico y se basa en los hallazgos operatorios al principio de
la intervenci�n. El objetivo fundamental de la laparotom�a es el diagn�stico,
el estadiaje y al citoreducci�n m�xima.
Se recomienda para el abordaje
una incisi�n longitudinal media supra e infraumbilical con protecci�n de los
bordes con gasa humedecida, la incisi�n debe ser lo suficientemente amplia
puesto que es una enfermedad de diseminaci�n principalmente serosa y deben
examinarse todas las superficies peritoneales, de encontrarse ascitis es
mandatorio evacuar la misma y enviar una muestra para estudio citol�gico, de
no haberla se realiza una lavado peritoneal con soluci�n salina y se
recolectan cuatro muestras: una de la cara inferior del diafragma, una de
pelvis y una de cada espacio parietoc�lico. Junto con la visualizaci�n de la
superficie serosa deben ser igualmente palpadas las estructuras como cara
inferior del diafragma, superficie del h�gado, bazo, intestinos, ambas hojas
del mesenterio y los �rganos del retroperitoneo. La exploraci�n del epiplon
debe ser exhaustiva y detenida eliminando sea por extirpaci�n o biopsia
cualquier lesi�n sospechosa o adherida.
Se procede entonces a examinar
las caracter�sticas de la masa, tama�o, adherencia e invasi�n a otras
estructuras. Cuando se ha encontrado una enfermedad limitada a la pelvis se
deber� tener mucho cuidado en no romper la c�psula de la neoplasia lo que
ocasionar�a su diseminaci�n. En casos de masa unilateral es recomendable
realizar anexectom�a y biopsia por congelaci�n, cuando la paciente es joven,
nul�para y se trata de una lesi�n encapsulada con tipo histol�gico
favorable y bien diferenciada se preservar� el aparato genital realiz�ndose
adem�s omentectom�a infrac�lica, biopsias peritoneales, diafragm�ticas y
de ganglios linf�ticos p�lvicos, si la paciente es mult�para se realizar�
una cirug�a radical (histerectom�a total abdominal m�s salpingooforectom�a
bilateral).
Toda lesi�n endurecida,
adherida o sospechosa debe ser escindida y no incindida y enviadas para
estudio y descartar enfermedad microsc�pica.
Aunque no se practique en forma
rutinaria se puede realizar disecci�n de los ganglios retroperitoneales en
casos seleccionados.
Clasificaci�n por Estadios seg�n
la Figo para el Carcinoma de Ovario (1987).
Estadio I:
Crecimiento limitado a los
ovarios.
I
a:
crecimiento limitado a un ovario; no hay ascitis que contenga c�lulas
malignas; no hay tumor en las superficies externas; c�psula intacta.
Ib: crecimiento limitado a
ambos ovarios; no hay ascitis que contenga c�lulas malignas; no hay tumor en
las superficies externas; c�psula intacta.
Ic: tumor en estadio Ia o en
estadio Ib, pero con tumor en la superficie de uno o ambos ovarios; o con la c�psula
rota; o con ascitis que contenga c�lulas malignas; o con lavados peritoneales
positivos.
Estadio II:
El crecimiento afecta a uno o
varios ovarios con extensi�n p�lvica.
IIa: extensi�n y/o met�stasis
y/o trompas
IIb: extensi�n a otros tejidos
p�lvicos.
IIc: el tumor en estadio IIa o
estadio IIb, pero con tumor en la superficie de uno o ambos ovarios; o con c�psula
o c�psulas rotas; o con ascitis que contenga c�lulas malignas; o con lavados
peritoneales positivos.
Estadio III:
El tumor afecta a uno o ambos
ovarios con implantes peritoneales fuera de la pelvis y/o ganglios
retroperitoneales o inguinales positivos; las met�stasis hep�ticas
superficiales equivalen al estadio III; tumor limitado a la pelvis verdadera;
pero con extensi�n maligna al intestino delgado o epiplon, comprobada histol�gicamente.
IIIa: tumor macrosc�picamente
limitado a la pelvis verdadera con ganglios negativos, pero siembra microsc�pica
de las superficies peritoneales abdominales, histol�gicamente confirmada.
IIIb: tumor en uno o ambos
ovarios; implantes en las superficies peritoneales abdominales histol�gicamente
comprobados, ninguno de los cuales supera los 2 cm de di�metro; ganglios
negativos.
IIIc: implantes abdominales de
2 cm de di�metro y/o ganglios retroperitoneales o inguinales positivos.
Estadio IV:
Crecimiento que afecta a uno o
ambos ovarios con met�stasis a distancia; si hay derrame pleural, los
resultados de las pruebas citol�gicas tienen que ser positivos para incluir
un caso en el estadio IV; las met�stasis en el par�nquima hep�tico
equivalen al estadio IV.
XII. Factores Pron�stico.
El pron�stico del c�ncer
de ovario se basa fundamentalmente en:
1. Estadio de la enfermedad y
volumen tumoral antes de la laparotom�a
2. Grado de diferenciaci�n
3. Histolog�a: peor pron�stico
tienen los mucinosos y de c�lulas claras
4. Residuos tumorales menores
de 2 cm luego de la cirug�a citoreductora
5. Condiciones de la paciente:
edad, status funcional, enfermedades asociadas.
XIII: Tratamiento del C�ncer
de Ovario Epitelial.
La exploraci�n quir�rgica
ocupa un lugar esencial tanto en el diagn�stico, estadiaje y en el
tratamiento, convirti�ndose seg�n se realice un adecuado gesto quir�rgico
inclusive en un verdadero factor pron�stico; la cirug�a se impone sobre
cualquier otro tipo de tratamiento adyuvante sea este quimoterapia o
radioterapia.
ESTADIO I a-b-c:
El mejor tratamiento y el
adecuado para las lesiones en estadio I es la histerectom�a abdominal total
con salpingooforectom�a bilateral, seg�n las instituciones se puede acompa�ar
de omentectom�a procedimiento recomendado por que esta estructura puede ser
albergue de implantes microsc�picos y sobre todo cuando se prev� un
tratamiento intraperitoneal con radiois�topos puesto que el epiplon es un �rgano
de intensa captaci�n del radiof�rmaco.
Hay evidencia de un 10-20% de
posibilidades de compromiso ganglionar en el estadio I sin embargo la utilidad
de la linfadenectom�a diagn�stica o terap�utica es discutida.
El tratamiento coadyuvante m�s
adecuado para las enfermas con lesiones con estadio I en las que se ha
practicado una histerectom�a total con salpingooforectom�a bilateral es una
cuesti�n a�n no definida, la mayor�a de autores no recomiendan la
quimioterapia para las pacientes con estadio I grado 1 de diferenciaci�n,
aunque en las lesiones de bajo grado el m�dico debe considerar los posibles
riesgos y beneficios de la quimioterapia y prefieren utilizar la quimioterapia
posterior a la cirug�a a partir de los estadios Ib y Ic con histolog�a grado
2 o indiferenciada. Actualmente el tratamiento adyuvante suele ser un an�logo
del platino solo o en combinaci�n con un agente alquilante y/o taxol.
En el caso de mujeres j�venes
con expectativa por mantener su fertilidad y portadoras de una enfermedad
estadio Ia e histolog�a bien diferenciada pueden ser sometidas a
salpingooforectom�a unilateral y biopsia del ovario contralateral con un
riesgo de recurrencia m�nimamente aumentado, la condici�n es que durante la
intervenci�n se haya realizado una cuidadosa intervenci�n diagn�stica y
terap�utica.
ESTADIO II a-b-c:
La mayor�a de centros
coinciden en que el tratamiento de elecci�n de inicio es la histerectom�a
abdominal total con doble salpingooforectom�a y omentectom�a, sin embargo a�n
no existe consenso sobre el tratamiento adyuvante postoperatorio as� se
proponen instilaci�n intraperitoneal de f�sforo 32, otros centros prefieren
la utilizaci�n de irradiaci�n abdominal o p�lvica, otras instituciones la
combinaci�n de quimioterapia y radioterapia y otros centros exclusivamente la
utilizaci�n de quimioterapia.
Una situaci�n que no admite discusi�n es que
las pacientes con estadio II la totalidad de su abdomen
debe considerarse en riesgo y
el plan terap�utico adyuvante debe incluir por ello la totalidad del abdomen
y de las superficies peritoneales; la decisi�n del plan terap�utico
postoperatorio se basar� tambi�n en la efectividad citoreductora de la cirug�a
y la cantidad de enfermedad residual, resumiendo podemos decir que se
recomienda:
a. Con enfermedad
residual posquir�rgica m�nima (lesiones menores a 2 cm):
quimioterapia sist�mica a base de paclitaxel (taxol)-platino TP o
carboplatino; otro protocolo con ciclofosfamida-cisplatino CP y otro con
ciclofosfamida-carboplatino. Cualquiera de los protocolos en combinaci�n con
radioterapia abdominal total incluida pelvis. Se ha dejado de lado la
instilaci�n intraperitoneal de P32 por los riesgos de complicaciones
intestinales que conlleva su administraci�n.
b. Con enfermedad residual
macrosc�pica mayor a 2 cm:
es
recomendable el manejo quimioter�pico y fundamentalmente se utilizan
protocolos con: paclitaxel con cisplatino o carboplatino, ciclofosfamida+
cisplatino, ciclofosfamida+ carboplatino.
Es importante el tama�o de
volumen residual que Griffiths y cols en 102 pacientes demostraron una
sobrevida global de 28 meses en pacientes con lesiones menores de 2 cm y una
sobrevida de 11 meses de enfermas con lesiones mayores a 2 cm, datos similares
report� Wharton y cols quienes en 104 pacientes encontraron una sobrevida de
27 meses de pacientes con lesiones de menos de 2 cm versus una sobrevida de 15
meses de aquellas que ten�an lesi�n macrosc�picas mayores de 2 cm.
ESTADIO III:
La cirug�a mantiene su
importancia en este estadio, debe as� realizarse todos los esfuerzos para
efectuar una operaci�n lo m�s citoreductora posible dentro del margen de
seguridad necesario, as� se ha demostrado que en estadio III la sobrevida
promedio luego de una �ptima cirug�a es de 39 meses mientras que luego de
una cirug�a que dej� grandes vol�menes residuales la sobrevida disminuye en
forma global a 17 meses.
La irradiaci�n adyuvante
postoperatoria es recomendada al igual que en el estadio II cuando el tumor
residual no supera los 2 cm de tama�o con el objeto de mejorar su
efectividad, deber� considerarse la morbilidad a largo plazo inducida por las
radiaciones, cuando las lesiones superan este volumen se debe iniciar
quimioterapia, actualmente se prefieren esquemas de protocolos de varios f�rmacos
puesto que los resultados preliminares son halagadoras sobre la monoterapia,
aunque as� mismo se ha visto que se incrementa la morbilidad.
Una segunda laparotom�a despu�s
de finalizada la quimioterapia para aquellas pacientes en etapa III con
estudios radiol�gicos negativos, sin evidencia cl�nica de enfermedad y con
marcador tumoral negativo puede ser considerada siendo sus posibles beneficios
determinar prematuramente la existencia de enfermedad persistente y evaluar la
respuesta al tratamiento.
ESTADIO IV:
Constituye un axioma del
cirujano onc�logo o del ginec�logo onc�logo cuando se encuentra una
enfermedad diseminada del c�ncer epitelial de ovario realizar una extirpaci�n
de la mayor cantidad de tumor posible posterior a ello se considera la
administraci�n de quimioterapia.
XIV: Papel de la Cirug�a.
El principio quir�rgico ante
cualquier intervenci�n por probable Ca de ovario es extirpar la mayor
cantidad posible de tumor, desde a�os atr�s este era un fundamento pues ten�a
como base la paliaci�n que se consegu�a con este procedimiento pero en la
actualidad su verdadera base est� en la detumoraci�n que luego permite una
mejor acci�n y m�xima eficacia del tratamiento adyuvante posterior que se
traduce en aumento de sobrevida. Munnell en su publicaci�n cita una
supervivencia a 5 a�os del 28% en pacientes sometidas a t�cnica quir�rgica
m�xima en comparaci�n con aquellas sometidas a resecci�n parcial (9%) y con
las que fueron sometidas �nicamente a biopsia (3%), todas en estadio III de
la enfermedad. Datos similares han sido reportados por Aure y cols cuando
durante la cirug�a realizaba reducci�n de la carga tumoral macrosc�pica.
Se ha determinado que la cirug�a
por s� misma no contribuye a la supervivencia si es que no se reseca toda
lesi�n macrosc�pica > 1.6 cm; esto es importante por el hecho que siendo
el Ca de ovario epitelial una lesi�n quimiosensible, la quimioterapia
aumentar� su eficacia luego de una citoreducci�n adecuada.
La extirpaci�n de grandes masa
ov�ricas y de la parte afecta de epipl�n reduce la carga tumoral en un
80-90% aproximadamente, sin embargo la t�cnica quir�rgica debe ser depurada
y tendiente a traumatizar lo menos posible el resto de estructuras puesto una
morbilidad inducida por la cirug�a retrasa el tratamiento coadyuvante
posterior lo que traer� un efecto negativo en la supervivencia a largo plazo.
Un punto controversial es la
definici�n del momento ideal para la cirug�a citoreductora as� se la podr�a
realizar previo al inicio de la quimioterapia, luego de 1-3 ciclos para luego
reiniciarla o esperar por la cirug�a hasta despu�s de finalizada la
quimioterapia.
Si bien hay tambi�n autores
que son contrarios a la cirug�a citoreductora, la mayor�a coinciden en sus
beneficios que se reflejan en un incremento de la supervivencia libre de
progresi�n as� como en la supervivencia global.
XV: Papel de la Radioterapia.
El an�lisis de las
recurrencias postirradiaci�n de la enfermedad con estadio I y II demostr�
que la mayor�a de �stas ocurren fuera de la pelvis, puesto que la difusi�n
de las c�lulas malignas es a trav�s de toda la cavidad abdominal, de all�
que las pacientes con carcinoma epitelial de ovario seleccionadas para
irradiaci�n postoperatoria deben ser tratadas sobre todo el abdomen y
radioterapia adicional sobre la pelvis. En la irradiaci�n abdominal se inicia
con p�rticos amplios que abarquen la totalidad de abdomen alcanzando una
dosis de 25-30Gy durante 4-5 semanas con fraccionamiento de 1.7 a 1.8 GY/d�a
con protecci�n de ri��n, l�bulo derecho del h�gado a dosis adecuada seg�n
tolerancia espec�fica.
Los �rganos a tomar en cuenta
por la toxicidad inducida por la radioterapia son el intestino delgado, ri�ones,
m�dula �sea y peritoneo, estas estructuras constituyen un factor limitante
para la administraci�n de radiaciones, se han podido establecer una relaci�n
entre el tama�o tumoral de las lesiones del carcinoma epitelial de ovario y
las dosis tumoricidas, as� para enfermedad microsc�pica la dosis recomendada
es de 25-30Gy, para tama�o entre 0.5 y 2 cm la dosis ideal es de 45-50 Gy;
pero cuando el volumen tumoral es mayor a 2 cm la dosis tumoricida es de
50-60Gy, como es de considerar el tratamiento de radioterapia ser� eficaz
cuando la enfermedad residual sea m�nima por la dosis que se espera llegar y
por la limitaci�n de �rganos de riesgo.
El papel de la radioterapia
contin�a siendo controversial a pesar de m�ltiples ensayos que manifiestan
su beneficio, la irradiaci�n abd�mino-p�lvica ha demostrado tener un efecto
curativo pero est� en relaci�n directa al volumen tumoral macrosc�pico
residual de ah� que un programa radioter�pico deber�a llevarse en pacientes
adecuadamente seleccionados, resultados halagadores se han obtenido con
quimioterapia asociada en tratamientos de rescate con drogas como cisplatino
con respuestas relativamente buenas pero sin datos que avalen un incremento de
la sobrevida.
XVI: Papel de la Quimioterapia.
Monoquimioterapia
Los agentes m�s estudiados son
los alquilantes (ciclofosfamida, clorambucilo, nitrosureas) con los cuales se
han tenido �ndices de respuesta relativamente altos; sin embargo actualmente
son f�rmacos no alquilantes (hexametilmelamina, doxorrubicina, methotrexate,
cisplatino y 5-fluoracilo) los que se est�n ensayando especialmente como
terapia de segunda l�nea o de rescate.
Griffith y cols reportan en
estadios III/IV con ciclofosfamida porcentajes de respuesta entre 43-61%
siendo los porcentajes mayores correspondientes a dosis intensiva, porcentajes
similares con clorambucilo.
Entre los agentes no alquilantes se ha
demostrado que la doxorrubicina no es eficaz como terapia de segunda l�nea
cuando previamente se ha empleado alquilantes; de los agentes antimetabolitos,
el methotrexate tiene una baja eficacia con �ndices de respuesta de un 29%
que lo convierte en una
alternativa como monoterapia de segunda l�nea y deja campo para pensar en
mejorar la respuesta como parte de un tratamiento combinado.
El platinol ha conseguido �ndices
de respuesta como monoterapia de un 26% y actualmente es el f�rmaco de mayor
estudio dentro de la quimioterapia combinada.
El taxol tiene una gran
actividad en el c�ncer de ovario, inicialmente se ha conseguido respuestas de
25-35% como agente �nico y al momento se lo incluye como protocolo de
tratamiento de primera l�nea en combinaci�n con otros agentes.
La navelbina (tartrato de
vinorelbina) es otro agente en estudio que ha demostrado gran actividad en el
c�ncer de ovario como terapia de rescate, con tasas de respuesta de un 30% en
aquellos pacientes resistentes al platino.
Poliquimioterapia.
Su estudio se ha estimulado
por la respuesta baja en algunos pacientes, resistencia y a�n recurrencia.
Varios son los esquemas ensayados como cisplatino+doxorrubicina,
cisplatino+doxorrubicna +ciclofosfamida (PAC).
En la actualidad el Grupo de
Ginecolog�a Oncol�gica (GOG) lleva un estudio aleatorio que combina
cisplatino y ciclofosfamida o taxol; el grupo m�s prometedor fue el brazo del
taxol de 388 pacientes el grupo de taxol tuvo una tasa de respuesta global de
77% versus 64% del grupo de ciclofosfamida, as� mismo una mayor tasa de
respuesta cl�nica completa (54% vs. 33%), otro hallazgo importante en el
grupo de cisplatino y taxol fue una sobrevida libre de enfermedad residual
macrosc�pica mayor (41%) en relaci�n al brazo cisplatino+ ciclofosfamida
(25%). El riesgo de progresi�n fue un 32% menor entre las pacientes tratadas
con taxol en comparaci�n con las pacientes tratadas con el r�gimen con
ciclofosfamida, al momento est� en estudio la tasa de supervivencia a largo
plazo y la utilidad del taxol en enfermedad de volumen grande (neoadyuvante)
XVII: Seguimiento.
Obligatoriamente
debe realizarse un control �ptimo de las pacientes sobre todo contando con el
antecedente que se trata de una patolog�a de curso indolente, r�pido e
insidioso, si bien la estrategia ideal a�n no est� definida, cada paciente
tiene que ser individualizada en su seguimiento.
La recomendaci�n es realizar
una evaluaci�n cl�nica, luego de una segunda laparotom�a de revisi�n, cada
tres meses durante los primeros dos a�os, dichos controles incluyen examen f�sico
y ginecol�gico, CA-125 y estudios de imagen, sin olvidarnos que muchos
implantes a�n de varios cent�metros de tama�o pueden escapar a un buen
examen f�sico y a�n a un estudio radiol�gico, a partir del segundo a�o se
pueden espaciar los controles seg�n el caso a cada 4-6 meses.
En el carcinoma epitelial de
ovario los mayores o menores niveles de CA 125 se han relacionado con la
progresi�n o regresi�n de la enfermedad en m�s del 90% de las enfermas; los
niveles constantemente elevados del CA 125 se asocia con persistencia de la
enfermedad y la recurrencia es anunciada por elevaciones hasta en un 85% de
las pacientes que tuvieron previamente niveles del marcador elevados.
Seg�n Knapp la elevaci�n del
CA 125 preceden en 1-14 meses a la recurrencia de la enfermedad. Pr�cticamente
todas las enfermas con niveles de CA 125 elevado antes de una segunda
laparotom�a tienen c�ncer residual o padecer�n la enfermedad en los
siguientes 4-6 meses; aunque es de anotar que los niveles no representan al
volumen de enfermedad residual y tambi�n que hasta en 1/3 parte de las
pacientes la enfermedad residual puede ir acompa�ada de niveles normales a�n
con lesiones de hasta 2 cm de tama�o.
Actualmente la elevaci�n del
CA 125 en un 50% por encima de la normalidad por dos ocasiones es considerada
como indicativa de probabilidad de recurrencia sobre todo si sobrepasa las 100
unidades; sin embargo los niveles altos no son justificaci�n para iniciar
terap�utica de rescate sin haber documentado histol�gicamente recidiva de la
enfermedad.
XVIII: Second Look
La cirug�a de reevaluaci�n,
intervenci�n de revisi�n o segunda mirada es referida desde la d�cada de
los 40 y se la realizaba cada 6 meses con la intenci�n de diagnosticar
recurrencias precoces y ofrecer posibilidad de curaci�n.
Son tres b�sicamente sus
indicaciones principales:
1. volver a determinar el
estadio en un apaciente con posible enfermedad localizada que no fue sometida
de inicio a un procedimiento de estadiaje �ptimo
2. valorar el efecto de la
quimioterapia para evaluar la extensi�n de la regresi�n o de la progresi�n
en el caso de enfermas con enfermedad voluminosa meses despu�s que inici� la
quimioterapia
3. evaluar a las pacientes que
est�n cl�nicamente libresde enfermedad despu�s de recibir una quimioterapia
suficiente y son valoradas por su posible curaci�n y para la interrupci�n
del tratamiento con quimioter�picos.
En esencia se trata de repetir
una �ptima intervenci�n de estadiaje, teniendo sobre todo cuidado en
aquellas pacientes que aparentemente est�n libres de enfermedad y la cirug�a
es tendiente para descartar enfermedad residual m�nima, por lo cual la
exploraci�n debe ser completa y con toma difusa de biopsias.
Cuando se encuentra afecci�n
residual focal se reseca quir�rgicamente el �rea afectada y deben colocarse
clips met�licos en previsi�n de una posible radioterapia regional.
En los estadios I y II existen
una buen correlaci�n entre una segunda intervenci�n negativa y el control de
la enfermedad, sin embargo en los estadios III y IV hasta en un 50% de las
pacientes con segunda mirada negativa pueden recaer esto sobre todo por que se
trata de una enfermedad difusa y por que a pesar de una visualizaci�n
cuidadosa y de las m�ltiples biopsias es dif�cil determinar residuos microsc�picos.
E
n
resumen la cirug�a de reevaluaci�n proporciona una importante informaci�n
sobre la respuesta al tratamiento y permite elegir tempranamente una terapia
de rescate, por ello sigue teniendo valor aunque no se haya demostrado un
impacto positivo en la supervivencia
La laparoscopia para
reestadificaci�n tiene opiniones a favor y en contra as� sus limitaciones
est�n en cuanto no se puede explorar el retroperitoneo, la visibilidad puede
estar limitada sobre todo por adherencias a nivel pelviano, existe
imposibilidad para una evaluaci�n completa de todas las estructuras sobre
todo por el car�cter infiltrativo difuso de la enfermedad y al encontrarse
enfermedad residual el resultado es confiable pero una exploraci�n negativa
no siempre es confiable. Por otra parte se pueden encontrar ciertas ventajas
como una recuperaci�n del paciente el mismo d�a, se puede realizar bajo
anestesia local, permite efectuar una citolog�a endoperitoneal de manera
sencilla y ayuda en la decisi�n de la utilidad o no de una segunda cirug�a
citoreductora.
XIX: C�ncer de Ovario
Epitelial Recurrente.
El
enfoque de una enfermedad recidivante es complejo por el curso usualmente
agresivo de la enfermedad, si bien se trata de un tumor s�lido altamente
quimiosensible en el cual la quimioterapia de primera l�nea tiene un �ndice
de respuestas de hasta un 70-80%, la mayor�a de estas pacientes cuando
recidivan mueren con enfermedad quimioresistente y apenas una cuarta parte de
las pacientes que recidivaron sobreviven a los 5 a�os.
Los ensayos de mono o
poliquimioter�picos en segunda l�nea ha sido decepcionante y la tendencia es
de utilizar m�ltiples f�rmacos, usualmente aquellos no empleados en la
terapia de inicio, una excepci�n constituye el platino, droga con la cual si
se consigue durante una primera l�nea de quimioterapia una respuesta y un
intervalo libre de enfermedad de 6 meses y puede seguir siendo considera como
�til y emplearse en esquemas asociados en la segunda l�nea de tratamiento;
as� autores como Setlzer y cols y Markman y cols han descrito respuestas
entre un 72 y 77% en terapia de segunda l�nea con platino en pacientes buenas
respondedoras al platinol en la primera l�nea.
En pacientes refractarias al
platino una buena alternativa es la utilizaci�n del paclitaxel en dosis est�ndar
con �ndices de respuesta de un 22-23%, sin embargo las respuestas han sido de
corta duraci�n; al momento se realizan en el mundo entero estudios
incrementando la dosis del paclitaxel e incluso combinando con otras drogas
como el mismo platino.
Hasta el momento no se ha podido demostrar un
beneficio mayor en aquellas pacientes que luego de ser diagnosticadas de una
recidiva recibieron tratamiento con quimioterapia y radioterapia abdominal,
refiriendo apenas un 30% de respuesta con remisi�n de poca duraci�n y de �stas
un 90% recurrir�n a corto plazo.
XX. Manejo del Disgerminoma.
Es el tumor de c�lulas
germinales maligno m�s com�n, corresponde aproximadamente al 3% de las
neoplasias malignas ov�ricas, a diferencia del carcinoma epitelial, el 80%
ocurre en pacientes j�venes, usualmente menores de 30 a�os con su incidencia
mayor en la segunda y tercera d�cadas. La sintomatolog�a es similar a la del
carcinoma epitelial, teniendo un aparecimiento de los s�ntomas en un tiempo
de 2-3 meses.
La diseminaci�n linf�tica
hacia pulmones, cerebro e h�gado es rara y siempre es precedida por met�stasis
linf�tica a ganglios peria�rticos y del hilio renal izquierdo, la invasi�n
local y la extensi�n extracapsular es rara pero cuando existe ocasiona una
diseminaci�n intrabdominal.
El diagn�stico del
disgerminoma puro adem�s de los estudios de estadiaje similares para el
carcinoma epitelial comprende marcadores como AFP y HCG, cuando es puro la AFP
es normal y puede haber un discreto incremento de la HCG.
El estadiaje quir�rgico es
necesario pero la extensi�n de la cirug�a var�a; as� para el estadio IA se
requiere salpingooforectom�a unilateral e inspecci�n de la cavidad
peritoneal completa, una biopsia debe desarrollarse de las �reas sospechosas
y de los ganglios retroperitoneales, la incidencia aproximada de met�stasis
ganglionares es de aproximadamente 20%.
Una cirug�a extensa como
histerectom�a total abdominal y salpingooforectom�a bilateral debe
desarrollarse para estad�os IB en adelante.
Los disgerminomas se
caracterizan por su radiosensibilidad y tradicionalmente reciben radioterapia
adyuvante con resultados excelentes, prescribi�ndose la misma sobre los
ganglios peria�rticos y hemip�lvicos en el caso del estadio IA, siendo las
dosis usuales moderadas: 25-30Gy.
En la serie de DePalo se
reporta una sobrevida global de 100 y una sobrevida libre de enfermedad a 5 a�os
de 90% para pacientes portadores de enfermedad estadio I.
M�s de dos tercios de las
reca�das se localizan en el ovario contralateral, retroperitoneo, pelvis o
cavidad abdominal, pudiendo presentarse met�stasis hemat�gena en un 20% de
los pacientes, las recurrencias en mediastino y fosas supraclaviculares son
raras.
Aproximadamente un 75% de las
recidivas ocurren el primer a�o y un 80% dentro de los primeros dos a�os, as�
el monitoreo con marcadores tumorales cada dos meses y estudios de imagen cada
3-6 meses en los primeros dos a�os es necesario.
Las recurrencias se tratan con
quimioterapia o puede ser de elecci�n una radioterapia regional de acuerdo a
la localizaci�n, la terapia de rescate frecuentemente es exitosa puesto que
mantiene su quimio y radiosensibilidad.
La quimioterapia tiene un papel
importante en el tratamiento adyuvante en los disgerminomas con enfermedad
avanzada o incompletamente resecados. Los protocolos se basan en el cisplatino
y el Grupo de Ginecolog�a Oncol�gica (GOG) lleva a cabo un estudio con dos
brazos: cisplatino, +vinblastina y bleomicina (PVB) y otro brazo con
bleomicina+ etop�sido y cisplatino, en ambos brazos se han conseguido
sobrevida promedio de 26 meses y de estos el 70% sometidos a segunda laparotom�a
estuvieron libres de enfermedad.
Estos estudios sugieren que los
disgerminomas recurrentes o avanzados deben recibir platino en su esquema de
quimioterapia.
XXI: Sobrevida.
La variable m�s importante
que influye en el pron�stico de todos los c�nceres de ovario es el estadio o
extensi�n de la enfermedad y por ende en su supervivencia.
Seg�n el informe de la FIGO en
1994 las cifras de supervivencia a 5 a�os para el carcinoma epitelial de
ovario son:
Estadio Ia: 84%
Ib: 79%
Ic: 73%
IIa: 65%
IIb: 61%
IIc: 54%
IIIa: 52%
IIIb 29%
IIIc: 18%
IV: 14%
En forma global la sobrevida a
5 a�os es de alrededor de 31%, como es de notar la supervivencia es mejor en
todos los estadios en que las pacientes son portadoras de lesiones bien
diferenciadas, en quienes se ha extirpado todo o gran parte del tumor en la
intervenci�n y en las que recibieron irradiaci�n o quimioterapia
postoperatoria.
XXII: Bibliograf�a:
1. Oncolog�a Ginecol�gica
Cl�nica Disaia Ph.; Creasman W. Harcourt Brace, 5a Ed. 1999.
2. S�nchez J.; Plaza J.;
Marengo C.: Tratamiento quir�rgico del c�ncer de ovario epitelial. Rev.
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3. Oleas R; S�nchez J;
Plaza J; Marengo C: C�ncer de ovario: epidemiolog�a, biolog�a y correlaci�n
cl�nico-patol�gica. Oncolog�a: 2,1: 52-57. 1994.
4. Classification of
malignant tumours. TNM. Sobin
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Wiley-Liss. 1997
5. Principleas and practice
of Radiation Oncology. P�rez C.; Brady L. Lippincott-Raven. 3a. Ed. 1998
6. Radiation Oncology
Management DecisionsChao K.; P�rez C.; Brady L. Lippincott-Raven. 1999.
7. Cancer Medicine. Holland
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8. Cancer. Principles and
Practice of Oncology. De Vita V.; Hellman S.; Rosemberg S. 5� Ed. Lippincott
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9. Ginecolog�a Quir�rgica.
Thompson J.; Rock J. 7a Ed. Panamericana. 1992.
10. Cirug�a Oncol�gica.
Veronesi U. Panamericana. 1991.
11. Principles and Practice
of Radiation Therapy. Practical Applications. Washington Ch.; Leaver D. Mosby.
1997.
Las dificultades de la
exploraci�n cl�nica, la falta de factores predisponentes y factores espec�ficos
dificultan el diagn�stico precoz y el establecimiento de un grupo de riesgo
para vigilancia.
El c�ncer de ovario
permanece hasta la actualidad como un reto en su diagn�stico, terap�utica y
seguimiento, requiriendo cada vez m�s un manejo complejo, intensivo y
multidisciplinario.
II. Recuento Anat�mico.
El ovario es un �rgano par,
de color gris�ceo aperlado, durante los a�os reproductivos pesa
aproximadamente 3-6 g y mide aproximadamente 1.5 x 2.5 x 4 cm, conforme la
mujer avanza en edad �stos se hacen de menor tama�o y de consistencia m�s
firme.
Su movilidad anat�mica est�
determinada por la presencia de 3 ligamentos: 1) mesoovario que corresponde al
borde posterior del ligamento ancho del �tero y que contiene los arcos
anastom�ticos de la arteria uterina y ov�rica, adem�s un plexo venoso y una
porci�n del ligamento ov�rico. 2) el ligamento ov�rico que es una delgada
banda fibrosa que se extiende desde el polo inferior del ovario hasta el �tero;
y, 3) ligamento infund�bulo p�lvico o ligamento suspensorio del ovario que
forma el borde superior y lateral del ligamento ancho, �ste est� en relaci�n
con la arteria ov�rica, venas ov�ricas y nervios acompa�antes.
Histol�gicamente posee dos
porciones corteza (capa externa) y m�dula (capa interna), la superficie est�
cubierta por una capa simple de epitelio c�bico conocido como epitelio
germinal que es similar al mesotelio cel�mico.
El aporte sangu�neo
arterial lo recibe directamente desde la aorta a trav�s de arterias que nacen
inmediatamente por debajo de las arterias renales. Las venas ov�ricas drenan
en lado izquierdo hacia la vena renal izquierda y en el lado derecho drena
directamente hacia la vena cava.
El drenaje linf�tico es
primariamente hacia los ganglios peria�rticos a nivel de las venas renales,
el flujo retr�grado puede ocurrir cuando los linf�ticos il�acos externos e
inguinales est�n comprometidos. Las fibras nerviosas auton�micas y
sensoriales acompa�an a la vasculatura y conectan al ovario con los plexos a�rticos
e hipog�stricos.
III. Epidemiolog�a.
Su mayor incidencia se la
encuentra en pa�ses desarrollados, llegando en los Estados Unidos a
constituirse en la sexta causa de muerte, diagnostic�ndose alrededor de unos
26.500 nuevos casos en el a�o 1996 y ocasion� unas 14.500 muertes en 1995,
otros pa�ses con incidencia alta de c�ncer de ovario son Canad�, Israel y
pa�ses del Norte de Europa; la sobrevida global es inferior al 50% en 5 a�os.
A nivel mundial en forma
global constituye el 4% de todos los c�nceres y representa el 5% de todas las
muertes ocasionadas por c�ncer.
a. Edad: las neoplasias de
ovario se presentan en todas las edades, incluidas la infancia y la ni�ez,
aproximadamente el 70% son diagnosticadas entre los 40 y 70 a�os de edad con
un pico m�ximo entre los 50 y 60 a�os.
b. Histolog�a: La
incidencia de los tumores de acuerdo a su estirpe histol�gica var�a de
acuerdo a la edad.