ANGIORESONANCIA MAGN?ICA
Una de las
t?nicas de la tomograf? por RM de alto campo y alta resoluci?,
(como la que cuenta la Cl?ica Panamericana y Centro Radiol?ico
Vargas Pazzos de 1.5 T), que ha revolucionado los m?odos de
investigaci? de los vasos, tanto arteriales como venosos de la
econom? humana, es sin duda la llamada Angioresonancia, que en el
tiempo que la sangre circula por los vasos, permite evaluarlos
determinando sus trastornos.
La t?nica m?
en boga es el TOF (Time of flight) o tiempo de vuelo de la sangre en
su trayecto y otra es la angiograf? por PC (Phase Contrast) o
contraste de fase.
La TOF, se basa
en el contraste relacionado con el flujo producido por la entrada de
sangre completamente magnetizada en el plano de la imagen, siendo el
contraste m?imo cuando el plano de esta es perpendicular al plano
sangu?eo. La utilizaci? de los tiempos de recuperaci? cortos (TR)
suprime las se?les del tejido estacionario.
La PC forma la
imagen midiendo la fase de magnetizaci? transversa conforme esta se
va desplazando a lo largo del gradiente del campo magn?ico. El
contraste necesario para producir una imagen est?directamente
relacionado con la fase de spin o ?gulo de fase de la sangre en
movimiento.
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Fig. 1 |
Fig. 2 |
Dos ejemplos de Angioresonancia, a la izquierda una de aorta y ?bol
urinario utilizando la t?nica de PC con Gadolinium incrementando la
magnetizaci? del torrente sangu?eo. Mal rotaci? renal derecha con
arteria polar superior ?ica. A la derecha una Angioresonancia
cerebral sin contraste utilizando el TOF hem?ico, donde se observa
la trombosis y consiguiente amputaci? de la ACM derecha.
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Fig. 3 |
Fig. 4
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Angioresonancia del ?bol urinario en PC (contraste de fase) con
inyecci? a presi? de Gadolinium (inyector volum?rico), en donde
se demuestran dos fases de la misma: 1.- Im?enes en fase capilar
(arterial o presinusoidal) Fig. 3, en donde se observa claramente la
anatom? alterada de los ri?nes. Ri?n en herradura fusionados en
su polo inferior. 2.- Fase portal. Contrasta intensamente el
par?quima org?ico tanto del h?ado como de los ri?nes. El
contraste se difunde totalmente en el compartimiento intravascular
org?ico.
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Fig. 5 |
Fig. 6 |
Figs. 5 y 6
Rotaci? 3D con el fin de visualizar al detalle la vascularizaci?
de la anomal? renal. Se utilizan las t?nicas de MIP (algoritmos de
proyecci? de m?ima intensidad).
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Fig. 7 |
Fig. 8 |
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Fig. 9 |
Fig. 10 |
Figs. 7 a 9 Angioresonancia del pol?ono de Willis, en donde se
demuestra claramente un aneurisma gigante de la porci? intrapetrosa
de la car?ida interna. Se aprecia el pediculo existente permitiendo
la planificaci? quir?gica en forma incruenta. Fig. 10. Secuencia
T1 coronal. A la izquierda, la se?l intensa de la lesi?
aneurism?ica en su exacta posici? anat?ica.
Las t?nicas de Angioresonancia, complementan la investigaci? de
tumores intracerebrales, con una precisi? tal, que hace innecesaria
ulteriores investigaciones que significan p?didas de tiempo y mayor
deterioro de las condiciones cl?icas del paciente. En el siguiente
ejemplo, adjuntamos uno de los tumores cerebrales primarios no
gliales y neoplasias craneales extra axiales m? frecuentes, el
MENINGIOMA, que representan del 15 al 20% de todos los tumores
primitivos del cerebro. La frecuencia de presentaci? de los
meningiomas es de 2 a 3 por cada 100.000 personas.
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Fig. 11 |
Fig. 12 |
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Fig. 13 |
Fig. 14 |
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Fig. 15 |
Fig. 16 |
Figs. 11 y 12, secuencias T2, se aprecia claramente la tumoraci?
Isointensa con el par?quima, con hiperintensidades perif?icas,
caracter?ticas del edema. Dado el crecimiento lento de la lesi?,
el efecto masa es evidente pero m?imo. En la Fig. 13, observamos un
corte coronal en T1 y en la Fig. 14 el mismo corte post Gadolinium
DTPA en inyecci? IV, en donde se aprecia la gran intensificaci?
lesional caracter?tica de los meningiomas vascularizados. Esto se
lo aprecia mejor en las secuencias de Angioresonancia en donde se
observa la circulaci? tumoral por completo y las consecuencias de
la lesi? que ocupa espacio sobre las estructuras cerebrales, en
este caso, desplazamiento hacia atr? de la a. cerebral media,
compromiso de las a. componentes del ramillete silviano,
desplazamiento d de la cerebral media y comunicante posterior
adyacente a la lesi? etc.
Siendo la angiograf? selectiva uno de los ?icos medios que se
utilizaron hasta mediados del siglo XX, para determinar el grado de
agresividad tumoral y/o vascularizaci? de la noxa, especialmente en
las extremidades, la Angioresonancia magn?ica supo complementar ese
espacio a satisfacci?.
En el siguiente caso, observamos a un paciente que presenta
amputaci? del miembro inferior izquierdo, Fig. 17, en el mu?n del
miembro amputado, se aprecia una formaci?, que se sospecha se trate
de una recidiva tumoral. En la Fig. 18, tras una Angioresonancia, se
advierte la presencia de vascularizaci? intr?seca en la misma,
corroborando la presunci? diagn?tica
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Fig. 17 |
Fig. 18 |
COARTACION AORTICA
La coartaci? o estenosis de la aorta, es una anomal? cardiaca
cong?ita bastante com? en las necropsias. Se la describi?en 142
de los 1.000 casos de cardiopat? cong?ita estudiados por Maude
Abbott. En estudios cl?icos recientes, la frecuencia es mucho
menor, aproximadamente del 6%. Es m? frecuente en varones, en
proporci? de 4:1. Se identifican dos variantes de este defecto: La
forma infantil y la de tipo adulto, pero la diferenciaci? entre
ellas no siempre es neta.
Los pacientes con esta anomal? suelen morir pronto despu? de nacer
o al primer a? de vida a menos que se traten quir?gicamente. El
desarrollo de esta afecci?, es esencialmente la perpetuaci? del
estado fetal.
Durante la vida fetal la sangre del V.I, pasa hacia la cabeza y la
regi? del cuello. Gran parte del flujo del V.D. se desv? desde la
circulaci? pulmonar, que no funciona, a trav? del conducto
arterioso hacia la aorta descendente. Por lo tanto el istmo siempre
es una regi? con flujo de bajo volumen. Despu? del nacimiento, al
iniciarse el riego sangu?eo pulmonar normal, la presi? en el
coraz? derecho disminuye, el agujero oval y el conducto arterioso
se cierran y un volumen creciente de sangre pasa por V.I. y el istmo
a?tico dilat?dolo.
La perpetuaci? del flujo de volumen bajo, a trav? del istmo, es la
probable g?esis de la coartaci? en el tipo fetal o infantil.
La forma infantil,
se caracteriza por un
estrechamiento de la aorta, que en ocasiones oblitera al vaso. Este
estrechamiento se haya entre los or?enes de la a. subclavia
izquierda y el conducto arterioso. Siempre hay asociado un defecto
del tabique auricular, y un conducto arterioso ampliamente abierto a
trav? del cual la sangre pasa de la a. pulmonar a la aorta mas all?
de la coartaci?, dirigi?dose a la parte inferior del cuerpo. Casi
siempre hay agrandamiento e hipertrofia del ventr?ulo derecho.
La supervivencia de este tipo de
pacientes, depende de la permeabilidad del conducto arterioso que
tanto contribuye al curso de la sangre a?tica mas all?de la
estrechez.
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Fig. 1 |
Fig. 2 |
La forma adulta,
autores como Friedberg, consideran que la coartaci?
de tipo adulto comienza en etapa ulterior de la vida fetal que la
variante infantil, y guarda relaci? con el cierre del conducto
arterioso. Otros autores, suponen que el estrechamiento a?tico
acompa? al crecimiento excesivo de tejido fibroso y c?ulas
endoteliales durante la obliteraci? del conducto. Sin embargo, de
ser valedero lo anterior, ser? l?ico pensar que ocurrieran casos
de estenosis de la a. pulmonar en el sitio de origen del conducto
arterioso, defecto que no se ha observado. Adem?, la coexistencia
de v?vulas a?ticas bic?pides en 40% de los casos de coartaci? de
tipo adulto, apoyan la interpretaci? de que este defecto es
anomal? de desarrollo fetal. Las alteraciones a?ticas mencionadas
guardan relaci? con varios cambios macrosc?icos en otros sitios
del sistema vascular. En el segmento proximal tiende a ocurrir
arteriosclerosis, y a veces, necrosis qu?tica de la t?ica media y
aneurismas disecantes. Suele sobrevenir por ultimo hipertrofia
ventricular.
El aumento de la presi? intra a?tica proximalmente, a la
estenosis, puede producir una dilataci? aneurism?ica de este
segmento o de las arterias principales que van a la cabeza y
extremidades superiores, que nacen antes de la constricci?.
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Fig. 3 |
Puede aparecer circulaci? colateral entre ramas de los grandes
vasos y arterias intercostales que en no pocas ocasiones erosionan
el borde inferior de las costillas provocando los estigmas
iconogr?icos visibles en la standard de t?ax.
La forma de tipo adulto puede ser asintom?ica, muchas veces la
enfermedad puede pasar inadvertida hasta que se presentan
complicaciones mortales. Cuando produce s?tomas, los datos cl?icos
principales se atribuyen a la hipertensi? en el sistema arterial
proximalmente a la constricci?, y a la ca?a de la presi? arterial
distalmente. Si el riego arterial del cerebro proviene de grandes
vasos proximales en relaci? a con la coartaci?, cefaleas,
v?tigos, epistaxis y nerviosidad reflejan esta hipertensi?
cerebral.
Al mismo tiempo hay debilidad, frialdad, palidez y
embotamiento de las piernas a consecuencia de la menor circulaci?
en la mitad inferior del cuerpo. Quiz?el dato cl?ico m?
importante sea una diferencia entre la presi? sangu?ea de las
extremidades superiores, que suele exceder de la normal, y las
inferiores donde es muy baja, o puede incluso no registrarse.
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Fig. 4 |
Fig. 5 |
Autor:
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