Alimentaci?
parenteral
Generalidades e
Indicaciones
La Alimentaci? Parenteral (AP)
constituye una forma de tratamiento intravenoso que permite
reponer o mantener el estado nutricional, a trav? de la
administraci? de todos los nutrientes esenciales sin usar el
tracto gastrointestinal.
Esta terapia lleg?a ser aplicable a
partir de 1968, cuando Dudrick y sus colaboradores demostraron
que la administraci? de todos los nutrientes a nivel de la vena
cava superior era factible, permitiendo mantener el buen estado
nutricional y el crecimiento de infantes sin necesidad de
utilizar el tubo digestivo. A partir de este espectacular logro
de la medicina moderna su uso se generaliz?y fue el punto de
partida para más tiples investigaciones en el campo del
metabolismo.
Ya en 1971 el mismo Dudrick propuso
utilizar la alimentaci? parenteral (en forma exclusiva o como
complemento) en los pacientes que no pueden, no deben o no
quieren alimentarse por v? oral/enteral o cuando ?tas v?s
resulten insuficientes; en otras palabras todo paciente que no
cubra sus requerimientos de energ? y proteínas por v? digestiva
es un candidato a recibir AP. Actualmente ?te concepto ha sido
modificado sobre la base de los resultados clínicos de la AP.
As?la Asociaci? Norteamericana de Nutrición Enteral y Parenteral
(ASPEN) defini?una serie de lineamientos, entre los cuales
clasific?las indicaciones de la AP en cuatro grupos:
1.- Situaciones Clínicas en las
cuales
la AP debe ser parte de los
cuidados rutinarios terap?ticos:
Pacientes incapaces de absorber
nutrientes a trav? del tracto gastrointestinal (por ejemplo
reSección masiva del intestino delgado [>90%], enfermedades del
intestino delgado, enteritis por radiaci?, diarrea severa o
v?ito intratable).
Pacientes sometidos a quimioterapia
en altas dosis, terapia con radiaci? o transplante de más ula
área.
Pancreatitis aguda grave.
Desnutrición severa en presencia de
un tubo digestivo no funcionante.
Pacientes severamente catab?icos con
o sin malnutrición cuyo intestino no podrÃa ser utilizado por al
menos 5 d?s.
2.- Situaciones Clínicas en las
cuales
la AP usualmente es ?il:
Cirugía mayor.
EstRÃo moderado.
F?tulas enterocutÃreas.
Enfermedad inflamatoria intestinal.
HipeRÃoesis grav?ica.
Desnutrición moderada en pacientes
que requieren Cirugía o tratamientos médico s intensivos.
Incapacidad para usar la v?
digestiva por 7 a 10 d?s.
Obstrucci? del intestino delgado
secundaria a adhesiones inflamatorias.
3.- Situaciones Clínicas en las
cuales
la AP es de valor
limitado:
Injuria leve en un paciente bien
nutrido cuyo intestino podrÃa ser utilizado en menos de siete
d?s.
Postoperatorio inmediato o posterior
a un peRÃodo de estRÃo.
4.- Situaciones Clínicas en las
cuales
la AP no debe
utilizarse:
Pacientes con una funci? del tubo
digestivo normal, capaz de consumir los nutrientes requeridos
diariamente, ya sea por v? oral o enteral.
Pacientes con una disfunción limitada
del intestino, en quienes la duraci? prevista de AP sea menor de
5 d?s.
Si bien la mayor parte de las
indicaciones de la AP son por sustituci? de la v? digestiva
(cuando su uso es imposible, no aconsejable o dificultoso),
también hay otras indicaciones en donde su finalidad es el
complemento de la v? digestiva, como en casos de aporte
insuficiente por v? ora o enteral, intolerancia o malabsorci?.
La AP complementaria de la v? digestiva puede realizarse por v?
venosa central o periférica, en general es de corta duraci? y
dura mientras persista la imposibilidad digestiva de cubrir los
requerimientos nutricionales.
Hay varios factores que influyen en
el tiempo que un individuo puede tolerar una ingesta nutricional
inadecuada. Estos son: la edad, las enfermedades previas, el
grado de catabolismo causado por la enfermedad actual y el
tiempo de evoluci? de ?ta. El inicio de la AP debeRÃoser más
precoz cuanto mayor sea la depleci? proteica (mayor grado de
desnutrición) y el grado de hipercatabolismo (sepsis grave,
politraumatizado severo); pero en ningún caso se la debe iniciar
hasta que el paciente haya logrado una estabilidad hemodin?ica,
estabilidad respiratoria, del estado ácido-base y de la glucosa y
se hayan corregido los desequilibrios de agua y electRÃoitos.
La evidencia actual sugiere que el inicio precoz de la AP,
cuando está indicada, es beneficioso, sobretodo en el paciente
gravemente enfermo. Esto es as?porque resulta más sencillo
preservar la masa proteica de un paciente injuriado, antes de
que ?ta disminuya, que replecionarla cuando ?ta ya ha sido
consumida por el hipercatabolismo. Hay que tener en consideraci?
que inicio precoz significa poco tiempo después de lograr la
estabilidad Clínica y hemodin?ica.
C?culo de los requerimientos
cal?icos.-
La determinaci? de las necesidades
de caloRÃos es un paso simple pero muy importante en la
provisión del soporte nutricional parenteral. Los
requerimientos cal?icos vaRÃon en funci? de la masa corporal,
de los objetivos nutricionales (repleci?, mantenimiento de la
prote?a corporal o soporte metab?ico), de las alteraciones
metab?icas presentes y de la insuficiencia de óganos.
Las necesidades de caloRÃos o gasto
energ?ico se expresan habitualmente en forma de Kcal/d?. La
forma más confiable de medir ?te gasto energ?ico es la
calorimetRÃo indirecta. Este más odo realizado a partir de la
medici? del intercambio respiratorio de gases, expresa el total
de las caloRÃos producidas por la utilizaci? end?ena de
hidratos de carbono, grasas y proteínas (gasto energ?ico);
además a trav? del cociente respiratorio nos indica también el
porcentaje de los sustratos utilizados. Partiendo de ?te Gasto
Energ?ico en Reposo medido, se debe definir que cantidad de
caloRÃos totales se administraRÃo con la AP; por ejemplo se
indicaRÃomayor cantidad de caloRÃos que las medidas por la
calorimetRÃo indirecta si el paciente tiene actividad f?ica
(inquietud, agitaci?) o si se requiere un balance positivo de
energ? (repleci?). De lo contrario se indicaRÃo menor cantidad
de caloRÃos que las medidas en caso de injuria severa con
insuficiencia de óganos y/o alteraciones metab?icas asociadas,
en donde el soporte nutricional parenteral es aconsejable que
sea levemente hipocal?ico.
Si no disponemos de la calorimetRÃo
indirecta, se puede utilizar el Gasto Energ?ico de Reposo (GER)
calculado a trav? de la ecuaci? de Harris-Benedict, cuya f?mula
es la siguiente:
HOMBRES: 66.5 + (13.8 x Peso Kg) +
(5 x Estatura cm.) - (6.8 x Edad en años)
MUJERES: 655.1 + (9.6 x Peso Kg.) +
(1.8 x Estatura cm.) - (4.7 x Edad en años)
Al resultado del GER en kcal/d?
obtenido por la ecuaci?, se le agrega un porcentaje de acuerdo
al grado de actividad del paciente o al tipo de lesi? que
presente (4). As?por ejemplo a un post-operatorio no complicado
se le agrega entre un 5 y 20%; a un traumatizado severo entre un
20 y 50%; a un paciente s?tico entre un 40 y 60%; o a un
paciente quemado hasta un 100% del GER. Actualmente se considera
que la ecuaci? de Harris-Benedict por s?misma subestima el GER
en los pacientes cRÃoicos, mientras que si se le agregan los
factores de injuria, en la mayor parte de los casos se
sobrestima el GER; observaciones que hay que tener en cuenta al
momento de decidir las caloRÃos totales que vamos a administrar
a nuestro paciente.
Si no se desea medir o calcular el
GER se puede indicar una cantidad fija de caloRÃos totales en
relación con el peso corporal y los objetivos nutricionales.
As?se calculan entre 25 a 30 Kcal/Kg/d? en los pacientes con
injuria y/o sepsis severa y falla parenquimatosa más tiple;
entre 30 y 35 Kcal/Kg/d? en los pacientes con injuria moderada o
con pocas alteraciones metab?icas y hasta 40 Kcal/Kg/d? si la
injuria es leve y se requiere repleci? nutricional. Cualquiera
que sea el más odo escogido para estimar la cantidad de
caloRÃos que seRÃo administradas, se debe tener en cuenta que
este aporte inicial se modificaRÃode acuerdo con la respuesta o
tolerancia del paciente y el logro de los objetivos
nutricionales. Es conveniente iniciar la AP con el 50% de las
caloRÃos estimadas, evaluar la tolerancia e incrementar
progresivamente hasta llegar al total de las caloRÃos que se
administraRÃo, en un plazo de 48 a 72 horas.
Aunque los valores estimados
anteriormente se refieren a las caloRÃos totales, en la
formulaci? de la alimentaci? parenteral se diferencia el aporte
de energ? o caloRÃos no proteicas, del aporte proteico (gramos
de proteínas o de nitRÃoeno). Las proteínas o aminoácidos
administrados durante la alimentaci? parenteral no son
considerados como fuente de caloRÃos; esto está basado en el
hecho de que ?tas deben ser incorporadas para la s?tesis de
nuevas proteínas y no utilizadas como fuente de energ?. Los
sustratos energ?icos habitualmente utilizados con la glucosa y
los lácidos.
Fuentes de caloRÃos durante la
alimentaci? perenteral
Glucosa.
La glucosa es el hidrato de carbono
utilizado con mayor frecuencia en la AP y es hoy en d? la
principal fuente de aporte energ?ico. Los requerimientos
energ?icos de un individuo normal se dan 60% en forma de
glucosa, 30% en forma de grasas y 10% en forma de proteínas.
PRÃoticamente todas la células del
cuerpo humano tienen la capacidad de oxidar la glucosa; pero en
algunos tejidos es de particular importancia. Por ejemplo el
cerebro la utiliza como fuente energ?ica y esta funci? no puede
ser sustituida por otro carbohidrato; a? en los estados de
ayuno, el cerebro debe recibir entre el 20 al 30% de las
caloRÃos totales que necesita en forma de glucosa. De igual
manera los glóbulos rojos tienen un requerimiento de 30 a 40 g.
de glucosa/d?.
La dextrosa de uso parenteral, es
glucosa monohidratada, por lo cual aporta 3.4 Kcal por cada
gramo administrado y se presenta en concentraciones de 5, 10, 20
y 50% en nuestro medio.
Tabla 1.
Osmolaridad y contenido cal?ico de
las soluciones de dextrosa.
Concentraci? de dextrosa
|
Osmolaridad (mOsm/L)
|
Contenido cal?ico * (kcal /dl)
|
5%
10%
20%
50%
70% |
250
500
1000
2500
3500 |
17
34
68
170
237 |
* Basado en el valor cal?ico
de la dextrosa monohidratada (3.4 kcal/g).
En pacientes injuriados, el
suministro de dosis superiores a 4 o 5 mg de glucosa/Kg/min
(flujo de glucosa) no aumenta la oxidaci? de ?ta ni mejora la
s?tesis de proteínas. Por el contrario los aportes mayores pueden
asociarse con complicaciones relacionadas con la lipog?esis y
con la mayor producci? de CO2. Debido a ello el mínimo de
glucosa a utilizar no debeRÃo sobrepasar lo 5 mg/Kg/min., qué es
la tasa más ima a la cual el cuerpo puede metabolizar la
glucosa sin presentar hiperglucemia; aunque en pacientes
injuriados o con fallas parenquimatosas, la dosis habitual total
es de alrededor de 5 g. de glucosa /Kg/d?.
cal?ica ?ica puede estar
contraindicada en pacientes con deficiencia de ácidos grasos
esenciales, sobrecarga de líquidos, diabetes de dif?il manejo y/o
insuficiencia respiratoria con hipercapnia.
Grasas.
Las emulsiones de lácidos se utilizan
en la AP para prevenir la deficiencia de ácidos grasos esenciales
y como fuente de kilocaloRÃos no proteicas, en particular en
pacientes con tolerancia anormal a la glucosa o disfunción
pulmonar. Los lácidos pueden proporcionar entre el 25 y 50% de
las kilocaloRÃos no proteicas (25 % en pacientes con falla
parenquimatosa o 50% en pacientes diabéticos o con intolerancia
a la glucosa), con la glucosa que suministra el porcentaje
restante. Lo cierto es que para un eficiente metabolismo de la
grasa es necesario un mínimo del 30% de kilocaloRÃos
proporcionadas por la dextrosa.
Las emulsiones de lácidos en nuestro
medio se encuentran en concentraciones del 10 y 20% y proveen
1.1 y 2 Kcal/ml, respectivamente. Existen emulsiones que
proporcionan ?icamente ácidos grasos de cadena larga (Intralipid
y Liposyn) y otras que contienen una combinaci? de ácidos grasos
de cadena larga y ácidos grasos de cadena media ((Lipo-fund?);
todas son una fuente rica en ácidos grasos esenciales (ácido
linoleico y linol?ico). Estos ácidos grasos son extra?os y
purificados de aceites vegetales; no son sintetizados
artificialmente como los aminoácidos cristalinos que se usan
también en la AP. Las emulsiones incluyen además la lecitina
de la yema del huevo como un agente emulsificante y el glicerol
hipert?ico, para prevenir que la soluci? final sea hipot?ica.
Las emulsiones de lácidos son más o
menos isot?icas y por su baja osmolaridad, ambas concentraciones
(10 y 20%) pueden administrarse tanto por v? central como
periférica (Tabla 2).
Cuando se utilizan las emulsiones
de lácidos para satisfacer las necesidades de ácidos grasos esenciales, sólo un 4 a
5% del total de kilocaloRÃos proporcionados por los lácidos bastaRÃo para
cubrir ?tas demandas. Debido a que una deficiencia de ácidos grasos esenciales
tarda aproximadamente 3 semanas en aparecer, algunos médico s aplazan la
administraci? de lácidos hasta la tercera semana de la terapia. De cualquier
manera, cuando la AP se realiza sólo con glucosa/aminoácidos, se deben administrar
lácidos cada 4 a 7 d?s para evitar la deficiencia de ácidos grasos esenciales (50
a 100g de lácidos cada 7 d?s).
Los reg?enes de AP que incluyen
emulsiones grasas, está asociados con menor frecuencia a
hiperglucemia, niveles inferiores de insulinemia y menor riesgo
de da? hep?ico que los reg?enes en los cuales la glucosa es la
?ica fuente de caloRÃos no proteicas. En los casos en los que
se las utilicen como fuente cal?ica, la cantidad no debe pasar
de 1 g/Kg/d?, para minimizar las complicaciones. La infusi?
RÃoida de grandes cantidades de lácidos está asociada con el
deterioro de la funci? de los granulocitos, leucocitos,
neutRÃoilos y fagocitos y una disminución celular de la relación
de T4:T8. Es por esto que cuando se administran en goteo
paralelo al resto de la AP, la infusi? no debe durar de más de
12 horas (para no aumentar el riesgo de contaminaci? de la
emulsi?) ni menos de 6-8 horas (por la mayor probabilidad de
complicaciones pulmonares y de inmunidad). Cuando son infundidos
mezclados en una bolsa de alimentaci? parenteral (sistema 3 en
1), se infunden durante 24 horas, pero en este caso no aumenta
el riesgo de contaminaci? y facilita su metabolismo en pacientes
severamente injuriados.
Hay evidencia de que los ácidos
grasos de cadena larga pueden no ser utilizados de manera ?tima
por los pacientes con sepsis. Por otra parte en pacientes
hipercatab?icos , los triglicácidos de cadena media tienen
ciertas ventajas sobre los de cadena larga:
Menor bloqueo del sistema
inmunológico en ?te grupo de pacientes que ?t?más predispuesto
a la infecci?.
Oxidaci? más RÃoida y completa, lo
que los hace una excelente fuente energ?ica.
Independencia del sistema de
transporte en la mitocondria, que se ha encontrado deficiente en
sepsis.
Menor esteatosis.
Mejor efecto de ahorro nitrogenado y
está ulo de la s?tesis proteica.
Es por eso que hay que tener en
cuenta estas consideraciones al momento de indicar una emulsi?
lip?ica en un paciente determinado.
La utilizaci? de los lácidos se
monitorea con el dosaje de triglicácidos plasmédico s; cuando la
infusi? es continua se tolera una trigliceridemia de hasta 250
mg/dl; con infusi? intermitente el dosaje debe ser normal luego
de 12 horas de finalizado el aporte. Se ha visto que la heparina
mejora la clarificaci? plasMédica de los triglicácidos por
aumento de la actividad de la lipoproteinlipasa, pero su uso no
se justifica en los adultos (aumenta la concentraci? plasMédica
de los ácidos grasos pero no mejora la tasa de oxidaci? de ?tos).
Aunque poco frecuente, la
administraci? de lácidos endovenosos puede asociarse a reacciones
inmediatas que obligan a discontinuar la infusi?. Estas son:
disnea, cianosis, reacciones al?gicas, hiperlipemia,
hipercoagulabilidad, diaforesis, escalofRÃos, somnolencia y
dolor toRÃoico. Pors esto en muchas instituciones exigen que se
haga una dosis de prueba de los lácidos antes de administrarlos.
Además existen situaciones en las que está contraindicadas:
disturbios del metabolismo lip?ico tales como hiperlipidemia
patol?ica y nefrosis lipoidea; da? hep?ico grave; diabetes
descompensada; acidosis metab?ica o cetosis para los
triglicácidos.
Fuentes Cal?icas Alternativas.
Se han empleado otras fuentes
cal?icas, diferentes de la glucosa y las grasas en la nutrición
parenteral. Las que han sido ensayadas incluyen la fructosa, la
maltosa, el sorbitol, el xilitol, el glicerol, el etanol y los
ácidos grasos de cadena corta. En algunos pa?es se los utiliza
(sobretodo fructosa, xilitol, sorbitol y glicerol) con el objeto
de disminuir las complicaciones o mejorar la eficiencia de la
glucosa, especialmente en pacientes diabéticos, con traumatismo
de cRÃoeo o con injuria y/o sepsis grave.
Estos sustratos son metabolizados
por algunos tejidos en forma pRÃoticamente independiente de la
insulina, producen cierto está ulo de la secreción de insulina,
son convertidos en glucosa por el hígado y sólo pueden formar
gluc?eno en presencia de insulina. Se los puede administrar como
sustitutos de la glucosa en forma independiente o combinada (en
algunos pa?es europeos se usan mezclas de
glucosa/fructosa/xilitol en proporci? 1:2:1).
Las dosis habituales son: para la
fructosa, el glicerol y el sorbitol 0.5 g/Kg/hora; y para el
xilitol de 0.25 g/Kg/hora. Los efectos colaterales son
dosis-dependiente y poco comunes en las dosis mencionadas. Estos
incluyen acidosis l?tica (fructosa), hemás isis e insuficiencia
renal (glicerol), dep?itos renales de oxalatos (xilitol),
aumento de la bilirrubina y el ácido ?rico, etc.
Requerimientos proteicos y
soluciones de aminoácidos
Las soluciones de aminoácidos para AP
se usan desde 1937, cuando por primera vez se us?con ?ito un
hidrolizado de case?a por v? endovenosa. Posteriormente fueron
reemplazados por soluciones de aminoácidos cristalinos de la
forma L, que son los que se usan en la actualidad y que han
mostrado ventajas en cuanto a la flexibilidad en su composición y
a su pureza. Existe una extensa experiencia Clínica que
demuestra la bondad de ?te tipo de soluciones en el
mantenimiento o repleci? del estado nutricional proteico de los
pacientes sometidos a AP.
Las soluciones estándar de
aminoácidos está disponibles en nuestro medio en concentraciones
que van del 3.5% al 15%. Normalmente está compuestas en un
40-50% por aminoácidos esenciales y en un 50-60% por aminoácidos
no esenciales. Pero a pesar de esto, no todos los aminoácidos
está presentes en las soluciones, debido principalmente a la
inestabilidad en soluciones acuosas de ciertos aminoácidos,
especialmente de ciste?a, glutamina y tirosina. As?los bajos
contenidos de ciste?a y tirosina fueron compensados con altos
contenidos de metionina y fenilalanina y la glutamina
simplemente no fue a?dida a las soluciones actuales de
aminoácidos por considerar que era un aminoácido no esencial y que
el organismo podrÃa sintetizarlo según su necesidad. Pero los
conocimientos actuales nos indican que la glutamina es de vital
importancia en el mantenimiento de la integridad anatópica y
funcional del intestino y su adici? a las soluciones de
aminoácidos parenterales se traduce en mejor balance de
nitRÃoeno y s?tesis proteica, mejor funci? inmunológica del
intestino y menor incidencia de translocaci? bacteriana; por lo
que se está evaluando la forma de suministrar glutamina o
an?ogos a las soluciones de aminoácidos parenterales, pero
desgraciadamente los productos de degradaci? de la glutamina
parenteral son potencialmente hepatotÃpicos. En la actualidad
ninguna de las soluciones de aminoácidos para nutrición parenteral
disponibles contiene glutamina.
Los aminoácidos de las soluciones
proporcionan 4 Kcal/g. Estas kilocaloRÃos, por lo general no
está incluidas como parte de la energ? total o caloRÃos no
proteicas entregadas durante la AP, porque se considera que los
aminoácidos seRÃo incorporados a la prote?a en vez de ser
catabolizados para producir energ?.
Es importante determinar el
contenido de nitRÃoeno de las soluciones de aminoácidos, para
poder realizar el c?culo del balance nitrogenado (ver más
adelante) y as?poder optimizar el aporte proteico en nuestro
paciente. Este contenido de nitRÃoeno vaRÃo según los
fabricantes. Dado que el nitRÃoeno representa el 16% del peso
de la prote?a, se puede calcular el nitRÃoeno en una soluci? de
nutrición parenteral dividiendo por 6.25 (100/16 = 6.25) los
gramos de prote?a que tenga la soluci?. As?por ejemplo una
soluci? de aminoácidos de 500 ml al 10%, contiene 50 gramos de
proteínas, que dividido para 6.25, nos indica que ?ta soluci?
tiene 8 gramos de nitRÃoeno (Tabla 3).

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Para la utilizaci? efectiva del
nitRÃoeno se deben administrar cantidades adecuadas de kilocaloRÃos no
proteicas. Sin un suministro adecuado de energ? procedente de la dextrosa o de
los lácidos, los aminoácidos seRÃo catabolizados para que suministren carbono
para la oxidaci? y la mitad del nitRÃoeno seRÃoexcretada en vez de ser
utilizada para la s?tesis de los tejidos. Aunque la relación ?tima entre
kilocaloRÃos no proteicas y nitRÃoeno (caloRÃos / g. de nitRÃoeno) vaRÃo
dependiendo de cada caso individual, una relación de 150:1 satisface las
necesidades de la mayoRÃo de los pacientes estables; pero en los pacientes
hipercatab?icos la relación puede variar de 120:1 hasta 80:1. De cualquier forma
?ta relación entre caloRÃos y proteínas sólo sirve a los fines indicativos de
iniciar una plan de AP y luego debe adaptarse de acuerdo con el balance
nitrogenado y la respuesta Clínica.
Los requerimientos proteicos de los pacientes hipercatab?icos
está marcadamente aumentados en relación con los de los no
injuriados. El aporte ex?eno de caloRÃos y aminoácidos no
disminuye el hipercatabolismo pero aumenta la s?tesis proteica
en los tejidos que está en s?tesis activa; por lo tanto es
posible, cuando la injuria es moderada, lograr un balance
equilibrado de nitRÃoeno aumentando la s?tesis. El aporte
ex?eno de proteínas no evita la degradaci? de la prote?a muscular
o la disminución de la masa magra, pero mantiene una adecuada
disponibilidad de aminoácidos (pool libre o l?il de aminoácidos)
para mantener sin limitaciones la s?tesis proteica en varios
sectores importantes: el hígado (proteínas reactantes
inespec?icas de fase aguda), las células del sistema
inflamatorio e inmunológico y los tejidos de reparaci?.
En condiciones de salud se requiere
alrededor de 0.5 g de prote?a /Kg/d? para mantener el balance
nitrogenado; por lo tanto los requerimientos proteicos para
adultos sanos son de 0.75 a 0.8 g/Kg/d?. Las recomendaciones
actuales de proteínas o aminoácidos para pacientes s?ticos y/o
injuriados oscilan de 1.2 a 2.5 g/Kg/d?, con la finalidad de
positivizar el balance de nitRÃoeno o al menos minimizar su
d?icit, evitando la sobrecarga proteica que no implica
beneficios y aumenta la uremia (Tabla 4).

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Existen varias formulaciones de
aminoácidos especiales que se utilizan en ciertas patologías espec?icas; por
ejemplo las formulaciones enriquecidas con aminoácidos de cadena ramificada que
parecen mejorar el balance de nitRÃoeno y disminuir la producci? de urea,
utilizadas en pacientes con sepsis. Otras soluciones son indicadas
espec?icamente para pacientes con falla hep?ica o falla renal; o para pacientes
con falla inmunológica (enriquecida con arginina y nucleácidos) o falla
gastrointestinal (adicionadas con glutamina). Los estudios comparativos de ?tas
formulaciones no han demostrado beneficios significativos en la morbilidad y
mortalidad de los pacientes, por lo cual su uso rutinario no está justificado.
Balance Nitrogenado.
En los pacientes injuriados y/o
s?ticos la pérdida urinaria de nitRÃoeno es proporcional al
catabolismo proteico; por lo tanto el nitRÃoeno urinario es un
buen indicador del nivel de hipercatabolismo. Los aminoácidos
liberados por el catabolismo se utilizan en primer lugar para la
s?tesis proteica del compartimiento visceral, otra parte en la
s?tesis de glucosa por la gluconeog?esis y el resto en la
oxidaci? tisular directa para producir energ?; en ?tos dos
Últimos casos el nitRÃoeno residual es excretado en forma de
urea urinaria. Normalmente la urea representa alrededor del 80%
del nitRÃoeno urinario, el amonio el 7.4%, la creatinina el
6.4%, el ácido ?ico del 2 al 3% y el resto de los compuestos
nitrogenados del 1 al 2 %.
El mejor más odo para el medir el
nitRÃoeno total urinario es el de Kjeldahl y actualmente se
acepta como igualmente confiable el de piroquimioluminiscencia.
Dado que en la pRÃotica en nuestro medio no disponemos de ?tos
métodos, habitualmente estimamos el nitRÃoeno urinario total
(NUT) a partir de la urea urinaria (UU) con el siguiente más
odo. Se mide el volumen de la diuresis de 24 horas y se toma una
al?uota que es enviada al laboratorio para medir la urea
urinaria en orina de 24 horas. El resultado generalmente lo
reportan en gramos de urea por litro de orina (g/L), por lo que
para saber la urea urinaria total, se multiplica los gramos de
urea urinaria reportados por el volumen total de orina. Por ej.:
si la urea urinaria fue de 15 g/L y la diuresis total medida fue
de 2 L, la urea urinaria total (15 x 2) es de 30 g/d?. Para
calcular cuanto fue la pérdida de nitRÃoeno en forma de urea
urinaria, multiplico la urea urinaria total por 0.467 (factor de
conversi? de urea a nitRÃoeno). As?en nuestro ejemplo
multiplico 30 g/d? x 0.467 = 14.01 g/d? de nitRÃoeno (N)
derivado de la urea urinaria. Finalmente para calcular la
eliminaci? total de nitRÃoeno por la orina (nitRÃoeno urinario
total), sumo las pérdidas de nitRÃoeno provenientes de la urea
urinaria más las pérdidas de nitRÃoeno provenientes de otros
compuestos no ureicos que también se eliminan por la orina
(amonio, creatinina, ácido ?ico, etc.). Se considera que debe
a?dirse un factor fijo de 2 g de N/d? al nitRÃoeno de la urea
urinaria ya calculado. Entonces 14.01 + 2 = 16.01 de N urinario
total.
Pero para calcular el balance
nitrogenado se deben tener en cuenta no sólo las distintas v?s de
ingreso de nitRÃoeno (proteínas por v? oral, enteral o
parenteral) sino también las distintas v?s de egreso de N del
organismo. As?la f?mula del balance de N es la siguiente:
Balance de N = Ingreso de N - (N
urinario + N fecal + N tegumentario y miscelÃreas).
Como vemos los egresos de nitRÃoeno
no son exclusivamente por la v? urinaria, por lo que al
nitRÃoeno urinario total ya calculado hay que sumar las
pérdidas a nivel de la materia fecal y a nivel tegumentario. El
N fecal está compuesto de células descamadas, bacterias, y
proteínas no absorbidas de la dieta, lo cual implica un espectro
de excreci? de 0.2 a 3.5 g/N/d?. La excreci? fecal de N aumenta
con la menor digestibilidad de las proteínas, con la diarrea, en
las enfermedades inflamatorias del intestino y en las
enteropat?s perdedoras de proteínas. El N fecal de pacientes sin
enfermedad intestinal y con AP es de 0.3 a 0.5 g/N/d?. De
cualquier forma, Blackburn propone estimar el N fecal en 1.5
g/N/d? en condiciones habituales.
Las pérdidas tegumentarias y
miscelÃreas corresponden a sudor, descamaci? de la piel, pelos,
uñas, secreciones nasales, semen, menstruaci? y sangre para
estudios bioqué icos; ?tas pérdidas vaRÃon con la temperatura
ambiente y la ingesta proteica y aumentan en las quemaduras o
enfermedades exfoliativas cutÃreas. Dado que ?tas pérdidas son
imposibles de medir en la pRÃotica Clínica, se estiman en 7
mg/Kg/d? en los hombres y 8 mg/Kg/d? en las mujeres ( 0.49 g/N
en un hombre y 0.44 g/N en una mujer de 55 Kg.).
En cuanto a los ingresos de N, ?tos
se calculan como ya hemos visto dividiendo la cantidad de
proteínas administradas, ya sea por v? oral, enteral o parenteral
(aminoácidos) para 6.25, obteniendo as?la cantidad de nitRÃoeno
que ingresa al organismo. La idea es tratar de mantener este
balance lo más cercano posible a la neutralidad, aumentando el
aporte proteico en la AP si el balance nitrogenado es
persistentemente negativo, para as?evitar o minimizar el consumo
catab?ico de las proteínas end?enas, que a la larga disminuyen la
masa magra corporal, con el compromiso subsiguiente de las
funciones org?icas indispensables para la vida.
El c?culo del balance nitrogenado es
una herramienta ?il no sólo para evaluar si la ingesta de
proteínas es adecuada , sino también para determinar el grado de
catabolismo inducido por la enfermedad. Por ejemplo, se estima
que si la pérdida de nitRÃoeno urinario total está entre 10 y
15 g/d? se trata de un catabolismo moderado; pero si es mayor de
15 g/d? estamos ante un paciente con catabolismo severo, en
quienes el mantener un balance nitrogenado neutro puede llegar a
ser dif?il de conseguir. En un estudio de pacientes cRÃoicos se
encontRÃoque los pacientes s?ticos ten?n una pérdida urinaria
de N total de 17.6 g/N/d?; los post-quiRÃogicos 15 g/N/d?; y
los politraumatizados fueron unos de los más hipercatab?icos
con una pérdida de 21.7 g/N/d?, aunque hubo pacientes con una
pérdida de hasta 30 g/N/d?.
Para concluir, cuando la AP se
indica para la repleci? proteica en pacientes poco o nada
injuriados, el objetivo es lograr un balance positivo de
nitRÃoeno mínimo de 4 a 6 g/d?; si el paciente presenta una
injuria moderada a severa el objetivo es un balance de
nitRÃoeno de -2 a +2 g/d?. En los pacientes severamente
injuriados el objetivo es disminuir todo lo posible el balance
negativo de nitRÃoeno (lo más cercano a cero que sea posible).
Recientemente se está promulgando
la utilizaci? de dietas hipocal?icas- hiperproteicas en los
pacientes gravemente enfermos, basados en el hecho de que las
altas provisiones de glucosa durante la fase inicial de los
pacientes gravemente injuriados puede resultar en un estRÃo
metab?ico adicional, con la consecuente repercusi?
cardiorrespiratoria, hiperdin?ica, elevada producci? de CO2 y
frecuentemente esteatosis hep?ica. Pati? y colaboradores
utilizan una provisión diaria de 100 a 200 g de glucosa y 1.5 a
2 g/kg/d? de proteínas (aminoácidos cristalinos) durante los
primeros tres d?s de ?te estado, lo que parece ser beneficioso,
obteniendo resultados favorables al conseguir una evoluci?
Clínica más fisiol?ica y una considerable reducci? de costos.
Requerimientos de agua
Las necesidades basales de agua de un paciente adulto promedio
oscilan entre 2000 y 3000 ml/d? o 30 ml/kg/d? o de 1.2 a 1.5 ml
de agua por cada kilocaloRÃo infundida. Este volumen cubre los
egresos de diuresis, materia fecal y pérdidas insensibles.
Para calcular el volumen total de la
AP se deben tener el cuenta las necesidades basales de agua, los
d?icit o excesos previos, las limitaciones impuestas por las
fallas de óganos (riñón, corazón, etc.) y las pérdidas
anormales debidas a la enfermedad de base (fÃstulas,
quemaduras, etc.); a ?te c?culo de requerimientos se le debe
descontar el agua end?ena liberada por degradaci? tisular (200 a
300 ml/d?) y el agua producida por la oxidaci? de los alimentos
administrados ( 20 a 25 ml de agua por cada 100 kilocaloRÃos de
sustratos energ?icos metabolizados), además de los líquidos
infundidos fuera de la AP (diluci? de medicamentos, líquidos para
mantener una v? venosa, etc.).
Requerimientos de electrolitos
La alimentaci? parenteral que se
administre siempre debe incluir el aporte de sodio, potasio,
calcio, f?foro y magnesio, salvo que el paciente tenga niveles
plasmédico s elevados o exceso de alguno de ellos. La forma y
la cantidad de cada electRÃoito adicionado se basa en la
situación metab?ica, las pérdidas de líquidos no renales, la
funci? renal, el balance de electrolitos y líquidos, el
equilibrio ácido-base y la necesidad de compensar el d?icit ya
existente.
Para facilitar el suministro de los
electrolitos, el sodio y el potasio está disponibles como
derivados de cloruro y acetato ( en nuestro medio sólo cloruro);
el fosfato está disponible como derivado del sodio o del
potasio (en nuestro medio sólo existe fosfato de potasio); el
magnesio se suministra normalmente como sulfato de magnesio; y
el calcio está disponible como gluconato de calcio. Las
necesidades de electRÃoitos son din?icas y la dosificaci? se
ajusta frecuentemente durante la terapia de nutrición parenteral,
de acuerdo a las mediciones s?icas regulares y al volumen de
pérdida de los fluidos corporales, especialmente durante los
primeros d?s de la AP. Los rangos sugeridos para los
electRÃoitos han sido publicados y se enumeran en la tabla 5.

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Una consideraci? importante al
agregar los electrolitos a la AP es la presencia de incompatibilidades qué icas
de ciertas sales, como por ejemplo calcio y f?foro, cloruro de calcio y sulfato
de magnesio, bicarbonato de sodio y calcio (aunque pasen por goteos en
paralelo). Estos electrolitos pueden causar precipitados en la soluci? preparada
que pueden causar incluso la muerte. La administraci? conjunta de calcio y
f?foro puede tener ?ito si se agregan no más de 15 mmoles de f?foro (como
fosfato de sodio o de potasio) a un litro de soluci? que contiene 4.6 mEq de
calcio.
Requerimientos de oligoelementos
Las necesidades de oligoelementos se
relacionan con la edad, la situación cl?ico-metab?ica y el grado
de deficiencia de ?tos. A su vez el grado de deficiencia depende
de las reservas tisulares previas, de los ingresos insuficientes
para cubrir las pérdidas adicionales y de los requerimientos
para formar nuevos tejidos.
Los requerimientos de oligoelementos
para los pacientes hipercatab?icos son pRÃoticamente
desconocidos; la Asociaci? Médica Americana ha establecido
rangos recomendados, que son los que se utilizan y se encuentran
en la tabla 7.
En la AP relativamente breve no
es indispensable la administraci? sisteMédica de todos los oligoelementos desde
el comienzo; la indicaci? se realiza según las necesidades del paciente y la
duraci? de la AP, salvo en lo concerniente al cinc que debe administrarse
siempre desde el comienzo, debido a que los pacientes hipercatab?icos tienen
grandes pérdidas urinarias de cinc al igual que los pacientes con pérdidas de
líquidos digestivos (10 a 17 mg por litro de líquidos de ostomás s, diarrea,
etc.); además de que el cinc es importante para la s?tesis proteica, la
cicatrizaci? de heridas, la funci? inmunológica, etc.
En t?minos generales, el cobre debe
incorporarse a partir de la segunda semana de AP, el cromo y el
selenio a partir de la quinta a sexta semana y el manganeso y el
molibdeno luego de varios meses de AP. Debe disminuirse el
aporte de cinc y cromo en presencia de insuficiencia renal y el
de cobre y manganeso en la obstrucci? biliar. En nuestro medio
existen ?icamente viales que contienen cloruro de cinc, cloruro
de cobre, manganeso y cloruro de cromo (MT4), que pueden
adicionarse a la preparaci? de AP; no tenemos disponibilidad de
preparaciones ?icas de oligoelementos.
En cuanto al aporte de hierro, ?te
no se agrega rutinariamente a las soluciones de nutrición
parenteral y no es un componente de las preparaciones de los
elementos traza (oligoelementos). Los pacientes que necesitan AP
a largo plazo, deben evaluarse en cuanto a las necesidades del
mismo. Lo cierto es que en los pacientes gravemente enfermos la
utilizaci? de hierro puede aumentar la posibilidad de
crecimiento bacteriano, sobretodo en pacientes infectados.
Requerimientos de vitaminas
El aporte de vitaminas es esencial
para mantener las funciones metab?icas, la reproducción celular,
la reparaci? tisular, la respuesta inmunológica, etc. La
inclusi? de vitaminas en la nutrición parenteral se basa
generalmente en las recomendaciones de la Asociaci? Médica
Americana, que se enumera en la tabla 8; aunque en ciertos
pacientes gravemente enfermos o injuriados los requerimientos de
algunas vitaminas son mayores debido al aumento de la utilizaci?
y/o de las pérdidas, por lo que el requerimiento real es poco
conocido. Algunas patologías cursan con depleci? de los
dep?itos de ciertas vitaminas; por ejemplo la desnutrición se
asocia con d?icit de A, B6 y folatos; el alcoholismo con d?icit
de B1, B2 y B6; los pacientes injuriados con d?icit de ácido
asc?bico; los pacientes s?ticos con d?icit de varias. Por otra
parte las necesidades de vitaminas liposolubles también pueden
aumentar por enfermedad aguda, infecci?, balance de nitRÃoeno
negativo, adhesi? de las vitaminas al equipo de venoclisis y el
uso de lácidos como fuente de caloRÃos. De tal manera que el
aporte en estas patologías debe ser mayor ya que las
manifestaciones Clínicas y/o bioqué icas de deficiencias
aparecen en forma relativamente RÃoida.

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En la pRÃotica, la administraci?
de una dosis diaria de un preparado multivitamédico comercial cubre los
requerimientos basales; aunque en nuestro medio no tenemos f?ilmente acceso a
estos preparados. Pero podemos utilizar los preparados polivitamédico s de
vitaminas hidrosolubles (complejo B) en pacientes injuriados y s?ticos o
monovitamédico s como el ácido asc?bico para pacientes quemados y traumatizados.
Debe considerarse el aporte de vitamina K, ya que los preparados
multivitamédico s no la incluyen; la dosis es de 5 a 10 mg semanales o según los
valores del tiempo de protrombina. Todav? no se dispone de información para
recomendar el uso de algunas vitaminas en dosis terapéuticas mayores en ciertas
patologías , como por ejemplo el uso de la vitamina C y E como antioxidantes y
la A como inmumnoestimulante.
Formulaci? y preparci? de las
mezclas de alimentaci? parenteral
Para formular la AP en un paciente
determinado, se deben considerar todos los puntos mencionados
anteriormente, empezando por definir cuales son los objetivos
nutricionales en nuestro paciente (repleci? o mantenimiento de
la prote?a corporal, soporte metab?ico); estimar los
requerimientos cal?icos y proteicos, manteniendo una relación de
caloRÃos no proteicas / gramo de nitRÃoeno que dependeRÃodel
grado de catabolismo y de la enfermedad de base; realizar un
incremento programado del aporte cal?ico-proteico (en lo posible
50% el primer d? y el 100% al segundo d?); estimar las
necesidades de líquidos del paciente y la cantidad a utilizar
para la AP y luego definir las concentraciones de las soluciones
de macronutrientes (dextrosa, aminoácidos y lácidos) que se han de
indicar; establecer las necesidades totales de electRÃoitos,
teniendo en cuenta las incompatibilidades mencionadas de las
mismas; incluir las vitaminas desde el comienzo de la AP, al
igual que los oligoelementos, sobretodo si está programada a
largo plazo. Es preferible el uso de bombas de infusi? que
asegura la administraci? del volumen indicado y disminuye el
riesgo de complicaciones asociadas con la RÃoida infusi? de
nutrientes.
Las ?denes Médicas para la nutrición
parenteral deben escribirse cuidadosamente a causa de los
numerosos aditivos que se necesitan a diario. Es por esto que en
muchas instituciones se han desarrollado ?denes estándar para
AP. El uso de un fomulario estándar evita errores de
transcripci? y la omisi? accidental de nutrientes importantes.
Estas ?denes facilitan además la evaluación diaria del
suministro de nutrientes enumerando los aditivos y la composición
de la soluci? base en la misma Página.
Generalmente en nuestro medio la administraci? de la AP se la
realiza con el sistema de frascos en paralelo de las diferentes
soluciones de nutrientes. Para ello se utilizan por una parte
las soluciones dextrosadas en una concentraci? adecuada para
administrar las caloRÃos calculadas, a las que se a?den las
vitaminas, electRÃoitos y oligoelementos necesarios, a excepci?
del calcio. Por otra parte en paralelo iRÃo la soluci? de
aminoácidos, en la concentraci? correspondiente, en la que se
prefiere agregar el calcio; y finalmente la infusi? de lácidos
que también va en paralelo cuando sea necesaria. Otras escuelas
prefieren indicar una soluci? base, en la que se combina en un
solo frasco la soluci? de aminoácidos y dextrosa, con el agregado
de vitaminas, electRÃoitos y oligoelementos, administrando
además en caso de ser necesario un frasco de lácidos en paralelo
a ?ta soluci?. Este tipo de preparados tiene el inconveniente de
que dificulta el individualizar los aportes sobretodo
cal?icos(dextrosa) en un paciente determinado, al dar las
combinaciones RÃoidas de dextrosa y aminoácidos existentes en el
mercado, permitiendo además un mayor manipuleo de las
soluciones, con el riesgo de contaminaci? de la soluci? final.
Esto es evidente sobretodo en nuestro medio, en donde en la
mayoRÃo de hospitales no existe un lugar exclusivo para la
mezclas de las mismas con las t?nicas recomendadas para su ?tima
preparaci? (c?aras de flujo laminar); al utilizar frascos en
paralelo de cada soluci? se minimiza ?te problema, además de
minimizar también el riesgo de incompatibilidad de soluciones
al no mezclar todo en un mismo frasco. De cualquier forma, la
preparaci? de las mezclas debe ser realizada en condiciones de
más ima asepsia; y debe ser llevada a cabo en un área de
enfermeRÃo especialmente destinado a ese fin y no en el mismo
lugar donde llevan a cabo la preparaci? de la medicaci?
habitual.
Por otra parte existe el sistema de
bolsa ?ica o 3 en 1. Para la preparaci? de este tipo de mezclas
se requiere un área especial, que incluye campana de flujo
laminar, un sistema de filtraci? esterilizante final, un
bioqué ico especialista, personal entrenado que cumpla una
rigurosa metodolog? as?tica y deben usarse bolsas especiales de
etilenvinilacetato que son llenadas al vac?. Este tipo de AP
tiene varias ventajas: disminuye el tiempo de enfermeRÃo para
preparar y administrar las mezclas; menor riesgo de contaminaci?
durante el uso por menor manipulaci?; mayor eficiencia metab?ica
por administraci? concomitante de todos los nutrientes; menores
efectos adversos de la administraci? de lácidos por mayor diluci?
y duraci? de la infusi?; mayor facilidad para controlar la
velocidad de infusi? y los vol?enes totales administrados;
posibilidad de administrar mezclas isot?icas para alimentaci?
periférica (ver más adelante) o mezclas más concentradas en
pacientes con restricci? de volumen (insuficiencia cardiaca,
renal, etc.).
En la formulaci? de las bolsas para
AP se debe tener en cuenta varios aspectos de la
estabilidad/compatibilidad de las mezclas: solubilidad (relación
molar calcio-f?foro o calcio-magnesio); estabilidad de los
lácidos (cationes divalentes); descomposición qué ica (cobre y
oxidaci? de vitamina C). Otra ventaja de las bolsas de AP es la
posibilidad de administrar ciertos medicamentos directamente en
la misma mezcla. Los f?macos más utilizados y que son estables
dentro de las mezclas son: ranitidina, heparina, insulina,
alb?ina y vancomicina. El uso de heparina para disminuir el
riesgo de obstrucci? del cat?er es muy controvertido, por lo que
su uso rutinario no está indicado; la insulina se adhiere en
proporciones variables al pl?tico de las bolsas y tubuladuras de
equipos de venoclisis; el agregado de alb?ina a la mezcla es
discutible y aumenta el riesgo de crecimiento bacteriano en
ellas. Por otra parte algunos f?macos no deben administrarse en
paralelo a ?ta AP por incompatibilidades: ampicilina,
difenilhidanto?a, anfotericina B.
Vías de Administraci?.
Es posible administrar la AP por una v? venosa periférica si se
la formula con la metodolog? adecuada como se describiRÃomás
adelante. La forma más frecuente de administraci? es mediante
un cat?er venoso central en la cava superior (menos frecuente en
la cava inferior), por punci? percutárea directa a nivel de la
vena yugular interna o subclavia; o por punci? de una vena
periférica o diSección quiRÃogica de la misma (bas?ica o
cef?ica), utilizando un cat?er que llegue hasta una vena
central. Los cat?eres para punciones directas pueden ser de una
s?a luz, que son los de uso más habitual, o de doble o triple
lumen; generalmente está hechos de PVC o poliuretano. Para la
AP de uso semiprolongado, el material debe ser de silastic o
poliuretano; y los de uso prolongado son los denominados tipo
Hickman o Broviac.
Las infecciones relacionadas a
cat?eres son frecuentes, sobretodo cuando se administra nutrición
parenteral (entre 3 y 12 % según diferentes autores). La
incidencia de las mismas es mayor cuando el paciente se
encuentra en terapia intensiva (puede llegar hasta el 27%). El
riesgo de infecciones disminuye de manera significativa cuando
se utilizan protocolos de colocaci? y mantenimiento de cat?eres
para alimentaci? parenteral. Algunas pautas generales que deben
observarse son las siguientes:
Debe utilizarse un cat?er ?ico, exclusivo para AP, colocado por
punci? percutárea. Los cat?eres colocados por venodiSección
tienen mayor riesgo de contaminarse e infectarse más
RÃoidamente. El uso de cat?eres de doble o triple luz para
administrar AP está indicado en pacientes gravemente enfermos,
en donde los accesos vasculares son dif?iles o riesgosos,
teniendo en cuenta que existe la posibilidad de que a mayor
nútero de v?s, mayor riesgo de infecci? del cat?er, aunque esto
es controvertido.
Colocar el cat?er en una zona
alejada de sitios de supuraci?.
Es preferible iniciar una AP con un
cat?er de reciente colocaci?. Si se dispone de un cat?er ya en
uso y hay dificultades o riesgos para colocar otro, se deben
analizar varios factores: tiempo que lleva colocado, cantidad de
manipulaciones efectuadas (medici? de Presión venosa central,
extracci? de sangre a trav? del cat?er, más tiples
medicaciones, etc.), presencia de fiebre de causa no aclarada,
tiempo probable de uso de la AP. Sobre la base de ?tos datos se
decide recambiar el cat?er a trav? de una cuerda de alambre,
esperar para iniciar la AP o hacerlo por un tiempo breve con el
cat?er en uso. Cuando se utilizan cat?eres de doble o triple
luz, la AP debe ser administrada por el lumen distal.
Evitar la manipulaci? del cat?er de
AP para más tiples usos: medici? de Presión venosa central,
administraci? de sangre o derivados, goteos paralelos de
medicaciones, extracci? de sangre para laboratorio, etc.
Curar el sitio de entrada del cat?er
en la piel cada 48 horas, salvo que haya necesidad de hacerlo en
un lapso menor (sudoraci? excesiva del paciente, contaminaci?
con saliva o secreciones). La limpieza de la piel debe hacerse
con yodo-povidona y la cura oclusiva debe hac?sela con gasa
seca; los beneficios de utilizar pel?ulas autoadhesivas
semipermeables son menores y en todo caso discutibles. Evaluar
la aparición de flogosis y/o supuraci? del sitio de entrada y
signos indirectos de trombosis venosa cada vez que se realiza la
curaci?.
Cambiar los equipos de venoclisis
cada 48 horas si se utiliza bolsa de AP y cada 24 horas cuando
la AP se realiza con frascos en paralelo. Proteger los sitios de
conexi? del equipo de venoclisis con los frascos y con el
cat?er, con gasa está il. Es preferible emplear el menor
nútero de llaves de tres v?s unidas al cat?er, para disminuir
el riesgo de contaminaci?.
Realizar lavado de manos con
soluciones antis?ticas para realizar la conexi? de los frascos
de AP y para curar el cat?er; es recomendable el uso de
mascarilla.
El tiempo que debe permanecer el
cat?er de AP es variable y controvertido. Algunos autores
indican cambiarlo ?icamente cuando hay signos de complicaci? del
mismo y otros indican cambiarlo cada siete a diez d?s. Esto
dependeRÃode la experiencia de cada centro en cuanto a la
incidencia de infecciones relacionadas a cat?eres que presenten;
pero en el paciente con AP que se encuentre en terapia
intensiva, es preferible hacer el cambio cada 7 d?s.
El cat?er debe ser cambiado en caso
de supuraci? del sitio de entrada o ante la presencia de fiebre
sumada a signos de hipotensi? cuyo origen probable sea el
cat?er. En ambos casos se realiza cultivo de la punta del cat?er
y hemocultivos perifísicos.
Recientemente se está utilizando
cat?eres centrales insertados periféricamente para administrar
AP. Estos parecen disminuir el riesgo de complicaciones mec?icas
tales, como neumot?ax, trombosis y el riesgo de infecciones
asociadas a cat?eres, además de ser menos costosos y de poder
ser colocados por el personal de enfermeRÃo; aunque también se
acompa?n de complicaciones, pero menores, tales como flebitis,
mala posición del cat?er y agujeros en el mismo. Su empleo parece
ser beneficioso.
Alimentaci? parenteral periférica
Consiste en la administraci? de
nutrientes a trav? de una vena peque?, usualmente en el
antebrazo o la mano. Es una buena alternativa en pacientes no
deplecionados y poco injuriados que requieren AP por un tiempo
relativamente corto y en quienes no se puede o no conviene
colocar un cat?er venoso central. Puede usarse para los
siguientes prop?itos: a) para disminuir el balance negativo de
nitRÃoeno;
b) para administrar los
requerimientos de caloRÃos y proteínas en forma parcial, lo cual
en combinaci? con la v? oral o enteral, puede llegar a
suministrar el total de requerimientos de nutrientes; c)
ocasionalmente se la utiliza para administrar la totalidad de
requerimientos nutricionales.
Las venas periféricas no toleran
soluciones hipert?icas concentradas, por esto tiene ciertas
limitaciones con el fin de disminuir la incidencia de flebitis:
la osmolaridad final de la soluci? no debe ser mayor de 600 a
700 mOsm/L (ver osmolaridad de las distintas soluciones de la AP
en las tablas respectivas); el pH debe ser de 5 o mayor; existe
un l?ite mínimo de electRÃoitos que pueden a?dirse a la
soluci? (sobretodo del potasio). Todo lo anterior implica un
bajo aporte de nutrientes por litro de soluci? preparado, lo que
determinaRÃo un mayor volumen a administrar si quisi?amos
administrar la totalidad de requerimientos.
Podemos administrar soluciones de
sólo aminoácidos en concentraciones del 3.5 al 5% como mínimo,
sin caloRÃos acompa?ntes, lo cual serviRÃo para reducir el
balance negativo de nitRÃoeno en los pacientes que se
encuentran en ayunas, especialmente en los que se encuentran con
injurias leves. Lo mismo podemos conseguir con la administraci?
de caloRÃos tan bajas como 400 a 500 Kcal con soluciones
dextrosadas. Cuando queremos administrar todos los nutrientes de
una AP por v? periférica, los l?ites de concentraci? seRÃon:
glucosa al 10%; aminoácidos al 4.5%; 40 mEq de potasio; 50 mEq de
sodio; 9 mEq de calcio; 15 mEq de magnesio y 30 mEq de f?foro
por cada litro de soluci? preparada. No hay inconvenientes con
el aporte de lácidos que pueden usarse ya sea en concentraciones
al 10 o 20% por v? periférica.
La alimentaci? parenteral parcial
complementaria se basa en un concepto ?il: la administraci? de
caloRÃos y/o proteínas y/o electRÃoitos como complemento de las
v?s oral y/o enteral, con el objetivo de cubrir requerimientos
nutricionales aumentados o especiales, sobretodo en pacientes
cRÃoicos. Especialmente se la utiliza cuando queremos aumentar
el aporte proteico, con aminoácidos por v? parenteral, en
pacientes hipercatab?icos que está siendo nutridos enteralmente
y que no alcanzan a cubrir sus requerimientos proteicos por ?ta
v?.
Alimentaci? Parenteral en
situaciones especiales
Alimentaci? Parenteral en la
Insuficiencia Renal Aguda (IRA).
La mayoRÃo de los pacientes que
desarrollan IRA cursan con grados variables de hipercatabolismo,
causado tanto por la enfermedad de base como por la misma IRA.
Cuando el catabolismo es mayor, también es mayor el aumento de
la urea, el potasio y el f?foro plasmédico y la disminución del
pH; en ?tas circunstancias el soporte nutricional se dificulta
por la restricci? de líquidos y las alteraciones de electRÃoitos
y del ácido-base. El hipercatabolismo y la restricci? proteica
aumentan el riesgo de desnutrición proteica debido a un sostenido
balance negativo de nitRÃoeno. Si bien el soporte nutricional
en ?te tipo de pacientes no ha demostrado que mejore la
recuperaci? de la funci? renal, es aceptado que los que si lo
reciben evolucionan mejor, en especial aquellos pacientes
catab?icos y previamente desnutridos.
El objetivo del soporte nutricional
en la IRA es el aporte de una cantidad suficiente de nutrientes,
para disminuir el catabolismo proteico y mantener el equilibrio
del balance nitrogenado, sin aumentar los Síntomas uRÃoicos.
Para ?te prop?ito existen soluciones de aminoácidos que contienen
sólo los 8 aminoácidos esenciales (Aminosyn RF y Nefroamino), en
dosis bajas, que reducen los niveles de urea sanguÃnea. Pero en
cambio ?tas soluciones tienen un efecto negativo en la curaci?
de las heridas y en el estado inmune, por ser dosis
insuficientes; y cuando las dosis se aumentan más bien producen
toxicidad por amonio. Por ?tas razones las soluciones para falla
renal han cañao en desuso. En general se recomiendan las
soluciones de aminoácidos estándar en dosis de 0.6 g/kg/d? con
la finalidad de lograr un balance nitrogenado neutro o
ligeramente negativo para minimizar la retenci? nitrogenada.
Este RÃoimen se puede utilizar por 1 o 2 semanas; pero si la
necesidad del soporte nutricional se prolonga por más tiempo o
si el estado catab?ico del paciente es mayor, se debe
administrar mayor cantidad de proteínas (alrededor de 1g/kg/d?),
lo cual probablemente induzca la necesidad de di?isis, que en
?tos casos es lo aconsejable para tratar de mantener el estado
nutricional del paciente. En cuanto al requerimiento cal?ico
promedio se estima que oscila entre 32 a 35 kcal/kg/d?.
Alimentaci? Parenteral en la
Insuficiencia Hep?ica.
A partir de la teoRÃo de que existe
un imbalance de aminoácidos (exceso de aminoácidos aromédico s y
metionina y baja concentraci? de aminoácidos de cadena
ramificada) como la causa de los trastornos en los
neurotransmisores que produce la encefalopat? hep?ica, se
dise?ron las soluciones para falla hep?ica. Estas soluciones
contienen alta concentraci? de aminoácidos de cadena ramificada
(AACR) y baja de aminoácidos aromédico s y metionina. En teoRÃo
los efectos esperados con ?tas soluciones son:
Utilizaci? de los AACR como fuente
de energ?.
Aumento de la s?tesis proteica
muscular y hep?ica.
Competici? con los aminoácidos
aromédico s para atravesar la barrera hematoencef?ica, con
reducci? de ?tos en el sistema nervioso central y correcci? de
la encefalopat?.
S?tesis optimizada de catecolaminas
en la periferia.
Son pocos los estudios clínicos
randomizados y prospectivos realizados con ?tas soluciones. De
?tos, algunos consideran ?tas soluciones eficaces y otros no. De
cualquier forma, algunos de los puntos establecidos hasta el
momento son:
El empleo de soluciones estándar de
aminoácidos en falla hep?ica conduce a concentraciones
anormalmente altas de metionina y aminoácidos aromédico s
(tirosina, fenilalanina y tript?ano).
La administraci? de soluciones para
falla hep?ica normaliza el aminoácidograma y puede revertir la
encefalopat?.
No se ha establecido una clara
eviencia en la reducci? de la mortalidad en ?tos pacientes.
La administraci? prolongada de soluciones para insuficiencia
hep?ica como ?ica fuente de aminoácidos puede reducir la s?tesis
proteica por deficiencia en el suministro de metionina y
aminoácidos aromédico s, lo que las convierte en proteínas de
bajo valor biol?ico.
En un ensayo cl?ico se encontRÃoque
el cambio de soluciones estándar a soluciones para falla
hep?ica en un paciente cirRÃoico con estRÃo hipermetab?ico, se
tradujo en disminución de los niveles plasmédico s de proteínas
de fase aguda (disminución de la s?tesis proteica). As?pues, la
indicaci? para el uso de soluciones para falla hep?ica, se
reduce al manejo de la encefalopat? hep?ica aguda. Los pacientes
que debeRÃon ser seleccionados para recibir este tipo de
soluciones son:
Pacientes con encefalopat? hep?ica
grado II o mayor.
Los pacientes que ven?n tratados con
aminoácidos estándar en dosis necesarias para mantener los
requerimientos nutricionales, pero que desarrollan encefalopat?.
Los pacientes con encefalopat? grado
I en general toleran bien entre 60 a 80 g de soluciones de
aminoácidos estándar por d?. La dosis para la encefalopat? grado
II de las soluciones para falla hep?ica es: 0.75 g/kg/d? con
incremento diario de 0.125 - 0.25 g/kg/d? hasta 1 - 1.5 g/kg/d?.
Obtenida la resoluci? de la encefalopat? se retornaRÃoa las
soluciones o a las dietas con aminoácidos estándar. Los
resultados más beneficiosos con ?tas formulaciones, se han
obtenido en los preparados que existen para nutrición enteral. En
cuanto al aporte cal?ico, ?te debe estar alrededor de 25 a 30
g/kg/d?, con un 70% en forma de glucosa.
La decisión de iniciar una nutrición parenteral nunca es una
urgencia. DebeRÃo inici?sela en condiciones controladas y según
un protocolo definido, después de que el paciente haya sido
estabilizado desde el punto de vista hemodin?ico, teniendo
siempre en cuenta los beneficios de la misma. Un reciente
meta-análisis en el que se compararon 26 estudios randomizados
con un total de 2211 pacientes concluy?que la AP administrada en
pacientes quiRÃogicos o cRÃoicamente enfermos, no influenci?en
la frecuencia de mortalidad de los mismos, pero si redujo la
frecuencia de complicaciones, especialmente en pacientes
malnutridos, por lo que se está postulando que el uso de la AP
perioperatoria debe limitarse a los pacientes que está
severamente desnutridos, a menos que haya otra indicaci?
espec?ica. De cualquier manera siempre hay que tener en mente
que la ruta preferida para la administraci? de nutrientes es la
enteral.
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