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La
formación dermatológica en el Ecuador
Existen
momentos en los cuales la situación de la Dermatología como especialidad y de
los médicos que la practican me impulsa a una profunda reflexión y me llena de
preocupación. Observo un número creciente de especialistas que se incorporan
cada año pero, no encuentro que en la misma forma aumente el número de plazas de
atención dermatológica dignas y bien remuneradas, que permitan que estos
profesionales ejerzan su especialidad en medios en los cuales se haga una
medicina técnica y eficiente, que conlleve una actualización académica del
profesional.
Es común el observar, médicos
especialistas que tras varios años de arduos estudios de pre y postgrado
terminan ejerciendo su carrera en condiciones no adecuadas, con remuneraciones
ínfimas y sin actualización académica real, echando por tierra en muchas
ocasiones los nobles sueños que impulsaron la consecución del título . Esta
situación me apena y me lleva a reflexionar sobre lo que estamos haciendo
quienes llevamos el peso de la formación dermatológica de postrado en nuestro
país.
Es indudable que la romántica
obtención de la especialidad mediante la rotación de 5 años por un centro
dermatológico constituyeron hitos iniciales que posiblemente nunca volverán y
que el período de la residencia actual constituye tanto en lo personal como en
la formación profesional, un aspecto importantísimo en la vida del médico puesto
que en ella, una multitud de conocimientos académicos y humanos son adquiridos,
se establecen amistades duraderas, y se forja una actitud ante la vida y ante
la ciencia que va a marcar el futuro de ese médico en su relación profesional y
humana con sus pacientes y esto es importante porque como decía J.M. Moragas “
la calidad de estos futuros dermatólogos va a determinar la calidad de
nuestra Dermatología del mañana“ .
Sin embargo, todo lo anterior
no justifica que irresponsablemente masifiquemos la especialidad provocando una
superpoblación de especialistas que mañana sean lanzados a un imaginario ruedo
en el que 100 toreros de primera línea lidien con un solo toro, ¡triste
espectáculo sería el mismo¡ igualmente triste es la imagen de un especialista
desocupado enfrentando la imagen de un fútil esfuerzo ante una efímera demanda
que no justifica el sacrificio realizado.
Es por ello
que los postrados deben alcanzar una excelencia académica con pensums adecuados
, abriendo un número de plazas razonadas bajo parámetros que no sean solo
económicos, sino sabiendo cual es la población ecuatoriana que justifique el
número de especialistas, conociendo la existencia de plazas de trabajo que
puedan albergar a los futuros dermatólogos, becando a médicos de zonas más
lejanas con el compromiso de retornar a ejercer en sus lugares de origen y
aspirando a que se gradúen aquellos que con esfuerzo y dedicación lo merecen.
Finalmente, lograr una interrelación entre los distintos postrados para comulgar
bajo un mismo credo y una misma meta que es la Dermatología de nuestro país y
tal vez entonces podamos impedir que se cumpla el mensaje del pensador cuando
decía “los sueños de nuestra juventud desaparecen lentamente entre las
realidades del presente “y consigamos que nuestros viejos maestros como
Uraga, Ollague y Carvajal, esbocen juntos una sonrisa desde algún etéreo
hospital donde todo es posible.
Dr. Enrique Uraga Pazmiño
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