Dr. Fernando Alarcón
Departamento de Neurología, Hospital Eugenio Espejo, Quito
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Conferencia Presentada Durante el Curso de Actualización En Neurología, Guayaquil, 13
de Septiembre 2000. Correspondencia: Dr. Fernando Alarcón, Hospital Eugenio Espejo.
Departamento de Neurología. Casilla 17-07-9515. Quito-Ecuador
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Para que un paciente con enfermedad cerebrovascular aguda
(ECVA) se beneficie de las nuevas terapéuticas, que deben ser iniciadas
dentro de las primeras horas después del evento agudo, los médicos deben
estar preparados para su diagnostico. Los médicos interesados en el manejo e
investigación de pacientes con ECVA deben distinguir entre las dos formas
mayores de ECVA, isquemica versus hemorrágica y diferenciar los subtipos y
variedades etiológicas que pueden diferir en su manejo. Algunas características
clínicas pueden sugerir que se trata de un evento hemorrágico o isquémico, sin embargo
estos datos no son específicos y no aseguran un diagnóstico correcto, aún con el uso de
escalas específicas. Una identificación precisa del tipo de ECVA es crítica para el
manejo inicial de estos pacientes.
La diferenciación de la ECVA hemorrágica de isquémica es el primer paso importante
en el manejo del ictus agudo, por que la estrategia terapéutica de los dos desórdenes
difiere substancialmente. Los estudios de neuroimágen son necesarios para establecer un
diagnóstico correcto. El método más rápido y seguro para diferenciar el ictus
hemorrágico del isquémico es la tomografía computada de cerebro (TC). Este es el primer
examen que debe ser realizado inmediatamente ante la sospecha que un paciente ha
presentado una ECVA. No obstante, la TC puede fallar en un porcentaje de pacientes con
infarto cerebral, particularmente si es realizada dentro de 12 horas del inicio de los
síntomas. La TC puede confirmar el diagnóstico de ECVA, determinar su tipo,
localización, extensión y excluir lesiones no vasculares causantes de un déficit
neurológico focal mimetizando una ECVA. Es un método no invasivo y que en estos casos no
requiere infusión intravenosa de contraste, excepto en ciertos casos, para visualizar
arterias hiperdensas o los denominados efectos "fogging".
La TC puede detectar la presencia de hemorragia parenquimatosa en estadios muy
tempranos y establecer drenaje de sangre en los ventrículos o en el espacio
subaracnoideo, así como determinar la presencia de hidrocefalia secundaria. La ausencia
de sangre sugiere ECVA isquémica. Los tomógrafos de última generación y alta
resolución son raramente negativos en estos pacientes y permiten la detección de
isquemia en fases muy tempranas por la presencia de signos directos como hipodensidad
temprana con arteria hiperdensa espontánea, borrosidad de la claridad de la cápsula
interna, pérdida de la distinción del cortex insular y pérdida de la diferenciación
entre substancia gris cortical, substancia blanca subyacente o signos indirectos como
estrechamiento de las circunvoluciones, desplazamiento de las estructuras de la línea
media, disminución o ausencia de los espacios cisternales y desplazamiento del tronco
cerebral. Las lesiones isquémicas pueden empezar a ser isodensas durante la segunda y
tercera semanas, este efecto llamado "fogging" puede ocultar o encubrir la
lesión en ese período de tiempo. Desafortunadamente la TC puede no detectar lesiones
isquémicas pequeñas como infartos lacunares, lesiones en la fosa posterior o lesiones
desmielinizantes que pueden producir síntomas similares a una ECVA, en estos casos la
imagen por resonancia magnética (IRM) es un método diagnóstico determinante. Cuando la
hemorragia subaracnoidea es ligera puede no ser detectada en la TC, en estas
circunstancias se encuentra indicada la práctica de una punción lumbar.
La IRM es más sensible que la TC en la ECVA isquémica, tanto en los infartos
lacunares o en aquellos que afectan al tronco cerebral; sin embargo, su uso es menos
difundido por que requiere mayor colaboración del paciente, puede inducir claustrofobia,
no puede ser utilizada en pacientes con marcapasos o con algún implante metálico, es
más costosa que la TC y usualmente no es usada en el diagnóstico de ECVA. Las nuevas
técnicas con IRM tales como difusión-perfusión y espectroscopia pueden dar información
del status metabólico, del flujo sanguíneo o de regiones cerebrales isquémicas. Una
ventaja adicional de la IRM es que puede proporcionar imágenes de los vasos sanguíneos
usando un protocolo de angiografía por resonancia, permitiendo una imagen no invasiva de
grandes vasos extra e intracraneales. La presencia de hemorragia intracerebral depende del
tiempo que ha transcurrido después del evento agudo. Durante las primeras 12 horas, el
hematoma aparece como isointenso o ligeramente hipointenso, rodeado por un anillo
hiperintenso en las imágenes de T1 e hiperintenso en las imágenes de T2; mientras que un
infarto aparece como hipointenso en las imágenes de T1 e hiperintenso en las secuencias
T2.
El ultrasonido carotídeo, el dúplex carotídeo y la angioresonancia pueden mostrar
lesiones ateroescleróticas en la bifurcación de las arterias carótidas e identificar
ulceraciones, hemorragias intraplacas y evaluar el grado de estrechez luminal de las
carótidas. La angioresonancia da mayor información de la bifurcación carotidea, de los
vasos intracraneales y del sistema vertebrobasilar. El doppler transcraneal, otra técnica
no invasiva proporciona información de la dirección del flujo y velocidades en los vasos
intracraneales y es utilizado en la detección temprana de oclusión arterial. La TC
espiral o helicoidal detalla imágenes de las arterias extra e intracraneales, a menudo
con mejor resolución que la angiografía por resonancia magnética.
La angiografía permanece como el procedimiento estándar para definir enfermedades
vasculares en grandes y pequeños vasos, así como vasculitis intracraneal. La
angiografía esta particularmente indicada en pacientes jóvenes con infarto cerebral, en
casos de sospecha de vasculitis o disección arterial, como un preludio de endartectomía,
y en hemorragias subaracnoideas o lobares para detectar malformaciones vasculares o
aneurismas.
No hay datos suficientes en la relevancia clínica que podrían tener los estudios de
tomografía por emisión de positrones y tomografía por emisión de fotones simples en el
diagnóstico y manejo de la ECVA. En pacientes con sospecha de ECVA embólica, es
recomendado el monitoreo Holter de 48 horas para detectar fibrilación auricular
paroxística u otras arritmias, así como un ecocardiograma transtorácico para detectar
trombos intraauriculares o intraventriculares, disfunción ventricular izquierda severa,
enfermedad valvular o la presencia de un forámen oval patente. El ecocardiograma
transesofágico es más sensible para detectar trombos en la aurícula izquierda, forámen
oval patente, algunas anomalías valvulares y para detectar placas en el arco aórtico que
pueden ser fuente de émbolos.
Después de determinar si se trata de una ECVA isquémica o hemorrágica, debe
establecerse el subtipo de ECVA. Desde el punto de vista etiológico, el infarto
isquémico puede ser dividido en 6 subtipos: ateroesclerosis de grandes vasos,
cardioembólico, enfermedad de pequeñas arterias, otras etiologías, etiología
desconocida y etiología múltiple. Patogénicamente podemos reconocer lesiones
tromboembólicas, hemodinámicas, lacunares o misceláneas que incluyen angeítis
cerebral, enfermedades hematológicas y otras causas como las genéticas (MELAS, CADASIL,
ect) o disecciones arteriales. La hemorragia intracerebral reconoce el hematoma
hipertensivo, el hematoma lobar no hipertensivo, que puede ser producido por ruptura de
malformaciones vasculares, angioma, eclampsia y angiopatía amiloide. La hemorragia
intracerebral además incluye lesiones misceláneas que comprenden neoplasias primarias o
metastásicas, desórdenes hematológicos, lesiones iatrogénicas, hemorragia
subaracnoidea y trombosis venosa cerebral.
En la evaluación inicial del paciente con ECVA deben realizarse estudios sanguíneos
que incluyan biometría hemática completa, nivel de glucosa, electrolitos séricos
incluyendo calcio y magnesio, nivel de creatinina sérica, tiempo de protrombina y tiempo
parcial de tromboplastina, electrocardiograma, radiografía de tórax, uroanálisis y en
algunos casos, como en pacientes jóvenes de menos de 45 años o en pacientes con eventos
trombóticos previos, enfermedades autoinmunes o en aquellos con historia familiar de
eventos trombóticos prematuros, deben realizarse tests diagnósticos para estados
hipercoagulables. La punción lumbar y el electroencelagroma no son pruebas de rutina en
un paciente con sospecha de ECVA y solo se realizan en determinados casos.
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