Indicaciones y manejo de la toxina botulínicaDr. C. Singer
Escuela de Medicina de la Universidad de Miami. Florida, EE.UU.
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RESUMEN: La toxina botulínica representa la toxina biológica más potente
conocida hasta hoy; es producida por el Clostridium botulinium, una bacteria anaeróbica
Gram positiva. La toxina botulínica tipo A es la más ampliamente utilizada en ensayos
terapéuticos en humanos, y se ha convertido en el tratamiento de elección para el
blefarospasmo, el espásmo hemifacial, la distonía cervical y la distonía laríngea.
También provee una alternativa terapéutica para pacientes con distonía oromandibular y
distonía de extremidades, especialmente el calambre del escritor, y se ha empleado con
éxito er el tratamiento de la espasticidad y en la parálisis cerebral. Los beneficios de
la terapia son numerosos; incluyen mejoría en la ambulación, mejoría en la posición
del paciente confinado a silla de ruedas, mejoría en pacientes afectados por espasmos y
mejoría en la facilidad de extender el brazo o la rodilla. La toxina también mejora el
dolor y puede utilizarse como prueba terapéutica en la predicción de la respuesta a
cirugías de elongamiento.
ABSTRACT: Botulinus toxin (BTX) is the most potent biological toxin yet known.
It is produced by Clostridium botulinium, a Gram positive bacteria. Type A Botulinus toxin
is the most widely used in human drug trials. It has become the treatment of choice for
blepharospasm, hemifacial spasm, cervical dystonia and laryngeal dystonia. It may also be
used in the treatment of patients with oromandibular dystonia and limb dystonia, specially
writers cramp, and has been used successfully in the treatment of spasticity and
cerebral paralysis. There are many benefits from this treatment, including improved
walking, improved posture of wheelchair patients, improvement of patients with spasms and
easier extension of their arms and knees. The toxin also alleviates pain and may be used
in therapeutic trials for prediction of the response to surgical elongation.
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En 1973, Alan Scott comenzó a utilizar toxina botulinica tipo A en el tratamiento del
estrabismo, al principio en primates no humanos y en 1980 en humanos. También describió
su uso en la miopatía orbital endocrina y en la parálisis del recto lateral.
En 1984, Frueh et al describieron el uso de la toxina A en el blefarospasmo. En años
subsiguientes las inyecciones de toxina se transformaron en el tratamiento de primera
línea para el blefarospasmo con resultados de mejoría espectacular en más del 80% de
pacientes inyectados. Tsui et al, en 1985, y Brin et al en 1986, comunicaron los
resultados de pruebas terapéuticas abiertas con inyecciones de toxina A para el
tortícolis en pacientes que no habían respondido a otros tratamientos y que se hallaban
gravemente afectados. Entre 1986 y 1991, empezaron con Tsui, y continuando por Jan-kovic,
Gelb y Greene, se han realizado por lo menos 5 estudios, doblemente ciegos con control de
placebo, centrados en la toxina A para las distonías cervicales. Más adelante, se
estudio su uso en las distonías oromandibular, laríngea y de miembros confirmándose su
utilidad particularmente para la distonía mandibular de cierre, la distonía laríngea en
aducción y el calambre del escrito.
Todo ello culminó en una declaración inicial de las indicaciones de esta medicación
en una conferencia de consenso celebrada en el National Institutes of Health (NIH) de los
EE.UU en noviembre de 1990.
FARMACOLOGIA
La toxina botulínica (TXB) representa la toxina biológica más potente conocida hasta
hoy. Posee una fracción neurotóxica consistente en una proteína con un peso molecular
de aproximadamente 150.000 daltons. La toxina es producida por el Clostridium botulinum,
una bacteria anaeróbica Gran positiva. Existen 8 tipos inmunológicamente distinto del
Clostridium botulinum, pero solo los tipos A, B y E se han vinculado al botulismo humano.
La toxina botulínica tipo A es la más ampliamente empleada en ensayos terapéuticos en
humanos. La toxina F se ha estudiado y su utilidad esta limitada por la corta duración de
su efecto. La toxina botulínica tipo B esta siendo estidiada en la actualidad en pruebas
clínicas. La TXB produce parálisis a través de una unión irreversible con el terminal
nervioso colinérgico presináptico, donde es internacionalizada causando disrupción del
influjo del calcio iónico. Dicha acción, a su vez, interfiere en la liberación de la
acetilcolina intravesicular. El resultado es una denervación funcional transitoria que
incluye parálisis, atrofia muscular y anomalías electromiográficas. La debilidad
causada se mantiene restringida al área inyectada. Existe evidencia histológica de que
se produce una toxicidad restringida a las fibras musculares extrafusales, mientras que
las fibras intrafusales quedan relativamente exentas de afección. Ello causaría una
alteración en la relación de las neuronas motoras alfa y gamma y en consecuencia-
se produciría no sólo una parálisis local sino también un efecto en mecanismos de
control motor central.
El único tipo de toxina botulínica disponible comercialmente es el tipo A,
comercializada en EE.UU por el laboratorio californiano Allergan Pharmaceuticals, bajo el
nombre comercial Toxina botulínica tipo A – BOTOX®
. Se presenta en una preparación liofilizada y secada al frio. Las
ampollas se guardan congeladas a 5° C. La toxina se reconstituye en el momento de
la inyección con suero fisiológico salino estéril (sin preservativo) [9]. La potencia
se expresa en unidades. Una unidad es equivalente a la cantidad de toxina capaz de matar
al 50% de un grupo de ratones hembras Swiss-Webster de 18-20 gramos de peso (DL50). En
EE.UU., aproximadamente 0,4 nanogramos de la toxina proteica equivalen a 1 unidad [9] o
expresado de otra forma- 2,5 unidades son equivalentes a 1 nanogramo.
En el caso de la toxina botulínica tipo A europea, conocida comercialmente como
Dysport, la potencia es diferente: 1 nanogramo equivale a 40 unidades. Debido a esta
divergencia en potencia, no es atípica la utilización de dosis superiores a 500 unidades
por sesión con la preparación europea. La dosis letal de la toxina botulínca americana
tipo A (Toxina botulínica tipo A – BOTOX®
) inyectada en monos jóvenes es aproximadamente de 40 unidades por
kilogramos de peso que, cuando es extrapolada, representa alrededor de 50 veces la dosis
promedio inyectada para el tratamiento de la distonía focal. La DL50 estimada en humanos
es de 2.500-5.000 unidades según algunos autores, y más cercana a 5.000 de acuerdo con
otros.
La solución diluida se recoge en una jeringa de tuberculina y la toxina se inyecta con
una aguja de calibre 26-30 y de 0,5 pulgadas de largo en músculos superficiales , y de
calibre 22 con 1,5 Epulgadas de largo en músculos profundos. Se pueden preparar
diferentes diluciones dependiendo del sitio que va ha ser inyectado: 2,5-5 unidades por
0,1cc para músculos cervicales y 1,25-2,5 unidades por 0,1cc para blefarospasmo o espasmo
hemifacial.
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Tabla. Regímenes de inyección descritos por el grupo
de trastornos del movimiento de la Universidad de Columbia.
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Tortícolis rotacional pura
ECM contralateral
Trapecio ipsilateral
Trapecio contralateral
Tortícolis combinada con retrocollis
ECM contralateral
Trapecio ipsilateral
Trapecio contralateral
Leterocollis + tortícolis y retrocollis
ECM contralateral
Trapecio ipsilateral
Trapecio contralateral
Splenius capitis ipsilateral |
40 U
55 U
45 U
40 U
55 U
55 U
40 U
55 U
55 U
15 U |
8 sitios
11 sitios
9 sitios
8 sitios
11 sitios
11 sitios
8 sitios
11 sitios
11 sitios
3 sitios |
LA TOXINA BOTULINICA PARA
LAS DISTONIAS FOCALES
La toxina botulínica tipo A se ha convertido en el tratamiento de elección para el
blefarospasmo, el espasmo hemifacial (una alteración no distónica), la distonía
cervical y la distonía laríngea. También provee una alternativa terapéutica para
pacientes con distonpia oromandibular y distonía de extremidades, especialmente en
calambre del escritor.
La toxina botulínica en el blefarospasmo y en el espasmo hemifacial
El blefarospasmo esencial es una distonía craneal focal bilateral, involuntaria, de
presentación variable, pero de evolución progresiva y de etiología desconocida. Se
cracteriza por contracciones espasmódicas, fuertes e involuntarias de los músculos
orbiculares del ojo que causan frecuentemente el cierre prolongado de los párpados e
incapacidad visual. Si se asocia con distonía oromandibular, se la conoce como síndrome
de Meige. El espasmo hemifacial se caracteriza por contracciones repentinas unilaterales y
sincrónicas de los músculos inervados por el nervio facial. Dichas contracciones pueden
amainar inmediatamente o persistir como una contracción tónica de varios segundos de
duración; pueden ocurrir varias veces al día. El cierre del párpado puede interferir en
la visión y causar incomodidad, deformidad cosmética, y embarazo social. La TXB se ha
convertido en el tratamiento de elección del blefarospasmo hemifacial. Ya en 1988
existían 12 series terapéuticas abiertas y dos de doble-ciego, que demostraron dicha
utilidad. En el caso de blefarospasmo, la eficacia supera el 90% (96.9%). El intervalo
entre dosis es de 3-4 meses. Los métodos de inyección pueden variar de un autor a otro.
Jankovic utilizó 6.25 unidades por sitio inyectado subcutáneamente, medial y
lateralemente en cada párpado (25 unidades por ojo). Dutton utilizó 2,5-5 unidades (en
volúmenes de 0,1 cc) en cada uno de los siguientes sitios de cada párpado: las áreas
extremas mediales y laterales del párpado superior (área preseptal del orbicular de los
ojos) y en las áreas laterales y centrales d elos párpados inferiores. Pueden
administrarse inyecciones adicionales en el músculo procerus y en otros músculos
faciales según el paciente. Aún cuando halla casos que necesiten más de 25 unidades por
ojo es dudoso que se obtenga beneficio adicional más allá de 50-75 unidades por ojo.
Los efectos colaterales más frecuentes incluyen ptosis (32,3% en todas las
complicaciones), con una incidencia de 10-40% según el NIH. Jankovic comunicó ptosis en
tan sólo un 2,9% (2/68) de las inyecciones palpebrales y Dutton en un 7.3% de todos los
tratamientos. La ptosis se resuelve en cuestión de días a semanas. Para prevenir esta
complicación algunos autores recomiendan abstenerse de inyectar la región central del
párpado superior. También se ha observado una mayor incidencia con dosis superiores a 25
unidades por ojo y en terapeutas con menos experiencia. Otros efectos colaterales, aún
menos frecuentes, son diplopa diplopía, sequedad de ojo, equimosis, edema del párpado,
ectropión y entropión.
La toxina botulínica en la distonía cervical
El mejor tratamiento farmacológico oral para la distonía cervical se obtiene con los
anticolinérgicos, con beneficio en el 40-50% de los pacientes. La respuesta a la toxina
botulínica es de 74% o más, convirtiéndola en la mejor terapia para este trastorno.
Además, los efectos colaterales de la TXB son leves e infrecuentes, comparados con los
considerables efectos colaterales de los fármacos orales. Normalmente se administran
dosis de 25 a 100 unidades por músculo cervical inyectado. Cada dosis se determina en
función de varios factores, especialmente el volumen corporal del paciente y la calidad
de sus respuestas a una inyección previa. La posibilidad de causar efectos colaterales es
mayor que en el blefarospasmo. Los estudios iniciales abiertos indicaron que no había
necesidad de localización electromiográfica de la placa neuromotriz dado que no se
produjo mejoría adicional con dicho método. Más adelante, los estudios iniciales
doblemente ciegos se llevaron a cabo todos sin guía electromiográfica, si bien otros
autores aconsejaron su uso. Comella et al realizaron el único estudio en el que se ha
comparado el procedimiento con inyecciones guiadas clinicamente con inyecciones guiadas
por electromiografía. Los autores demostraron un mayor grado de mejoría en los pacientes
tratados con guía electromiográfica, pero el porcentaje de pacientes que se beneficiaron
fue similar. Quizá tenga sentido utilizar guía electromiográfica en los casos en que
falle con la guía clinica.
Respecto a la eficacia de esta terapia, la respuesta objetiva de las 5 primeras series
con controles recipientes de placebo varía de 60 al 80 %. En todas estas series, excepto
en una, la respuesta fue significativamente mejor que la respuesta al placebo. La
respuesta subjetiva en estas mismas series varió entre el 66 y el 80%. Un hallazgo
consistente fue la mejoría significativa o actual abolición del dolor de cuello.
Existe una variación considerable de paciente a paciente en cuanto a la dosis óptima.
Algunos expertos recomiendan que los pacientes reciban inicialmente dosis modestas de TXB
y que la dosis se incremente gradualmente en visitas siguientes con el efecto de maximizar
el beneficio y evitar efectos colaterales. Igualmente, la diversidad de músculos a
escoger, el número de sitios por músculo que deben ser inyectados y la concentración de
TXB justificarían estudios adicionales. Un informe preliminar sugirió que una dosis
alta de TXB (100 unidades por músculos) puede ser más eficaz que una dosis
baja (70 unidades en trapecio, 50 unidades en los otros músculos). Un número
elevado de sitios inyectados por músculo comparado con un número bajo no parece tener
consecuencias significativas. La respuesta clinica no es inmediata. A pesar de que en
algunos casos el efecto puede experimentarse en la primera semana, otros han notado una
latencia de dos a seis semanas. En algunos casos puede tomar más tiempo (incluyendo un
caso de 11 semanas de período de latencia).
Las inyecciones repetidas son frecuentemente necesarias cada tres o cuatro meses.
Lorentz et al observaron mejoría continuada en algunos pacientes con inyecciones
repetidas a intervalos de tres meses o más: 3/23 pacientes pudieron extender el intervalo
entre inyecciones a seis meses 2/23 pudieron extenderlo a más de 12 meses. Dichos autores
especularon que las remisiones naturales podrían facilitarse con el uso de TXB
La hipertrofia del esternocleidomastoideo (ESM) en el tortícolis rotacional
frecuentemente disminuye con el tratamientoe incluso a los tres meses la hipertrofia
todavía puede no haber retornado. En algunos casos, la mejoría en la rotación de la
cabeza desenmascara la acción de los músculos menos afectados o precipita la afectación
de nuevos músculos, los cuales a su vez requerirán inyección. El surtido de músculo
que pueden ser inyectados depende de las diferentes desviaciones posibles del cuello. En
la tabla se enumeran los regímenes de inyección descrito por el grupo de trastorno del
movimiento de la Universidad de Columbia. La anterocolis es la distonía cervial que menos
responde al tratamiento. Uno de los regímenes consiste en inyectar ambos músculos ESM,
algunas veces acompañado de inyecciones en los músculos submentales o suprahioideos
(digástrico, geniohioideo, milohioideo). La dosis promedio por músculo es de 30
unidades.
Los efectos colaterales más comunes incluyen dolor local, debilidad del cuello y
disfagia. El dolor en el sitio inyectado es generalmente leve pero puede ser agudo.
Generalmente dura pocos días pero en algunos casos persiste entre una y dos semanas. Es
interesante el hecho de que en una de las series el dolor fue igual de frecuente en el
grupo que recibió placebo. Se han descrito casos aislados de plexopatía braquial
autoinmune.
Se sospecha que la disfagia surge de la deseminación local de la toxina hacia los
músculos de deglutición. La peristalsis defectuosa de los músculos estriados faringeos
y/o el músculo liso esofágico se observa mediante esofagograma de bario. Algunos autores
han sugerido que la disfagia puede evitarse presentando cuidadosa atención al método y a
la dosis de administración en el músculo ESM. Se han propuesto otros mecanismos
patogenéticos, como la diseminación sistémica. En contra de esta proposición, Gelb et
al señalan que dos de sus cuatro casos con disfagia fueron capaces de toleralr
posteriormente dosis más altas. Otro mecanismo observado en un caso fue el de debilidad
de los músculos extensores del cuello. La disfagia generalmente dura sólo unos días y
puede manejarse por medio de apoyo sicológico y cambios en la consistencia de la comida.
La colocación de un tubo nasogástrico puede ser necesaria ocasionalmente. También se ha
descrito una muerte en el Reino Unido causada por neumonía de aspiración en un paciente
con enfisema subyacente.
La debilidad del cuello se describe comúnmente como dificultad en levantar la cabeza
de la almohada. Representa aproximadamente un tercio de las complicaciones (29/103
visitas) en una serie en la cual persistió un promedio de 18 días. Fue comunicada por el
25% (5/20) de los pacientes en la serie de Moore et al, y duró de dos a tres semanas.
Seis de los 20 pacientes de la misma serie se quejaron de boca o garganta seca.
Otro síntoma descrito en ocasiones es la fatiga. Cuatro de los 28 pacientes de Greene
et al alegaron este síntoma, en algunos casos muy similar a los síntomas de la gripe.
También fueron interesante los hallazgos de Lorentz et al quienes refirieron una
prevalencia igual de fatiga en los que recibieron placebo (11/23). Otros síntomas
raramente visto incluyen: náuseas, disnea, diarrea, fiebre, exantema, dolor abdominal,
escalofrío, mareo, cefalea, letargo, aumento de los espasmos posiblemente
representando la acción de músculos adicionales- tensión en músculos no inyectados
adyacentes del cuello y la espalda, parestesias transitorias, episodios de dolores
lancinantes o relampagueantes (lightning pains), dolor en el brazo, aumento del temblor de
cabeza y urticaria.
La toxina botulínica en la distonía oromandibular
La distonía oromandibular consiste en contracciones distónicas (por supuesto
involuntarias) de los músculos orales, faciales interiores y mandibular. Puede
presentarse aisladamente o asociada a otros fenómenos distónicos tales como el
blefarospasmo, y las distonías faríngueas, laríngueas, lingual y cervical. El término
síndrome de Meige se reserva para el cuadro clínico que combina blefarospasmo y
distonía oromandibular .
Existen tres tipos de distonía oromandibular: la distonía de cierre mandibular, la
distonía de abertura mandibular y la distonía orofacial. La disonía de cierre
mandibular ha sido la más estudiada. Los músculos que se inyectan son los maseteros y
temporales, y en ocasiones los pterigoideos internos, en dosis habitualmente de 15-25
unidades por músculo, distribuidas en 3-5 diferentes partes del músculo. En el caso de
las distonía de abertura mandibular, se inyecta el pterigoideo externo, ya sea por vía
transoral o percutánea, en dosis similares a la distonía de cierre mandibular (25
unidades por músculo). La distonía orofacial, por su parte, puede tratarse con
inyecciones en múltiples regiones de la parte inferior de la cara especialmente músculos
periorales, en dosis de 2,5-5 unidades por sitio inyectado. En 1990, Jankovic et al
describieron el tratamiento de 62 pacientes con distonía oromandibular de los cuales el
73% experimentaron una mejoría satisfactoria. Cerca de la mitad de los pacientes (49%,
28/62) experimentaron alguna complicación durante el curso del tratamiento pero la
disfagia fue la única potencialmente incapacitante. De los 23 pacientes con disfagia,
esta fue incapacitante en 12. Otros autores han observado que la disfagia es poco probable
en ausencia de inyección de los pterigoideos o de los músculos de la lengua. Otros
efectos colaterales fueron mucho menos frecuentes e incluyeron disartria (dos casos),
dificultad en abrir la boca, babeo, disfonía, adormecimiento del labio (1 caso de cada
uno) y misceláneos (14).
La toxina botulínica en la distonía laríngea (difonía espasmódica)
La terapia con TXB es segura y eficaz en la distonía laringea, particularmente en la
variedad de hiperaducción de las cuerdas vocales. También se ha descrito su utilidad en
casos de hiperabducción de cuerdas vocales y en casos de temblor vocal. Otras
indicaciones meritorias con mejor documentación incluyen su uso en el tartamudeo y la
coprolalia. La distonía laringea por hiperaducción (o disfonía adductora) se
caracteriza por aproximación vigorosa e involuntaria de las cuerdas vocales.
Ello interrumpe la corriente de aire produce una voz esforzada, ronca e interrumpida en
su flujo y tono.
En la distonía laringea por hiperabducción se produce una separación vigorosa e
involuntaria de las cuerdas vocales, lo cual causa interrupciones jadeantes del habla.
Este tipo de disfonía debe distinguirse de lo que Brin ha descrito como disfonía
abductora compensatoria, en la cual pacientes con disfonía hiperaductora compensan
adoptando un habla en susurro. El examinador debe pedirle al paciente que trate de no
hablar en susurros, para ver si el susurro es voluntario (compensatorio) o involuntario
(disfonía hiperabductora). La alternativa a la terapia con TXB consiste en terapia del
lenguaje y farmacoterapia, pero ofrece un beneficio mínimo. Una alternativa adicional es
la sección del nervio recurrente laringeo, se induce un beneficio en el 40% de los
pacientes a los cinco años.
Existen dos métodos de inyección percutánea de TXB: uno consiste en inyecciones
bilaterales, con dosis de 1,25 a 3,75 unidades por lado en el músculo vocalís, a una
concertación de 25 unidades /ml (o 2,5 unidades/0,1ml) [4]; el otro, en la inyección
unilateral ( en la cuerda vocal izquierda) de 15 unidades a 30 unidades. Cualquiera que
sea el método empleado, es necesario el control electromiográfico. Puede esperarse un
beneficio de 6-12 semanas con comienzo del efecto máximo en un promedio de 2-2,3 días.
El efecto colateral más frecuente es el de la voz jadeante, sofocada, sin aliento (voice
breathiness), que se ha comunicado en el 45% de 955 tratamientos en una de las series, y
en el 29% (7/24) de otra serie más reducida (descrita por los autores como
ronquera/hipofonía). El efecto persiste 8,5 + 2,5 días.
Otros efectos secundarios incluyen disfagia entre el 12,5% (3/24) y 22% (21/95) de los
casos y aspiración. La sensación de ahogo/aspiración esta presente hasta en el 25% de
los casos y dura 1,7 + 0,6 días. En raras ocasiones puede producirse estridor
laringeo, lo cual requeriría traqueostomía de urgencia.
La toxina botulínica en la distonía de la mano
Las porciones distales de las extremidades superiores pueden sufrir espasmos
involuntarios, a veces precipitados por contracciones voluntarias. Tales fenómenos
incluyen las distonías ocupacionales como el calambre del escritor y el calambre del
músico, y son frecuentemente resistentes a las medicaciones orales. Los calambres pueden
clasificarse como: simples, si la dificultad estriba sólo una acción o tarea
específica; calambre distónico, si los espasmos musculares ocurren con múltiples
acciones o tareas, y calambre progresivo, si se tienen dificultades crecientes en la
ejecución de nuevas acciones o tareas (Sheehy y Marsden, 1982). También pueden ser
caracterizadas como localizadas, si se afectan hasta tres dedos en la misma mano, y no
localizadas si la afectación abarca más de tres dedos en la misma o ambas manos.
Los posibles movimientos anormales son numerosos, tales como hiperextensión del
pulgar, dificultades de controlar el dedo índice y el pulgar, tendencia a flexionar la
muñeca y cocontracción simultánea del antebrazo. En algunas ocasiones la anomalía se
expresa clinicamente como una tensión en el antebrazo o mano al escribir sin movimiento
anormal obvio. En los estudios descritos por el grupo de trastorno de movimiento del NIH,
los pacientes fueron estudiados electrofisiológicamente antes de recibir la toxina
botulínica. Los músculos más frecuentes examinados fueron el flexor superficial de los
dedos, el flexor profundo de los dedos, el flexor largo del pulgar, el extensor común de
los dedos y el extensor largo del pulgar. Las inyecciones en los músculos más
activos fueron dadas a cada paciente cada dos semanas en dosis crecientes (hasta 20
unidades la primera semana, hasta 40 unidades la segunda semana y hasta 80 unidades la
tercera). La sección de los músculos a inyectar fue altamente individualizada. La
mejoría en el calambre, dolor o tensión se asoció a debilidad temporal en los músculos
inyectados. De los 19 pacientes así tratados, 16 obtuvieron beneficios, el cual perduró
de uno a seis meses. Los efectos colaterales consisten en una debilidad de los músculos
inyectados, en algunos casos excesiva, y un dolor transitorio a la palpación de la zona
inyectada (hasta un 20%).
LA TOXINA BOTULINICA EN LA ESPASTICIDAD
En 1990, Snow et al describieron el primer estudio doblemente ciego, controlado con
placebo, de toxina botulínica tip A para la espasticidad (21). Los autores trataron a
nueve pacientes afectados con esclerosis múltiple, con espasticidad grave de los
músculos aductores del muslo, y demostraron una mejoría significativa en medidas
clínicas de espasticidad y en una escala que medía la facilidad en proveer cuidado
higiénico.
Asimismo, hay un grupo de estudios abiertos generalmente con un número limitado de
pacientes, frecuentemente afectados con hemiplejías o hemiparesias secundarias a
accidentes cerebrovasculares (ACV) (22).
Autores alemanes describieron un grupo de 12 pacientes hemiparéticos cuyo ACV había
ocurrido un promedio de dos años antes del estudio (23). Los autores concentraron el
tratamiento en el miembro inferior afectado. Inyectaron 100 unidades de la toxina en cada
uno de cuatro músculos relacionados con la flexión plantar e inversión del pie (sóleo,
tibial posterior y ambos gemelos). Utilizando un sistema de trazado electrónico de la
trayectoria del miembro afectado (sistema de zapato de fuerza INFOTRONIC) y comparándolo
con el miembro no afecto, los autores demostraron que el primero, debido a la excesiva
flexión plantar del pie, tiene una trayectoria reducida donde las fuerzas se ejercen
sólo sobre la mitad anterior del pie. Una vez administrada la toxina botulínica y las
medidas del tono muscular también mejoraron. Una consecuencia práctica fue la
disminución en la necesidad de usar una ortosis del tobillo y pie en las ocho semanas
siguientes, y una disminuci{on del riesgo de un esguince del tobillo. Estudios
electromiográficos cinesiológicos por el mismo grupo demostraron mejoría en la
dorsiflexión del tobillo, disminución del clonus del tobillo y reducción de la
deformidad en garra de los dedos del pie (24).
La toxina botulínica en la parálisis cerebral
En la parálisis cerebral, la espasticidad asociada al retraso en el elongamiento del
tendón trae como consecuencia anomalías en la posición de la articulación. Tales
contracturas eventualmente evolucionan de dinámicas a fijas. Lo ideal sería intervenir
durante la etapa de contractura dinámica para prevenir su evolución a contractura
dinámica para prevenir su evolución a contractrua fija. Desde 1984, se han publicado
estudios que documentan el uso con éxito de la toxina botulínica en la parálisis
cerebral infantil (25-28). El estudio de Koman et al demostró una reducción de la
espasticidad que duró de 3-6 meses. En la opinión de los autores, la toxina botulínica
permitio la postergación de intervenciones quirúrgicas y, por ende, la disminución del
número total de complicaciones e intervenciones quirúrgicas durante el desarrollo y
crecimiento del paciente. Los beneficios de la terapia son múltiples. Incluyen mejoría
en la ambulación, mejoría en la posición del paciente confinado a silla de ruedas,
mejoría en la facilidad de extender el brazo (28) o la rodilla (27). La toxina también
alivia el dolor y puede utilizarse como prueba terapéutica en la predicción de la
respuesta a cirugías de elongamiento (p. Ej., músculo tibial posterior).
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