Volumen 19, Número 1-2, 2010

 
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Sociedad Ecuatoriana de Neurología

 

                            EDITORIAL                           

La SEN: Una Visión Personal

 

 

Roció Santibáñez, editora, me ha pedido que escriba un editorial. No me ha dicho sobre qué escribir, lo que me permite la libertad de escoger, que es finalmente la mejor forma de ejercitar el oficio de escritor. Así me conduciré, entonces, con una visión personal de dónde estamos y hacia dónde vamos.

 

Imaginemos que la Sociedad Ecuatoriana de Neurología (SEN) fuese sometida a un sistema de escaneo (scanner) y que las imágenes obtenidas nos ofreciesen valiosa información. Veríamos caras y nombres de los primeros especialistas en neurología, que llegaron al país alrededor de los setenta provenientes de México, Chile, Argentina, Brasil, Europa o E.E.U.U. Se los vería como pioneros, fundando servicios en Quito y Guayaquil, colocando los primeros dinteles y pasamanos de lo que sería la SEN: sólida, ética y filosófica. Libertarios esos colegas guías en el momento en el que se divorcian del hacer y la vecindad de la siquiatría y la neurocirugía, para dibujar con independencia mapas y bordar los primeros artículos en una publicación que ha logrado sobrevivir a pesar del tiempo y las mareas.

 

Imágenes actuales con mayor resolución mostrarían que ahora hay muchos más especialistas, con vidas que transitan por décadas diversas. Más allá de la edad, el género, la procedencia, la ideología y cualquier otra diferencia, esperaríamos verlos a todos unidos en una gran panorámica, la SEN.

 

Primera decepción, la imaginológica: Presencia de pequeños grupos aislados en parcelitas de poder, jugando en las ligas barriales de un país fragmentado. Imaginemos, por otro lado, a la SEN bajo el microscopio: sus fibras más íntimas, sus moléculas. ¡Caray, qué privilegio ver la hechura de quienes inscriben su nombres en los index de la medicina! Pero, estas imágenes serían escasas, sin llegar al decenar.

 

Segunda decepción, la microscópica: Se confundieron los sistemas de neuroprotección, como la autofagia por el de la degradación (léase: polifagia o antropofagia). La autofagia en neurobiología es un sistema reparador, elimina los productos tóxicos para proteger las neuronas, es decir, el pensamiento, preservándolo. En cambio, la polifagia -práctica común en nuestro medio- se basa en intoxicar y degradar el pensamiento.

 

Imaginemos un tercer escenario: la SEN bajo el escrutinio de los pacientes, de la sociedad. Nos encantaría que nos admiren, nos produciría placer que nos vean con ojos bondadosos aunque ajenos. A la gente le gustaría que su médico esté siempre actualizado, que asista a congresos y lleve pan fresco bajo el hombro para compartirlo fuera de nuestras fronteras.

 

Tercera decepción, la social: Nos miran como poco productivos; si nos aplicaran la sentencia académica anglosajona: ¨no papers, no job¨ (¨no publicaciones, no trabajo¨), habría una alarmante desocupación en nuestras filas.

 

Preocupa también la transgresión ética entre el médico y el auspiciante. No se pude seguir viajando a cambio de prescribir un determinado fármaco.

 

Mea culpa y nostras culpas. ¿Dónde diantres nos perdimos? ¿Cómo confundimos las cartografías y extraviamos los instrumentos? Por fortuna el limbo no es tan cruel, tiene siempre una salida y encontrarla requiere imaginología de la buena. ¿Que tendría que hacer la SEN para retomar el camino? Muchísimo, sin duda.

 

Imaginemos una SEN invitando personalmente a cada neurólogo, a posar para una sola panorámica. Una SEN organizando actividades semestrales, en ciudades grandes y pequeñas, para permitir que quienes quieran ser miembros expongan sus trabajos con el auxilio de colegas chaperones (léase: con más experiencia). Una SEN comprometiendo a las autoridades de salud, a los gremios y a la industria farmacéutica, para elaborar políticas de postgrado y desarrollar educación médica continua con sabor nacional, pero sin fronteras.

 

¡A publicar y a mantenernos ocupados! Que las controversias sean bienvenidas, y no tramas personales de una novela de mal gusto.

 

Imaginémonos a nosotros, los médicos, comprometidos con los pacientes y sus familiares; llevando información a todos los rincones de la patria; acudiendo a congresos médicos sin más condición que la de compartir e intercambiar información científica. Imaginémonos, solidarios con las mayorías y los necesitados.

 

En fin, imaginémonos…

 

 

Patricio Abad Herrera

Médico Neurólogo

Presidente de LECE

pabad@hmetro.med.ec

Quito, Ecuador

 

   
  

Editora: Dra.  Rocío Santibáñez

Dirección: Clínica Kennedy, Sección Gamma, Oficina 102.

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Guayaquil, Ecuador