Volumen 18, Número 3, 2009

 
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Sociedad Ecuatoriana de Neurología

 

                            EDITORIAL                           

El Médico del Siglo 21: Una visión bioética

 

Siguiendo los múltiples derroteros abiertos en las últimas décadas, el desarrollo de la ciencia y la tecnología avanza incontenible en el siglo XXI. Al mismo tiempo, la Humanidad exhibe una estructura social que ha dejado atrás aquellos modelos en los que el poder residía en una sola persona o en un pequeño grupo, cambiándola por una democracia que, si bien aún está en fase participativa, pugna por convertirse en deliberativa.

 

El médico contemporáneo practica su profesión en este escenario científico-social, que está en permanente evolución. Por lo tanto, deberá hacer grandes esfuerzos para marchar al ritmo vertiginoso del progreso de la medicina. No está solo, tiene en la Bioética Médica su puntal más importante. Ya no puede cometer el error de las décadas pasadas, cuando privilegió la especialidad y olvidó que el manejo del paciente requiere un enfoque holístico y no fragmentado. Ahora tiene un desafío muy complejo. Las ciencias básicas, fundamento de la medicina moderna, deberán incorporarse a su acervo de conocimientos.

 

Eso implica que las Universidades deben tener los recursos humanos y tecnológicos necesarios para instruir con acierto a sus estudiantes. La ciencia de la vanguardia del mundo moderno es la Biología Molecular, la fusión de la Biología Celular, la Bioquímica y la Genética. Exige una inyección constante de recursos, para capacitar a los profesores y para desarrollar laboratorios que permitan a los alumnos adquirir las destrezas por experimentación directa. Los países con economías frágiles no pueden ofertar estas  cualidades a sus educandos; por lo tanto, el médico que emerge de estas latitudes pobres deberá duplicar sus esfuerzos para adquirir tales ciencias de manera puramente teórica. Cuando accede al mundo desarrollado en búsqueda de alguna especialidad, palpa sus deficiencias y deberá suplirlas con esfuerzos desmesurados.

 

El avance asombroso en áreas básicas redunda de inmediato en el mejor conocimiento de la fisiología y la patología, pero además impulsa por caminos inexplorados a los medios diagnósticos y terapéuticos. El resultado final e incuestionable es que el médico del siglo XXI deberá aceptar un proceso de certificación periódica de sus conocimientos, basado desde luego en un plan de educación médica continua. Es decir, el médico en ciernes  iniciará su profesión inteligenciado de que durante el resto de su vida el esfuerzo intelectual deberá ser constante. Claudicar en ese empeño abre la puerta al ejercicio de una medicina marcada por la impericia, por la falta de dominio experto en el campo de acción escogido.

 

Si bien el progreso científico de la medicina es innegable y obliga a tomar medidas muy estrictas para la formación de futuros profesionales, los cambios sociales también son de tal magnitud que ahora la humanidad exige condiciones mínimas a sus gobernantes, y muchas de ellas tienen que ver con la salud pública.1

 

La visión del médico de antaño ya no existe más. Aquel profesional bondadoso, caritativo, que practicaba la beneficencia desde un peldaño superior, en una relación vertical con el paciente, está desgastado en el mundo actual. La revolución en el campo de las comunicaciones permite al humano moderno acceder de manera amplia a la información sobre los males que le aquejan. Se exige al médico la explicación de posibilidades diagnósticas y se  discute acerca de propuestas terapéuticas. Nace así el consentimiento informado. Las buenas intenciones no bastan para justificar la actitud del médico.2

 

La sociedad ha adquirido poder como consecuencia del cambio en el ordenamiento social. En este ámbito, los errores en la práctica médica son juzgados con medidas punitivas que incluyen sanciones económicas. La No Maleficencia no es un enunciado lírico. El error en el manejo de un paciente, sea por impericia, ignorancia o mala fe, son ahora sancionados con rigurosidad. El trabajo en equipo se impone.

 

La ciencia, que ahora explica mejor los problemas humanos, y el poder de distintos colectivos sociales, que son minorías, se aúnan para exigir un cambio en la mentalidad social rígida, incluida la visión médica sobre el aborto, la eutanasia, la clonación o la tolerancia a las tendencias sexuales.

 

Un nuevo principio bioético, el de la Autonomía, se yergue en estas décadas y reclama para cada individuo el derecho a decidir sobre aquello que atañe a su cuerpo. La antigua Moral, regida por ideas religiosas cristianas, no tiene cabida en este mundo pluricultural. El médico del siglo XXI está inmerso en una sociedad muy distinta. La globalización le exige respetar cualquier tendencia del pensamiento. Es indispensable recurrir a la Crítica de la Razón Práctica kantiana, instrumento pragmático.

 

Las sociedades evolucionan hacia una democracia deliberativa. Existe un cambio radical en la práctica médica. El ideal de salud igualitaria para todos se impone y los médicos deberán estar conscientes de este cambio, porque el principio más novedoso de la Bioética es la justicia social, peldaño final de una ciencia que evoluciona hacia la Bioética Global.3 Una asignatura pendiente, para médicos egresados hace muchos años, es realizar un curso formal de Bioética, ciencia que empezó a constar en los currículos universitarios recién en los últimos años.

 

 

Eduardo Arízaga Cuesta
Médico Neurólogo.
Universidad San Francisco de Quito.
churi19@yahoo.com

 

1.Havelock RG. The Acceleration of Progress. Six Forces Driving Human Advance. Litho Press Edgewater, MD, 2008
2.Baumelou E, Mignont L. Consentement aux gestes diagnostiques et aux traitements lourds. En: Éthique et practique médicale. Doin Editeurs/Assitance Publique-Hopitaux de Paris, 1995
3.Gracia D. De la Bioética Clínica a la Bioética Global: Treinta años de evolución. Acta Bioethica. Año VIII, N 1, 2002.

 

   
  

Editora: Dra.  Rocío Santibáñez

Dirección: Clínica Kennedy, Sección Gamma, Oficina 102.

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