Introducción
El síndrome antifosfolípido (SAF) es una de las
trombofilias más frecuentes y se manifiesta por la presencia de
trombosis venosa o arterial, usualmente recurrentes. El infarto
cerebral (IC) es la única manifestación neurológica aceptada
como criterio clínico para su diagnóstico, y en conjunto con
otros estados hipercoagulables representa una de las principales
causas de IC en menores de 45 años.1,2 En a práctica esta
asociación se establece razonablemente en pacientes con un
primer IC y SAF, pero es menos clara en pacientes con IC en los
que se encuentran anticuerpos antifosfolípidos positivos en una
sola ocasión y sin evidencia de enfermedad autoinmune sistémica.
En la actualidad los criterios utilizados para el diagnóstico de
SAF son los de Sapporo modificados.3
Aunque es difícil establecer que pacientes con
SAF desarrollarán trombosis, una vez que un evento trombótico se
presenta, la anticoagulación es la mejor opción como medida de
prevención secundaria. El objetivo de la presente revisión es
brindar un panorama actualizado de los aspectos epidemiológicos,
de diagnóstico y tratamiento de prevención secundaria en
pacientes con infarto cerebral secundario a SAF.
Definición y diagnóstico del SAF
El SAF se define como la presencia de anticuerpos
antifosfolípidos (aAF) en conjunto con el desarrollo de
trombosis, tanto arteriales como venosas, y/o la presencia de
eventos obstétricos adversos. Fue descrito por vez primera en el
año 1983 por Harris Hughes y es considerada una de las
trombofilias adquiridas más frecuentes.4,5
Se clasifica en primario (SAFP), cuando se
presenta en ausencia de otras enfermedades, y en secundario (SAFS)
cuando se asocia con la presencia de alguna enfermedad
autoinmune, principalmente lupus eritematoso sistémico (LES),
aunque son indistinguibles los tipos de trombosis que se
presentan tanto en uno u otro.6,7
Los criterios de Sapporo (Tabla 1) para su
diagnóstico, incluyen la presencia de trombosis vascular en
cualquier tejido u órgano, la presencia de morbilidad obstétrica
(pérdida fetal recurrente) y criterios de laboratorio (presencia
de anticuerpos anticardiolipina a títulos moderados-altos y
anticoagulante lúpico en 2 o más ocasiones, con diferencia entre
una y otra determinación de por lo menos 6 semanas).4
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Tabla
1: Clasificación de los criterios para SAF |
Los subtipos de anticuerpos AF que se detectan
con mayor frecuencia es el anticoagulante lúpico (aAL), las
anticardiolipinas (aCLs) y la anti- ß2- glicoproteína 1; la
división en estos subgrupos se debe principalmente al método
utilizado para la detección de los anticuerpos8. En general los
aAL son más específicos en el SAF, mientras que los aCLs son más
sensibles.9 La especificidad de los aCLs incrementa a títulos
elevados y con predominio de anticuerpos de tipo IgG. Sin
embargo, no se ha encontrado una asociación directa entre
manifestaciones clínicas específicas y subgrupos particulares de
aAF. Por ende, se deben utilizar múltiples pruebas para la
detección de aAF, ya que los pacientes con SAF pueden ser
negativos para un tipo de prueba y positivos para otro.8
La prevalencia de aAF, principalmente aCLs y aAL,
en sujetos jóvenes aparentemente sanos, va del 1 al 5% y se
considera que 50 a 70% de los pacientes con anticuerpos
antifosfolípidos puede desarrollar SAFP en un periodo aproximado
de 20 años y eventualmente trombosis.10,11
Algunos estudios han sugerido que la presencia de
aAF se ha asociado a un mayor riesgo de eventos trombóticos
recurrentes, tanto venosos como arteriales,12,13 siendo la
circulación cerebral una de las más afectadas, lo que conlleva a
una alta morbi/ mortalidad.14 El infarto cerebral y el ataque
isquémico transitorio son de las manifestaciones trombóticas
arteriales más frecuentes del SAF. 4,7,15
Epidemiología del síndrome antifosfolípidos e
infarto cerebral
Los anticuerpos antifosfolípidos se encuentran
principalmente en sujetos jóvenes, aparentemente sanos, con
prevalencia de 1 a 5%. Como con otros anticuerpos, su
prevalencia se incrementa con edad, y especialmente en ancianos
coexiste con enfermedades crónicas. En pacientes con LES la
prevalencia de anticuerpos antifosfolípidos alcanza hasta el 12
a 30 % para anticuerpos anticardiolipina y 15 a 34% para
anticoagulante lúpico. Muchos pacientes tienen evidencia de
laboratorio sin consecuencias clínicas, aunque por otro lado, no
existen datos suficientes para determinar qué porcentaje de
pacientes con anticuerpos antifosfolípidos, pueden eventualmente
tener eventos trombóticos o complicaciones durante el embarazo,
consistentes con el SAF. En contraste, el SAF puede
desarrollarse entre el 50 al 70% de los pacientes con LEG
después de 20 años de seguimiento.8,10,11
Está claramente establecido que el SAFP es un
factor que incrementa el riesgo de infarto cerebral, de isquemia
cerebral transitoria y de trombosis venosa cerebral en menores
de 45 años. Sin embargo, la magnitud del riesgo en poblaciones
de mayor edad es aún controvertida.16,17,18 Los anticuerpos
antifosfolípidos, las anticardiolipinas, y el anticoagulante
lúpico, se asocian con coagulopatías inmunológicamente mediadas
y lesiones cardiacas valvulares.Por desgracia las pocas series
reportadas de pacientes con SAFP e infarto cerebral, son
reportes de pacientes quienes desarrollan complicaciones
cerebrales después de otras manifestaciones vasculares, tales
como trombosis venosa y por lo tanto no existen hasta ahora
cifras contundentes de la incidencia de eventos
cerebrovasculares en pacientes con SAFP. Los estudios de casos y
controles disponibles han añadido resultados conflictivos;
algunos mostrando asociación de infarto cerebral con diferentes
combinaciones de antifosfolípidos, y otros con resultados
diferentes, que pueden explicarse por la inclusión de pacientes
mayores de 50 años, en los que la coexistencia de otros factores
de riesgo vascular, pudieran ser determinantes.
Algunos estudios sugieren que la presencia de
anticoagulante lúpico puede ser más importante como factor de
riesgo, independientemente de la edad, comparada contra
anticardiolipina aislada.19 La mayoría de los estudios a los que
hacemos referencia excluyen cardioembolismo o no distinguen
entre embolismo de origen cardiaco o arteria-arteria o mecanismo
tromboembólico, lo cual es importante ya que el SAFP se ha
asociado con lesiones de las válvulas cardíacas.
El riesgo de presentar eventos trombóticos en
presencia de SAFP ha sido estudiado en la cohorte
“Euro-Phospholipid Project Group” en la que un grupo de 1,000
pacientes con SAFP han sido seguidos desde 1990, con el objetivo
de evaluar las manifestaciones clínicas, inmunológicas y
expresión del SAFP.20 La trombosis venosa profunda fue la
manifestación trombótica más común, ocurriendo en un 32% de los
casos, mientras que el infarto cerebral fue la manifestación
trombótica arterial más frecuente, con frecuencia de 13%. Otras
manifestaciones neurológicas fueron; isquemia cerebral
transitoria (ICT) en el 7% y amaurosis fugax en 2.8%. Aunque
existieron algunas diferencias entre los pacientes con SAFP
primario y secundario, ninguna de ellas estuvo relacionada con
la trombosis o sus características.15
En otro estudio colaborativo europeo,21 el
European Collaborative Study, en el que 1,000 pacientes con
lupus eritematoso sistémico fueron seguidos por un periodo de 10
años, los eventos trombóticos fueron la principal causa de
muerte en los últimos 5 años de seguimiento y siempre se
asociaron con la presencia de SAF. En este estudio, los eventos
vasculares cerebrales fueron los más frecuentes (12%), seguidos
de infarto al miocardio (7.4%) y embolismo pulmonar (5.9%). Los
hallazgos de este estudio enfatizan el importante rol del SAF y
trombosis recurrente en pacientes con LES.
En las diferentes series de infarto cerebral en
sujetos menores de 45 años, el SAFP explica menos del 10% de los
casos.1,2 En la casuística de nuestro hospital el SAFP explica
el 14% de los infartos cerebrales en menores de 40 años y el 17%
de los casos de trombosis venosa cerebral.
Los infartos cerebrales secundarios a SAF
comparten características de imagen con los secundarios a
embolismo cardiaco, lo que sugiere que las alteraciones de las
valvas cardiacas representan un papel importante en su
fisiopatología. De igual manera, se ha reportado una mayor
prevalencia de foramen oval permeable en pacientes con SAF, lo
que pudiera contribuir al desarrollo de embolismo paradójico.
En relación con trombosis venosa cerebral, el
SAFP es un factor importante, que contribuye de forma
independiente,
aun en presencia de otros factores de riesgo, tales como la
resistencia a la proteína C activada. La TVC en pacientes con
SAFP ocurre a edades más tempranas, con mayor extensión de
afección venosa superficial y profunda, y con mayor extensión de
infartos venosos en los estudios de imagen que en pacientes sin
SAFP.
Controversia en el diagnóstico de SAFP
Algunos pacientes son diagnosticados incorrectamente con
SAFP y por ende son tratados de forma inapropiada con
medicamentos anticoagulantes, sometiéndolos a los riesgos
inherentes de estos fármacos. Desafortunadamente los criterios
diagnósticos del SAFP son tanto complejos como ambiguos,
particularmente el criterio que concierne a los niveles de aAC a
títulos medios-altos, sin que se defina un valor de corte.
Un grupo de investigadores de los Estados Unidos
realizaron un estudio para determinar cuántos pacientes
diagnosticados con SAFP, efectivamente padecían esta enfermedad.
Los resultados revelaron que tan solo el 10% de los pacientes
reunieron criterios de SAFP definitivo, y 16% de SAFP posible.
El 74% restante no cumplieron con los criterios de diagnóstico.
El criterio que estaba ausente con mayor frecuencia era el de
repetir a las 6 semanas los estudios de laboratorio para
detección de aAL y aCL. De manera interesante el 25% de los
resultados de laboratorio que se repitieron fueron normales, lo
que excluía el diagnóstico. Es posible que no todos los médicos
conozcan los criterios diagnósticos de la enfermedad o que estos
se apliquen de forma variable, perdiendo toda objetividad.22
Patogénesis del SAP e infarto cerberal
Existen diversas teorías que explican el mecanismo por el
cual los aAF promueven la trombosis. Una de estas hipótesis se
basa en la activación del endotelio, secundario a la unión de
los aAF al mismo. Esta activación endotelial origina un aumento
de la expresión de moléculas de adhesión, secreción de citocinas
e incremento del metabolismo de prostaciclinas, lo que en
conjunto genera un estado protrombótico. 23
Una segunda teoría explica la lesión endotelial
debido a mecanismos de oxidación. Los macrófagos son activados
por las lipoproteínas de baja densidad (LDL) oxidadas, y estas
células originan lesión al endotelio.24 También existen de forma
simultánea, anticuerpos contra LDL oxidadas y aCLs. Estos
anticuerpos pueden tener reacciones cruzadas, por lo que se
especula que los aCLs solo reconocen fosfolípidos oxidados y
proteínas de unión a fosfolípidos.25
Una tercera teoría propone que los aAF
interfieren o modulan la función de las proteínas ligadas a los
fosfolípidos e involucradas en la regulación de la coagulación.
Aunque es poco lo que se sabe de la función biológica de la ß2-
glicoproteína I, es muy probable que actúe como anticoagulante
natural.26 Finalmente, la trombosis en el SAFP ha sido comparada
con la trombocitopenia inducida por heparina. En ambos síndromes
se induce trombosis en múltiples lechos vasculares arteriales y
venosos. En la trombocitopenia inducida por heparina, el sitio
de trombosis está frecuentementedeterminado por la presencia de
enfermedad cardiovascular previa, mientras que en el SAF,
existe una alta tasa de recurrencia de eventos trombóticos
similares. En ambos síndromes se requiere de un factor
desencadenante, que es frecuentemente el daño vascular
secundario a cualquier otra causa, para que ocurra la trombosis.
Adicionalmente se han reportado múltiples lesiones valvulares
cardiacas asociadas a este síndrome lo que podría sugerir al
embolismo de origen cardiaco como otro mecanismo productor de IC
en algunos pacientes. Las anormalidades cardiacas típicamente
reportadas son engrosamiento de las valvas principalmente de la
válvula mitral.
Son muchas las teorías respecto a la patogénesis
del SAFP, sin embargo, aún no se sabe con certeza el mecanismo
por el cual estos anticuerpos originan el amplio espectro de
manifestaciones clínicas. Probablemente sean varios y distintos
los mecanismos que actúan en conjunto en la patogénesis del SAFP.
Los hallazgos histopatológicos de SAF reflejan
una combinación de múltiples procesos patológicos;
microangiopatía trombótica, isquemia secundaria a trombosis
arterial o embolica y embolismo periférico desde fuentes
venosas, arteriales o intracardiacas. La presencia de vasculitis
es rara y se ha observado principalmente en SAFP. En el SAF
secundario es atribuida principalmente a lupus no
específicamente a SAF.
Recurrencia de Infarto cerebral
Está claramente establecido que la presencia de aAF es un factor
de riesgo importante para el desarrollo de un primer infarto
cerebral, pero el papel que estos juegan en la recurrencia es
controvertido. Brey R.27 analizó 20 estudios (casos- control y
prospectivos) evaluando a los aAF como factor de riesgo de
infarto cerebral en pacientes sin diagnóstico de LES. Algunos de
estos estudios mostraron una asociación entre distintos tipos de
aAF e infarto cerebral.16, 17,18,26,29,30 Y todos, excepto uno,
demostraron un aumento del riesgo de padecer un primer evento
isquémico cerebral en pacientes jóvenes.31 Concluyendo que la
presencia de aAF es un factor de riesgo para infarto cerebral en
pacientes jóvenes, sin embargo en pacientes de mayor edad, son
otros los factores de mayor importancia.
Respecto al infarto cerebral recurrente, son
múltiples los estudios que proveen evidencia contundente
respecto a la presencia de aAF como factor de riesgo. Sin
embargo, no todos coinciden en sus resultados. Esta discrepancia
probablemente se debe a la diferencia metodológica entre los
estudios, tales como el tipo de aAF estudiado, el tamaño de la
muestra y la población estudiada. Al hacer un seguimiento de los
pacientes que inequívocamente cumplen los criterios diagnósticos
de SAFP, observamos que este síndrome conlleva un riesgo
significativo de padecer infarto cerebral recurrente.32,33 Se
puede considerar que el riesgo de recurrencia posiblemente se
incremente en presencia de aAF, aunque también son otros los
factores involucrados, tales como el tratamiento de prevención
secundaria utilizado.
Prevención secundaria en pacientes con SAFP
Las recomendaciones para el tratamiento de pacientes con SAFP e
infarto cerebral han sido basadas principalmente en estudios con
diseño retrospectivo. Recientemente, tres estudios prospectivos
(dos controlados y una serie no controlada) han añadido
información valiosa acerca del rol de la anticoagulación en
estos casos.27,35,36 Sin embargo, sus resultados han sido
también contradictorios. Además de las obvias diferencias en el
diseño, algunos otros factores como la importante variabilidad
en los grupos de estudio, contribuyen a sus discrepancias.
Seguramente los estudios futuros tendrán que definir mejor los
subgrupos de pacientes con SAF, mientras tanto la profilaxis
secundaria actual debe individualizarse con base en el riesgo
estimado de recurrencia, riesgo de hemorragia y severidad de los
potenciales eventos recurrentes.
Varías opciones terapéuticas están disponibles
para la prevención de eventos isquémicos en estos pacientes.
Para casos con infarto cerebral criptogénico, y positividad de
anticuerpos aPL, los antiagregantes plaquetarios son la
alternativa razonable, mientras que la anticoagulación oral con
índice internacional normalizado (INR) entre 2 y 3 es razonable
para pacientes con IC que cumplen criterios para SAF y
enfermedad oclusiva arterial o venosa en diferentes
órganos.33,34
Algunos aspectos de la anticoagulación, aun
continúan siendo tema de controversia, principalmente el nivel
de INR. Algunos estudios han mostrado que el riesgo de
recurrencia continúa siendo elevado incluso con niveles de INR
entre 2.0 y 3.0, por lo que se sugieren mantenerlo por arriba de
3.0 (recomendación 1C; basada en estudios de
cohorte),32,33,34,35 Sin embargo, los hallazgos de ensayos
clínicos sugieren que la anticoagulación con INR entre 2.0 y
2.9, es igualmente eficaz que el INR mayor (recomendación clase
1 A).27,36
Los factores que incrementan el riego de
recurrencia, y por tanto tienen que ser considerados a la hora
de seleccionar uno y otro tratamiento, son la persistencia de
niveles elevados de aCL y/o aAL, así como la afección de
múltiples territorios arteriales o venosos.27,32 Algunos autores
han sugerido, que en estos casos, podría estar justificada la
combinación de anticoagulación y aspirina, por el riesgo elevado
de recurrencia. Lo mismo se sugiere para los casos en los que
existe recurrencia a pesar de niveles adecuados de
anticoagulación.
Hasta el momento no se ha establecido la duración
ideal del tratamiento anticoagulante, probablemente sea por un
largo periodo de tiempo, si no es que de por vida.8,34
En conclusión, el SAF representa una de las
principales causas de infarto cerebral en sujetos menores de 45
años. Los pacientes con SAF e infarto cerebral requieren de
anticoagulación a largo plazo, tratando de disminuir la
recurrencia de nuevos eventos trombóticos.
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