Introducción
El pronóstico de los pacientes con epilepsia
puede ir desde tener una vida totalmente normal hasta la muerte
o la discapacidad física y/o mental, lo que depende de los tipos
de epilepsia y los principales síndromes.
La discapacidad mental más importante es el
deterioro cognitivo. Este deterioro en algunos pacientes pasa
inadvertido, mientras que en otros puede ser tan evidente que
podemos diagnosticar a simple vista un cuadro demencial
asociado. Aunque no siempre en el caso de un paciente con
demencia y epilepsia, la causa de la primera son las crisis,
también puede ocurrir todo lo contrario.1
El deterioro cognitivo en la epilepsia era una
asociación muy frecuente en el siglo XIX, aunque no está muy
bien definido la causa, bien pudo deberse a la elevada
prevalencia de la neurosífilis. Ya a fines del siglo XX, la
comorbilidad del deterioro cognitivo con la epilepsia se
explicaba por un conjunto de factores que están presentes en el
paciente con estas crisis y van desde los factores biológicos
relacionados con la zona de lesión o de epileptogénesis, los
factores psicosociales y la medicación empleada para el control
de las crisis.2,5 El concepto de deterioro y las causas que lo
originan ha ido variando a través de varias etapas en el
pensamiento médico:4 Primero. La creencia de que existía siempre
un deterioro post crisis repetitivas que llevaba a una demencia,
conocida como “Demencia de Esquirol”; este pensamiento médico se
extendió desde finales del siglo XIX hasta principio del siglo
XX; Segundo. En los primeros años del siglo XX se sustituye el
término demencia por el de “personalidad epiléptica” término que
nunca llegó a ser definido con precisión y que en la
actualidad es rechazado por completo, pero llevó implícito el
trastorno conductual y el deterioro; Tercero. Un período de
tiempo en la primera mitad del siglo XX, en que se negaba todo
defecto neuropsiquiátrico en estos pacientes, este período fue
denominado “período de la normalidad; Cuarto. Una etapa en la
que se relacionaban los trastornos conductuales y
neuropsicológicos principalmente con las epilepsias
“psicomotoras” hoy conocidas como crisis parciales complejas.
Quinto. Un último período, actual, en que se busca el defecto
cognitivo o conductual específico en cada paciente y se
relaciona a los factores biológicos, psicosociales y
medicamentosos presentes.
El concepto deterioro cognitivo ha sido definido
como la “caída o pérdida de habilidades intelectuales
anteriormente existentes por causas patológicas”6, lo que
excluye la pérdida de aquellas funciones que se relacionan al
proceso vital de desarrollo involución del humano. El concepto
de deterioro, incluye, el no desarrollo o la disminución en
diversos grados de cualquiera de las múltiples funciones
cognitivas: inteligencia, habilidades, atención, memoria verbal,
memoria visual, capacidades lingüísticas, capacidades
visuoespaciales y funciones ejecutivas motoras frontales entre
otras. Mientras que la causa de que se afecten algunas de estas
funciones son generalmente multifactoriales. Su pronóstico es
diferente si se trata de deterioro por un fenómeno de
“interferencia” como el que puede producir una crisis eléctrica
no clínica y el “estructural” como el que ocurre en las
epilepsias encefalopáticas.5
El test de Wais o Wechsler es una de las pruebas
más utilizadas para medir el coeficiente de inteligencia o CI,
esta prueba mide el CI total, el CI verbal y el CI ejecutivo
mediante una serie de escalas o ítems, además en esta prueba su
puede medir el “índice de deterioro”7,8 el cual se obtiene
debido a la existencia de un conjunto de funciones cognitivas,
dentro de las escalas verbal y ejecutiva, que no disminuyen con
la edad y deben mantenerse similar durante las distintas etapas
de la vida (SM) estas son: información, comprensión, ensamblar
objetos y completar figuras. Otro grupo de funciones, -también
dentro de las verbales y ejecutivas- no se mantienen (NSM) y
disminuyen con la edad del paciente, estas son: dígito símbolo,
aritmética, dígitos, diseño de bloques. La correlación entre
estas pruebas y de predominar los valores de las que no se
mantienen indican el deterioro.
En general, la disminución del coeficiente de
inteligencia en la escala del WAIS habla de alteraciones
negativas en el desarrollo de ciertas habilidades intelectuales.
La presencia de un índice de deterioro positivo en esta prueba
habla de caída o pérdida de habilidades intelectuales
anteriormente existentes.
Entre los objetivos de este estudio están:
1) Estudiar en 130 pacientes con epilepsia el CI
de estos según la escala de Wechsler y dividir el resultado de
éste según 2 grupos: los pacientes con CI por debajo de 89
agrupados para ser comparados con los que tienen CI por encima
de 90. A su vez estos son correlacionados con 9 variables dentro
de los factores biológicos, 4 variables dentro de los factores
psicosociales y 3 dentro de los medicamentosos.
2) Determinar en igual muestra de pacientes el
índice del deterioro según la escala de Whechsler en dos grupos:
sin deterioro y con deterioro; esta incluye los de posible
deterioro y deterioro, ambos grupos son comparados con similares
variables a los que se comparó el CI.
Las variables biológicas estudiadas en relación
con el CI y el índice de deterioro son: antecedentes de parto
distócico, antecedentes de trauma craneal, antecedentes de
alcoholismo crónico, edad por debajo de los 15 años de inicio de
las crisis, tiempo mayor de 10 años de duración
de la enfermedad, tipos de crisis de epilepsia, tipos de
síndromes epilépticos, frecuencia elevada de las crisis al
inicio de la enfermedad y en el último año, presencia de más de
100 crisis en un año o estado de mal epiléptico. Los factores
psicosociales evaluados fueron: el funcionamiento psicosocial
global o calidad de vida, la presencia de depresión, la
presencia de ansiedad, la presencia o no de psicosis.
Los factores biológicos utilizados son:
antecedentes de lesión cerebral (trauma craneal, parto
distócico, alcoholismo crónico, encefalitis y otras); edad de
comienzo temprano de las crisis; el mayor tiempo de duración de
la enfermedad; la mayor frecuencia de crisis de epilepsia y el
tipo de crisis de epilepsia.
Los medicamentosos son: medicación antiepiléptica
utilizada; el uso de barbitúricos o benzodiacepinas y uso de
combinaciones de fármacos antiepilépticos (FAE).
Materiales y métodos
Fueron estudiados 130 pacientes con epilepsia que asistieron a
la consulta de Epilepsia del Departamento de
Tratamientos especializados del Hospital Psiquiátrico de la
Habana Cmte. y Dr. Eduardo Bernabé Ordaz Ducungé, entre junio de
2005 y diciembre de 2007. El diagnóstico de epilepsia fue
realizado con los criterios de la Liga Internacional contra la
Epilepsia (ILAE). Con el objetivo de poder aplicar todas las
pruebas no se incluyeron en el estudio pacientes con retraso
mental moderado y profundo, ni formas de epilepsia con
encefalopatía.
Se les aplicó a todos los pacientes el
cuestionario de epilepsia para determinar factores de riesgo, la
Escala de Inteligencia para adultos de Wechsler (WAIS), la
escala Psicosocial de Washington (WPSI), la escala de depresión
de Hamilton modificada (CRS) y la escala de ansiedad de
Hamilton.
Variables biológicas estudiadas: el
cuestionario de epilepsia para factores de riesgo determina
lesiones causales de epilepsia (alcoholismo crónico, lesiones en
el parto, traumas craneales severos o moderados y encefalitis),
edad de inicio de las crisis (menos de 10 años y más de 10
años), tiempo de evolución de las crisis (menos de 10 años y más
de 10 años), frecuencia elevada de crisis desde el inicio de la
enfermedad y tipos de crisis de epilepsia.
Variables psicosociales: son determinadas
mediante la escala psicosocial global del WPSI, con
resultados en su funcionamiento psicosocial global, hasta 9
puntos: normal; de 10 a 20: funcionamiento medio; 21 a 40: malo;
más de 42: muy malo. La escala de depresión de Hamilton
abreviada (CRS) que indica hasta 10 puntos: normal; de 11 a 20:
leve; de 21 a 29: Moderada; de 30 a 52: severa. Resultados del
Hamilton de Ansiedad, 0= ansiedad ausente; 1 ansiedad leve; 2
media; 3 fuerte; 4 máxima. Escala de síntomas positivos y
negativos de Esquizofrenia (SAPS y SANS) determina
principalmente pacientes con epilepsia y psicosis.
Variables medicamentosas: mediante el
cuestionario de epilepsia para factores se riesgo se determina,
principales FAE utilizados, uso de polifarmacia medicamentosa,
uso de barbitúricos o benzodiacepinas.
Escala de inteligencia para adultos de
Wechsler: resultados del CI verbal, el CI ejecutivo, el CI
total. El Índice de inteligencia fue agrupado de la siguiente
manera: grupo 1= Retraso mental (RM) (CI menor de 67); grupo 2=
Normal bajo y fronterizo (CI entre 68 y 89); grupo 3=Normal (CI
entre 90 y 109); grupo 4=Normal alto (CI más de 110).
Para el análisis de diferentes variables de
factores de riesgo estudiadas, se reagruparon los resultados del
CI total en dos grandes grupos los que tenían un CI por debajo
de 89 (Normal bajo y Retraso Mental) y por encima de 90 (Normal
y normal alto). La disminución del coeficiente de inteligencia
en esta escala es índice de alteraciones en el desarrollo de
ciertas habilidades intelectuales.
Índice de deterioro de Weschler: el índice
de deterioro es determinado mediante el estudio de funciones de
dos tipos, las que varían con respecto a la edad y no se
mantienen (dígito símbolo, aritmética, dígitos, diseño de
bloques), son conocidas como NSM y las que no varían y se
mantienen (información, comprensión, ensamblar objetos y
completar figuras), conocidas como SM, estas últimas son las
funciones afectadas por el deterioro. El procedimiento se basa
en aplicar la fórmula SM – NSM/SM X100. Este resultado se
considera que si es menor de 10% es normal, entre 10 y 20%
posible deterioro y más de 21 deterioro evidente. Hay que
considerar que con la edad aparecen valores calculados que deben
ser descontados (menos 20 – 24 = 0.5; 25 – 29 = 0; 30 – 34 = 4;
35 – 39 = 4; 40 – 44 = 9; 50 – 49 = 14 y 55 – 59 = 16).
Para procesamiento y para el análisis de los
datos se agruparon los pacientes con posible deterioro y
definitivo en un grupo, mientras que los que no tenían ningún
tipo de deterioro formaron el grupo control. La relación del
deterioro con el grado de validez se realiza mediante la
siguiente escala de Grados que van del 0 - IV
Grado 0: Validez Normal; Deterioro 0; Índice de 0
– 10
Grado I: Elementos de deterioro; Índice de 10 –
20
Grado II: Signos de deterioro no visibles; Índice de 21 – 50
Grado III: Signos de deterioro visible pero con aceptable
validez; Índice 51 – 100
Grado IV: Deterioro visible y mala validez;
Índice de más de 100.
La presencia de un índice de deterioro positivo
en esta prueba habla de caída o pérdida de habilidades
intelectuales
anteriormente existentes.
Procesamiento estadístico: Se compararán
cada variable biológica, psicosocial y medicamentosa de forma
individual con los que tienen un CI por encima de 90 y con los
que lo tienen por debajo de 89. Además se compararán con los
tienen deterioro y los que no lo tienen. Los datos se procesarán
mediante análisis estadístico univariado y multivariado con el
cálculo de distribuciones de frecuencia y porcentajes en las
variables cualitativas, y medidas de tendencia central (media
aritmética) y de dispersión (desviación estándar) en las
variables cuantitativas. Las comparaciones entre dos variables,
se realizarán mediante análisis bivariado con prueba de t para
medias aritméticas, Fisher y prueba Chi-cuadrado para variables
cualitativas.
Para determinar asociación o relación entre
variables se utilizará la prueba de Chi-cuadrado con corrección
de Yates. De existir asociación se determinará la presencia y
cuantificación de riesgo significativo mediante la prueba de
productos cruzados u Odds Ratio en la que se utilizó
aproximación de Wolf. Se aceptará un nivel de significación del
5% y en el caso del Odds Ratio un intervalo de confianza de 95%
calculado por el método de Wolf. El análisis estadístico
multivariado se realiza mediante la aplicación del ANOVA
incluido diferencia entre medias, intervalo de confianza y
diferencia entre desviación estándar (SD).
Resultados
Características generales
Edad: La edad promedio de los 130
pacientes es de 33.59, la menor de 16 y la mayor de 63 años.
Sexo: Del total, 71 (54,6%) son del sexo
femenino y 59 (45.4%) del masculino.
Raza: Predomina la raza blanca con 96
pacientes (73.8%), la mestiza 21 (16.5%) y la negra 13 (10%).
Coeficiente de inteligencia: De los 130
pacientes estudiados 11 (8.5%) pacientes sufren de retraso
mental ligero con -CI menor de 67-; 57 (43.8%) con CI normal
bajo y fronterizo -CI entre 68 y 89-; 55 pacientes (42.3%)
inteligencia normal –CI entre 90 y 109 y 7 pacientes (5.4%) con
inteligencia normal alta – CI más de 110-. Del total de
pacientes estudiados 68 (52.31%) tienen un CI menor de 89 que
incluyen retraso mental, fronterizo y normal bajo. Un grupo de
62 (47.69%) tienen CI por encima de 90 que corresponde con
normal y normal alto-.
Índice de deterioro: Sin deterioro 68
pacientes (52.3%). Con posible deterioro 23 pacientes (17.69%) y
con deterioro evidente 39 pacientes (30%); ambos grupos incluyen
a 62 pacientes con signos de deterioro (47.7%).
Correlación entre índice de deterioro y
coeficiente de inteligencia: La correlación entre deterioro
y CI por debajo de 89 fue la siguiente: de 68 con CI de menos de
89, 38 (55.9%) tenían signos de deterioro. De 62 pacientes con
CI con más de 90, 24(38.7%) tenían deterioro.
Variables biológicas
Antecedentes de distocia en el parto que pudo
provocar lesión cerebral y epilepsia
Coeficiente de inteligencia (CI): De los
130 pacientes con epilepsia 30 (23.1%) tenían antecedentes de
distocia del parto. De estos, 17 (56.7%) con un CI por debajo de
89 (normal bajo, borderline y con retraso mental ligero y 13
(43.3%) con CI por encima de 90 (Normal y normal alto). De los
100 (76.9%) que no tenían antecedentes de distocia al nacer 51
(51%) tenían un CI por debajo de 89 y 49 (49%) un CI por encima
de 90. La comparación de ambos grupos mostró al test de Fisher
p=0.6784 no significativa y Odds Ratio=1.256 con 95% de
intervalo de confianza: 0.5523 a 2.858 utilizando aproximación
de Wolf, tampoco significativa. Índice de deterioro: De los 30
(23.1%) pacientes con distocia en el parto, 15 (50%) tenían
signos de deterioro y 15 (50%) no presentaban signos de
deterioro. De los 100 pacientes sin antecedentes de lesión
perinatal, 53 (53%) tenían deterioro y 47 (47%) no tenía signos
de deterioro. La comparación de ambos grupos mediante Fisher
mostró p=0.8364, no significativa, Odds Ratio= 1.128 con 95% de
intervalo de confianza: 0.4984 a 2.552 utilizando aproximación
de Wolf, tampoco significativa. Antecedentes de trauma cráneo
encefálico que pudo provocar lesión cerebral y epilepsia
Coeficiente de Inteligencia (CI): Del total de pacientes
estudiados 17 (13.1%) refirieron antecedentes de trauma
craneal severo y moderado. De estos, 9 (52.9%) tenían un CI por
debajo de 89 y 8 (47.1%) por encima de 90. De los restantes 113
(86.9%) sin antecedentes de trauma craneal, 60 (53.1%) tenían CI
por debajo de 89 y 53(46.9%) por encima de 90. Ambos grupos
fueron comparados y se les aplicó Fischer con P=1, no
significativa. Odds Ratio = 0.9938 con 95% de intervalo de
confianza: 0.3577 a 2.761 se utilizó aproximación de Wolf, no
significativa
Índice de deterioro: Total de pacientes
con trauma cráneo encefálico severo y moderado 17 (13.1%), de
los cuales 7 (41.1%) tiene deterioro y 10 (48.9%) no tienen
deterioro. De los 113 (86.9%) que no refieren trauma cráneo
encefálico severo, 55 (48.7%) tienen deterioro, 58 (51.3%) no lo
tienen. La comparación de ambos grupos mediante Fisher mostró
p=0.6115, no significativa, Odds Ratio = 0.7382 con 95% de
intervalo de confianza: 0.2624 a 2.076, con aproximación que no
fue significativa.
Antecedentes de encefalitis que pudo provocar
lesión cerebral y epilepsia
Coeficiente de inteligencia (CI): De los 130 pacientes
estudiados, solo 6 (4.6%) tenían antecedentes de encefalitis. De
estos, 4(66.6%) tenían un CI por debajo de 89 y solo 2 (44.4%)
por encima de 90. De los restantes 126 (95.4%) pacientes, 64
(51.6%) tenían un CI por debajo de 89 y 60 (48.4%) con CI por
encima de 90. La comparación entre los grupos mostró mediante
Fisher P=0.6822, no significativa, Odds Ratio=0.5333 con 95% de
intervalo de confianza: 0.09418 a 3.020 con aproximación de Wolf
no significativa.
Índice de Deterioro: De los 6 pacientes con antecedentes
de encefalitis, 4 (66.6%) tenían índice de deterioro y 2 (44.4%)
sin este. De los 124 sin antecedentes de encefalitis, 58 (46.8%)
tenían deterioro y 66 (53.2%) no lo tenían. Fisher P=0.4239, no
significativa. Odds Ratio=2.276 con 95% de intervalo de
confianza: 0.4018 a 12.890 con aproximación de Wolf, considerado
no significativo.
Antecedentes de alcoholismo crónico que pudo
provocar lesión cerebral y epilepsia
Coeficiente de inteligencia (CI): De los 130 pacientes
estudiados, 12 tenían antecedentes de alcoholismo crónico, 10
(83.33%) tenían CI por debajo de 89 y solo 2 (16.67%) tenían CI
por encima de 90. Los restantes 118 pacientes que no tenían
alcoholismo crónico, 58 (49.15 %) tenían CI por debajo de 89,
mientras que 60 (50.85%) tenían CI mayor de 90. La comparación
entre los grupos con y sin antecedentes de alcoholismo mostró en
el Fisher p=0.0324 considerada como significativa. Odds
Ratio=5.17295 con 95% de intervalo de confianza entre 1.086 y
24.636 con aproximación de Wolf, lo cual es significativa al ser
mayor de 5.
Índice de deterioro: De los 12 pacientes
con alcoholismo 10 (83.33%) tenían índice de deterioro positivo
y solo 2(16.67%) no lo tenían. Los restantes 118 pacientes que
no tenían alcoholismo crónico, 58 (49.15 %) deterioro, mientras
que 60 (50.85%) no tenían deterioro. La comparación entre los
grupos con y sin antecedentes de alcoholismo mostró en el Fisher
p=0.0324 considerada como significativa. Odds Ratio=5.17295 con
95% de intervalo de confianza entre 1.086 y 24.636 con
aproximación de Wolf, lo cual es significativa al ser mayor de
5.
Inicio de las crisis de epilepsia por debajo de
los 15 años de edad
Coeficiente de inteligencia(CI): De 130
pacientes con epilepsia 79 (60.8%) iniciaron sus crisis de
epilepsia por debajo de los 15 años de edad, de estos 47 (59.5%)
tienen un CI menor de 89, mientras que 32(40.5%) tienen CI mayor
de 90. De los 51 (39.2%) pacientes que comenzaron sus crisis por
encima de los 15 años, 21 (42.2%) tenían un CI menor de 89 y 30
(58.8%) un CI mayor de 90. Ambos grupos fueron comparados con
Fisher y mostró una p= 0.0490 considerada como significativa.
Odds Ratio = 2.098. 95% de intervalo de confianza entre 1.025 -
4.294 con aproximación de Wolf, no significativa.
Índice de deterioro: De 79 (63.1 %)
pacientes que iniciaron sus crisis de Epilepsia por debajo de
los 15 años de edad, 40 (50.6%) tienen posible deterioro y
deterioro definitivo, mientras que 39 (49.4%) no lo tienen. Los
51 (39.2%) que iniciaron sus crisis por encima de los 15 años,
22 (43.1%) tenían deterioro y 29 (56.9%) no lo tenían. Los
grupos fueron comparados mediante Fisher que dió P=0.4731, no
significativa y Odds Ratio 0.7397 con 95% de Intervalo de
confianza entre 1.135 a 4.327 con aproximación de Wolf, no
significativa.
Mayor tiempo de evolución de las crisis (más de
10 años)
Coeficiente de inteligencia (CI): De 130
pacientes estudiados, 82 (63.1%) tenían más de 10 años de
evolución de las crisis, de estos 47 (59.5%) con un CI menor de
89 y 32 (40.5%) con CI mayor de 90. Tenían menos de 10 años de
evolución de las crisis 48 pacientes (36.9%), de los cuales 21
(41.2%) tenían un CI menor de 89 y 30 (58.8%) un CI mayor de 90.
Los grupos se compararon con Fisher con p=0.0490 considerado
significativo. Odds Ratio=2.098 con un 95% de intervalo de
confianza: 1.025 a 4.294 con aproximación de Wolf, no
significativa
Índice de deterioro: De los 82 pacientes (63.1%) con más de
10 años de evolución de las crisis, 44 (53.6%) tenían deterioro
y 38 (46.4%) no lo tenían. Tenían menos de 10 años de evolución
de la enfermedad 48 pacientes (36.9%) de estos 24 (50%) sin
deterioro y 24 (50%) con deterioro. La comparación entre ambos
grupos mediante Fisher mostró una P=0.7188, no significativa.
Odds Ratio =1.158 con 95% de intervalo de confianza: 0.5674 a
2.363 con aproximación de Wolf, no significativa.
Elevada frecuencia de crisis al inicio de la
enfermedad (más de una crisis por mes)
Coeficiente de inteligencia (CI): De los
130 paciente, 60 (46.2%) habían tenido más de una crisis al mes
al inicio de la enfermedad de estos 40 (66.7%) tenían un CI
menor de 89 y 20 (33.3%) un CI mayor de 90. Con baja frecuencia
de crisis, menos de 1 por mes, había 70 (53.8%), de estos 28
(40%) con un CI de menos de 89 y 42 (60%) con CI mayor de 90. La
comparación de ambos grupos mediante Fisher mostró una P=
0.0029, se considera muy significativa Odds Ratio=3 con 95% de
intervalo de confianza: 1.462 a 6.157 con aproximación de Wolf,
no significativa.
Índice de deterioro: De los 60 (46.2%)
pacientes con más de una crisis al mes 31 (51.7%) tenían
deterioro y 29 (48.3%) no lo tenían. De los 70 pacientes con
menos de una crisis por mes, 39 (55.7%) tenían deterioro y 31
(44.3%) no lo tenían. La comparación de ambos grupos mediante
Fisher dió una P= 0.7249 no significativa. Odds Ratio =0.8497
con 95% de intervalo de confianza: 0.4253 – 1.698 con
aproximación de Wolf no significativa..
Elevada frecuencia de crisis el último año (más de una crisis
por mes)
Coeficiente de inteligencia (CI): De 130 pacientes 34
(26.2%) tenían elevada frecuencia de crisis (más de una crisis
por mes) en el último año, de estos 23 (67.6%) tenían un CI
menor de 89 y 11 (32.4%) un CI mayor de 90. Con baja frecuencia
de crisis (menos de una crisis por mes) 96 pacientes (73.8%). De
estos 45 (46.9%) con un CI menor de 89 y 51 (53.1%) con un CI
mayor de 90. Se compararon los grupos mediante Fisher que dió
P=0.0462 considerada como significativa. Odds Ratio=2.370, con
95% de intervalo de confianza: 1.175 – 10.123 con aproximación
de Wolf, no significativa.
Índice de deterioro: De 34 pacientes (26.2%) con elevada
frecuencia de crisis en el último año, 22 (64.7%) tenían índices
de deterioro y 12 (35.3%) no tenían deterioro.
En 96 pacientes (73.8%) con baja frecuencia de crisis 40 (41.7%)
tenían deterioro y 56 (58.3%) sin deterioro. La comparación de
ambos grupos mediante Fisher mostró
P=0.0277, considerada significativa. Odds Ratio 2.567, con 95%
de intervalo de confianza: 1.139 – 5.782 con aproximación de
Wolf, no significativa.
Estado de mal epiléptico o más de 100 crisis en
un año
Coeficiente de inteligencia (CI): Del total de 130 pacientes
estudiados solo 18 (13.8%) habían referido en el curso de su
enfermedad más de 100 crisis o estado de mal epiléptico en un
año. De estos, 14 (77.8%) tienen CI menor de 89 y 4 (22.2%)
tienen CI mayor de 90. De los 112 sin este antecedente de más de
100 crisis en un año o presencia de estado de mal epiléptico, 54
(48.2%) tenían
CI por debajo de 89 y 58 (51.8%) CI por encima de 90. La
comparación entre ambos grupos mediante Fisher P=0.0230
considerada significativa un Odds Ratio =3.755 con 95% de
intervalo de confianza: 1.165 – 12.133 con aproximación de Wolf,
no significativa.
Índice de deterioro: Del total de 130 pacientes, 18 (13.8%)
referían elevada frecuencia de crisis. De estos, 7 (38.9%)
estaba sin deterioro y 11 (61.1%) tenían deterioro. De los 112
que no tenían este antecedente, 61 (54.5%) estaban sin deterioro
y 51 (45.5%) estaban con deterioro. La diferencia entre ambos
grupos mediante Fisher dió una P=0.3097 no significativa. Odds
Ratio= 0.532 con intervalo de confianza de 95%: 0.1922-1.473,
con aproximación de Wolf, no significativa.
Tipos de crisis de epilepsia
Coeficiente de Inteligencia (CI): De los 130 pacientes
estudiados, 20 (15.4%) tenían crisis generalizadas, 22 (16.9%)
crisis parciales y 88 (67.7%) crisis parciales secundariamente
generalizadas. De los 20 pacientes con crisis generalizada, la
mitad (50%) tenía CI por debajo de 89 y la otra parte, por
encima de 90. Resultados similares se vieron en los 22 que
tenían crisis parciales simples o complejas; sin embargo en el
grupo de los 88 que tenían crisis parciales secundariamente
generalizadas se observó que 47 (54%) tenían un CI más bajo,
mientras que 41 (46%) tenían un CI alto como se puede ver en el
Gráfico 1. La comparación de estos resultados mediante el Anova
F=70.188, P=0.0030 muy significativa lo que explica menor CI en
los pacientes con crisis parciales secundariamente generalizadas
que en los que tienen crisis parciales o generalizada solamente.
|
 |
|
Gráfico 1: Coeficiente de
inteligencia y tipos de crisis de epilepsia |
Índice de deterioro: De 20 con crisis
generalizadas,
11 (55%) tenían deterioro, mientras que 9 (45%) no lo
tenían. De 22 pacientes con crisis parciales, 11 (50%)
tenían deterioro y 11(50%) no lo tenían. De 88 pacientes con
crisis parciales secundariamente generalizadas, 46 (52.3%)
tenían deterioro y 42 (47.7%) no lo tenían (Gráfico
2). La comparación de los resultados mediante Anova dio,
F=224.60; P=0.005 muy significativa. Estos resultados
indican como causantes de deterioro -en mayor grado- a las
crisis parciales secundariamente generalizadas, más que las
parciales complejas (predominantes dentro de las parciales)
y las generalizadas.
|
 |
|
Gráfico 2: Indice de deterioro y
tipos de crisis de epilepsia |
Variables Psicosociales
Funcionamiento psicosocial global
De los 130 pacientes, según los resultados del Inventario
Psicosocial de Washington (WPSI), 66 (51.8%) tenían bueno o
aceptable el funcionamiento psicosocial global, mientras que
64 (49.2%) tenían malo o muy malo el funcionamiento
psicosocial.
Coeficiente de inteligencia (CI): de los 64 con mal
funcionamiento psicosocial 34 (53.12%) tuvieron un CI menor
de 89, mientras que 30 (46.9%) tuvieron un CI mayor de
901.10. De los 66 con buen funcionamiento psicosocial, 34
(51.5%) tenían CI por debajo de 89 y 32 (49.5%) CI por
encima de 90. Se compararon los grupos mediante Fisher y se
observó P=0.8626, no significativo. Odds Ratio=1.067. 95% de
intervalo de confianza: 0.5357 a 2.124, no significativo.
Índice de deterioro: De los 66 con buen funcionamiento
psicosocial 35 (53.1%) tenían deterioro, mientras que 31
(46.9%) estaban sin deterioro. De los 64 con mal
funcionamiento psicosocial, 31 (48.4%) estaban con deterioro
y 33 (51.6%) sin deterioro. La comparación entre ambos
grupos mediante Fisher dio P= 0.725, no significativo. Odds
Ratio= 1.202. con 95% de intervalo de confianza: 0.6036 a
2.393, no significativo.
Depresión
La depresión fue medida por el modelo CRS (Hamilton de
depresión), en 3 escalas: sin depresión, con depresión
ligera, depresión moderada y severa. Mostró a 79(60.7%)
pacientes de los estudiados sin elementos de depresión o con
elemento ligeros, mientras que 51(39.3%) pacientes tienen
depresión moderada o severa.
Coeficiente de inteligencia (CI): de los 79(60.7%)
Variables Psicosociales Funcionamiento psicosocial global De
los 130 pacientes, según los resultados del Inventario
Psicosocial de Washington (WPSI), 66 (51.8%) tenían bueno o
aceptable el funcionamiento psicosocial global, mientras que
64 (49.2%) tenían malo o muy malo el funcionamiento
psicosocial.
Coeficiente de inteligencia (CI): de los 64 con mal
funcionamiento psicosocial 34 (53.12%) tuvieron un CI menor
de 89, mientras que 30 (46.9%) tuvieron un CI mayor de
901.10. De los 66 con buen funcionamiento psicosocial, 34
(51.5%) tenían CI por debajo de 89 y 32 (49.5%) CI por
encima de 90. Se compararon los grupos mediante Fisher y se
observó P=0.8626, no significativo. Odds Ratio=1.067. 95% de
intervalo de confianza: 0.5357 a 2.124, no significativo.
Índice de deterioro: De los 66 con buen funcionamiento
psicosocial 35 (53.1%) tenían deterioro, mientras que 31
(46.9%) estaban sin deterioro. De los 64 con mal
funcionamiento psicosocial, 31 (48.4%) estaban con deterioro
y 33 (51.6%) sin deterioro. La comparación entre ambos
grupos mediante Fisher dio P= 0.725, no significativo. Odds
Ratio= 1.202. con 95% de intervalo de confianza: 0.6036 a
2.393, no significativo.
Depresión
La depresión fue medida por el modelo CRS (Hamilton de
depresión), en 3 escalas: sin depresión, con depresión
ligera, depresión moderada y severa. Mostró a 79(60.7%)
pacientes de los estudiados sin elementos de depresión o con
elemento ligeros, mientras que 51(39.3%) pacientes tienen
depresión moderada o severa.
Coeficiente de inteligencia (CI): de
los 79(60.7%) que no tenían depresión o que la tenían de
forma ligera, 37 (46.8%) tienen un CI menor de 89 y 42
(53.1%) un CI mayor de 90. De los 51 (39.3%) que tienen
depresión moderada y severa, 31(60.8%) tienen CI por debajo
de 89 y 20 (39.2%) por encima de 90. La comparación entre
ambos grupos realizado con Fisher mostró una P = 0.1508, no
significativo. Odds Ratio =0.5684 con un 95% de intervalo de
confianza: 0.278 a 1.162, no significativo.
Índice de deterioro: de los 79(60.7%)
pacientes sin depresión o con elementos de depresión, 46
(58.2%) no tenían deterioro y 33 (41.8%) tenían posible
deterioro
o deterioro definitivo. De los 51 pacientes con depresión
severa y moderada el 29 (56.9%) estaban sin deterioro y 22
(43.1%) estaban con posible deterioro o deterioro
definitivo. La comparación entre ambos grupos
mediante Fisher mostró P=0.1078, no significativo. Odds
Ratio=1.837 con un 95% de intervalo de confianza: 0.9014 a
3.746, no significativo.
Ansiedad
La ansiedad fue medida mediante el Hamilton en 5 escalas:
ausente, leve, media, fuerte y máxima o invalidante. Las dos
primeras escalas son consideradas dentro de los límites
normales, las restantes son tributarias de medidas
terapéuticas pues disminuyen la calidad de vida de los que
la tienen; solo la escala máxima es considerada invalidante.
En 130 pacientes, 66 (50.8%) no tenían ansiedad o con
ligeros signos de ansiedad, mientras que 64 (49.2%) tenían
ansiedad media o fuerte. Ningún paciente tuvo ansiedad
máxima.
Coeficiente de inteligencia (CI): De los 64 (49.2%)
pacientes que tenían ansiedad, 31 (48.4%) tenían CI por
debajo de 89, mientras que 33 (51.6%) lo presentaban por
encima de 90. De 66 (50.8%), con ansiedad media o fuerte, 37
(56.1%) tenían un CI por debajo de 89 y 29 (43.9%) por
encima de 90. La comparación entre ambos mediante Fisher dió
una P=0.4826,no significativa. Odds Ratio: 0.7363 con 95% de
intervalo de confianza: 0.3691 a 1.469.
Índice de deterioro: De 64 (49.2%)
pacientes con ansiedad 31 (48.4%) no tenían deterioro y 33
(51.6%) lo presentaban. Mientras que de 66 (50.8%) sin
ansiedad, 37 (56.1%) estaban sin deterioro y 29 (43.9%) con
deterioro. La comparación entre los grupos mostró un Fisher
P=0.4826, no significativo. Odds Ratio= 1.358 con 95% de
intervalo de confianza: 0.6809 a 2.709.
Psicosis
De los 130 pacientes, solo 13 (10%) tenían asociado
cuadro de psicosis crónica de tipo interictal.
Coeficiente de Inteligencia (CI): De los 13 (10%) pacientes
con psicosis 10 (76.9%) tenían CI por debajo de 89 y 3
(23.1%) por encima de 90; mientras que de los 117 (90%)
pacientes sin psicosis asociada, 58 tenían CI por debajo de
89 y 59 por encima de 90. La comparación de ambos grupos
mediante Fisher mostró P=0.0806, no significativa. Odds
Ratio = 3.391 con 95% de intervalo de confianza: 0.8874 a
12.956, no significativa.
Índice de deterioro: De los 13 (10%) con psicosis, 11
(84.6%) tenían deterioro y 2 (15.4%) no lo presentaban, al
comparar esto con el grupo de 117 (90%) sin psicosis, de los
cuales 51 (43.6%) tenían deterioro y 66 (56.4%) no lo
tenían. Podemos ver al comparar los resultados mediante
Fisher P=0.0069, considerada significativa. Odds Ratio =
7.118 considerado significativo con un 95% de intervalo de
confianza: 1.428 a 33.558.
Tratamiento antiepileptico
El tratamiento antiepiléptico de la población estudiada
se basa fundamentalmente en fármacos antiepilépticos
(FAE) convencionales; carbamazepina (CBZ), la fenitoina (PHT),
el fenobarbital(PB), el valproato de magnesio(VPA),
benzodiacepinas (BZ)como el clonazepam y el clobazam.
Estudio de FAE convencionales en monoterapia 97 (74.6%)
pacientes tomaban los medicamentos en forma
de monoterapia y 33 (25.4%) tomaban combinaciones de dos
medicamentos antiepilépticos. 63 (65 %) eran tratados
con carbamazepina, 17 (17.5%) con fenitoina y una cantidad
similar de 17 (17.5%) con valproato.
Coeficiente de inteligencia (CI): De los 17(17.5%) que
tomaban fenitoina, 9 (52.9%) tenían CI por debajo de 89 y 8
(47.1%) por encima de 90. De los 17(17.5%) que tomaban valproato de magnesio, 7 (41.2%) con CI por debajo
de 89 y 10 (58.8%) por encima de 90. De los 63 (65 %) que
tomaban carbamazepina, 28 (44.4%) tenían un CI por debajo de
89 y 35 (55.6%) por encima de 90. Al comparar
estos grupos mediante Anova, se obtuvo F=35.864 y P=0.008
muy significativa. Lo que sugiere que los que toman
fenitoina tiene tendencia a un CI más bajo que los que toman
carbamazepina y valproato (Gráfico 3).
|
 |
|
Gráfico 3: Relación del
coeficiente de inteligencia con los principales FAE
utilizados. |
Índice de deterioro: De los 17(17.5%)
pacientes que tomaban fenitoina, 7 (41.2%) estaban sin
deterioro y 10 (58.8%) presentaban deterioro. De los 17
(17.5%) pacientes con valproato, 10 (58.8%) estaban sin
deterioro y 7 (41.2%) lo presentaban. De los 63 pacientes
(65%) con carbamazepina, 35 (55.6%) estaban sin deterioro y
28 (44.4%) lo presentaban. La comparación de estos grupos
mediante Anova, F=31583 y P=0.0097 muy significativa
(Gráfico 4).
|
 |
|
4: Relación del índice
de deterioro con los principales FAE utilizados. |
Estudio de combinaciones de FAE
Coeficiente de inteligencia (CI): De 5 (3.8%) pacientes que
utilizaban combinación de fenitoina y carbamazepina, 3 (60%)
tenían CI por debajo de 89 y 2 (40%) por encima de 90. De 8
(6.2%) pacientes que tomaban carbamazepina más valproato, 4
(50.%) tenían IQ por debajo de 89 y un grupo igual por encima de
90. La comparación mediante Fisher dio P=1, considerada no
significativa. Odds Ratio=1.5 con 95% de intervalo de confianza:
0.1559 a 14.428,no significativo.
Índice de deterioro: De 5 (3.8%) pacientes
que utilizaban combinación de fenitoina y carbamazepina, todos
presentaban deterioro (100%); de 8 pacientes que tenían
combinación de carbamazepina y valproato de magnesio, 6 (75%)
tenían deterioro y 2 (25%) no lo tenían. La comparación entre
ambos grupos mediante Fisher, mostró P=0.0210 considerada
significativa Odds Ratio =28.6 considerado significativo, para
un intervalo de confianza de 95%: 1.117 a 732.13, muy
significativo.
Discusión
Según una de las leyes de la epidemiología, las enfermedades no
se asocian por simple azar, sino por un conjunto de factores de
riesgo que pueden provocar esta unión. Los principales factores
de riesgo presentes en el paciente con epilepsia y que pueden
inducir trastornos cognitivos son divididos en biológicos,
psicosociales y medicamentosos.2
Factores biológicos
En el estudio realizado fueron estudiados los antecedentes de
enfermedades o noxas cerebrales tales como las distocias del
parto, los traumas cráneo encefálicos severos y moderados, las
encefalitis y el alcoholismo crónico, debido a que estos pueden
producir lesiones cerebrales que conduzcan a la epilepsia y a
trastornos cognitivos. En los resultados vemos que de estas,
solo el alcoholismo crónico fue relacionado con un CI bajo y un
índice de deterioro positivo, lo que ha sido descrito como un
“insulto cerebral” causado por el alcoholismo y no por la
epilepsia.9,10
Los pacientes que iniciaban sus crisis de
epilepsia por debajo de los 15 años de edad tenían con mayor
frecuencia CI por debajo de 89 que los que comenzaban sus crisis
por encima de esta edad, con una probabilidad 2 veces mayor de
tener un CI bajo, lo que justifica que en esta etapa de la vida
(por debajo de los 15 años) las crisis de epilepsia producen
alteraciones que pueden detener el desarrollo de la inteligencia
y del CI.2, 6
También, los pacientes con más de 10 años de
evolución de las crisis de epilepsia al ser comparados con los
que tenían menos de este tiempo, presentaron tendencia a tener
un CI por debajo de 89, con una probabilidad dos veces mayor, lo
que se relaciona con el principio de que a mayor tiempo de
evolución de las crisis debe de existir mayor deterioro. A esto
se superpone el impacto negativo de las crisis por si mismas, un
mayor tiempo con el tratamiento antiepiléptico y más actividad
patológica interictal.11,13
La elevada frecuencia de las crisis en diferentes
momentos de la vida del paciente puede repercutir en la
cognición de estos y provocar deterioro. En el estudio realizado
la frecuencia de las crisis fue evaluada en tres aspectos
diferentes.
Así, se observan más pacientes con bajo CI en
aquellos con alta frecuencia de las crisis al inicio de la
enfermedad. La probabilidad de estos pacientes de tener bajo CI
era 3 veces mayor. Los que tenían antecedentes de haber sufrido
más de 100 crisis al año o estado de mal epiléptico en algún
momento de la enfermedad cursaban en su mayoría con CI bajo y
una probabilidad 3.7 mayor de tener el CI por debajo de 89.
Mientras que aquellos con elevada frecuencia de las crisis un
año antes del estudio, parecían los más afectados al tener más
pacientes con CI por debajo de 89 y también con ID positivo,
ambos con una probabilidad mayor de dos. Si se toma en cuenta
que la elevada frecuencia de las crisis siempre alterará el CI
coincidimos con una revisión de nueve estudios longitudinales
que miden el funcionamiento intelectual de niños con pobre
control de las crisis de epilepsia, que encuentra en todos los
estudios una disminución del coeficiente de inteligencia.14 Hay
más consenso en considerar que más que la frecuencia de los
episodios ictales está la severidad de estos,15,18 mientras que
hay un artículo que no encuentra ningún vínculo entre el
deterioro y la frecuencia de las crisis.19 En cuanto al estado
de mal epiléptico y el deterioro a largo plazo, hay quien lo
apoyan o lo rechazan.19,20
Una de las variables más discutida es la de los
tipos de crisis de epilepsia y su deterioro. Las crisis de
epilepsia generalizadas (tónicas, clónicas o tónicas clónicas)
se asocian más al deterioro cognitivo,21 incluido IQ total, lo
que estaría agravado por los consecuentes traumas craneales. En
los casos estudiados vemos más pacientes con CI bajo en aquellos
pacientes con crisis parciales que secundariamente se
generalizan y mayor índice de deterioro en las crisis
generalizadas y crisis parciales secundariamente generalizadas.
Hay trabajos que defienden que en los pacientes con epilepsias
parciales del lóbulo temporal hay mayor tendencia al deterioro
cognitivo,22 esto no es excluido en nuestros pacientes donde
eran predominante la crisis parciales complejas secundariamente
generalizadas propias de este tipo de epilepsia.
Factores psicosociales
El factor social puede ser un elemento positivo
de deterioro al no permitir al paciente con epilepsia una
educación y aprendizaje adecuados en los conocidos períodos
“críticos” del menor. Aunque no se tienen datos sobre la
frecuencia de este fenómeno, se conoce de padres que “cuidan a
sus hijos de la sobrecarga del aprendizaje” pues piensan que con
esto pueden “evitar las crisis”. No obstante, estos factores son
importantes en la aparición del deterioro y se señala en general
cómo las relaciones familiares con los padres, los maestros y
las restricciones que reciben estos enfermos de niño son capaces
de provocar deterioro.23,25 Las escalas psicosociales o de
calidad de vida como la aplicada en nuestro estudio, no muestra
diferencia entre los aspectos psicosociales de la calidad de
vida entre los que tienen un CI bajo, o un índice de deterioro
positivo y los que no lo tienen, lo que evidencia un buen
funcionamiento social en estos casos.
La asociación de enfermedades psiquiátricas
(depresión, ansiedad y psicosis) al deterioro en pacientes con
epilepsia es un tema que ha sido tratado al correlacionar los
fenómenos cognitivos con los de la conducta. Mientras que, aún
cuando el daño de las funciones cognitivas por mínima que sea
tiene asociada depresión -y resulta un hecho estructuralmente
demostrado,26 como se observa al inicio de los casos con
Alzheimer,27,29 en nuestros casos con trastornos cognitivos no
se observa relación con los estados depresivos, lo consideramos
que es debido a la muestra utilizada que marcó una diferencia
clínica pero no estadística.
En nuestro grupo estudiado el ID positivo fue
mayor para los pacientes con psicosis interictales, los que
llegaban
a una probabilidad 7 veces mayor de tener deterioro, lo que ha
sido planteado un trabajo anterior que evidenció en estos
paciente con epilepsia y psicosis un deterioro de las funciones
frontales.30
Medicamentos
Los efectos negativos sobre de la medicación
antiepiléptica fueron advertidos desde 1942 por Lennox quien
llegó a plantear con solo escasos fármacos antiepilépticos
descubiertos hasta este momento (barbitúricos y fenitoina):
“Algunos terapeutas, con el fin de extinguir las crisis, sólo
tienen éxito en ahogar los procesos intelectuales más finos de
sus pacientes”.29 Este tema ha sido motivo de interesantes
estudios que se han discutido en los últimos años con la
medicación convencional (fenitoina, fenobarbital, carbamazepina,
benzodiacepina y ácido valproico) y con la nueva
medicación.31,51
En nuestro estudio se observan más pacientes -con
CI menor de 89 o con índice de deterioro- en aquellos que toman
fenitoina, en comparación con los que toman valproato y
carbamazepina. Es conocido que entre los llamados
antiepilépticos de primera línea, el fenobarbital (PHB)33,34,36
y la fenitoina (PHT)35,36 -aunque son los más utilizados por su
bajo costo- son considerados más dañinos que la
carbamazepina36,37 y el ácido valproico.36 Se considera que se
puede prevenir el deterioro de la fenitoina mediante el uso de
bajas dosis y dosificaciones en plasma;28 no obstante ninguno de
nuestros pacientes, con deterioro o con CI bajo y uso de
fenitoina estaba sometido a una dosis elevada de medicamentos.
Otros efectos descritos de tipo adversos sobre la cognición
producidos por el ácido valproico del orden de las
encefalopatías38,40 tampoco fue observada en nuestro estudio.
La utilización de mezclas o combinaciones de
antiepilépticos fue establecida por separado para resaltar que
la combinación de carbamazepina con ácido valproico era más
inofensiva para la cognición, que la de fenitoina con
carbamazepina que si provocaba un elevado índice de deterioro en
casi la totalidad de los pacientes que la utilizaban con una
probabilidad 28 veces mayor de tener deterioro.41
Mucho se ha escrito sobre la discreta acción de
toxicidad de los nuevos fármacos antiepilépticos sobre la
cognición.42,51 Aunque en nuestro estudio hemos incluido solo
pacientes con medicación antiepiléptica convencional, debemos
advertir que en la actualidad se describen efectos adversos
cognitivos y conductuales en algunos de estos y se insiste
principalmente con el topiramato.42,48,51
De los 16 factores de riesgo estudiados de
carácter biológico, psicosocial o medicamentoso, 10 de ellos
parecen afectar el desarrollo de la inteligencia y agrupan más
pacientes con CI por debajo de 89 o tienen más pacientes con un
ID positivo, lo que indica que hay una disminución o merma en la
funciones de inteligencia. Solo en cuatro de estos factores
coincidían ambos índices (CI e ID) alterados, estos son: los
pacientes que tienen antecedentes de alcoholismo crónico, la
elevada frecuencia de crisis en el último año de la enfermedad,
las crisis parciales secundariamente generalizadas y el uso de
la fenitoina o difenilhidantoina.
Estos factores de riesgo pudieran servir como
“indicadores” para evaluar periódicamente a estos pacientes y
constatar el pronóstico evolutivo del deterioro encontrado, el
que será diferente si los factores de riesgo encontrados actúan
como “interferencia” o como “lesión estructural”. También estos
indicadores pueden ser de utilidad, ya que al actuar sobre el
control de estos, se puede lograr detener o revertir los
hallazgos encontrados en los mismos.
Referencias
1. Caramelli P, Martins Castro H. Dementia
Associated with Epilepsy. International Psychogeriatrics. 2005.
17 (suppl1): 195-206.
2. Blumer DP, Hermann BP. Behavioral and emotional adjustment in
epilepsy. Issues in epilepsy and quality of life. Landover:
Epilepsy. Foundation of America; 1993. p. 1-8.
3. Binnie CD. Cognitive impairment—Is it inevitable?. Seizures,
1994. Dic; 3. Suppl A: 17 – 21; discussion 21 -2.
4. Ure J. Deterioro cognitivo en pacientes epilépticos. Revista
Argentina de Neuropsicología. 2004; 2, 1-14.
5. Brown S. Deterioration. Epilepsia. 2006; 47(Suppl. 2):19–23.
6. Campos – Castello J. Neuropsicología de la epilepsia: ¿qué
factores están implicados? Rev Neurol 2006; 43 (Supl 1):
S59-S70.
7. Wechsller., D. La medición de la Inteligencia Adulto. 83-105.
Cultura, S.A. La Habana, Cuba, 1955.
8. Quintana Mendoza JD, Gonzalez Pal S, González Rodríguez C.
Wais como instrumento evaluador del deterioro cognitivo en las
psicosis epilepticas. Psiquiatria. com com [revista electrónica]
Vol 8 No 3. Sep 2004[citado, 12/9/04]. URL www.psiquiatria.com/psiquiatria/revista/131/16079/?++interactivo.
9. Bolet Astoviza M, Socarras Suarez MM.. El alcoholismo,
consecuencias y prevención. Rev Cubana Invest Bioméd. [online].
ene.-mar. 2003, vol.22, no.1 [citado 19 Mayo 2007], p.0-0.
Disponible en : http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-03002003000100004&lng=es&nrm=iso>.
ISSN 0864-0300.
10. González Pal S, Quintana Mendoza JD, González Delgado E,
Fabelo Roche JR, González Rodríguez C, Iglesias Moré S. Análisis
de variables relacionadas con el índice de deterioro cognitivo
del Wais en un grupo de pacientes con epilepsia. Pendiente de
Publicación en Revista del HPH (electrónica).
11. Jokeit H, Ebner A. Long term effects of refractory temporal
lobe epilepsy on cognitive abilities: a cross sectional study. J
Neurol Neurosurg Psychiatry 1999;67:44–50.
12. Stefan H, Pauli E. Progressive cognitive decline in epilepsy:
an indication of ongoing plasticity. Prog Brain Res
2002;135:409–17. Dikmen S, Matthews CG. Effect of major motor
seizure frequency upon cognitive-intellectual functions in
adults. Epilepsia 1977;18:21–9.
13. Dodrill CB. Neuropsychological effects of seizures. Epilepsy
Behav 2004;5(suppl 1):S21–4.
14. Jokeit H, Ebner A. Effects of chronic epilepsy on
intellectual functions. Prog Brain Res 2002;135:455–63.
15. Dodrill CB. Correlates of generalized tonic-clonic seizures
with intellectual, neuropsychological, emotional, and social
function in patients with epilepsy. Epilepsia 1986;27:399–411.
16. Oyegbile TO, Dow C, Jones J, et al. The nature and course of
neuropsychological morbidity in chronic temporal lobe epilepsy.
Neurology 2004;62:1736–42.
17. Dodrill CB, Troupin AS. Seizures and adaptive abilities: a
case of identical twins. Arch Neurol 1976;33:604–7
18. Holmes MD, Dodrill CB, Wilkus RJ, et al. Is partial epilepsy
progressive? Ten-year follow-up of EEG and neuropsychological
changes in adults with partial seizures. Epilepsia 1998;39:1189–
93.
19. Thompson PJ, Duncan JS. Cognitive Decline in Severe
Intractable Epilepsy. Epilepsia, 46(11):1780–1787, 2005.
20. Hoffmann AF, Zhao Q, Holmes GL. Cognitive impairment
following status epilepticus and recurrent seizures during early
development: support for the “two-hit hypothesis.” Epilepsy
Behav 2004;5:873–7.
21.Thompson PJ, Duncan JS. Cognitive Decline in Severe
Intractable Epilepsy. Epilepsia, 46(11):1780–1787, 2005.
22. Arzimanogloiu A, Aldenkamp A, Cross H, Lassonde M, Moshé
SL,Schmitz B. Cognitive dysfunction in children with temporal
lobe epilepsy. Progress in epileptic disorders. Vol. 1. Esher:
John Libbey-Eurotext;2005.
23. Austin JK, Huberty TJ, Huster GA, et al. Neuropsychological
predictors of academic underachievement in children with
epilepsy or asthma. Dev Med Child Neurol 1998: 40: 248 – 55.
24. Fastenau PS, Shen J, DunnDW, et al. Neuropsychological
predictors of academic underachievement in pediatric epilepsy:
moderating roles of demographic, seizure, and psychosocial
variables. Epilepsia 2004;45:1261–72.
25. Aldenkamp AP, Weber B, Overweg-Plandsoen WC, et al.
Educational underachievement in children with epilepsy: a model
to predict the effects of epilepsy on educational achievement. J
Child Neurol 2005;20:175–80.
26. Papazian O, Alfonso I, Luzondo RJ. Trastorno de las
funciones ejecutivas. Rev Neurol 2006; 42: S 45 – S50
27. Baquero M, Blasco R, Campos-García A, Garcés M, Fages EM,
Andreu-Català M. Estudio descriptivo de los trastornos
conductuales en el deterioro cognitivo leve. Rev neurol 2004; 38
(4): 323-326.
28. Vilalta-Franch J, Llinàs-Reglà J, López-Pousa S. Cognición y
depresión. Rev Neurol 1998; 27: 581-4.
29. Cornaggia CM, Beghi M, Provenzi M, Beghi E. Correlation
between cognition and behavior in epilepsy. Epilepsia. 2006;47
Suppl 2:34-9.
30. Gonzalez - Pal S, Faure A, Quintana J, Fabelo R, Dominguez
me, Gomez – Plasencia R, Sánchez MJ. Disfunción del lóbulo
frontal en pacientes con epilepsia y psicosis crónica. Rev
Neurol 1999; 28 (3): 219 – 223.
31. Lennox WG. Brain injury, drugs an environment as causes of
mental delay in epilepsy. Am J Psychiatry 1942; 99: 174-80.
32. Herranz JL. Medicamentos antiepilépticos y función
cognitiva. An Esp Pediatr 1992; 36 (Supl 49): S207-11. 24.
33. Drane DL, Meador KJ, Cognitive and behavioral effects of
antiepileptic drugs. Epilepsy Behav 2002; 3:49 – 53.
34. Mattson RH, Cramer JA. Phenobarbital: toxicity. In Levy RH,
Dreifuss FE, Mattson RH, Meldrum BS, Penry JK, eds.
Antiepileptic drugs. 3 ed.New York: Raven Press; 1989. p.
341-55.
35. Leppik IE, Cloyd JC. Primidone: toxicity. In Levy RH,
Dreifuss FE, Mattson RH, Meldrum BS, Penry JK, eds.
Antiepileptic drugs. 3 ed.New York: Raven Press; 1989. p.
439-45.
36. Reynolds EH. Phenitoin: toxicity. In Levy RH, Dreifuss FE,
Mattson RH, Meldrum BS, Penry JK, eds. Antiepileptic drugs. 3 ed.
New York: Raven Press; 1989. p. 241-55.
37. Herranz JL, Armijo JA, Arteaga R. Clinical side effects of
phenobarbital, primidone, phenytoin, carbamazepine, and
valproate during monotherapy in children. Epilepsia 1988; 29:
794-804.
38. Sillampä M. Carbamazepine. Pharmacology and clinical uses.
Acta Neurol Scand 1981; 64 (Suppl 88): S1-202.
39. Zanet BS, Cohen RA. Reversible valproic acid-induced
dementia: a case report. Epilepsia 1986; 27: 234-40.
40. Guerrini R, Belmonte A, Canapicchi R, Casalini C, Perucca E.
Reversible pseudoatrophy of the brain and mental deterioration
associated with valproate treatment. Epilepsia. 1998 Jan;39(1):27-32.
41. Sato S. Benzodiazepines: clonazepam. In Levy RH, Dreifuss
FE, Mattson RH, Meldrum BS, Penry JK, eds. Antiepileptic drugs.
3 ed. New York: Raven Press; 1989. p. 765-84
42. Armijo JA, J.L. Herranz. Politerapia racional en epilepsia.
III. Posibles asociaciones de antiepilépticos. Rev neurol 2007;
45 (4): 236-244
43. Marciani, M.G., Stanzione, P., Mattia, D. et al. Lamotrigine
add-on therapy in focal epilepsy: electroencephalographic and
neuropsychological evaluation. Clinical Neuropharmacoly 1998;
21, 41-47.
44. Messenheimer JA, Giorgi L, Risser ME. The tolerability of
lamotrigine in children. Drug Saf 2000; 22: 303-12.
45. Culy CH, Goa KL. Lamotrigine: a review of its use in
childhoodepilepsy. Paediatric Drugs 2000; 2: 299-330.
46. Chadwick D. Gabapentin. In Trimble MR, ed. New
anticonvulsants. Chichester:Wiley; 1994. p. 75-90.
47. Leach, J.P., Girvan, J., Paul, A. y Brodie, M.J. Gabapentin
and cognition: a double blind, dose ranging, placebo controlled
study in refractory epilepsy. J Neurol Neurosurg Psychiatry
1997; 62, 372-376.
48. Sachdeo R, Kramer LD, Rosenberg A, Chadwick D, Cooper P,
Doelman J. Felbamate monotherapy: controlled trial in patients
with partial onset seizures. Ann Neurol 1992; 32: 386-92.
49. Baeta, E.M., Santana, I.M., Castro, G. et al. Topiramate
therapy in patients with intractable epilepsy: cognitive effects.
Epilepsia 2000, 41 (Suppl. 7), S234.
50. Aldenkamp AP, Baker G, Mulder E, Chadwick D, Cooper P,
Declman J. A multicenter, randomized clinical study to evaluate
the effect on cognitive function of topiramate compared with
valproate as add-on therapy to carbamazepine in patients with
partial-onset seizures. Epilepsia 2000; 41: 1167-78.
51. Reyfe RA, Pledger G, Doose D, Lim P,Ward C. Relationship of
steadystate plasma topiramate (TPM) concentration to clinical
efficacy and tolerability. Epilepsia 1995; 36 (Suppl 3): S152.