Introducción
Los gliomas comprenden un grupo heterogéneo de
tumores derivados de las células gliales, que incluyen a los
astrocitomas, ependimomas, oligodendrogliomas y otras variantes
poco frecuentes.1 En la edad pediátrica y también en la adultez
forman el conjunto de tumores primarios
más frecuentes del sistema nervioso,2 representando
el 71 % de los tumores intracraneales en los pacientes menores
de 9 años.3
Entre los tumores primarios del sistema nervioso,
los tumores astrocitarios son los más frecuentes en la infancia
(30-40 %). Ellos muestran un amplio espectro de malignidad
que va desde tumores de bajo grado (astrocitoma pilocítico,
astrocitoma subependimario de células gigantes,
xantoastrocitoma pleomórfico) que se presentan como lesiones
circunscritas, hasta tumores de mayor grado que se presentan
como lesiones difusas que resultan más agresivas
y cuyo extremo maligno lo representa el glioblastoma
multiforme.4,5
Los astrocitomas constituyen un alto reto
diagnóstico por la diversidad clínico-patológica, patrón de
crecimiento y comportamiento biológico. La clasificación
histogenética
de los astrocitomas hace referencia a las características
moleculares y citogenéticas de estos tumores, sin embargo
todavía se caracterizan fundamentalmente por sus rasgos
histológicos.6,10 La Organización Mundial de la Salud (OMS)
establece la gradación histológica de los astrocitomas
en cuatro categorías (I, II, III y IV), teniendo en cuenta
los siguientes criterios: densidad celular, pleomorfismo
nuclear, mitosis, hiperplasia vascular y necrosis.6
Cuando se imbrican las clasificaciones
citogenética y por grados histológicos resulta que el
astrocitoma pilocítico y el astrocitoma subependimario de
células gigantes correponden al tumor astrocitario grado I; los astrocitomas fibrilar, gemistocítico
y protoplásmico, y el xantoastrocitoma pleomórfico corresponden
al grado II; el astrocitoma anaplásico corresponde
al grado III y por último, el glioblastoma multiforme representa
el grado IV.6,9,10 En este trabajo se hace referencia a ambas
clasificaciones.
Después de los astrocitomas, los gliomas más
frecuentes son los tumores ependimarios, que muestran
transformación neoplásica de las células derivadas del epéndimo.
Ellos representan
alrededor del 10% de los tumores intracraneales infantiles con
mayor incidencia y peor pronóstico en los niños
menores de 3 años.6,11,12 Los tumores ependimarios suelen
localizarse en el 4to ventrículo,13 a lo largo del sistema
ventricular o pueden aparecer en otras localizaciones como los
hemisferios cerebrales,14,15 inclusive alejados del sistema
nervioso central.16
En los ependimomas se han descrito variantes
histológicas,
que van desde tumores grado I como el subependimoma y el
ependimoma mixopapilar, pasando por el ependimoma clásico y sus
variantes que se incluyen en el grupo II, hasta tumores
grado III representados por el ependimoma anaplásico. Los
parámetros histológicos que indican anaplasia en otros tumores
se interpretan en los ependimomas de manera divergente
por distintos autores.6
En orden decreciente de frecuencia de los
gliomas, después
de los ependimomas aparecen los oligodendrogliomas. Estos son
tumores constituidos por células de morfología similar
a los oligodendrocitos. Se definen dos grupos según el grado de
malignidad: oligodendroglioma grado II y oligodendroglioma
anaplásico (grado III)6
Los criterios histológicos utilizados en los
tumores oligodendrogliales
anaplásicos incluyen el incremento de la celularidad,
la atipia citológica y la actividad mitótica, aunque está sujeto
a interpretaciones variables entre patólogos.17 En tanto, rasgos
de malignidad como son la proliferación microvascular
y la necrosis, considerados como definitorios del alto grado en
otros tumores, pueden estar o no presentes en los oligodendrogliomas anaplásicos.
Aún menos frecuentes son los oligoastrocitomas,
compuestos
por células tumorales astrocitarias conjuntamente con
oligodendrogliales en proporciones variables,6 que pueden tener,
además, diferenciación ependimaria. Se clasifican según
el grado de malignidad en oligoastrocitoma grado II y
oligoastrocitoma anaplásico (grado III) y pueden presentar dos
patrones morfológicos: un patrón bifásico, con un componente
oligodendroglial y otro astrocitario, y un patrón difuso con
células tumorales de características transicionales entre el
fenotipo oligodendroglial y el astrocitario.6,17,18
Un aspecto de considerable valor para el estudio
de todos
estos tumores es la representatividad de la muestra. En
ocasiones no se extirpan en su totalidad por razones diversas,
lo cual puede falsear el resultado final del análisis.
En los tumores oligodendrogliales anaplásicos (oligodendroglioma
anaplásico y oligoastrocitoma anaplásico) la biología molecular
ha hecho aportes importantísimos, pues a pesar de la presencia
de características histológicas que evidencian malignidad, se ha
demostrado que la codeleción
1p 19q confiere mejor respuesta a la quimioterapia y por tanto,
mejor pronóstico.17,19
En este trabajo se incluyó también la gliomatosis
cerebri
y se excluyó el astroblastoma pues sus origen aún no se ha
esclarecido.6,20
Materiales y Métodos
Se presentan 233 pacientes con el diagnóstico de gliomas,
atendidos en el Hospital Pediátrico “Juan Manuel
Márquez”, Ciudad de la Habana, Cuba, en el período
comprendido desde Diciembre 1989 hasta Diciembre 2006. Para ello
se revisaron los archivos computarizados del departamento de
Anatomía Patológica.
Las muestras de tumores fueron recibidas en
fresco y fijadas en formol al 10%. Siguieron el curso habitual
de inclusión
en parafina, corte y tinción con hematoxilina y eosina.
Algunos casos cuyo diagnóstico exigía
inmunohistoquímica,
se enviaron al Centro de Referencia Nacional de Anatomía
Patológica. La evaluación histológica de todos los tumores
fue realizada por especialistas de Anatomía Patológica de
nuestro hospital, diagnosticándose según los grados histológicos
de diferenciación y la clasificación histogenética de los
tumores del sistema nervioso central de la OMS 2007.6
Resultados
Los 233 gliomas analizados en este trabajo representan
49,6% del total de tumores del sistema nervioso diagnosticados
en nuestro centro. Quedaron excluidos 10 pacientes
con tumores posiblemente gliales de localización en el tallo
cerebral, de los cuales no se pudo conseguir confirmación
histológica.
En el gráfico 1 se expone la distribución de los
tumores
gliales según la localización en el neuroeje y el sexo. La
ubicación de los gliomas de esta serie fue encefálica en 95,3% y
medular en 4,7%.
El gráfico 2 muestra la gradación histológica de
los tumores
gliales según los grupos de edades. En nuestra serie los gliomas
más representados fueron los grado II con 36%, seguidos de los
gliomas grado I con 30,5% los gliomas grado III con 28,7% y
finalmente los gliomas grado IV con 2,6%.
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Gráfico 1: Distribución de tumores gliales según
localización y sexo |
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Gráfico 2: Distribución de tumores gliales según
grabación histológica y grupos de edades |
Por grupos de edades, los menores de 1 año
constituyeron
9% de los gliomas; 32,2% entre 1 y 5 años; 33,9% entre 6 y 10 y
24,9% en mayores de 10 años.
Hubo 5 gliomas (2,2%) que no se clasificaron por
grados ni variedad histológica porque las muestras fueron muy
pequeñas
y correspondieron a tejido nervioso en el que solo se pudo
definir la presencia de células gliales tumorales.
La Tabla 1 muestra las variedades y gradación
histológica de los tumores astrocitarios y oligodendrogliales
según su localización en el neuroeje. Predominó el astrocitoma
pilocítico
en nervio óptico (81,8%), el cerebelo (75,4%) e hipotálamo
(62,5%); el astrocitoma fibrilar fue el más común en médula
espinal (57,1%) y el astrocitoma anaplásico fue el más frecuente
en el tálamo (58,8 %), tallo cerebral (38,5 %) y en hemisferios
cerebrales (35,1 %).
Los tumores ependimarios se localizan
habitualmente a lo largo del sistema ventricular y se presentan
en la Tabla 2.
De un total de 58 tumores ependimarios, en 93,1%
la ubicación fue encefálica y en el resto fue en la médula
espinal. De los encefálicos, 53,6% fueron infratentoriales y el
resto supratentoriales.
Teniendo en cuenta la gradación histológica y su
localización,
los tumores ependimarios grado I fueron los mas frecuentes
a nivel de la médula espinal (75%), los ependimomas grado II
predominaron en el cuarto ventrículo (77,4%) y los ependimomas
grado III fueron los más comunes en los ventrículos
laterales (60%) y el III ventrículo (66,7%).
Discusión
En esta serie los tumores gliales representan 49,6% del total de
los tumores cerebrales, con predominio de los encefálicos
con relación a los de la médula espinal. Esto es similar a lo
observado en otras series grandes.6,13, 21,24
De los gliomas encefálicos, se observó mayor
cantidad en localización supratentorial que infratentorial,
hecho éste que difiere de lo reportado en la literatura.25,26
Tanto en los gliomas de localización encefálica
como los de la médula espinal predominó el sexo masculino,
conforme a lo descrito por otros autores (27,28), siendo la
proporción de 1.3:1(Gráfico 1).
Al clasificar los tumores gliales según los
grados histológicos
de diferenciación fueron más frecuentes los gliomas (I y II) con
66.5%, que los gliomas (III y IV) con 33.3%, similar a lo
reportado en series análogas.29,30
El grupo de edad más afectado fue el de 6 a 10
años (33,9%).
A continuación se analizan los gliomas según el
origen celular de los mismos.
Tumores astrocitarios
El mayor grupo de tumores astrocitarios de esta serie
corresponde a los astrocitomas pilocíticos, que constituyen el
68,3% de este tipo de tumor y el 75,4% de los tumores gliales
ubicados en el cerebelo. Esto concuerda con lo encontrado en
otros trabajos.31,32 Resulta importante señalar que los astrocitomas
pilocíticos localizados en cerebelo se comportan biológicamente
como una neoplasia benigna, totalmente resecable y sin
recidivas. Sin embargo cuando los astrocitomas pilocíticos
se localizan en hemisferios cerebrales o médula espinal,
dependiendo de la estructura específica donde se ubican y del
tamaño alcanzado en el momento del diagnóstico, pueden aparecer
recidivas que ensombrecen el pronóstico.
El astrocitoma anaplásico fue el segundo en
frecuencia
en esta serie, siendo la variedad más frecuente que se presenta
en los hemisferios cerebrales, tallo cerebral
y en la región del tálamo.
Los astrocitomas fibrilares se ubicaron en tercer
lugar de frecuencia en esta serie, predominando en los
hemisferios cerebrales y siendo el tipo más frecuente del total
de tumores que se observaron en la médula espinal.
Los astrocitomas protoplásmicos constituyen una
variedad poco común33 y en esta serie se observaron
exclusivamente en los hemisferios cerebrales.
La mayoría de los glioblastomas de esta serie se
ubicaron en los hemisferios cerebrales, contrario a lo ocurrido
con los astrocitomas gemistocíticos, que se presentaron a lo
largo del neuroeje, dato éste que concuerda con otro trabajo.34
El astrocitoma subependimario de células gigantes
se presentó en la región talámica en dos pacientes con
esclerosis tuberosa, como ocurre habitualmente.35,36
La gliomatosis cerebri se observó ocupando tres
lóbulos de un hemisferio cerebral, como se describe
típicamente.37
El xantoastrocitoma pleomórfico se presentó en el
cerebelo, localización muy rara, pero reportada por otros
autores.38
En el análisis de los tumores astrocitarios por
grado histológico y localización, en esta serie se observó que
el más frecuente fue el grado I, localizado fundamentalmente en
el cerebelo. El grado I también fue el más común en hipotálamo y
nervio óptico. En médula espinal predominó el grado II. En los
hemisferios cerebrales, el tálamo y tallo cerebral, el grado III
fue el más frecuente en esta serie. El grado IV predominó en los
hemisferios cerebrales (Tabla 1).
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Tabla
1: Distribución de Gliomas de origen
oligodendroglial y astrocitario según variedad,
gradación histológica y localización |
Tumores ependimarios
Al analizar los tumores ependimarios según sus variantes
morfológicas (Tabla 2), se observa que el mayor grupo
corresponde a los ependimomas clásicos, sobre todo aquellos que
se ubican en la fosa posterior, en la región del 4to ventrículo,
que constituyen 74,1% de este tipo de tumor y 64,5% de los
tumores ependimarios ubicados en localización infratentorial.
Esto coincide con lo reportado en otros trabajos.6,11,39
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Tabla
2: Distribución de Ependimomas según variedad,
gradación histológica y localización |
El ependimoma anaplásico fue el segundo en
frecuencia en esta serie, mostrándose como la variedad más
frecuente en localización supratentorial.
Los ependimomas mixopapilares de esta serie se
ubicaron en tercer lugar de frecuencia, presentándose
exclusivamente en el filum terminal de la médula espinal, como
es habitual.6 Con la misma frecuencia se presentaron los
ependimomas celulares, situándose solamente en el 4to
ventrículo.
Los subependimomas siguieron en frecuencia,
ubicados como nódulos subependimarios aledaños a los ventrículos
laterales, como casi siempre ocurre.6
El ependimoma papilar fue el último en frecuencia
en esta serie, que se presentó como una masa que protruye a los
ventrículos laterales.
Al relacionar la clasificación histogenética con
la gradación histológica debemos señalar que para esta última,
algunos autores consideran que en ependimomas Grado II pueden
verse focos de necrosis sin empalizada, sin que aparezcan otros
parámetros que indican anaplasia.6,9
Tumores oligodendrogliales
En este grupo se incluyen a los oligodendrogliomas y los
oligoastrocitomas. De ellos los más frecuentes en esta serie son
los oligodendrogliomas grado II que representan 3,4% del total
de gliomas, coincidiendo con otros reportes.40 Le sigue el
oligoastrocitoma grado II y el oligoastrocitoma anaplásico
(grado III) respectivamente, los que se presentaron
mayoritariamente en hemisferios cerebrales (Tabla 1).
Conclusiones
Los tumores encefálicos fueron más frecuentes que los medulares,
con predominio de los supratentoriales sobre los
infratentoriales. El sexo más afectado fue el masculino, con
predominio del grupo de 6 a 10 años. La variedad histológica más
frecuente fue el astrocitoma pilocítico y el grado histológico
más común fue el glioma grado II.
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