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Sir David Ferrier (1843 - 1928)
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Muchos investigadores se han ocupado
del problema del cerebro como sustrato de la actividad
motora, sensorial o psíquica y también de un aspecto
asociado: la localización de las funciones en la corteza
cerebral.
Ya Hipócrates y Croton (siglo V a.n.c)
señalaron que el cerebro es el órgano del raciocinio o
“director del espíritu”. Después, Galeno (siglo II a.n.c.)
intentó precisar la relación entre la vida espiritual y
el cerebro en un primer ensayo que planteó el problema
de la “localización” directa de los fenómenos psíquicos
en las estructuras del cerebro.
En la Edad Media, Leonardo Da Vinci
conservó la idea de la “localización” de las capacidades
psíquicas básicas de los tres ventrículos del cerebro.
Descartes en 1686 estimaba que el centro psíquico estaba
en la glándula pineal, mientras Willis (1664) lo
estimaba en el cuerpo estriado y Vieussens (1685) en la
masa de la sustancia blanca de los hemisferios. El
anatomista alemán L. CH. A. Mayer (1779) fue el primer
científico que intentó enfocar diferenciadamente la
localización de las capacidades de la sustancia
cerebral; sin embargo, F.G. Gall fue quien estudió las
distintas funciones mentales en áreas cerebrales
aisladas, siendo el autor de la concepción según la cual
cada facultad psíquica se apoya en grupos zonales
(celulares) de la corteza cerebral.
Flourens, en 1824, planteó una
hipótesis similar basada en experimentos fisiológicos
destruyendo áreas de los hemisferios de las aves. Dicha
hipótesis de la localización de las funciones tuvo su
confirmación en abril de 1861 cuando Broca, en París,
exhibió el cerebro de su primer paciente que en vida
padecía trastornos del lenguaje articulado; en la
autopsia se descubrió una lesión en el tercio posterior
de la circunvolución frontal inferior del hemisferio
izquierdo. Esto estimuló la investigación y en 1874
Wernicke descubrió un caso en el que la lesión en el
lóbulo temporal causó la perturbación de la
“comprensión” del habla.
Virchow (1858) y Meynert (1867-1868)
hablaron de la enorme complejidad celular de la
estructura cerebral hasta que en la década del 70 I. P.
Pavlov, con su teoría de reflejos condicionados, aclaró
aspectos fisiológicos del sistema nervioso. En 1870,
Fritsh y Hitzig excitaron con corriente eléctrica la
corteza cerebral de un perro estableciendo la existencia
de centros motores, lo que dio paso a las
investigaciones clínicas y experimentales donde destaca
el fisiólogo alemán F. Goltz (1876-1881) quien,
destruyendo la corteza cerebral del perro, observó las
alteraciones visuales del animal así como de otras
funciones.
La época de oro de la neurología
inglesa la protagonizó Hughlings Jackson, primero en
describir ataques epilépticos focales y quien formuló la
hipótesis de “localizacionismo,” la cual fue apoyada más
tarde por Gowers, de tal manera que de acuerdo a la
localización del síntoma se reafirme la localización de
la función en el sistema nervioso central (SNC).
En Londres apareció la figura de David
Ferrier quien complementó los trabajos de Fritsh y
Hitzig reafirmando la teoría de las localizaciones
cerebrales. Tuvo como detractores a Goltz, Monakow y
Golstein, y el apoyo de Pavlov y Jackson, con lo que se
abrieron nuevas rutas de investigación que fueron
lideradas por Ferrier hasta llegar a la época en que el
conocimiento de la organización estructural (citoarquitectonía)
y el significado funcional de los diferentes grupos
neuronales determinaron el carácter de localización de
las funciones.
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Friedrich Goltz (1834 - 1902)
eminente medico alemán, tenaz
opositor de los conceptos de Ferrier.
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Sir
James Paget (1814 -1899)
Presidió el Congreso de Medicina en
Londres el año 1899
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En la nueva era estàn ya definidos los
diagramas arquitectónicos de Campbell (1905), Brodman
(1909) Vogt (1919-1920), von Economo (1929) junto con
los datos relacionados a las interconexiones neuronales
corticales y subcorticales esquematizados por Lorente de
No (1949) rubricados antes por los estudios histológicos
de Santiago Ramón y Cajal, Río Ortega y Poliakov hasta
llegar a estudios posteriores de Fulton (áreas
supresoras), Penfield y Jaspers (1954).
Los monos del Dr. David Ferrier
El martes 2 de agosto de 1881 en
Londres tuvo lugar el III Congreso Internacional de
Medicina en el St. James Hall donde llegaron más de
3,000 médicos de todas partes del mundo entre los que
destacaban Virchow, Langenbeck, Roberto Koch de Berlín;
Pasteur y J. M. Charcot de París; Rauchfuss y Kolomin de
San Petesburgo; Henry Bigelow de Boston; W. Keren de
Philadelphia y F. Goltz de Alemania, entre otros.
Por aquellos años, Goltz formaba parte
del grupo internacional de fisiólogos eminentes que se
ocupaban del estudio de los enigmas del cerebro. Junto a
él, el francés Flourens –basándose en sus experimentos
en ranas– sentó la tesis según la cual las diversas
funciones cerebrales se distribuían de manera uniforme
en el cerebro.
Los conceptos de Broca y Jackson
estaban vigentes afirmando que existían centros motores.
En 1871 llegó de Berlín la noticia de que se había
demostrado experimentalmente la existencia de centros
motores en el cerebro de perros, noticia que procedía de
dos médicos berlineses: Theodor Fritsch y Eduard Hitzig,
quienes habían eliminado fragmentos externos del cráneo
de perros y, aplicando débiles corrientes eléctricas en
determinados puntos, producían movimientos delimitados
en la parte opuesta del cuerpo, lo que confirmaba la
teoría de Jackson.
Estas observaciones convencieron a
muchos fisiólogos y en especial al joven neurólogo David
Ferrier en Londres, médico del Hospital Nacional quien
logró sistematizar el método de investigación eléctrica
con animales, localizando de manera precisa los
diferentes centros corticales. En 1873, Robert Bartholow,
en Norteamérica, valoró a una mujer cuyo cráneo había
sido destruido por un cáncer, de modo que el cerebro
estaba al descubierto; él estimuló la corteza de la
mujer moribunda con ligeras descargas eléctricas y
comprobó que las observaciones de Ferrier y sus
predecesores alemanes eran también válidas para el
cerebro humano, pero esta voz llegaba de un lugar tan
lejano que no tuvo el suficiente eco, más aún opacada
por los hallazgos de Broca y Goltz.
Entre los adversarios de Ferrier y de
su teoría de los centros funcionales se había destacado
precisamente Friedrich Goltz, ejemplo claro del burgués
alemán, hombre pesado y corpulento, por esa época de 50
años de edad, quien durante años había extirpado los
cerebros de ratas narcotizadas con el fin de comprobar
los efectos de dicha extirpación sobre la vitalidad de
dichos animales. Su trabajo fue extraordinario y se
oponía a la teoría de Ferrier. Goltz demostró que los
perros descerebrados comían, saltaban, veían y oían,
preguntándole a Ferrier cómo era posible que existiesen
en el cerebro centros funcionales para todos los órganos
del cuerpo y sentidos, si aquellos se mantenían activos
a pesar de la extirpación de aquellas partes que su
oponente situaba como centros funcionales. Con sus
experimentos, Goltz había sacudido las bases de las
ideas de Broca, en tanto que Ferrier, defensor de la
tesis de las localizaciones se vio, por ese momento,
obligado a un repliegue defensivo.
Goltz habìa llevado desde Estrasburgo
al Congreso de Londres a un perro descerebrado para
fundamentar su teoría y dar así un certero golpe de
muerte a la teoría de los centros funcionales de Ferrier.
El Congreso presidido por el Dr. Forters, se preguntaba
qué podía hacer Ferrier contra Goltz cuando éste
disponía de un perro que, aún descerebrado vivía,
aullaba, veía y oía. ¿Que debía o podía conseguir el
apacible y delgado Ferrier en su lucha contra el pesado
pero convincente alemán?
La sala del St. James Hall lucía
repleta en una cita académica que tuvo las palabras del
Presidente del Congreso, el Prof. James Paget. Al inicio
de la sesión, Goltz empezó haciendo un resumen
retrospectivo de las conclusiones de Flourens, Fritsch,
Hitzig y Ferrier y pasó al ataque con enérgica
vehemencia. Manifestó que en una serie de experimentos
con animales, a quienes se les conservó la vida para
poder observarlos, se destruyeron extensas zonas de la
corteza. Con el objeto de evitar hemorragias, la
extracción la realizaba mediante un chorro de agua, con
cuya técnica había comprobado que perros cuyo cerebro
había sido eliminado en gran parte presentaban parálisis
“pasajeras” con recuperación plena de sus capacidades
sensoriales rebatiendo, así, la teoría de las
localizaciones cerebrales. Ferrier había señalado, en
cambio, una zona determinada del cerebro como asiento de
la inteligencia: el lóbulo frontal.
Goltz replicó presentando un cráneo y
cerebro de un perro que sobrevivió a cuatro grandes
intervenciones y no fue sacrificado hasta un año después
de la última, quedando idiotizado, pero no estaba ni
sordo, ni ciego, ni carecía de olfato, ni un solo
músculo de su cuerpo había quedado paralizado. La
importante pérdida de masa cerebral dejaba una pequeña
porción residual de corteza y ella no podía representar
los supuestos centros funcionales enunciados por Ferrier.
Este replicó en voz baja y argumentó que lo expuesto por
Goltz no constituía una sorpresa para él puesto que
había adoptado el método de la extirpación y no había
utilizado el método del chorro de agua, ni las variadas
microperforaciones, y en su lugar había utilizado la
antisepsia y el bisturí electrohemostático.
Además dijo que no era lícito llegar a
determinadas conclusiones partiendo de ensayos con
animales “inferiores,” donde existían centros que
después de un largo tiempo eran capaces de asumir las
funciones afectadas en cooperación con el resto de
centros funcionales y sensoriales que quedaban por
eliminar, a causa de la imperfección del método empleado
por el Prof. Goltz. Por el contrario, él había decidido
experimentar con el animal más próximo al hombre y
dotado del cerebro animal más perfecto: había escogido
al mono antropomorfo y el arte quirúrgico de su cirujano
(FG. Yeo, MD.) le había ofrecido los medios para llevar
a término multitud de observaciones en el King´s College
de Londres, por lo que invitaba a los presentes a
concurrir por la tarde a dicho centro para presentar dos
monos a los que se les había extirpado quirúrgicamente
ciertos centros.
Goltz asistió con el perro al que
había extraído los lóbulos frontales y que conservaba
las funciones motrices y sensoriales, y siguió obstinado
en que lo demostrado por él echaba por tierra la teoría
de las localizaciones. Sin embargo, Ferrier presentó un
gran mono que andaba erguido, llegaba andando y
conducido por un ayudante, pero con mirada temerosa e
intranquila y ocupó el mismo lugar del perro de Goltz;
Ferrier se puso junto a él y explicó de manera enérgica
pero serena que a dicho mono antropomorfo siete meses
atrás se le había extirpado partes del lado izquierdo
del cerebro en la que se describieron los centros
motores de brazo y pierna derechos. “Se trata –dijo– de
la circunvolución frontal ascendente, así como del pié
de las tres circunvoluciones frontales y de la
circunvolución lateral ascendente del lado izquierdo del
cerebro.” Ferrier tendió una golosina al animal y éste
la cogió con la mano izquierda mientras la derecha
pendía inerte e inmóvil.
Apareció un segundo mono, al que se le
había practicado un mes y medio atrás, la ablación de
las circunvoluciones superiores temporo-esfenoidales. El
animal estaba sano pero absolutamente sordo; sacó de su
bolsillo una pistola detonadora y la disparó junto a la
cabeza del animal. El otro mono, medio paralítico, dio
un salto y trató de huir ayudándose de la pierna y brazo
sanos pero cayó al suelo con grotescos movimientos, en
cambio el segundo animal permaneció inmóvil a pesar de
que la pistola seguía humeando junto a su cabeza. La
conclusión a la que se llegó fue que el mono no había
oído nada.
Ferrier dijo luego que estos 2 monos
serían sacrificados, por medio de cloroformo al igual
que el perro del Dr.Goltz, para así comprobar si las
partes afectadas coincidían exactamente o no con las
zonas indicadas como centros funcionales. La sala quedó
en silencio. Los métodos imperfectos usados por el Dr.
Goltz no habían logrado destruir de una manera perfecta
las zonas cerebrales que se consideraban extirpadas. J.
M. Charcot, quien estaba presente dijo: “Creo que el día
de hoy pasará a la historia. Este es el comienzo de una
nueva era.”
El martes 9 de agosto de 1881, poco
antes de la sesión de clausura del congreso, la comisión
de fisiólogos nombrada hizo público los resultados de
las cuidadosas observaciones que significaron un rotundo
triunfo de la doctrina de Ferrier, ya que se confirmó
que las partes eliminadas del cerebro de los monos eran
exactamente las señaladas por Ferrier como centros
funcionales. En cuanto a Goltz, la misma comisión
determinó que las partes extirpadas a sus perros no
habían sido delimitadas con exactitud y que los centros
funcionales y sensoriales habían quedado parcialmente
intactos.
Este hecho en la Historia de la
Medicina marcó una época de gloria para la neurología
inglesa y de uno de sus referentes: el Prof. David
Ferrier, auténtico pionero en la investigación de las
localizaciones cerebrales.
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Toda
una época de gloria de la Neurología
inglesa. Staff del Hospital Nacional
de Londres (1886). Fila de atrás
(izq. a der.): Horsley, Beevor,
Cumberlacht, T. Buzzard, Brundenall,
Carter, Omerod, Adams. Fila anterior
(izq. a der.): Marcus Gunn, Bastian,
Hughlings Jackson, Raminski,
Radchliffe, Gowers, Sermon y Ferrier.
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Datos biográficos
Sir. David Ferrier. MD.,LL.D.,F.R.,CP.,
F.R,S (1843-1928)
Nacido en Aberdeen, UK. estudió
Psicología en Heidelberg, Alemania, graduándose de
médico en Edimburgo. Fue influenciado por Alexander Bain
y pasó a ser asistente de Tomas Laycock, quien a su vez
se inspiró en Hughings Jackson. Hizo su práctica médica
general en Bury St. Edmunt pero en 1.870 fue a Londres,
al Milddlesex Hospital y luego al King´s College
Hospital donde trabajó en el departamento de Fisiología.
A la edad de 29 años colaboró con su
predecesor, el Dr. Guy. Fue médico del West London
Hospital, Profesor Asistente del King´s College Hospital
en 1874 y del National Hospital, Queen Square en 1880,
donde integró una época de gloria en la neurología
inglesa junto a señeras figuras cuyas descripciones
originales perduran hasta el día de hoy.
En 1873 Ferrier comenzó su
investigación en fisiología cerebral, parte en el King´s
Hospital como en el Wakefield Asylum. Utilizó la
estimulación farádica en el córtex de los simios y en
1876 escribió su monografía Funciones del Cerebro.
Trabajó complementariamente con estimulación galvánica
que había sido llevada a cabo por Fritz y Hitsig. Fue en
esa época cuando ocurrió el notorio debate con el Prof.
Goltz donde impuso su tesis sobre las localizaciones
cerebrales. Fue con esto un instigador y pionero de la
neurocirugía; persuadió al Prof. Rose a remover por
primera vez el ganglio de Gasser en la Neuralgia del
Trigémino.
Su dedicación especial fue la
fisiología, siguiendo las teorías de Jackson. Su inmenso
trabajo se lo puede catalogar como el inmenso legado de
Ferrier a la neurología de antaño, del presente y por
qué no del futuro.
Refrencias
1. A.R. Luria: Las funciones
corticales superiores del hombre. Editorial Orbe. La
Habana, Cuba. 1977.
2. Queen Square and de National
Hospital. 1.860-1.960. Edward Arnold. (Publishiers) LTD.
London.
3. Ferrier D. and Yeo GF..: A record
of experiments of the effects of lesion of different
regions of cerebral hemispheres.. Phil, Trans, 175,
479-564
4. Critchley Macdonald. The Parietal
Lobes. Hafner Press. London.1976.
5. Thorwald J.: El Triunfo de la
Cirugía. Ediciones Destino. 1ª Edición.1.960. Barcelona.
6. A Short History of Neurology. Rose
FC. Butterwosth-Heinenmann, 1.999
7. Truex R, Carpenter M, Mosovich A.:
Neuroanatomía Humana. The Williams and Wilkins. Co.
Baltimore., 1.969