Introducción
La
caracterización
del lenguaje
como un fenómeno
biológico se ha
llevado a cabo
siguiendo
fundamentalmente
dos itinerarios
prospectivos
diferentes
aunque
necesariamente
complementarios.
Por un lado, se
ha prestado una
particular
atención a la
dilucidación de
las
características
estructurales y
funcionales de
lo que ha venido
a llamarse el
órgano del
lenguaje,1
merced
fundamentalmente
a los análisis
neuroanatómicos
y conductuales
individualizados
de pacientes
disfásicos y a
la utilización
de técnicas de
análisis no
invasivas (PET,
fMRI, ERPs, EEG,
MEG, etc.). La
conclusión más
significativa al
respecto ha sido
la constatación
de la
inexistencia de
una correlación
plenamente
concluyente
entre la
organización
funcional del
cerebro y una
especialización
histológica
correlativa. Más
bien, lo que
parece existir
son patrones
recurrentes de
activación
neuronal en
respuesta a las
demandas de tipo
lingüístico, de
tal manera que,
se ha propuesto
que en la
organización del
cerebro existe
una modularidad
fisiológica o
funcional, de
ahí la metáfora
del órgano del
lenguaje. Este
módulo
(funcional)
lingüístico
cambiaría, hasta
cierto punto, de
localización
anatómica
expandiéndose y
contrayéndose
durante el
desarrollo del
individuo, en
respuesta a los
daños físicos
producidos en
las supuestas
áreas
convencionalmente
asociadas al
lenguaje; y, en
función de las
modificaciones
que tienen lugar
en las
condiciones
ambientales
(lingüísticas)
en que se
desenvuelve
dicho individuo.
Por
consiguiente, lo
específicamente
lingüístico en
términos
neuronales,
sería el
programa de
interconexión
único que pone
en relación
diversas
estructuras
neuronales que,
lejos de
erigirse en
sistemas
autónomos
encargados de la
resolución de
tareas
lingüísticas
específicas,
constituyen más
bien
subcomponentes
de mecanismos de
computación que
se emplean en el
procesamiento de
información y en
la resolución de
tareas de muy
diversos tipos,
incluidas las
relacionadas con
el lenguaje.2
Por otro lado,
atendiendo las
evidencias
procedentes
fundamentalmente
del análisis de
las lenguas
naturales y de
su proceso de
adquisición, se
ha venido
sugiriendo desde
el propio ámbito
de la
Lingüística que
el lenguaje
tendría un
carácter innato,
es decir, que su
adquisición sólo
sería posible
merced a un
conocimiento
gramatical a
apriorístico,
que sería el
resultado de la
actividad de
determinados
circuitos
neuronales y
cuyo desarrollo
se encontraría
programado
genéticamente.3,4
Ciertamente, la
controversia
generada por
esta hipótesis
entre los
propios
lingüistas
(también entre
los
especialistas de
otras áreas) ha
llevado a
desarrollar
escenarios
alternativos,
esta vez de
carácter
eminentemente
funcionalista,
en el sentido de
que sugieren en
la línea de lo
apuntado
anteriormente,
que los
circuitos
neuronales
desempeñan
realmente tareas
que son
sustancialmente
las mismas,
aunque al mismo
tiempo presentan
la capacidad de
integrarse en
sistemas
funcionales de
diferente
naturaleza, uno
de los cuales
sería el
lenguaje.2,5
Las propuestas
más recientes
del propio
Chomsky6-8
reflejan también
este tipo de
ideas, puesto
que conciben al
lenguaje como
una suerte de
interfaz entre
los dispositivos
responsables de
la percepción y
la motricidad, y
los sistemas
cognitivos
responsables del
pensamiento; en
consecuencia, lo
específicamente
lingüístico se
habría visto
reducido
notablemente y
quizás
consistiría tan
sólo en la
capacidad
novedosa de que
el sistema
computacional
opere de forma
recursiva.
Sea como fuere,
y en tanto que
el lenguaje se
desarrolla y
permanece como
una entidad
definida (y
definible),
reconocible y
describible en
el individuo
adulto, resulta
plausible que el
patrón inicial
de organización
general de los
centros
neuronales
implicados en el
procesamiento
lingüístico esté
prefijado desde
antes del
nacimiento,9
de modo que
dicho patrón no
dependa
exclusivamente
de la
experiencia,
sino también del
modo en que
determinadas
moléculas
señalizadoras y
la propia
actividad
neuronal
autogenerada
regulen la
migración
neuronal, el
crecimiento de
axones y
dendritas, y el
establecimiento
de un patrón
general de
interconexión
sináptica
(aunque este
patrón tendría
un carácter tan
general –las
neuronas del
tipo X han de
conectarse con
las de la clase
Y– que es poco
probable que
acabase
surgiendo una
arquitectura
neuronal
plenamente
operativa, de
ahí la
importancia
crucial que
revisten los
estímulos
externos).10
Resulta evidente
que en relación
con esta
anticipación en
el desarrollo o
anticipación
ontogenética,9
los genes
desempeñan un
papel
fundamental, de
ahí el interés
reciente por
identificar y
caracterizar
estructural y
funcionalmente
los factores
genéticos que
parecen estar
relacionados con
diversos
síndromes,
enfermedades,
patologías o
afecciones
hereditarias en
las que el
lenguaje se ve
afectado en
principio de
modo exclusivo
(para una
revisión, vid.11-14).
Sin embargo, la
facultad del
lenguaje no es
únicamente el
resultado de la
puesta en marcha
de un programa
codificado
genéticamente,
sino que para el
correcto
desarrollo y
funcionamiento
del órgano del
lenguaje también
resultan
relevantes otros
tipos de
información
“innata,” al
margen de la que
suponen los
genes como la
que implican
determinados
principios y
leyes que
determinan la
autoorganización
de los sistemas
orgánicos,8,15
la que se hereda
por vía materna,
la de carácter
epigenético y,
desde luego, la
que supone el
propio contexto
molecular y
ontogenético.
Es en este
contexto en el
que debe
contemplarse con
gran interés el
efecto que sobre
la capacidad de
procesamiento
lingüístico
tiene la
alteración de
algunas de las
actividades
enzimáticas
implicadas en
procesos
metabólicos
cerebrales
básicos. En el
presente
artículo se
discute en
primer lugar la
principal
estrategia
metodológica
susceptible de
ser empleada en
la localización
de los genes
relacionados con
el lenguaje cuya
disfunción da
lugar a
trastornos
metabólicos, a
saber, la de la
clonación
funcional, para
pasar
seguidamente a
caracterizar los
principales
trastornos
metabólicos de
carácter
hereditario que
incluyen entre
sus síntomas
distintivos
alteraciones
lingüísticas de
diversa entidad
y alcance.
La clonación
funcional:
Una herramienta
metodológica
para la
identificación
de los genes
implicados en
trastornos
lingüísticos de
origen
metabólico.
Puesto que el
lenguaje,
definido en los
términos
propuestos en
este trabajo,
parece ser una
capacidad
exclusivamente
humana, y ante
la
inaceptabilidad
ética de
recursos para el
análisis de
mutaciones
provocadas de
forma
discrecional en
secuencias
génicas que se
sospecha que
pueden estar
involucradas en
el proceso, la
determinación de
los genes
implicados en el
desarrollo del
órgano del
lenguaje pasa
por la
identificación
de aquellos que
se ven
presumiblemente
alterados cuando
se produce una
disfunción de
dicho “órgano.”
En aquellos
casos en los que
la
caracterización
clínica de un
síndrome de
carácter
hereditario
incluye entre
sus síntomas
distintivos
algún tipo de
trastorno
lingüístico,
pero también la
presencia, o la
acumulación o
degradación
anormales de un
determinado
compuesto
biológico, que
suele ser la
causa principal
del mismo, una
estrategia
metodológica
habitual para la
identificación
del gen (o los
genes)
afectado(s) es
la denominada
clonación
funcional. En la
clonación
funcional se
parte de la
caracterización
bioquímica del
compuesto
biológico que se
acumula o se
degrada de forma
anómala, y cuya
ruta
biosintética o
catabólica se
conoce
habitualmente a
nivel bioquímico
y/o genético en
otros
organismos. En
estos casos, la
clonación pasa
por recurrir al
escrutinio de
genotecas de
ADNc o genómicas
humanas
utilizando
sondas
heterólogas
generadas a
partir de
determinados
fragmentos de
las secuencias
de los genes que
en otros
organismos
codifican las
enzimas que
forman parte de
la ruta
metabólica
afectada. Si,
por el
contrario, sólo
se ha logrado
caracterizar
bioquímicamente
la proteína en
cuestión, pero
se desconoce la
secuencia del
gen responsable
de su
biosíntesis en
otros
organismos,
resultará
necesario
proceder al
escrutinio de
genotecas de
expresión.12
A
continuación se
recogen
brevemente las
peculiaridades
neurológicas,
cognitivas,
psiquiátricas y
moleculares más
significativas
de aquellas
afecciones
metabólicas de
carácter
hereditario que
comprometen, en
mayor o menor
grado, la
capacidad de
procesamiento
lingüístico del
individuo,
prestando una
atención
particular al
modo en que se
produce
específicamente
la disfunción
del órgano del
lenguaje.
Conviene
precisar que, si
bien la mayoría
de los genes
implicados en
dichos
trastornos se
han identificado
mediante el
paradigma de la
clonación
funcional, en
algunos casos lo
han sido
siguiendo una
metodología
alternativa,
como el
escrutinio de
EST (del inglés,
Expressed
Sequence Tags,
fragmentos de
secuencia
expresados), el
escrutinio de
genotecas de
ADNc
correspondientes
a determinados
estados
patológicos o
condiciones
fisiológicas, la
clonación
comparativa (en
la que se parte
del análisis de
genes
previamente
identificados y
caracterizados
en otros
organismos, cuya
mutación da
lugar a
alteraciones
neurológicas y a
trastornos
cognitivos
parecidos a las
de los
estudiados –fenotípicamente–
en el ser
humano) o la
clonación
posicional (que,
en ausencia de
cualquier
conocimiento
previo sobre la
actividad
biológica de la
proteína
codificada por
el gen afectado
o sobre las
causas
moleculares de
un trastorno
análogo u
homólogo en
otras especies,
busca asociar el
fenotipo
lingüístico
anómalo a un
fragmento
cromosómico
concreto, que se
desea lo más
pequeño posible,
el cual
posteriormente
se secuencia,
con objeto de
determinar la
naturaleza y la
estructura del
gen o de los
genes contenidos
en el mismo y,
por extensión,
de los productos
génicos
derivados de
ellos).
Principales
trastornos
metabólicos que
afectan al
lenguaje
Homeostasis
hormonal. La
hormona tiroidea
desempeña un
papel
fundamental en
la regulación
fisiológica del
desarrollo del
cerebro y sus
niveles parecen
correlacionarse
con el grado de
desarrollo, en
términos
ontogenéticos y
filogenéticos,
de las
habilidades
cognitivas
superiores. Así,
por ejemplo, los
niveles de la
hormona tiroidea
son más elevados
en el plasma de
los primates en
comparación con
otras especies
de mamíferos.16
Por otro lado,
la resistencia a
la hormona
tiroidea,
motivada por la
insensibilidad
de la pituitaria
y de los tejidos
periféricos a la
misma, se
manifiesta
fenotípicamente
en forma de
diversas
alteraciones del
lenguaje. Se han
detectado hasta
veinte
mutaciones en la
región del gen
THRB, localizado
en 3p24.3, que
codifica el
dominio de unión
a la hormona del
receptor de tipo
β. Dichas
mutaciones se
agrupan
fundamentalmente
en dos de los
exones del gen,
si bien los
individuos que
presentan, en
particular,
mutaciones que
afectan al exón
9, que codifica
el subdominio
tau/dimerización,
parecen poseer
una discapacidad
lingüística más
acusada (la cual
se manifiesta en
forma de
problemas
articulatorios
más graves y/o
un menor
cociente
intelectual) con
respecto a
aquellos que
presentan
mutaciones en el
exón 10, que
codifica el
subdominio L2
del receptor.
Como suele ser
normal en este
tipo de
trastornos, el
ambiente
condiciona de
forma sustancial
la manifestación
fenotípica de
estas
mutaciones.17
Metabolismo
de los azúcares.
El
metabolismo de
los azúcares
parece
desempeñar un
papel
fundamental en
la correcta
organización y
el adecuado
funcionamiento
de los centros
neuronales
relacionados con
el lenguaje.
•
El caso más
extremo a este
respecto lo
constituye
seguramente el
que concierne al
metabolismo de
la manosa. Las
mutaciones en el
gen POMT1,
localizado en
9q34.1,18
o en el gen
POMT2,
localizado en
14q24.3,19
que codifican
sendas proteínas
homólogas a la
O-manosiltransferasa
de Saccharomyces
cerevisae, dan
lugar al
denominado
síndrome de
Walker-Warburg,20,21
entre cuyos
síntomas más
característicos
se encuentra la
aparición de una
lisencefalía
(aunque en
ausencia de
microcefalia, a
diferencia de lo
que sucede en el
caso de la
mutación del gen
LIS122),
de una
citoarquitectura
cerebrocortical
anormal y de
numerosas
heterotopías en
la neuroglía.23-26
En general, la
muerte suele
sobrevenir antes
del primer año
de vida. No
obstante, existe
una forma más
leve del
trastorno,
asociada a la
presencia de
distrofia
muscular, que
recibe la
denominación de
distrofia
muscular
congénita de
Fukuyama, en la
cual el
desarrollo
prosigue de
forma más o
menos normal, de
manera que el
niño es capaz de
adquirir el
lenguaje y no
presenta
anomalías
cerebrales
graves, aunque
sí un retraso
mental
significativo.27
La O-manosilación
es una de las
modificaciones
más importantes
que sufren las
proteínas en los
organismos
eucarióticos.28,29
Durante el
desarrollo
embrionario del
ratón el gen
Pomt1 se expresa
abundantemente
en el tubo
neural, en el
ojo y en el
mesénquima, que
son también las
zonas
preferentes de
expresión en el
caso del ser
humano; su
inactivación
completa resulta
letal en fases
muy tempranas de
la embriogénesis.30
El síndrome de
Walker-Warburg
también se ha
asociado con la
mutación en el
gen FKRP,
localizado en
19q13.3, que
codifica una
proteína
relacionada con
la fukutina.31
Del mismo modo,
un fenotipo
semejante se ha
asociado con la
mutación del gen
FCMD, localizado
en 9q31, que
codifica la
propia fukutina.32
•
La mutación del
gen GLUT1
(SLC2A1), que
codifica un
transportador de
glucosa, da
lugar a diversos
trastornos a
nivel
neurológico, que
incluyen una
encefalopatía
asociada al
desarrollo,
convulsiones,
microcefalia y
espasticidad,
así como
diversos tipos
de sucesos
paroxismales,
mientras que en
lo que concierne
específicamente
al desarrollo
cognitivo, suele
advertirse un
cierto retraso
en el
aprendizaje, que
afecta en
determinados
casos al
lenguaje y al
habla.33
La mutación del
gen parece
interferir en el
normal
desarrollo y/o
funcionamiento
de los sistemas
piramidal,
extrapiramidal y
cerebelar.33
El patrón de
herencia del
síndrome es
autosómico
dominante.34
El gen está
localizado en
1p35-p31.3 y la
proteína que
codifica se
encarga del
transporte de
glucosa al
interior del
cerebro a través
de la barrera
hematoencefálica.35
•
En la
galactosemia
clásica la
excesiva
acumulación de
galactosa, que
se debe a la
existencia de
una mutación
puntual (Q188R)
en el gen GALT,
que codifica la
galactosa-1-fosfato
uridiltransferasa
y que se
encuentra
localizado en
9p13,36
va asociada,
entre otros
síntomas, a una
dispraxia
verbal.37
Por su parte, la
UDP-galactosa-4-epimerasa,
que cataliza la
interconversión
entre UDP-galactosa
y UDP-glucosa,
así como la
epimerización de
UDP-N-acetilglucosamina
en UDP-N-acetilgalactosamina,38
está codificada
por el gen GALE,
localizado en el
cromosoma 1
(1p36-p35).39
Se ha descrito
que la mutación
de este gen da
lugar, entre
otros síntomas,
a un déficit
motor y mental,
que origina un
retraso general
en el desarrollo
del lenguaje y
de otras
habilidades
cognitivas.40
También Alano et
al.,41
han asociado la
existencia de un
retraso motor y
lingüístico a la
presencia de dos
mutaciones en la
secuencia de
este gen.
•
Finalmente,
merece la pena
comentar el caso
de los ácidos
siálicos y su
importante papel
en el desarrollo
del sistema
nervioso. La
enfermedad de
Salla aparece
como
consecuencia de
una mutación del
gen SLC17A5 (que
se ha clonado
posicionalmente),
localizado en
6q14-q15, el
cual codifica
una sialina, una
molécula
transmembranal
que presenta una
elevada
homología con
otros
transportadores
de membrana42
y que está
involucrada en
el
almacenamiento
de ácidos
siálicos. La
enfermedad de
Salla es un
proceso
neurodegenerativo
que puede dar
lugar a una
regresión
cerebelosa y
cuyos síntomas
comienzan a
manifestarse al
cabo del primer
año de vida, de
manera que, en
lo que atañe
específicamente
al lenguaje,
éste termina
estando ausente
por completo en
la edad adulta,
fenómeno que va
asociado a una
disminución
particularmente
evidente del
nivel de
inteligencia.43
Parece plausible
que la pérdida
de la función
cerebelosa se
encuentre en la
base de la
degradación
lingüística (y
motora) asociada
a este síndrome.
No en vano, el
cerebelo es un
componente
fundamental de
la memoria de
trabajo verbal y
durante el
procesamiento
del lenguaje
parece funcionar
a modo de
interfaz entre
éste último y
otros dominios
cognitivos que
son necesarios
para su correcto
funcionamiento,
como el
aprendizaje
implícito o la
memoria
explícita.44
Por otro lado, y
desde un punto
de vista
filogenético,
merece la pena
reseñar que los
cambios
acaecidos a lo
largo de la
historia
evolutiva de los
homínidos, en lo
que atañe al
perfil
bioquímico de
este grupo de
moléculas
glucídicas en
los tejidos
cerebrales,
podrían estar
relacionados con
determinadas
variaciones que
se han producido
en la
macroarquitectura
cerebral (en
particular, con
un incremento
del tamaño del
cerebro) y que
constituirían un
prerrequisito
para la
aparición del
lenguaje.45
Así, en
particular, se
ha constatado
que el gen CMAH,
localizado en
6p21.32, que
codifica una
CMP-ácido
siálico
hidroxilasa
encargada de la
síntesis de
CMP-ácido N-glicolilneuramínico
(CMP-NeuGc) a
partir de
CMP-ácido
acetilneuramínico
(CMP-Neu5Ac) (el
cual resulta
necesario para
la transferencia
de residuos de
ácido N-glicolilneuramínico
[Neu5GC] a las
glicoproteínas
[46,47]), se
habría
inactivado poco
antes del primer
proceso de
expansión
cerebral que
tuvo lugar en el
género Homo,
hace entre 2,1 y
2,2 millones de
años, lo que
habría sucedido
como
consecuencia de
una mutación que
habría originado
un cambio de
fase en su
secuencia
codificadora
(48). La
ausencia de la
actividad
CMP-ácido
siálico
hidroxilasa en
el cerebro
provoca
seguramente una
susceptibilidad
diferencial a
aquellos
patógenos que
reconocen el
Neu5Gc para
acceder al
interior de la
célula, pero
probablemente
modifica también
la función de
determinadas
glicoproteínas
cerebrales,
afectando al
desarrollo de
este órgano. Del
mismo modo, en
el homo sapiens
existen
variantes
exclusivas de
determinadas
moléculas
capaces de
unirse a los
ácidos siálicos,
en particular,
de un
determinado tipo
de siglecs (lectinas
semejantes a
inmunoglobulinas
de unión al
ácido siálico;
en inglés,
sialic acid-binding
inmunoglobulin-like
lectins); en el
resto de los
primates este
tipo de
moléculas se
unen de forma
preferente
precisamente al
Neu5Gc.
Metabolismo
de
glucoesfingolípidos.
Por sus
repercusiones
neurocognitivas,
presenta una
particular
relevancia la
alteración del
metabolismo de
los gangliósidos.
Los gangliósidos
son
glucoesfingolípidos
que contienen
ácidos siálicos
y desempeñan
diversas
funciones
biológicas de
gran importancia
en el sistema
nervioso, entre
las que pueden
destacarse la
estabilización
cerebral y la
consecución de
una correcta
interacción
entre las
neuronas y las
células gliales.49-50
El tipo y la
abundancia de
gangliósidos
varía de unas
zonas a otras
del cerebro, así
como durante las
diferentes
etapas de la
ontogenia
cerebral.51,52
La molécula
precursora para
la biosíntesis
de la mayoría de
los gangliósidos
es el GM3 (sialosil-lactosilceramida).
•
La mutación del
gen SIAT9
(ST3GAL5),
localizado en
2p11.2, da lugar
a un trastorno
conocido como
síndrome
epiléptico
infantil de los
Amish, que se
caracteriza por
la presencia de
convulsiones y
por una
detención del
desarrollo, y,
desde el punto
de vista
cognitivo, por
la ausencia de
lenguaje
hablado, que
podría ir
asociada a una
atrofia cerebral
difusa en la
etapa adulta.53
El gen codifica
una ST3 β-galactósido
α-2,3-sialiltransferasa
5, una proteína
de membrana tipo
II localizada en
el aparato de
Golgi y
encargada de la
síntesis de GM3
a partir de
lactosilceramida.54
Los individuos
afectados por la
mutación del gen
carecen de GM3 y
de todos sus
derivados
metabólicos, y
presentan,
consecuentemente,
niveles
anormalmente
elevados de
lactosilceramida.
•
Del mismo modo,
la mutación del
gen GALC,
localizado en
14q.31, da lugar
a diversos
trastornos
neurológicos,
que pueden
afectar al
desarrollo y al
funcionamiento
psicomotor, y
que se deben a
la
desmielinización
de los axones
que constituyen
la materia
blanca del
sistema nervioso
central y
periférico.55-57
El gen codifica
una
galactosilceramidasa,
una enzima
lisosómica
implicada en el
catabolismo del
principal
componente
lipídico de la
mielina, la
galactosilceramida.58,59
Metabolismo
de la creatina.
El metabolismo
de la creatina
parece tener
también una gran
importancia para
el correcto
funcionamiento
del sistema
nervioso
central. La
mutación del gen
SLC6A8,
localizado en
Xq28 y que
codifica un
transportador de
creatina-fosfocreatina,
suele dar lugar
a una ausencia
de creatina en
el cerebro. La
severidad de la
afección
depende,
lógicamente, del
sexo del
paciente, de
forma que en los
individuos
masculinos
aparece un
retraso mental
más acusado que
en los femeninos
heterocigóticos.
Frecuentemente,
el retraso
mental va
asociado a
diversos
problemas
articulatorios60,61
y lingüísticos.62
Metabolismo
de la carnitina.
Una
sintomatología
parecida se
advierte en el
caso de la
mutación del gen
SLC22A5,
localizado en
5q31,que
codifica un
transportador de
carnitina
dependiente de
sodio,63
de manera que la
disminución en
los niveles de
carnitina
endógena
conlleva, entre
otros
trastornos, la
existencia de un
retraso
cognitivo que
compromete al
lenguaje y que,
en general,
remite con un
aporte del
compuesto
deficitario en
la dieta.64
Metabolismo
de los lípidos.
Respecto al
metabolismo
lipídico,
conviene señalar
que la ausencia
de actividad del
7-dehidrocolesterol
reductasa parece
ser la causa del
denominado
síndrome de
Smith-Lemli-Opitz
(SLOS),65
caracterizado,
entre otros
síntomas, por un
retraso
cognitivo y por
trastornos
lingüísticos de
distinta
gravedad.66,67
El gen
correspondiente,
denominado
DHCR7, se ha
localizado en el
cromosoma 11
(11q12-q13)68
y se expresa
fundamentalmente
en las glándulas
adrenales, el
hígado, los
testículos y el
cerebro. La
enzima que
codifica se
encarga del
penúltimo paso
de la
biosíntesis de
los esteroles.69
Se ha sugerido
que los síntomas
característicos
del trastorno
podrían deberse
a un incorrecto
funcionamiento
de diversas
proteínas
responsables del
control de la
embriogénesis,
algunas de las
cuales sólo son
funcionales si
se modifican
postraduccionalmente
añadiéndoles un
residuo de
colesterol.70
Un ejemplo caso
de este tipo
sería el de la
proteína SHH,71
que constituye
una de las
señales
inductivas
responsables del
control de la
organización y
de la morfología
del embrión
durante las
primeras etapas
de su
desarrollo,
desempeñando, en
particular, un
papel crucial en
la morfogénesis
de la región
ventral del tubo
neural72
y en la
regulación de
los procesos de
crecimiento
axonal y
sinaptogénicos
implicados en el
establecimiento
de los circuitos
neuronales.73
Metabolismo
del azufre.
La
sulfocisteinuria
está causada por
una deficiencia
en la enzima
sulfito oxidasa.
Aunque suele ser
letal, se han
descrito casos
más leves del
trastorno que,
entre otros
síntomas, se
caracterizan por
un desarrollo
mínimo del
lenguaje.74
En general, las
distintas
variantes de la
enfermedad se
deben a la
presencia de
diferentes
mutaciones
puntuales en la
secuencia del
gen SUOX,75
localizado en
12q13.2.
Metabolismo
de los ácidos
orgánicos.
La 3-α-metilglutaconicaciduria
de tipo I está
causada por la
mutación del gen
AUH, que
codifica una
enoíl-CoA
hidratasa y que
se encuentra
localizado en
9q22.31.76,77
El trastorno
está originado
por la
existencia de
niveles
anormalmente
elevados de
ácido 3-α-metilglutacónico
y de su derivado
el ácido 3-metilglutárico,
y cuenta con una
manifestación
fenotípica muy
heterogénea, si
bien los casos
más leves se
caracterizan,
entre otros
síntomas, por un
retraso en el
desarrollo del
lenguaje,
mientras que en
los más graves
suele existir
una atrofia de
los ganglios
basales y verse
afectado el
cerebelo,78
que son dos
regiones que
constituyen una
parte
fundamental del
sustrato
neuronal del
lenguaje (sobre
el papel del
cerebelo, vid.
supra; sobre la
función de los
ganglios basales,
vid.5).
Existen otros
tres tipos
adicionales de
α-metilglutaconicaciduria,
causadas por la
mutación de
genes
diferentes. La
de tipo II se
debe a la
mutación del gen
TAZ, localizado
en Xq2879;
mientras que la
de tipo III está
originada por la
mutación del gen
OPA3, localizado
en
19q13.2-q13.3.80
En general, la
gravedad del
trastorno y la
mayor incidencia
de problemas de
carácter
cognitivo suelen
estar asociadas
a una mayor
concentración de
los metabolitos
implicados en el
mismo, aunque
también a la
circunstancia de
que el gen
afectado se
exprese en el
cerebro. Así, la
existencia de un
déficit de tipo
cognitivo no
suele ser
habitual en las
metilgluconicacidurias
de tipo II y III,
en las que la
concentración de
metilglutaconato
y metilglutarato
es menor
(además, el gen
TAZ se expresa
únicamente en el
músculo cardíaco
y esquelético79)
En cambio, en la
de tipo IV, de
la que se
desconoce el gen
implicado, se
advierte en los
individuos
afectados un
retraso
psicomotor
grave, que suele
ir acompañado de
una disgénesis
cerebelar.81
Metabolismo
de los
aminoácidos.
La alteración
del metabolismo
de los
aminoácidos
suele ir también
asociada, entre
otros síntomas,
a una disfunción
del órgano del
lenguaje.
•
Stoppoloni et
al.82
han descrito una
asociación entre
un nivel
anormalmente
elevado de
ornitina
endógena y la
ocurrencia de
diversas
anomalías
estructurales y
funcionales
(fundamentalmente
oculares y
cerebrales) que,
entre otras
afecciones, dan
lugar a un
retraso mental
leve, el cual va
unido a un
retraso en la
adquisición del
lenguaje, así
como a diversos
defectos
articulatorios.
El exceso de
ornitina se debe
a la mutación
del gen OAT,
localizado en
10q26, que
codifica la
ornitina
aminotransferasa.83
Del mismo modo,
la alteración
del metabolismo
de la glicina da
lugar a un
trastorno que se
denomina
encefalopatía
glicínica:
mientras que las
variantes
neonatales
suelen producir
la muerte, se
han descrito,
asimismo,
algunas formas
infantiles o
atípicas, que
sólo aparecen
una vez que han
transcurrido
varios meses de
desarrollo
normal84
y que suelen
caracterizarse
por la
existencia de
agresividad, un
retraso mental
leve y diversos
trastornos
lingüísticos,
fundamentalmente
de índole
expresiva.85,86
La encefalopatía
glicínica se
debe a la
mutación de
alguno de los
cuatro genes que
codifican los
polipéptidos que
integran el
sistema
enzimático
encargado del
catabolismo de
este aminoácido:
el gen GLDC,
situado en 9p22,
que codifica la
proteína P, una
enzima con
actividad
glicina
descarboxilasa
dependiente de
piridoxal
fosfato87,88;
el gen GCSH,
situado en
16q24, que
codifica la
proteína H, una
proteína que
contiene ácido
lipoico89,90;
el gen GCST (AMT),
localizado en
3p21.2-p21.1,
que codifica la
proteína T, una
enzima
dependiente de
tetrafolato con
actividad
aminometiltransferasa91,92;
y el gen GCSL (DLD),
localizado en
7q31-q32, que
codifica un
cuarto
componente del
complejo aún por
caracterizar.
•
Por otro lado,
la mutación del
gen ASPA,
localizado en
17pter-p13, da
lugar a la
denominada
enfermedad de
Canavan. Se
trata de un
trastorno
neurodegenerativo
que afecta
fundamentalmente
al órgano de
Corti,93
si bien el
fenotipo depende
en gran medida
de los niveles
de ácido N-acetil-L-aspártico
existentes en
los tejidos
cerebrales. La
razón es que el
gen codifica una
aspartatoacilasa,94,95
encargada de la
hidrólisis
enzimática del
ácido N-acetil-L-aspártico
en aspartato y
acetato.96
Los trastornos
neurológicos
ocasionados por
la mutación del
gen se deben a
la existencia de
un proceso
progresivo de
desmielinización
axónica y al
desarrollo de
una
leucodistrofia.97,98
Del mismo modo,
suele ser
característica
en esta
enfermedad la
aparición de una
degeneración
esponjosa del
tejido nervioso,
que va
acompañada de un
aumento anormal
del tamaño de
los astrocitos,
el cual no
afecta a las
neuronas.99
En los casos más
graves lleva a
un estado
vegetativo y
finalmente a la
muerte.100
Janson et al.101
han descrito
sendos casos en
heterocigosis en
los que los
niveles de N-acetil-L-aspártico
eran inferiores
a lo esperado (a
pesar de que el
nivel de
actividad
enzimática era
extremadamente
bajo),
caracterizados
por un trastorno
cognitivo y
social leve, que
no afectaba al
lenguaje.
•
Finalmente, la
fenilcetonuria
es un trastorno
metabólico que
da lugar a un
cierto retraso
mental y a
diversos
trastornos de
índole cognitiva102;
en algunos casos
se produce, en
particular, una
disfunción
prefrontal que
afecta a la
fluidez fonémica
y a diversos
procesos
semánticos, como
la capacidad de
agrupamiento.103
El trastorno
está provocado
por la
existencia de
niveles
anormalmente
elevados de
fenilalanina,104-106
los cuales
pueden deberse a
diferentes
causas,107
aunque una de
las más
importantes
suele ser la
ausencia de
actividad de la
fenilalanina
hidroxilasa.108
Esta actividad
es compleja, en
el sentido de
que la enzima
responsable
consiste en un
homotetrámero y
de que existen
diferentes
isoformas de la
misma. El
polipéptido está
codificado por
el gen PAH, el
cual está
situado en
12q24.1.109
Los efectos
neurológicos de
los niveles
anormalmente
elevados de
fenilalanina en
el cerebro no se
deben
directamente al
incremento de
este aminoácido
(y la
concomitante
disminución de
la concentración
de metionina y
tirosina), sino
a un descenso en
la concentración
de dopamina, a
una disminución
de la
biosíntesis
proteica y a una
desmielinización
axónica.110
Asimismo, suele
advertirse en
los individuos
afectados un
descenso de la
transmisión
sináptica
glutamatérgica,
aunque no de la
gabaérgica.111
Gassio et al.112
por ejemplo, han
encontrado
diferencias en
las capacidades
cognitivas en
enfermos
fenilcetonúricos
(antes y después
del tratamiento
compensatorio
dietario),
incluyendo las
capacidades
expresivas y la
memoria verbal,
llegando a la
conclusión de
que estas están
disminuidas en
comparación con
los individuos
sanos.
Alteraciones
del
funcionamiento y
del
procesamiento
lisosomal.
Debido a sus
peculiares
efectos sobre el
perfil
neurocognitivo,
merecen la pena
discutir, las
repercusiones
que tiene la
alteración del
correcto
funcionamiento
de determinados
orgánulos y
procesos
subcelulares, en
particular, de
los mecanismos
de
almacenamiento
lisosomal. En
este caso, el
trastorno viene
causado
habitualmente
por una anormal
acumulación de
determinados
compuestos
dentro del
lisosoma,
fundamentalmente
de azúcares y
lípidos, pero
también de otro
tipo de
moléculas con
una mayor
influencia sobre
el
funcionamiento
del sistema
nervioso, como
los derivados de
los ácidos
siálicos.
•
La mucolipidosis
de tipo IV es un
trastorno
neurodegenerativo
debido
específicamente
a un defecto en
el mecanismo de
almacenamiento
lisosomal. El
proceso de
exocitosis
resulta de la
fusión de los
denominados
endosomas con
los lisosomas,
los cuales
posteriormente
se fusionan con
la membrana
celular. Este
proceso es
dependiente de
Ca2+. A su vez,
el incremento de
la concentración
local de Ca2+
depende de la
presencia de
canales
específicos, uno
de los cuales
está codificado
por el gen
MCOLN1.113,114
En los
individuos
afectados por
esta enfermedad
la tasa de
fusión de los
endosomas y de
los lisosomas se
ve reducida, al
disminuir,
debido a la
mutación del
gen, los niveles
de Ca2+,115,116
de forma que se
produce una
anormal
acumulación de
mucopolisacáridos
y de lípidos en
el interior de
los lisosomas.
El gen MCOLN1
está localizado
en 19p13.3-p13.2
y codifica una
proteína con
seis dominios
transmembrana,
un canal en poro
putativo y una
porción
carboxiloterminal
con un péptido
diana lisosomal/endosomal.114
Entre los
síntomas
neurológicos y
cognitivos
característicos
del trastorno
pueden
mencionarse los
siguientes: un
retraso
psicomotor, que
se hace evidente
al final del
primer año de
vida,117
una regresión
precoz del
desarrollo,118
o incluso, un
retraso del
desarrollo
acompañado de
microcefalia.119
En general, el
deterioro
cognitivo (entre
otras
afecciones)
suele irse
acentuando con
el tiempo, de
modo que, por
ejemplo, el
desarrollo
cognitivo de los
individuos
descritos por
Chitayat et al.120
habitualmente no
supera a los
12-15 meses de
vida. Desde el
punto de vista
lingüístico,
resulta
interesante la
observación
realizada por
Goldin et al.121
acerca de un
individuo
afectado de
mucolipidosis de
tipo IV que
carecía de
lenguaje
hablado, pero
que a la edad de
cuatro años
disponía de un
código de veinte
signos que le
permitía
comunicarse con
sus
progenitores.
Del mismo modo,
Frei et al.122
determinaron que
la totalidad de
sus pacientes
afectados por el
trastorno
presentaba
depósitos
anormales de
ferritina en el
tálamo y en los
ganglios basales
(áreas cuya
importancia para
el procesamiento
lingüístico se
ha venido
subrayando
reiteradamente),
así como una
atrofia
cerebelar y
cerebral en el
caso de los
pacientes de
mayor edad, en
quienes la
enfermedad había
progresado en
mayor medida.
•
Un tipo
alternativo de
patología
lisosomal se
debe a la
mutación del gen
NAGA, localizado
en 22q11, que
codifica una
α-N-acetilgalactosaminidasa
encargada de la
hidrólisis
catalítica de
los residuos de
α-N-acetilgalactosaminil
de determinados
glicoconjugados
en el interior
del lisosoma.123,124
La mutación del
gen resulta en
manifestaciones
clínicas
fenotípicamente
heterogénea, y
suelen agruparse
bajo el nombre
de enfermedad de
Schindler, de la
que se han
descrito tres
tipos125:
el tipo I que es
una clase de
distrofia
neuroaxonal
caracterizada
por la presencia
de esferoides en
las
terminaciones de
los axones de la
materia gris126
y se manifiesta
en la infancia
en forma de un
trastorno del
desarrollo que
va acompañado de
un rápido
deterioro
psicomotor, que
hace que entre
los 2 y los 4
años de vida se
produzca una
regresión de las
capacidades
lingüísticas del
individuo, así
como de otras
habilidades
cognitivas127,128
(aunque vid.
también129
para una
discusión
crítica); el
tipo II también
se conoce como
enfermedad de
Kanzaki y se
caracteriza por
una anormal
acumulación de
sialoglicopéptidos
en el interior
del lisosoma,
así como por la
aparición en el
estadio adulto
de un
angioqueratoma y
de un trastorno
intelectual
leve,
detectándose,
asimismo, una
degeneración
neuroaxonal
periférica y una
atrofia cerebral130,131;
el tipo III, por
último, es un
trastorno
intermedio,
caracterizado
por disfunciones
neurológicas que
pueden ser leves
o moderadas, y
que dan lugar a
un retraso
psicomotor desde
los primeros
años de vida.132
•
Por otro lado,
bajo el término
clínico de
mucopolisacaridosis
se engloban
diferentes
síndromes que
tienen causas
genéticas
dispares.
Algunos, como el
síndrome de
Hurler o el de
Scheie, tienen
su origen en la
ausencia de
actividad α-L-iduronidasa,
una enzima
lisosomal
implicada en la
degradación de
glucosaminoglicanos
(GAGs) o
mucopolisacáridos.
La acumulación
de GAGs
parcialmente
degradados
provoca diversas
alteraciones en
el
funcionamiento
celular, tisular
y orgánico,
entre las que
Neufeld y
Muenzer133
señalan la
aparición de un
retraso en el
desarrollo a
partir de los
12-24 meses de
vida (de forma
que no se supera
el
correspondiente
a los 2-4 años
de edad). Esta
acumulación de
GAGs termina
dando lugar a
una adquisición
incompleta de la
competencia
lingüística,
causada
seguramente por
el retraso
cognitivo
general o a la
existencia de
problemas
auditivos y
articulatorios.
La deficiencia
enzimática se
debe a la
mutación del gen
IDUA,134
localizado en la
región 4p16.3.
Un tipo
diferente de
mucopolisacaridosis
es la
mucopolisacaridosis
de tipo IIIA,
también conocida
como síndrome de
Sanfilippo de
tipo A, causada
por la mutación
del gen SGSH.135,136
Se trata de un
trastorno en el
proceso de
almacenamiento
lisosomal
provocado por
una degradación
inadecuada del
heparán sulfato,
causada por la
ausencia de
actividad
heparán N-sulfatasa.137
El síndrome se
caracteriza, en
general, por una
degeneración
acusada del
sistema nervioso
central, que
comienza entre
los dos y los
seis años de
edad, si bien
las alteraciones
neurológicas
suelen
manifestarse a
partir de los
seis años de
vida; la muerte
suele producirse
hacia los veinte
o los treinta
años, siendo
aparentemente
esta variante la
más severa.138
Como
consecuencia de
la degeneración
neurológica,
suele aparecer
precozmente un
retraso mental
grave, el cual
da lugar a
alteraciones
significativas
del
comportamiento,
a una demencia y
a un retraso en
el desarrollo
lingüístico. El
gen SGSH,
localizado en
17q25.3, está
constituido por
8 exones139
y codifica una
N-sulfoglucosamín
sulfohidrolasa,140
una de las
cuatro enzimas
responsables de
la degradación
del heparán
sulfato. El gen
presenta un
patrón de
maduración
alternativa, de
forma que se han
detectado hasta
tres transcritos
diferentes, de
3.1, 4.3 y 7.1
kb.140
•
Por su parte, la
mutación del gen
MANBA da lugar a
la denominada β-manosidosis,141,142
entre cuyos
síntomas más
habituales se
encuentran la
hiperactividad y
la existencia de
un retraso
mental, que
implica,
asimismo, un
retraso en la
emergencia del
lenguaje,
advirtiéndose en
ocasiones la
aparición de
tics fónicos.142-144
Si bien no
suelen
apreciarse
habitualmente
alteraciones
neurológicas,145
en determinadas
especies
animales el
trastorno
equivalente
suele implicar
la existencia de
una
desmielinización
generalizada a
nivel del
sistema nervioso
central y
periférico.146
El gen MANBA,
localizado en
4q22-q25, está
formado por 17
exones y
codifica una β-manosidasa,
una enzima
lisosomal que
cataliza el
último paso de
la degradación
de determinados
residuos
oligosacarídicos
presentes en las
glicoproteínas
mediante la
ruptura del
enlace de tipo β
existente entre
la última
molécula de
manosa del
oligosacárido y
el esqueleto
proteínico.141
El gen se
expresa
principalmente
en el páncreas,
la placenta y el
riñón, y en
menor medida, en
el hígado, el
pulmón, el
cerebro, el
corazón y el
músculo,
detectándose en
todos los casos
un único
transcrito de
3.7 kb.141
•
Finalmente, la
mutación del gen
ARSA, localizado
en 22q13.31-qter,
da lugar a un
complejo
fenotipo que
suele
denominarse
leucoencefalía o
leucodistrofia
metacromática.147
En líneas
generales,
existen dos
variantes del
trastorno: una
forma precoz,
que se
manifiesta al
final de la
niñez o al
comienzo del
período juvenil,
y que se
caracteriza por
la aparición de
una rigidez
motora y de un
deterioro mental
que suele
conducir a la
muerte en pocos
años148,149;
y una forma
adulta, que
suele
manifestarse
inicialmente en
forma de
trastornos
psiquiátricos.150
En los
individuos
heterocigóticos
no suelen
apreciarse
anomalías
neurológicas, si
bien suele verse
afectada en
ellos la
capacidad de
procesamiento
espacial, aunque
no así, en
principio, la de
procesamiento
lingüístico.151
El gen codifica
una
arilsulfatasa A,152
una enzima
lisosomal
encargada de la
hidrólisis de
los residuos de
galactosa-3-sulfato
existentes en
diversos
lípidos,
especialmente en
los cerebrósidos-sulfato.153
Como
consecuencia de
la anormal
acumulación de
cerebrósido-3-sulfato
(que forma la
materia
“metacromática”
que da nombre al
trastorno) se
producen
diversas
alteraciones en
la materia
blanca,154
que pueden
originar,
incluso, una
atrofia
subcortical.155
En los ratones
que presentan
una deficiencia
de esta enzima
se observa,
asimismo, una
astrogliosis,
una activación
de la microglía
y una alteración
de la morfología
de las dendritas
de las células
de Purkinje.156
Alteraciones
del metabolismo
mitocondrial (no
respiratorio).
Similar
importancia a la
que presentan
las deficiencias
metabólicas
asociadas a
enzimas
citosólicas o
lisosomales
parece tener la
ausencia de
determinadas
actividades
enzimáticas
presentes en el
estroma
mitocondrial.
Así, por
ejemplo, la
glutaricacidemia
de tipo I es un
trastorno
metabólico
debido a la
deficiencia de
una enzima
mitocondrial, la
glutaril-CoA
deshidrogenasa,
que participa en
el metabolismo
de la lisina, la
hidroxilisina y
el triptófano.
La enzima está
codificada por
un gen nuclear,
denominado GCDH
y localizado en
19p13.2.157,158
Esta deficiencia
da lugar a una
gliosis y a una
pérdida neuronal
en los ganglios
basales, si bien
también se ha
detectado una
atrofia del
lóbulo temporal159;
en ambos casos
se trata de
regiones
cerebrales
implicadas en el
procesamiento
lingüístico.160
Kyllerman et al.161
han constatado
que las
funciones
cognitivas de
estos individuos
se encuentran
menos afectadas
que las motoras,
de forma que, en
el caso concreto
del lenguaje, la
recepción se ve
menos afectada
que la
expresión.
Alteraciones
del metabolismo
mitocondrial
(respiratorio).
Una relevancia
semejante, por
su significativo
alcance
fenotípico en
términos
neurológicos y
cognitivos,
poseen los
diferentes
trastornos que
están causados
por la mutación
de alguno de los
genes que
codifican los
componentes de
la cadena de
transporte
electrónico.
Dichos
trastornos se
agrupan bajo la
denominación
genérica de
síndrome de
Leigh. Este
síndrome puede
definirse como
un trastorno
neurodegenerativo
progresivo y
precoz,
caracterizado
por la presencia
de lesiones
bilaterales
focales en
diversas zonas
del sistema
nervioso
central,
incluyendo el
tronco
encefálico, el
tálamo, los
ganglios basales,
el cerebelo y la
médula espinal,
las cuales
consisten
fundamentalmente
en una
desmielinización,
una gliosis y/o
necrosis del
tejido nervioso,
y las
manifestaciones
neurológicas
dependen
necesariamente
de la zona del
sistema nervioso
afectado.162
En consecuencia,
las diversas
variantes del
síndrome pueden
estar causadas
por mutaciones
en los genes
NDUFS1,163
NDUFS3,164
NDUFS4,165
NDUFS7,166
NDUFS8167
y NDUFV1,168
que codifican
algunas de las
proteínas que
integran el
complejo I de la
cadena de
transporte
electrónico
mitocondrial.
Así, por
ejemplo, la
mutación del gen
NDUFS8 da lugar
a un fenotipo
caracterizado,
entre otros
síntomas, por la
presencia de una
disartría,
constatándose
específicamente
la existencia de
lesiones
bilaterales en
el putamen.167
Del mismo modo,
el síndrome
puede estar
causado por
distintas
mutaciones en el
gen SDHA, que
codifica uno de
los componentes
del complejo II.
Así, en
particular, se
ha descrito un
caso clínico en
el que la
mutación de este
gen originaba
diversas
lesiones
necróticas en
los ganglios
basales, que se
traducían en la
aparición de un
retraso en el
desarrollo
psicomotor a
partir de los
nueve meses de
edad.169
El síndrome de
Leigh puede
estar causado,
asimismo, por
una mutación del
gen BCS1L,170
cuyo producto
está implicado
en el ensamblaje
del complejo III;
en este caso se
ha constatado,
igualmente, la
presencia de
lesiones en los
ganglios basales,
así como en el
tronco del
encéfalo.170
Un grupo de
mutaciones
causantes del
síndrome son
también las que
afectan a genes
que codifican
diferentes
componentes del
complejo IV,
como COX10,171
COX15,172
SCO2173
o SURF1.174
Con relación a
este último gen,
Teraoka et al.175
han descrito la
existencia de
diversas
anomalías
neurológicas
asociadas a
algunas de las
mutaciones de su
secuencia, que
incluyen
distintas
alteraciones de
los ganglios
basales, del
núcleo dentado
del cerebelo y
de la zona
próxima al
acueducto del
mesencéfalo.
Finalmente, se
ha constatado
que el síndrome
de Leigh también
puede deberse a
la presencia de
mutaciones en
diversos genes
mitocondriales,
como MTND3,176
MTND5177
o MTND6,178,179
que codifican
diversos
componentes del
complejo I de la
cadena de
transporte
electrónica
mitocondrial;
MTCO3,180
que codifica un
componente del
complejo IV;
MTATP6,181,182
cuyo producto
forma parte del
complejo V; MTTV,183
MTTK,184
MTTW185
o MTTL1,186
que
codifican
diferentes ARNt
mitocondriales;
o, incluso, DLD187
o PDHA1,188
que codifican
dos de los
componentes del
complejo de la
piruvato
deshidrogenasa.
Existen diversos
trastornos
hereditarios,
clínicamente
diferentes al
síndrome de
Leigh, que están
causados por la
mutación de
genes que
codifican
proteínas
integrantes de
la cadena
respiratoria
mitocondrial. En
general, la
mutación de
estos genes
también resulta
fenotípicamente
muy heterogénea.
Entre los casos
en los que se ha
constatado
específicamente
la existencia de
un retraso en el
desarrollo del
lenguaje o una
alteración de
las capacidades
lingüísticas del
individuo puede
citarse, por
ejemplo, el del
gen mitocondrial
MTCYB, que
codifica el
citocromo b, el
cual forma parte
del complejo III
de la cadena de
transporte
electrónico
mitocondrial.189,190
Así, Schuelke et
al.191
han descrito la
asociación de
una mutación
puntual en dicho
gen, que da
lugar a una
sustitución en
la secuencia
polipeptídica de
la proteína, con
la existencia de
un complejo
síndrome, que
incluye, entre
otros síntomas,
un retraso en la
emergencia del
habla, un
retraso motor,
una microcefalia
y una hipoplasia
cerebelosa. Del
mismo modo,
Chapiro et al192
han asociado una
mutación en el
ARNt
mitocondrial
para serina
(codificado por
los nucleótidos
7445-7516 del
ADN mitocondrial)
con un trastorno
que incluye
entre sus
síntomas
característicos
un retraso en la
emergencia del
lenguaje (que
fue la causa que
motivó el
diagnóstico) y
una moderada
pérdida
sensineural de
la capacidad
auditiva (que
suele ser el
fenotipo más
común en el
resto de las
mutaciones
caracterizadas
hasta la fecha).
En este sentido,
también resulta
conveniente
constatar que la
deficiencia en
ubiquinona
endógena puede
dar lugar a
diferentes
síntomas
clínicos, que, a
nivel del
sistema nervioso
central,
incluyen la
encefalomiopatía193,194
o la atrofia
cerebelar,195
y que suelen ir
acompañados de
un retraso
psicomotor y de
dificultades
para el
aprendizaje.193,194
El interés
adicional que
presentan, en
relación con el
lenguaje,
algunas de estas
enzimas
implicadas en el
metabolismo
respiratorio
mitocondrial
estriba en la
circunstancia de
que su evolución
parece haber
desempeñado un
papel relevante
en la emergencia
de algunas de
las propiedades
superiores del
cerebro humano.
Como se apuntó
anteriormente, a
lo largo del
proceso
evolutivo que
conduce a la
aparición de la
especie humana,
se ha producido
un incremento
manifiesto del
volumen
cerebral, el
cual habría
conllevado a un
incremento
concomitante de
la complejidad
estructural y
funcional del
mismo.45
Un cerebro más
complejo precisa
de un mayor
aporte
energético para
su
funcionamiento,
lo que
explicaría que
entre los genes
que han
experimentado
una selección
positiva durante
la evolución de
la especie
humana se
encuentren
también los
relacionados con
el metabolismo
cerebral y, en
particular, los
que codifican
diversos
componentes de
la cadena de
transporte
electrónico
mitocondrial,
incluyendo
determinadas
subunidades de
los complejos
III y IV o el
propio
cictocromo c196
Grossman et al.,196
por ejemplo,
sostienen
explícitamente
que el
incremento en la
tasa de
evolución de
numerosas
proteínas
mitocondriales a
lo largo de la
línea evolutiva
de los homínidos
que conduce al
hombre moderno
podría
correlacionarse
positivamente
con el aumento
de la demanda de
energía por
parte del
neocórtex en
expansión,
necesario para
sostener
metabólicamente
las complejas
tareas
cognitivas
privativas de
nuestra especie,
y entre ellas,
el lenguaje.
Conclusiones
Tradicionalmente
el análisis de
los fundamentos
moleculares del
lenguaje en la
especie humana
ha estado ligado
de forma
preferente a la
identificación y
caracterización
estructural y
funcional de los
genes cuya
mutación da
lugar a
determinados
trastornos
lingüísticos
(vengan
acompañados o no
de otro tipo de
disfunciones
cognitivas). Sin
embargo,
conviene tener
presente que el
gen es un
elemento más,
dentro de un
complejo sistema
que incluye
también
moléculas,
células,
músculos,
glándulas,
percepciones,
atenciones,
estados y
elecciones, de
ahí que el
genoma nunca
solape por
completo con una
determinada
función cerebral
(en caso de que
así fuera, los
genes
determinarían
por completo los
fenómenos
fisiológicos
implicados en el
procesamiento
lingüístico, de
modo que
resultaría
lícito
considerarlos el
punto final del
análisis
biológico del
fenómeno
lingüístico),
como tampoco lo
hacen el
transcriptoma,
el proteoma, el
metaboloma o el
interactoma. Por
lo demás, este
componente
molecular del
lenguaje se
encuentra
íntimamente
relacionado con
los elementos
que integran los
restantes
niveles en la
jerarquía de
complejidad
creciente que
entraña la
organización
estructural y
funcional del
órgano del
lenguaje. Cada
uno de dichos
niveles
(molecular,
celular,
fisiológico,
funcional,
macroestructural,
conductual)
influye en (y se
ve influido por)
los demás, de
ahí el interés
que, para una
caracterización
exhaustiva del
lenguaje en
términos
biológicos,
entraña también
el análisis del
papel que
desempeñan
determinados
metabolitos a
nivel del
sistema nervioso
central, pero
sobre todo, de
las
repercusiones
que para la
capacidad de
procesamiento
lingüístico del
individuo tiene
la disfunción
que causa en
determinadas
estructuras
neuronales la
acumulación o
degradación
anormales de
dichos
compuestos
bioquímicos,
como ocurre con
buena parte de
los trastornos
metabólicos
discutidos en el
presente
trabajo. Por
consiguiente,
este tipo de
evidencias sirve
necesariamente
de complemento
al creciente
corpus de datos
disponibles en
la actualidad
acerca de la
implicación de
diversos
circuitos,
estructuras o
regiones
neuronales en el
procesamiento
del lenguaje,
los cuales
proceden
fundamentalmente
de los análisis
de la actuación
lingüística en
individuos en
los que se ha
producido una
disfunción
patológica o
traumática de la
misma, así como
de la
determinación de
la actividad in
vivo de dichas
estructuras
neuronales
mediante
técnicas de
imagen no
invasiva.
Del mismo modo,
complementan
también la
información
procedente de
los estudios de
carácter
molecular
destinados a
determinar el
patrón de
expresión y las
propiedades
estructurales y
funcionales de
los genes
caracterizados a
partir de
individuos
afectados por
diversos tipos
de trastornos
lingüísticos de
carácter
hereditario. Por
lo demás, la
consideración
del metabolismo
cerebral y de
las
modificaciones
que se han
producido en su
homeostasis a lo
largo de la
evolución humana
contribuye,
asimismo, a una
caracterización
más precisa del
desarrollo del
órgano del
lenguaje en
términos
filogenéticos,
como pone de
manifiesto el
caso de las
modificaciones
acaecidas en el
perfil
bioquímico de
determinadas
moléculas
glucídicas en
relación con el
incremento del
volumen cerebral
que ha tenido
lugar durante la
especiación (un
prerrequisito
para la
aparición del
lenguaje), al
que se aludió
anteriormente, o
la modificación
de la
homeostasis de
determinados
neurotransmisores,
en particular,
del glutamato
con la aparición
y la
optimización
catalítica de la
glutamato
deshidrogenasa
cerebral
codificada por
el gen GLUD2, la
cual estaría
específicamente
adaptada a los
elevados niveles
de especies
reactivas del
oxígeno
existentes en
este cerebro de
mayor tamaño y
más activo en
términos
metabólicos.197
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