EDITORIAL
La neurología en el Ecuador
Día a día y hasta cierto punto abrumados,
observamos la avalancha de conocimientos e información que la
Neurología produce y que justifican plenamente la existencia de
las subespecializaciones. Los neurocientistas básicos, por
ejemplo, nos deslumbra con sus investigaciones proteonómicas y
genómicas, y en el campo de las "células madre". En el área de
la Neurohistopatología, innovadores métodos de investigación -
respaldados por la inmunohistoquímica - nos han permitido
aprender más sobre las conexiones de las redes neurales.
Inclusive dentro de un específico campo, como el de los
trastornos del movimiento, la investigación ha requerido la
parcelización de ciertos aspectos: investigación centrada en
cuestiones clínicas y, dentro de ellas, en elementos
clinicométricos y psicométricos. Y así podríamos continuar
enumerando muestras casi de manera infinita.
Frente a tales hechos, la realidad de nuestro
país parece situarse a lomo de caballo entre los siglos XIX y XX.
No queda más que admitir que, en los más amplios términos, la
formación de nuevos neurólogos se aleja mucho de los
requerimientos que demanda el presente. Con el surgimiento del
CONESUP, inicialmente se albergaron esperanzas de que la
formación neurológica en el Ecuador sea regulada razonablemente.
Para ese entonces, había dos maneras de regularización: los
denominados Neurólogos de Derecho (aquellos que regresaban con
especialización cursada en el exterior y la sometían a
consideración de los respectivos Colegios Médicos de cada
provincia, quienes, de acuerdo con la Ley de la Federación
Médica Ecuatoriana vigente, procedían o no procedían al
reconocimiento); y los denominados Neurólogos de Hecho (aquellos
que acreditaban una formación como residentes de cinco años y
rendían el examen correspondiente para obtener el reconocimiento
de la especialidad).
En general, la Sociedad Ecuatoriana de Neurología
(SEN) se ha distinguido hasta la actualidad por el elevado nivel
académico de sus integrantes, la gran mayoría de ellos con
formación de especialidades obtenida en el exterior o en
servicios neurológicos completos y de prestigio. Por eso, cuando
visionariamente el Dr. Óscar Del Brutto (Past Presidente de la
SEN) propuso hace algunos años la creación del Consejo de la
SEN, a algunos nos pareció que era un acto innecesario. El paso
del tiempo, sin embargo, le ha dado la razón a Óscar, pues, al
mismo tiempo que el CONESUP tomaba a cargo el reconocimiento de
los títulos profesionales, empezaron a proliferar las
Universidades y algunas de ellas crearon rápidamente Facultades
de Medicina y hasta postgrados. Ahí se iniciaron los problemas y
el estado actual de la situación es tal que exige una pronta
intervención de la Federación Médica Ecuatoriana y de las
Sociedades Médicas, concretamente de la SEN.
A estos tiempos, al menos cinco Universidades
ofrecen postgrados en Neurología con una duración que oscila
entre los 3 y los 4 años. Si se busca la malla curricular de
dichos cursos., en algunos casos ella no existe y en otros casos
se reduce a unos buenos propósitos. Los hospitales en los que
esos postgradistas se forman carecen de servicios de neurología
planamente desarrollados; los instructores, tutores o profesores
son insuficientes, y se confía la formación a la contribución de
buena voluntad de los médicos especialistas. Los sistemas de
evaluación se fundamentan más en la apreciación personal que en
criterios pedagógicos de evaluación de conocimientos,
razonamiento, habilidades y destrezas. Las rotaciones se hacen
donde buenamente se puede. Y, aunque parezca increíble, no se
incluye una pasantía en Neuropatología. Sería interesante saber
si alguno de tales cursantes sabe reconocer la histología del
neocórtex y diferenciarla de la del paleocórtex.
El resultado final de esa actitud es la
incorporación, cada vez más numerosa, de neurólogos con
formación lamentable e incompleta. No hay un plan nacional de
especialidades médicas, ni una formación similar entre los
diferentes centro universitarios. Ciertamente que la propia
conducta y la responsabilidad que el ser médico exige desempeñan
un papel crucial en la formación de una persona; pero, no es
menos cierto que aún toda buena dedicación necesita de
exigencias adecuadas y recursos idóneos. LO paradójico de un
panorama como el descrito es que esos nuevos neurólogos terminan
teniendo más derechos que quienes, siendo algo mayores, hemos
obtenido nuestra especialidad en el extranjero o hemos acumulado
una larga y buena experiencia en la especialidad. Para que el
CONESUP nos registre como especialistas en Neurología debemos
realizar un trámite de reconocimiento ante alguna Universidad
nacional, incluidas las que no tienen Facultad de Medicina. La
universidad de que se trate debe reconocer nuestro título y
canjeárnoslo por uno otorgado por ella.
Pues bien, si queremos impedir que la Neurología
en el Ecuador se asiente en la mediocridad, la SEN en conjunto
con la Federación Médica Ecuatoriana deben actuar de inmediato
planteándole al CONESUP la necesidad de regular racional,
profesional y con rigurosidad científica la formación de los
futuros neurólogos, con el fin de que cada vez haya mejores
profesionales y de que la especialidad crezca científicamente en
el país. Por lo pronto, la existencia del consejo de la SEN es
una garantía; pero, sobre esa garantía se cierra la posible
supresión de la colegiatura obligatoria. Si, al parecer, el
organismo de control principal no atina a hacer bien las cosas y
si los Colegios Médicos, la Federación Médica Ecuatoriana y las
Sociedades Científicas no actúan en salvaguarda de la
excelencia; alegremente y a ritmo de conga terminarán
proliferando "especialistas" de características pandémicas. En
general, las epidemias, peor las pandemias, no acarrean cosas
buenas. Este es el momento de actuar.
Marcos Serrano Dueñas
Servicio de Neurología
Hospital Carlos Andrade Marín
Quito, Ecuador