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Figura 1. T.C. de cerebro con lesión isodensa
con el parénquima, que ocupa la cisterna supraselar
y no captó el contraste endovenoso. |
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Figura 2a y b. M.R.I. de cerebro, T1 ,
axial y sagital, con lesión hipotalámica de 1.5
cm, isointensa, no pediculada, típica de
hamartoma hipotalámico.- Junto al cuadro
clínico, este tipo de lesión no tiene
diagnóstico diferencial. |
Entre los
años 2002 y 2004, ocasionalmente presentó unos episodios de
segundos de duración, en los que cerraba los ojos, extendía
las extremidades superiores y parecía desconectarse del
ambiente que lo rodeaba Se interpretaron como crisis
parciales complejas y no se han vuelto a repetir. Toma
carbamacepina de liberación controlada en dosis de 400 mg
cada 12 horas.
Si bien la
RC no parece haber disminuido el tamaño de la lesión en
estos 7 años, es indudable que logró mejorar el número y la
frecuencia de las crisis de risa, con la ventaja adicional
de que afortunadamente tampoco han aparecido complicaciones
inherentes a la radiocirugía como disfunción
hipotálamo- hipofisaria o alteraciones de la vía óptica.
Probablemente, la radiocirugía destruyó un importante número
de neuronas en el hamartoma, lo que disminuyó la
frecuencia y número de las crisis gelásticas.
El paciente
es normal desde el punto de vista del desarrollo motor y
tiene un muy discreto retardo mental, sin presentar otros
tipos de crisis convulsivas ni alteraciones del
comportamiento. Asiste a una escuela normal y recibe ayuda
psicopedagógica.
Comentario
Como el
nombre de hamartoma se conoce a un grupo de neuronas, glia o
manojos de fibras nerviosas, que perdieron su camino en el
momento de la migración celular embrionaria, ubicándose en
estructuras donde normalmente no deberían estar. El
hipotálamo es tradicionalmente uno de lo sitios donde se
encuentran estas colecciones, las cuales son congénitas y
raras. Las neuronas del hamartoma pueden ser normales o
displásicas y en este último caso habría mayores
posibilidades de desarrollar epilepsia gelástica pues
estas podrían hacer conecciones aberrantes o tener
epileptogenicidad intrínseca.
Como se ve,
no se trata de un tumor estrictamente hablando y el
hamartoma está usualmente unido a los cuerpos mamilares o al
tuber cinereum. En la TC e IRM se lo observa justamente por
delante del mesencéfalo. Algunos son pediculados y otros no,
y pueden ejercer cierto efecto de masa sobre el hipotálamo y
el III ventrículo o insinuarse hacia la cisterna
interpeduncular.1
El
hamartoma hipotalámico (h - h), es usualmente asintomático y
más común en los varones, pero puede causar Epilepsia
Gelástica y en el caso de que contenga gránulos
neurosecretonos, pubertad precoz. Asimismo, algunos niños
pueden desarrollar retraso intelectual leve o grave, severos
problemas de conducta y otros tipos de crisis
convulsivas, lo cual no ocurrió en este caso.2
Las crisis
de risa, incontrolables, no provocadas y con inicio antes
del año de edad, son refractarias al tratamiento con drogas
anticonvulsivas y en la actualidad se piensa que dichas
crisis se originan en el interior del hamartoma, por lo que
el mejor tratamiento para ellos sería la extirpación de
éste. Sin embargo, como muchos hamartomas no son pediculados,
la cirugía podría causar serias complicaciones por lesiones
hipotalámicas o de las estructuras cerebrales
adyacentes y se han reportado casos de diabetes insípida,
panhipopituitarismo, lesiones ópticas y de vías
motoras.3-5
Uno puede
suponer que muchas manifestaciones clínicas de los seres
humanos podrían tener un origen convulsivo, pero no fue
fácil en el pasado, reconocer que la risa podía tener un
origen epiléptico. En efecto, esta se puede observar en
pacientes con síndrome de West y más comúnmente, en crisis
parciales complejas de origen temporal o frontal.6 Sin
embargo, las típicas crisis gelásticas se distinguen de la
risa epiléptica asociada a las crisis convulsivas focales
temporales por su comienzo, frecuencia y carácter, e incluso
se puede afirmar que con el típico cuadro clínico
practicamente no hay que hacer diagnóstico diferencial al
observar la típica lesion hipotafárnica en la IRM7,8
La primera
cirugía exitosa fue la reportada por North Field y Russell
en 1967 en un paciente con pubertad precoz y retardo mental,
que frecuentemente se reía, lo cual no fue reconocido como
manifestación epiléptica. Posteriormente, Takeuchi, Sato,
Machado, Nishio y Valdueza reportaron otros casos exitosos
con la extirpación completa del harmartoma, la cual curaba
la epilepsia gelástica e incluso los otros tipos de crisis
convulsivas que frecuentemente se asociaban a esta.9-14
Ponsot y
Plouin15 sugirieron, en 1983, que las crisis gelásticas
podrían originarse en las neuronas del hamartoma, pero el
reconocimiento definitivo lo hizo Munari en 1995 al realizar
un estudio electroencefalográfico con electrodos profundos
colocados incluso en el interior del hamartoma..3 Se
comprobó que las crisis de risa estaban estrictamente
relacionadas con descargas letales que se iniciaban y
permanecían localizadas en el hamartoma. Los otros
tipos de crisis que se asociaban a las gelásticas
representaban epileptogénesis secundaria y tenían origen en
los lóbulos cerebrales. De allí que Cascmo y
colaboradores hayan reportado en 1993 que las cirugías
focales corticales frontales o temporales eran un fracaso y
no debían realizarse.16
De esta
manera quedó aparentemente claro que este peculiar síndrome
epiléptico intratable que se iniciaba en la infancia con
crisis gelásticas y era seguido en los años siguientes por
otros tipos de crisis convulsivas acompañadas frecuentemente
de deterioro intelectual, tenía su origen primario en las
neuronas del hamartoma y que el tratamiento debía enfocarse
allí.
Kuzniecky y
Arroyo, en 1997 durante las crisis de risa, realizaron SPECT
ictal y comprobaron hiperperfusión en el hamartoma.
Posteriormente, Tasen y colaboradores realizaron
espectroscopía por resonancia magnética y demostraron que la
relación NAA/Cr estaba disminuída en el hamartoma al
compararla con hipotálamos de sujetos normales. En cambio,
dicha relación fue normal a nivel de los lóbulos
temporales.17
Es decir,
la neuroimagen funcional, los estudios electrofisiológicos,
y las cirugías exitosas del hamartoma, corroboraron su
epileptogenicidad intrínseca.18
Se conoce
que existen conexiones entre el hipotálamo, la amígdala y la
formación del hipocampo y este último está interconectado
con áreas de asociación cortical en el lóbulo temporal,
relacionadas con la memoria y expresión emocional. Por otra
parte, el h-h, frecuentemente unido a los cuerpos mamilares
podría afectar al haz mamilotalámico y a su conexión con los
núcleos anteriores del tálamo.
Hipótesis
de este tipo son las que podrían explicar los focos
epilépticos lobares y los cambios mentales que se
desarrollan secundariamente, luego del inicio de la
epilepsia gelástica dentro del propio hamartoma.
Como el
espectro de la severidad de la epilepsia es variable y en
ocasiones tan benigno que no necesita mayor tratamiento,19
la RC es una excelente alternativa terapéutica, muchas veces
preferida por los padres de los niños cuando se les informa
acerca de las opciones que existen para intentar mejorar
este tipo de epilepsia intratable. La primera RC fue
realizada en el caso de Munari3 cuando el paciente tenía 16
años y quizás fracasó por la baja dosis empleada o por el
largo tiempo de evolución de la epilepsia.
Hoy incluso
se sabe que el procedimiento puede ser repetido.
Recientemente, Unger20 y Regís,21 han enfatizado sobre la
seguridad y efectividad de la RC a pesar de, que en varios
casos, el tamaño del h-h no disminuyó en los controles
futuros de neuroimagen, lo cual no significa fracaso
terapéutico.
El estudio
de Regís correponde a la primera serie de pacientes donde se
demostró la efectividad de la RC en 10 pacientes procedentes
de 7 diferentes centros médicos de Francia, Japón, Austria y
EEUU. Es un estudio retrospectivo, con seguimiento de 12 a
71 meses y todos los pacientes tenían una epilepsia severa
farmacorresistente.
En el
momento de la RC, la edad media fue de 13 años con un rango
entre 1 año y 32 años y la dosis administrada varió entre 12
y 20 Gy, observándose que a mayor dosis hubo mejor respuesta
clínica.
Todos
mejoraron y no se observaron efectos secundarios, 4
estuvieron completamente libres de crisis, 1 quedó con raras
crisis nocturnas, 1 solo con crisis parciales ocasionales, 2
solo con mejoría y disminución de la frecuencia de las
crisis y alguna crisis generalizada de vez en cuando.
En 2
pacientes, la mejoría fue considerada insuficiente y fueron
tratados de nuevo, con desaparición completa de los
episodios convulsivos. La RC no debe repetirse antes de 36
meses de observación, esperando la mejoría.
La cirugía
se reservaría entonces para grandes hamartomas hipotalámicos,
que producen—además de las crisis gelásticas—otro tipo de
crisis y alteraciones de conducta, o en quienes han
fracasado luego del tratamiento con RC. Los pacientes
operados lógicamente se recuperarían más rápido que los
sometidos a RC.
Valdueza y
col14 clasificaron a los hamartomas del hipotálamo en 4
subgrupos, de acuerdo con su topografía y datos clínicos, lo
cual ayuda en la elección terapéutica:
Tipos Ia y
Ib: son pequeños o medianos, pediculados, originados en el
tuber cinereum o cuerpos mamilares, no desplazan el
hipotálamo y son asintomáticos o producen pubertad precoz.
Se tratan con análogos de acción prolongada de hormona
liberadora de hormona luteinizante, la cual detiene la
pubertad precoz y maduración esquelética y solo
ocasionalmente con cirugía. Estos 2 tipos no producen
epilepsia gelástica.
Los tipos
IIa y IIb, son medianos o grandes, (1,5 a 4 cms.), sésiles,
se originan en el tuber cinereum o cuerpos mamilares,
producen desplazamiento leve o marcado del hipotálamo y
causan epilepsia gelástica y en ciertos casos, otros tipos
de crisis convulsivas, alteraciones de conducta y muy
ocasionalmente, pubertad precoz. (Valdueza clasificó como de
tipo II, a los h-h sésiles y más grandes; a: sin efecto de
masa y b: con efecto de masa.)
Como se ha
mencionado, los casos más complicados han sido operados con
éxito desde hace años y en ellos, la cirugía puede ser la
terapia de elección en manos expertas,11,12-18 pero la
opción actual de la RC nos plantea el desafío de
individualizar bien los casos para ofrecerles la mejor
alternativa terapéutica posible.
El número
de pacientes con h-h tratados con RC a nivel mundial es aún
pequeño y aunque no hay todavía conclusiones al respecto,
esta terapéutica está siendo usada con éxito en el
tratamiento de diferentes formas de epilepsia, incluida la
esclerosis mesial del lóbulo temporal.
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