Resumen
La trombosis
venosa cerebral es una entidad poco común con serias
consecuencias clínicas. Tiene un amplio rango de signos y
síntomas de presentación, pudiendo ser catalogado como cualquier
síndrome cerebral en donde el rol de la neuroimagen juega un
papel muy importante. Entre las condiciones que producen o
predisponen a la trombosis venosa, están los estados
hipercoagulables, que pueden ser hereditarios o adquiridos. Se
reporta un caso clínico en donde la asociación embarazo y
malignidad (Linfoma no Hodgkin) indujeron a la aparición de
trombosis venosa cerebral del seno longitudinal.
Abstract
Cerebral venous thrombosis is an uncommon problem with serious
medical consequences. It presents with a wide range of signs and
symptoms as any cerebral syndrome where neuroimaging plays a key
role. Among the conditions that produce or predispose to venous
thrombosis are hypercoagulable states, inherited or acquired. We
report a case where the association of pregnancy and malignancy
(Non-Hodgkin Lymphoma) induced the development of cerebral
venous sinus thrombosis.
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Introducción
La trombosis
venosa cerebral (TVC) es una entidad no muy frecuente que
generalmente ocurre en neonatos y personas de edad media con una
incidencia del 1 al 2% de todos los ictus isquémicos,
manteniendo una mortalidad del 5 al 10%.1 Casi siempre tiene que
estar presente un estado hipercoagulable o trombofilia. Entre
estos se encuentran el embarazo y los estados malignos
como condiciones adquiridas. En una serie de 624 pacientes se
encontró una incidencia del 12% relacionada con la gestación; de
estos sólo una pequeña parte ocurría durante el embarazo y
la mayoría se presentó durante el puerperio (66-88%).2 Por lo
general están asociados con manifestaciones neurológicas como
cefalea, papiledema, déficit motor y convulsiones.3 Las
enfermedades hematológicas malignas que se presentan durante el
embarazo son aún más raras, encontrándose entre un 0.03%
al 0.07%. Entre ellas, el linfoma Hodgkin está relacionado casi
siempre con histología agresiva y una enfermedad
diseminada.4 La asociación de trombosis venosa cerebral con
linfoma de Hodgkin en el embarazo ha sido poco estudiada
teniendo ésta, peligrosas implicaciones en el tratamiento así
como en su sobrevida.
Presentación de caso clínico
Se trata de una
paciente de 29 años de edad diagnosticada de enfermedad de
Hodgkin, en estadio clínico IV-B, tipo esclerosis nodular por
biopsia de masa cervical derecha, con diagnóstico realizado dos
meses antes de su ingreso. Fue admitida al hospital cursando un
embarazo de 27 semanas asociado a un síndrome de vena cava
superior por masa mediastinal (figura 1), por lo que se realizó
cesárea segmentaria, previa maduración pulmonar fetal con ciclo
corto de esteroides sistémicos. Doce días después se inició plan
quimioterapéutico con ABVD (adriamicina, bleomicina, vinblastina,
dacarbacina), sin complicaciones inmediatas, dándose el
alta hospitalaria a la tercera semana. 48 horas
posteriores reingresó por cuadro clínico de convulsiones
tónico-clónico generalizadas con 3 crisis en un mismo día,
por lo que se inició terapia anticonvulsivante con fenitoína
sódica, estabilizándose el cuadro. Exceptuando por la
cefalea, la paciente no refería otro síntoma, y la
exploración neurológica inicial resultó normal. La
tomografía computada (TC) de cerebro sin contraste, mostró una
lesión hemorrágica parieto-occipital izquierda (figura 2).
La paciente se mantuvo en condiciones clínicas estables con
fenitoína sódica 300 mg/día por vía oral. Pocos días después, la
paciente presentó cefalea intensa, irritabilidad y
disminución del nivel de conciencia. El examen físico evidenció
papiledema bilateral. La imagen por resonancia magnética (IRM)
de cerebro mostró lesiones compatibles con infartos hemorrágicos
parieto-occipital izquierdo y occipital derecho, y signos
indirectos de trombosis del seno longitudinal (figura 3 A,B,C,D).
La angiorresonancia intracraneal en fase venosa reveló trombosis
del seno longitudinal superior (ver figura 4, pag. 73).
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Figura 1 |
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Figura 2A |
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Figura 2B |
Se inició
soporte neurointensivo, administrando anticoagulación con
heparina sódica en infusión continua por la trombosis del
seno longitudinal y se inició warfarina sódica vía oral. La
paciente fue mejorando paulatinamente sin signos focales
residuales.
Los
resultados de exámenes de laboratorio se muestran en el
cuadro 1 (pag. 73). Los tiempos de coagulación y fibrinógeno
permanecieron normales, y INR inicial fue 0.92.
La
actividad del linfoma obtuvo poca respuesta al tratamiento,
ameritando terapia de segunda línea con Bleomicina,
Etoposido, Doxorrubicina, Procarbacina, Ciclofosfamida,
Vincristina (BEACOP). No presentó síntomas neurológicos
posteriores. A los nueve meses de iniciada la terapia
anticoagulante tuvo que se suspendido por complicaciones
hematológicas producto de la quimioterapia.
Revisión de la literatura
La TVC es
una entidad poco común, con presentación clínica
extremadamente variable y no específica, que sobrelleva
consecuencias clínicas muy serias (5). Generalmente ocurre
en personas de mediana edad y neonatos; en las mujeres
generalmente sucede en el embarazo y en primigravidas,
especialmente desde la segunda a cuarta semana posparto. Aun
así, el diagnostico de TVC permanece muy poco tomado en
cuenta al momento del diagnóstico diferencial de un evento
cerebro vascular, debido a la gran diversidad de su síntomas
y modos de presentación y a la multiplicidad de signos en
técnicas de neuroimagen.
Diversas
entidades clínicas pueden causar o predisponer a la TVC,
siendo las principales las relacionadas con los estados
hipercoagulables. Egeberg, en 1965, acuñó el término
trombofilia a una entidad que apareció en una familia
noruega que presentaba déficit de antitrombina III, y que
mostraba una alta frecuencia de trombosis venosa.
Actualmente este término se lo utiliza para toda condición
que cause trombosis vascular. Las trombofilias pueden ser
hereditarias o adquiridas. Deficiencia de antitrombina y
las disfibrinogenemias fueron las primeras entidades en ser
descritas. Entre las principales trombofilias adquiridas se
encuentran: síndrome antifosfolipídico, hiperhomocistinemia,
embarazo, cáncer, uso de anticonceptivos orales o terapia de
reemplazo hormonal, uso de corticoesteroides, enfermedad de
Behcet, enfermedad inflamatoria intestinal, diabetes
mellitus, sepsis, policitemia vera, entre otros6 (cuadro 2).
Hasta un 50 % de los casos de enfermedad trombótica venosa
en el embarazo son asociados con una trombofilia adquirida.7
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Figura 3A |
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Figura 3B |
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Figura 3C |
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Figura 3D |
Fisiopatología
Una
trombosis del sistema venoso intracraneal puede ocurrir por
estasis venoso, estado protrombótico, daño de la pared
vascular y, menos frecuente, por embolizacion. El bajo flujo
sanguíneo favorece a la propagación del trombo en el sistema
venoso. Al existir obstrucción del drenaje venoso se produce
congestión y edema de la sustancia blanca con la
subsiguiente isquemia.8
El sistema
venoso cerebral esta constituido por dos sistemas de drenaje,
uno superficial y otro profundo. Al sistema superficial –formado
por el seno sagital o longitudinal superior junto con los senos
laterales- le corresponde la mayor incidencia de trombosis,
produciendo usualmente infartos corticales bilaterales con
frecuente transformación hemorrágica.9,10,11 Los sistemas
venosos profundos pueden presentar infartos talámicos o
cerebelosos. La recanalizacion espontánea puede ocurrir en un
lapso de semanas a meses dejando zonas de infarto que no
se relacionan adecuadamente con manifestaciones neurológicas
ocurridas por las trombosis arteriales. La mayoría de pacientes
tiene más de un sistema venoso afectado.12
Los estados
hipercoagulables surgen cuando existe un desbalance entre los
factores protrombóticos y los factores anticoagulantes en el
plasma, predominando la primera. Sin embargo la causa por la que
la trombosis se presenta en segmentos seleccionados es aun
estudiada. Algunos estados hipercoagulables conllevan un riesgo
mayor de trombosis que otros, algunos nunca se presentan hasta
que conjuntamente aparece un factor predisponerte
asociado. Por ejemplo la mutación del factor V de Leyden puede
ser asintomática hasta que se asocie a la toma de
anticonceptivos o se presente un estado de malignidad
conjuntamente.13
Trombosis y embarazo
Las
alteraciones en los factores de la coagulación pueden ser
exacerbadas por los cambios fisiológicos y hemodinámicos del
embarazo. La mayoría de los factores procoagulantes incluyendo
factor I (fibrinógeno), VII, VIII, X tienen un marcado
incremento durante el embarazo. Este estado puede ser también
una causa de la disminución en el plasma de los niveles de
proteína S y más de un tercio de las mujeres pueden desarrollar
resistencia a la actividad de la proteína C. Conjuntamente, el
sistema fibrinolítico también es alterado por el embarazo, en
donde se reducen los niveles del factor activador de
plasminógeno circulante. Cambios en el volumen del plasma y en
la masa eritrocitaria resultan con fluctuaciones del hematocrito
materno y con consiguiente afección de la viscosidad.14
Aspectos clínicos
La TVC debe ser
tomada en cuenta en términos generales en pacientes que
presentan cefalea, alteración de su estado mental, convulsiones,
síntomas neurológicos que no concuerdan con territorios
vasculares arteriales y anormalidades cerebrales vistas
bilateralmente en la corteza, tálamo, y ganglios basales.15-18
La presentación
clínica de la TVC varía según la edad del paciente, tiempo de
presentación de los síntomas y la localización de la lesión.19
Los pacientes cuyo curso clínico se ha presentado de forma
demorada, presentan como hallazgo frecuente, papiledema en el
examen de fondo de ojo, siendo muy poco común en los casos
agudos.20
La cefalea
(85%) es el síntoma más común y el primero en aparecer en la
TVC. Es generalmente de tipo difusa y subaguda, de intensidad
muy variable y puede estar o no asociado a síntomas de focalidad
neurológica (34%) 21,22 En los pacientes con un cuadro subagudo
a crónico, la presencia de papiledema (40%) en el fondo de ojo
es muy frecuente (hipertensión endocraneana), no encontrándose
así en los pacientes en quiénes su cuadro es de reciente inicio.
La presencia de pérdida visual progresiva asociada a
hipertensión endocraneana idiopática puede estar relacionada a
una TVC.23
Las trombosis
aisladas de los diferentes senos y venas resultan en diversas
características clínicas. En el caso del seno sagital superior
(70-80%) debuta como un síndrome de hipertensión endocraneana,
con cefalea y papiledema. Este puede causar disminución de la
agudeza visual de forma transitoria y, algunas veces, afección
permanente de los campos visuales, por lo general iniciando en
los cuadrantes inferonasales. Por aumento de la presión
endocraneana se puede producir parálisis del VI par craneal,
pudiendo llevar -en el contexto de un paciente con cefalea y
parálisis oculomotora- al diagnóstico erróneo de aneurisma
cerebral. En la trombosis del seno cavernoso los signos oculares
dominan el cuadro clínico con dolor orbital, quemosis, proptosis,
y parálisis oculomotora. La oclusión aislada de venas corticales
puede producir áreas de infartos venosos con o sin
transformación hemorrágica, y presentarse como déficit sensorial
o motore. En la oclusión del seno longitudinal, pueden aparecer
déficit motores bilaterales.
Las trombosis
en territorios de venas cerebelosas conducen a síntomas
parecidos a los de territorio arterial, en donde dominan
cefalea, vértigo, vómitos y ataxia, seguido de alteraciones del
nivel de conciencia. Todos estos se presentan de una manera
gradual.24
Mujeres que
desarrollan trombosis durante el embarazo o puerperio tienen un
bajo índice de recurrencia durante los embarazos
subsiguientes.25
Diagnóstico
El diagnóstico
se apoya en la confirmación de la trombosis dentro del sistema
venoso, sumado al reconocimiento de todo efecto secundario que
esta produzca, dentro del parénquima cerebral y del líquido
cefalorraquídeo. Entre las técnicas de neurodiagnóstico
utilizadas se incluyen: Angiografía convencional, resonancia
magnética nuclear (RMN), venografía por resonancia magnética
(VRMN) y tomografía computada (TC).26
Dada la
variabilidad de su presentación clínica y, muchas veces a la
falta de disponibilidad de técnicas de neuroimagen complejas, se
ha propuesto -ante un paciente con sintomatología típica y
factor predisponerte de trombosis vascular- la medición en el
plasma del dímero D como prueba de exclusión de trombosis.27,28
Es fácil
determinar trombosis vascular arterial cerebral, pero en el caso
de trombosis venosa el panorama cambia. La presentación aislada
o la asociación de infartos, hemorragias, edema - en algunas de
las ocasiones con una TC normal (>24%)- hace algo más difícil la
sospecha diagnóstica. Sin embargo, la resonancia magnética
nuclear (RMN) y la angioresonancia (ARMN) llegan hasta un 90% a
establecer el diagnóstico.29
El estudio de
imagen ideal es la combinación de RMN contrastada de cerebro
junto a la venografía por RMN (VRMN) al detectar la
no-visualización del mismo vaso. La RMN sola es muy limitada
dado la cantidad de artefactos de flujo que pudieran producir
falsos positivos. Estos estudios en conjunto muestran la zona de
los infartos o hemorragias, el lugar de la trombosis y la
progresión de ésta. La VRMN muestra el flujo venoso, en estos
casos, disminuido. Los cambios que se producen en las técnicas
de imagen pueden ser clasificados como directos, en donde se
constata la obstrucción, e indirectos, en donde se observan
signos de cambios isquémicos relacionados con el impedimento del
flujo sanguíneo.
Visualización directa de trombosis
El signo de la
cuerda es uno de los más característicos y representa una
trombosis aguda intradural o intravascular. En la TC contrastada
el trombo no se realza con el medio de contaste, pero sí la
duramadre. Si el trombo es localizado en el seno sagital
superior, un defecto de llenado triangular (signo del triangulo
o delta vacío) se muestra cuando se produce recanalizacion del
seno longitudinal superior, pudiendo aparecer en imágenes
contrastadas hasta en un 30% de los casos.30 En la RMN los
signos que se encuentran dependen del tiempo de evolución de la
trombosis. En las etapas agudas es muy difícil apreciar
trombosis aguda en las secuencias de RMN convencionales. La
trombosis es vista en T1 como imagen isointensa al tejido
cerebral e hipointensa en T2. Posteriormente, a la semana del
cuadro, es mucho más fácil reconocer el trombo en la RMN por
tornarse hiperintensa en imágenes ponderadas en T1 y T2. El uso
combinado de la RMN con la VRMN da mucha más certeza
diagnóstica. En la VRMN se puede apreciar la falta de llenado
venoso al igual en las RMN en que se ha utilizado contraste
intravenoso.31
Los estudios
angiográficos pueden no mostrar directamente trombos dentro de
las venas corticales o de los senos durales, pero sí pueden
mostrar defectos de llenado dentro del sistema venoso cerebral,
ausencia de venas corticales o tortuosidad de los colaterales
venosos.32 Signos indirectos secundarios a enfermedad
venooclusiva.
Varios reportes
indican que la obstrucción venosa produce un aumento de la
presión endocraneana por incremento de la presión venosa
retrógrada, llevando así a una disminución del flujo venoso
cerebral, disminución de la presión de perfusión y los
consiguientes infartos y hemorragias de origen venoso, siendo
estas últimas las de menor frecuencia de presentación.
Los infartos
venosos pueden ser vistos en la TC como zonas de baja
atenuación. Lesiones bilaterales y parasagitales son lo común en
trombosis venosa sagital, que sin seguir una distribución
arterial, afectan la corteza cerebral. Lesiones en el lóbulo
temporal son características de las trombosis del seno
transverso.
La RMN es muy
sensible para cambios indirectos en la TVC. Lesiones corticales
o subcorticales hiperintensas en imágenes en T2 y que no
correspondan a territorio arterial son muy sugestivas de
trombosis venosa cerebral.
Técnicas de
difusión por RMN han sido utilizadas como predictores de
recuperación de déficit en pacientes con eventos isquémicos
arteriales, pero su uso en pacientes con TVC aun es discutido.
La angiografía cerebral es raramente usada para el diagnóstico o
confirmación de TVC aunque en ésta observamos una gran
constelación de signos llamados patrón postflebítico que
consiste en venas tortuosas dilatadas colaterales. La habilidad
de esta técnica para mostrar la anatomía venosa en toda su
extensión es muy contundente pero poco práctica, y solo podrían
usarse cuando la VRMN y RMN no son concluyentes en el
diagnóstico. También las reconstrucciones venosas por la angioTC
tienen una calidad comparable con las angiografías obtenidas por
RMN.33
Investigación de trombofilias
La detección de
procesos protrombóticos tiene importantes consecuencias
prácticas en el manejo del paciente y a nivel de prevención de
su familia. El estado hipercoagulable ha sido definido como
aquel potencial a desarrollar trombosis en asociación con
alteraciones hereditarias y a trastornos adquiridos. Ante la
sospecha, enfermedades malignas y del tejido conectivo deben ser
descartadas. Ante un paciente sin estos antecedentes y con
historia familiar de trombosis vasculares sin causas aparentes,
los estudios sobre coagulación revisten gran importancia. La
búsqueda debe incluir los procesos más frecuentes como: mutación
del factor V de Leyden, déficit de proteína C, déficit proteína
S y antirombina III. Anticuerpos anticardiolipina y
antifosfolípidos deben pedirse siempre antes del inicio de la
terapia anticoagulante y a los 4 a 6 meses de concluída
esta.34-37
Manejo
El tratamiento
de pacientes que presentan trombosis venosa en el embarazo
especialmente aquellas asociados a trombofilias, requiere un
manejo individualizado, que es basado en el tipo de defecto, la
historia familiar, y la presencia de factores de riesgo
asociados. Estos son cruciales para determinar la duración de la
terapia anticoagulante.
El tratamiento
debe estar enfocado sobre la enfermedad causante, síntomas
secundarios a la hipertensión endocraneal y convulsiones o
déficits motores o sensitivos causados por edema cerebral e
infartos. Si la causa es descubierta, debe ser inmediatamente
tratada y se debe mantener adecuada perfusion para tratar de
evitar lesión secundaria. Estados convulsivos deben ser tratados
con terapia anticonvulsivante.38 Agentes osmóticos como el
manitol tienen un reducido rol en el edema producido en
trombosis venosas.39
Terapia anticoagulante
Heparina
La heparina es
actualmente la droga de elección para profilaxis y tratamiento
de trombosis venosas cerebrales, aunque poco a poco es
reemplazada por el uso de heparinas de bajo peso molecular,
teniendo estas amplias ventajas sobre las heparinas no
fraccionadas, sin ningún efecto sobre el embarazo. Los derivados
cumarínicos no deben ser usados en el embarazo por su alto poder
teratogénico.40
El uso de
heparina no fraccionada como tratamiento anticoagulante (bolo de
3000U asociado a infusión de 25 a 65.000U diarias) demostró ser
el tratamiento efectivo de trombosis venosas cerebrales.41 La
aparición en el cuadro clínico de la paciente de hemorragias
intracraneales, no significa una contraindicación para el uso de
esta.41 Pero el pronóstico a largo plazo en este tipo de
pacientes no ha sido esclarecido.
En otro estudio
el uso de heparina de bajo peso molecular con el seguimiento de
la terapia con warfarina sódica no mostró ser más eficaz pero sí
disminuyó la morbilidad y las complicaciones. Con la
instauración apropiada del tratamiento anticoagulante se puede
esperar una resolución de hasta el 70%, pero también una
mortalidad del 8%.42
Terapia con Trombolíticos
Agentes
trombolíticos usados, como la Streptokinasa, Urokinasa y
activador del plasminógeno tisular han sido utilizados en
pequeños estudios pero en forma de reportes anecdóticos o
ensayos no controlados sin una evidencia convincente para su
utilización.43-45
Tratamiento endovascular
Pacientes en
donde hay un cuadro clínico abrupto con gran edema cerebral, con
o sin cuadros hemorrágicos asociados, deberían ser considerados
para terapia trombolítica endovascular como primera opción,
debiéndose usar conjuntamente con heparina y no más de 24 horas
del inicio de la administración de esta última. El uso
endovascular de agentes trombolíticos trae muchas menos
complicaciones que su uso sistémico. Esta técnica invasiva
muestra, para el futuro un avance muy promisorio en tratamientos
endovasculares.46
Conclusión
Los estados
hipercoagulables son entidades clínicas que merecen un gran
cuidado en la práctica diaria a pesar de su poca frecuencia. Su
rápido reconocimiento mejorará increíblemente su pronóstico.
La aparición y
asociación de entidades protrombóticas -como el Linfoma de
Hodgkin (malignidad)- y el embarazo, junto al éstasis venoso
producido por un síndrome de vena cava superior como entidad
paraneoplásica, condicionaron a esta paciente a la trombosis
cerebral del seno longitudinal, y a su parto precoz por su
condición médica general. La terapia anticonvulsiva y antiedema
cerebral sirvieron como medidas de sostén, pero la piedra
angular del tratamiento fue la anticoagulación con heparina no
fraccionada, no siendo contraindicada por la aparición de
transformación hemorrágica de un infarto venoso o por hemorragia
subaracnoidea. El estudio de la coagulación juega un rol
importante para descartar patologías hereditarias o adquiridas
que puedan sumar factores de mal pronóstico en su evolución
clínica.
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