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Jean
Martin Charcot (1825 - 1893) |
Jean Martin Charcot nació en París en 1825, en un
periodo crítico de la lucha despertada por la Revolución
Francesa. Su padre, Simon Pierre, carpintero y decorador, y su
abnegada madre y ejemplo, Jean Georgette, de apenas 17 años al
nacimiento de Jean Martin, componían un modesto hogar de clase
media, sin tiempo para el romanticismo y obligados a buscar
carreras prácticas para cada hijo.
terminó su carrera secundaria en agosto de 1843 y
decidió optar por la medicina en un periodo postrevolucionario
en el que se discutía acaloradamente sobre la posición del
“médico profesor” versus la del “médico hospitalario”, y acerca
de una medicina con “menos lectura y más observación”,
comparable al modelo alemán.
Ingresó a la Escuela de Medicina de París en
1843, junto a 2.500 estudiantes más y, entre otros, tuvo como
profesores a Cruveilhier y Trousseau. Luego de una verdadera
“decapitación” de la mayoría de estudiantes, sólo 38 —los
mejores— llegaron al internado.
La carrera del retraído estudiante Charcot fue
buena, pero no brillante. Alcanzó la excelencia en el último año
con su tesis sobre Artritis Reumatoidea y Gota. Meses antes
había logrado ingresar al grupo élite de París, la Sociedad de
Biología, con figuras como Robin, Claude Bernard, Brown Sequard,
Magendie, etc. Obtuvo su grado médico en marzo de 1853 y, desde
entonces, le tomó diez años lograr su ansiada meta, regresar
como médico del Hospital de la Salpêtrière.
Charcot en La Salpêtrière
No debe ser fácil llegar a trabajar a un gran hospicio, olvidado
por todo el mundo y lleno de mendigos, indigentes, viejas
prostitutas y dementes; pero allí estuvo el visionario Charcot
para poner algo de orden en un sitio que no le importaba a
nadie. Instituye la historia clínica para cada caso, organiza la
sala general de patología neurológica y clasifica las patologías
según las tres áreas de su interés: enfermedades crónicas,
enfermedades geriátricas y enfermedades neurológicas propiamente
dichas. Por primera vez quedan separados los enfermos
psiquiátricos (aliénées) –fuera de la influencia de Charcot– de
los más de 3.000 pacientes “crónicos” que sí están bajo su
estricta dirección.
Se destacan sus famosas demostraciones clínicas
frente a auditorios de lo más variados: médicos con interés
neurológico, médicos viajeros con pasantía, artistas,
dibujantes, periodistas y curiosos. Dichas sesiones llegaron a
sobresalir entre las actividades de París, propiciaron
comentarios diversos en medios médicos y no–médicos, y
transformaron al “tímido” Charcot en un verdadero maestro del
escenario, con gran “claridad del pensamiento y la palabra.”
Desde los primeros años mantuvo una enorme
producción científica en publicaciones médicas y, al segundo
intento, logró finalmente alcanzar uno de sus sueños: ser
profesor de la Facultad de Medicina.
La etapa neurológica de Charcot
La enorme tarea de Charcot fue transformar el Hospicio de la
Salpêtrière en una prestigiosa escuela neurológica, con
reconocimiento internacional. Hasta antes de Charcot, la mayoría
de las escuelas médicas tenían un conocimiento elemental de las
funciones del sistema nervioso central y periférico. Su primer
objetivo fue la clasificación clínica basada en la alteración
anatómica y el signo neurológico específico de la lesión
respectiva. Luego, el seguimiento clínico hasta la confirmación
anatomo– atológica e histológica. Su principal limitación fue el
poco interés en la fisiología.
El referente de Charcot fue un “simple” médico de
provincia poseedor de un agudo sentido de observación, a quien
él llamó su maestro: Duchene de Boulogne. A este le debemos la
descripción de la Distrofia Muscular que lleva su nombre.
Charcot captó el sentido de observación de Boulogne, así como su
interés por buscar casos inusuales; y, después, desplegaba su
exposición en las extraordinarias demostraciones que se llevaban
a cabo los días martes y jueves frente a auditorios que se
maravillaban por el interrogatorio, el análisis clínico, y el
comentario y la actualización presentados por el maestro Charcot.
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Lecciones clínicas en la Salpêtrière, 1887 |
El trabajo clínico de la sala y las conferencias
fueron acompañados con el “arte visual”. Inicialmente con
dibujos de artistas invitados y también con muchos del mismo
Charcot. Posteriormente, hubo lugar para las primeras
fotografías. Inmediatamente se despertó la “fiebre de
publicaciones”, ya de Charcot junto a sus ayudantes (Tourette,
Babinski, Bouchard, Pierre Marie, etc.), ya solo de sus
ayudantes, pero siempre con estricta vigilancia del maestro. La
producción fue enorme y en pocos años puso a la escuela de París
muy por encima del resto de las escuelas médicas del mundo.
La producción neurológica de Charcot fue mayor
entre 1862 y 1875. Las primeras clasificaciones de las
amiotrofias, inicialmente descritas por Aran y Duchene, como la
Atrofia Muscular Progresiva, y 37 artículos sobre la Esclerosis
Lateral Amiotrófica, fueron publicados. Se profundizó en las
miopatías de Duchene y Erb, y en la descripción de la atrofia
muscular peronea, junto a Pierre Marie. Al mismo tiempo, Tooth
la describía en Inglaterra. Y, finalmente, pasó a la historia
como enfermedad de Charcot– arie–Tooth.
A Charcot también se le atribuyen los avances en
Tabes Dorsal y la localización de la patología espinal. También
publicó algo de localización cerebral y afasias. Pero, su máxima
producción fue la llamada Esclerosis en Placas, que, junto a la
patología aportada por Cruvelhier, dio renombre internacional a
la escuela neurológica de la Salpêtrière.
Segunda etapa: de la neurología a la histeria
El manejo de la patología psiquiátrica estaba en manos de
los “alienistas.” Charcot se involucró en este campo en 1876,
junto a su mejor discípulo: Desire Bourneville, brillante médico
y político de avanzada, y logró su punto culminante con la
publicación de la Iconografía fotográ- fica de la Salpêtrière,
una descripción visual de los signos, contracturas y demás
aberraciones de las crisis de histeria.
Charcot incorporó la histeria al resto de
enfermedades e introdujo la hipnosis en la presentación de sus
casos. Reemplazó la patología neurológica de las presentaciones
de martes y jueves por la exhibición de estas pacientes,
atrayendo una publicidad que no siempre fue favorable por parte
de políticos, prensa y crítica médica. “El show de la histeria
de la Salpêtrière” y el criterio de Gowers de que se trataba de
“un producto del nacionalismo francés” cuestionaron la actitud
sincera de Charcot de incorporar una patología, que es muy poco
entendida incluso en la actualidad, en una patología con posible
substrato orgánico, de disfunción cerebral transitoria o
progresiva. El guante para el duelo estaba arrojado, y más de
125 años después el tema sigue despertando pasión entre las
escuelas organicista y del psicoanálisis iniciado por Freud,
alumno del maestro Charcot. Ni siquiera en estos últimos años,
en los que los psiquiatras han intentado “reemplazar el diván
por la sinapsis,” se ha logrado salvar el entredicho.
La etapa final: la gloria y su muerte
Charcot jamás perteneció a las sociedades psiquiátricas y,
probablemente por eso, los psiquiatras fueron sus principales
críticos. Es injusto no reconocer que el trabajo de Charcot
estimuló el interés de la comunidad médica y originó cientos de
publicaciones sobre el psicoanálisis y el nacimiento de la
escuela psicoanalítica, en la que nada tuvo que ver Charcot.
Todo lo contrario, él se adelantó muchos años al señalar que
“las enfermedades funcionales, finalmente en el tiempo, ubicarán
su lesión.” Ni qué decir de su presagio de que finalmente se
encontraría una explicación sobre ellas en la “patología
dinámica del cerebro: bioquímica o metabólica.”
Su fama internacional superó fronteras, al punto
de opacar al mismísimo Pasteur en el Congreso Médico
Internacional de Londres. La Academia de Ciencias de París
alcanzó su mejor producción con Charcot, quien había reemplazado
a Claude Bernard. Este sibarita conservador compartía la amistad
de la flor y nata parisina: Sola, Daudet, Maupassant. Fiel a su
mujer y dedicado a una vida extremadamente hogareña, sus
críticos no solo surgieron de las sociedades médicas, sino
también de políticos de derecha que no aceptaban que defendiera
a su pupilo Bourneville, de franca mentalidad socialista,
defensa que le enfrentó con el clero y el poder económico.
Al final, pocos discípulos mantuvieron fidelidad
al maestro, sobre todo Bourneville, el poco genial Tourette;
Freud, admirador de frente y crítico por detrás; Babinski,
víctima de la lucha por el poder, entre otros.
La muerte le llegó a Charcot durante el periodo
vacacional de agosto de 1893. Pocas horas después de su
magnífico funeral, se gritó: “Final del reinado de Charcot.” La
lucha había empezado. Primero, entre el heredero natural de
Charcot, Pierre Marie, y los mediocres impuestos por el poder
político, Brissaud y Raymond. Pero, como la forma más lógica de
vencer es dividir, dos de sus discípulos, Pierre Marie y
Dejerine, se enfrentaron con todas las armas, incluso con el
deseo de diferenciarse en todo lo posible de Charcot y de
olvidarlo totalmente. La “guerra” se contagió al estudiantado de
la Salpêtrière y detuvo por varios años la evolución de la
neurología francesa.
Fue ya bien entrado el siglo XX cuando se evaluó
y se reconoció todo el aporte de Charcot a la neurología
moderna.
Bibliografía
1. History of Neurology: Jean–Martin Charcot, pp. 53–68. Edited
by C.G.Goetz, American Academy of Neurology Publications,
Minneapolis MN. 1993.
2. Goetz G.C., Bonduelle M., Gelfand T. Charcot:
Constructing Neurology. Oxford University Press, 1995.
3. The Histories of Tourette Syndrome. Kushner
H.I. Harvard University Press, 1999.
4. John Hughlings Jackson, Father of English
Neurology. Critchley M, Critchley EA. Oxford University Press,
1998.
5. The Doctrine of the Nerves. Spillane JD.
Oxford University Press, 1981.
6. A Short History of Neurology. Rose FC.
Butterworth- Heinemann,1999.