EDITORIAL
Manifestaciones no motoras de la SEN
Las sociedades científicas, en general, se forman
bajo ciertos ideales, necesidades comunes y con el pasar de los
años se refuerzan, crecen en número, pero más importante aún,
crecen en confianza, lealtad y deseos de superación sus
miembros, lo cual se manifiesta en logros comunes personales,
augurando su permanencia en el tiempo y, más importante aún, en
el respeto de la comunidad a la que se pertenecen, haciendo de
sus miembros entes respetables ante sus pares e incluso a nivel
internacional.
Así como el paso del tiempo conlleva a nuevos
desafíos en el orden científico y tecnológico, lo que nos brinda
oportunidades para tener un mayor crecimiento profesional,
asimismo las sociedades deberían, con el paso del tiempo, crecer
y no envejecer. Envejecer es en ocasiones lentificación en el
actuar. Lo contrario –crecimiento– denotaría juventud y agudeza
en la percepción a los cambios por consiguiente, actuar. En
Latinoamérica y, en especial en nuestro país, se sienten vientos
de cambio en las políticas de salud y, como es una norma, nos
enteramos al final cuando, en ocasiones, es tarde y dichos
cambios no son generalmente auspiciosos para la, tan venida a
menos, clase médica. Aquí es donde deberían aparecer las ideas y
propuestas claras de los miembros de las sociedades científicas,
para beneficiarnos de los cambios ya que, como es muy común el
decir frente a una crisis –hay siempre una oportunidad– no la
vamos a ver si no se refuerzan los lazos entre los miembros de
una sociedad.
Así como la apatía, desinterés y la depresión son
manifestaciones no motoras premonitorias de la enfermedad de
Parkinson, estas mismas manifestaciones que, la mayoría de los
casos, no se logran entender sus orígenes, pueden aparecer
dentro de una sociedad y hacer de sus miembros, entes apáticos y
en ocasiones negativos a todo cambio en bien de las
neurociencias en toda su extensión. No quisiera pensar que la
causa es un tumor en el humor de estos miembros lo que los
llevaría a actuar de manera no ética dentro de la sociedad a la
que dicen pertenecerse. No dejemos que este disfrazado
desinterés inunde nuestras siempre renovadas ganas de ir más
allá en el conocimiento, y aplicarlas de manera útil y
pragmática a una comunidad a la que nos debemos y tan necesitada
está de buena atención. Con los cambios que se avecinan nada más
propicio que la unidad en posturas y en acciones que, muy
difícilmente se lograrán individualmente. Solo desde el seno de
una sociedad fuerte en sus cimientos y con renovaciones
constantes, apostando a cada uno de sus miembros como elementos
vitales y confiables a través de la preparación y evaluación
constantes, podemos erigirnos como una sociedad confiable y
digna de respeto.
Dr. Aurelio Mosquera Bolaños
Vicepresidente
Sociedad Ecuatoriana de Neurología