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Tratamiento Agudo del Infarto Cerebral
José G. Romano1
A pesar de una reducción significativa en
las últimas
tres décadas en la mortalidad por desórdenes cerebrovasculares,
la Enfermedad Vascular Cerebral (EVC) permanece
un problema de salud muy serio. Con tasas un tanto menor
a 100/100,000 habitantes para hombres, y 70/100,000
para mujeres, la EVC se mantiene como la tercera causa
de mortalidad en países desarrollados. En EUA, con más
de 700,000 nuevos eventos cada año, cuatro millones de
sobrevivientes de la EVC en cualquier momento, y con
160,000 muertes anuales, ésta es la primera causa de incapacidad
y la tercera causa de mortalidad en ese país. Con
el desarrollo de nuevos tratamientos efectivos, el infarto
cerebral isquémico agudo, el cual es responsable del 80 al
85% de toda la EVC, es ahora una emergencia neurológica
eminentemente tratable.
Antes de discutir la terapéutica aguda del infarto cerebral,
vale la pena revisar brevemente los cambios hemodinámicos
que ocurren en el tejido isquémico. El cerebro
requiere de aproximadamente 50 cc de flujo sanguíneo por
100 gramos de tejido cerebral por minuto para llenar sus
requisitos metabólicos. Sin embargo, áreas con flujo mayor
de 20 cc/100 gr/min. funcionan normalmente. Cuando
el flujo cae por debajo de 10 cc/100 gr/min. se desarrollan
cambios irreversibles que resultan en muerte tisular. Las
zonas con flujo entre 10 y 20 cc/100 gr/min. son eléctricamente
silenciosas y por lo tanto no son funcionales, pero
son potencialmente salvables si se restaura un flujo adecuado
en un lapso de horas. Esto se denomina como la
penumbra isquémica. Sin embargo, aun sin caídas mayores
de flujo sanguíneo, este tejido en la penumbra isquémica
desarrollará muerte tisular si no se normaliza el flujo
sanguíneo. Esto es causado por influencias excito-tóxicas,
probablemente mediadas en gran parte por niveles excesivos
de neurotransmisores como el glutamato.
El tratamiento agudo del ictus cerebral se enfoca en
medidas para recuperar la penumbra isquémica. Inicialmente,
esta representa hasta un 90% del tejido cerebral en
riesgo, y en las siguientes horas el tejido en la penumbra
disminuye y el tejido infartado aumenta. De ahí la urgencia
de iniciar el tratamiento a la brevedad posible. Los
tres principios terapéuticos incluyen la reperfusión de la
obstrucción vascular, el incremento del flujo colateral, y
disminución de influencias excito-tóxicas.
Reperfusión vascular: Hasta hace poco, el riesgo
hemorrágico del uso de agentes trombolíticos era prohibitivo.
Sin embargo, una serie de ensayos clínicos han demostrado que el
activador tisular del plasminógeno administrado
por vía endovenosa tiene eficacia significativa
y un riesgo moderado. Cuando éste se aplica dentro de
las primeras 3 horas del inicio del ictus, la probabilidad
de estar libre de secuelas neurológicas apreciables a los
3 meses incrementa en un 30%, comparado con placebo.
Con un riesgo del 6% de hemorragia cerebral sintomática,
es una droga que debe ser utilizada cautelosamente. Para
evitar complicaciones, es necesario observar meticulosamente
los criterios de inclusión y exclusión:
Uso del activador tisular del plasminógeno
Indicación: Síntomas de isquemia cerebral con inicio
<3 horas.
Dosis: 0.9 mg/kg de peso, 10% como bolo, el resto
en 1 hora, con dosis máxima de 90 g.
Exclusión:
• Síntomas mínimos o que estén mejorando espontáneamente.
• Punción arterial en sitio no compresible en los últimos
7 días.
• Intervención quirúrgica en los últimos 14 días.
• Hemorragia gastrointestinal o genitourinaria en los
últimos 21 días.
• Infarto del miocardio, infarto cerebral o trauma cerebral
en los últimos 3 meses.
• Historia de sangrado cerebral.
• Historia de aneurisma intracraneal.
• Cuenta plaquetaria menor de 100,000.
• Uso de anticoagulantes con INR >1.7.
• Glicemia <50 mg/dL.
• TA >185/110 aun después de tratamiento antihipertensivo.
• Evidencia de hemorragia en tomografía computada
cerebral.
• Hipodensidad >1/3 del territorio de la arteria cerebral
media.
Desafortunadamente, el límite de 3 horas para el uso
de este agente resulta en que la mayoría de las víctimas no
sean tratadas, ya que el activador tisular del plasminógeno
por vía endovenosa no es útil después de 3 horas. El uso
de agentes trombolíticos por vía intra-arterial se utiliza con
frecuencia en ciertos centros con los recursos y experiencia
necesarios para esta intervención. Además, es posible
que nuevas técnicas de imagen, que cuantifiquen la relación
entre tejido penumbra (salvable) y zonas con daño
irreversible, sean útiles en la aplicación de intervenciones
de reperfusión, sin estar limitados por criterios temporales
estrictos. La resonancia magnética con secuencias de difusión y
perfusión permite estimar la cantidad de tejido
en riesgo y dicha técnica está siendo ensayada como criterio
de administración de trombolíticos en ciertos estudios
clínicos.
Incremento del flujo colateral: Es de primordial importancia
mantener un flujo adecuado al tejido de penumbra
para evitar que este tejido muera. Esto se logra primeramente
al evitar bajas de tensión arterial. En la isquemia
cerebral aguda, se recomienda no tratar presiones sistólicas
debajo de 220 mm Hg. y presiones diastólicas menores de
120 mm Hg. Sin embargo, si existiera isquemia coronaria,
disección aórtica o edema pulmonar concomitante, sería
necesario reducir la tensión arterial. En el caso que se administren
trombolíticos, la tensión arterial no debe exceder
180 mm GW sistólica y 110 mm GW diastólica. En
ciertos casos, particularmente cuando existe fluctuación
de síntomas relacionados a bajas de tensión arterial, como
en presencia de una obstrucción arterial intracraneal, se
pueden utilizar vasopresores. En cuanto a la volemia, se
debe mantener un estado euvolémico utilizando soluciones
normotónicas. El uso de coloides, y en particular de la
albúmina sérica, está siendo evaluado.
Bloqueo excito-tóxico: Si se inhibieran las influencias
excito-tóxicas se debería de preservar el tejido en la
penumbra isquémica hasta que ocurra la reperfusión vascular,
ya sea terapéuticamente o espontáneamente (debido
a acciones trombolíticas endógenas). Desafortunadamente,
la experiencia clínica con diversos agentes neuroprotectores
ha sido decepcionante. Existen dos condiciones que aceleran el
metabolismo de la penumbra isquémica y
resultan en mayor daño tisular; estas son la hiperglicemia
y la hipertermia. El tratamiento agresivo de estas condiciones
es clave para disminuir la mortalidad e incapacidad.
El uso de la hipotermia terapéutica está en estudio.
El uso de anticoagulantes en el tratamiento agudo del
infarto cerebral tiene un papel limitado. Los agentes antitrombóticos
previenen la recurrencia de eventos isquémicos,
pero la recurrencia temprana es rara y las complicaciones
hemorrágicas no son insignificantes. Los estudios
con heparina intravenosa, heparinoides y heparinas de
bajo peso molecular no han demostrado utilidad. El uso
de estos agentes debe de limitarse a la prevención de la
trombosis venosa profunda. La excepción a esta recomendación
es en el infarto seno-venoso. De ahí que la gran
mayoría de los infartos isquémicos debe recibir antiplaquetarios
en los primeros días después del ictus. Una vez
que se establezca el mecanismo responsable del infarto
cerebral, se debe instituir la terapéutica antitrombótica
adecuada como prevención secundaria.
Finalmente, el tratamiento agudo del infarto cerebral
se beneficia enormemente del trabajo en equipo de un grupo
multidisciplinario para asegurar el tratamiento temprano
y apropiado de esta condición. Así mismo, la atención
en una unidad con experiencia en el tratamiento de estos
pacientes favorece mejores resultados basados en el manejo
hemodinámico adecuado y el tratamiento oportuno
de complicaciones sistémicas. |