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Manejo quirúrgico de la hemorragia
intraparenquimatosa espontánea.
Santos-Ditto Roberto,1 Santos-Franco Jorge Arturo2
Resumen
El manejo de la hemorragia intraparenquimatosa (HIP) de tipo espontánea,
es aún un tema intensamente debatido en el mundo entero, sin que exista
un verdadero consenso. Esta controversia se debe a la ausencia de
estudios aleatorizados y controlados adecuados para obtener niveles de
evidencia y grados de recomendación óptimos. El principal problema
radica en si la cirugía cumple algún papel en el manejo de esta
patología devastadora, y de ser así, ¿cuáles son los pacientes que se
beneficiarán?, ¿cuándo es el momento oportuno del procedimiento?, y ¿qué
tipo de técnica es la más adecuada? Este breve artículo trata de resumir
las tendencias y recomendaciones actuales del manejo quirúrgico de la
HIP.
Palabras Clave: Hematoma intraparenquimatoso, Hemorragia
intracerebral, Ictus.
Epidemiología, Etiología y Fisiopatología
Se considera hemorragia intraparenquimatosa espontánea (HIP) a la
colección hemática intracerebral en ausencia de antecedente
traumático.1-4 A su vez, esta puede ser de dos tipos: primaria cuando
existe la ruptura espontánea de vasos pequeños, y secundaria cuando
existe una patología o lesión preexistente que la produce, como es el
caso de la ruptura de malformaciones vasculares, aneurismas, del
sangrado de una neoplasia, o de una condición predisponerte como es el
caso de una coagulopatía o por efecto farmacológico (Tabla 1).
La hemorragia intracerebral primaria constituye alrededor del 15% de
todos los ictus y presenta una incidencia aproximada de 15 x 100.000
habitantes.1,5 Presenta un particular predominio en afroamericanos y
asiáticos.2,3,5,6
Saposnik y Del Brutto, luego de una revisión sistemática estiman que en
Sudamérica ocurre con una incidencia 2 ó 3 veces mayor que en los países
desarrollados, ocasionada probablemente a un mal control de la presión
arterial,
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Figura 1: Diagrama de una
vista rostro-lateral del encéfalo
al que se ha resecado parte de los lóbulos frontal y
temporal izquierdos (líneas entrecortadas), para dejar
visualizar algunos vasos de la circulación anterior y
posterior (líneas continuas).
A: arterias
lentículo-estriadas y zona de la hemorragia capsular y de
ganglios basales.
B: arterias talamoperforantes y zona de la hemorragia
talámica.
C: arterias perforantes
pontinas y área de la hemorragia pontina.
D: ramas perforantes de las
arterias
cerebelosa superior y cerebelosa anteroinferior y zona de
hematoma cerebeloso. E: Ramas perforantes de ramas
corticales, en este caso de la arteria cerebral media y una
de las zonas de localización del hematoma lobar. |
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Tabla 1: Causas de hemorragia
intraparenquimatosa espontánea.
†: Los aneurismas de M1 y bifurcación de la arteria cerebral
media, de la bifurcación de la arteria carótida interna, y
de la arteria comunicante anterior son los más
frecuentemente implicados. Son orientadoras la localización
del hematoma y la presencia de hemorragia subaracnoidea.
*: Glioblastoma multiforme y los oligodendrogliomas con
mayor frecuencia.
**: Melanoma, coriocarcinoma, tumor renal de células claras,
con mayor frecuencia.
‡: Alteraciones procoagulantes, con trombosis venosa.
Presencia de eclampsia con cifras tensionales elevadas y
coagulopatía.
CID: Coagulación intravascular diseminada. |
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Tabla 2: Arterias afectadas
por los cambios degenerativos ocasionados por la
hipertensión arterial sistémica y la localización de su
sangrado.*: Arterias afectadas por angiopatía
amiloidea. ACS: arteria cerebelosa superior, ACAI: arteria
cerebelosa anteroinferior, CI: cápsula interna. |
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utilización libre y no controlada de
fármacos, además de factores dietéticos, sin lograr determinar un factor
étnico per se debido al mestizaje y a la multiplicidad de razas en esta
parte del continente americano.7
La hipertensión arterial sistémica crónica (HAS) ha sido involucrada
como la causa principal de la HIP espontánea en la gran mayoría de los
casos. Se ha determinado que su efecto es la degeneración de los vasos
perforantes provocando lipohialinosis y necrosis focal8 (figura 1 y tabla
2).
Desde la descripción de Charcot y Bouchard,
se piensa en la formación y ruptura de microaneurismas en las arterias
perforantes como casuas de la HIP en pacientes con HAS, sin embargo, la
existencia en estado vivo de estas microdilataciones ha sido puesta en
duda, atribuyéndose a defectos de la preparación del espécimen para el
estudio patológico.3 La angiopatía amiloidea, que se observa en los
pacientes ancianos, es la causa de la HIP primaria en un 30% de los
casos, la que generalmente es lobar.1-6,8,9
Dentro de los factores de riesgo, la HAS es el más importante, la
frecuencia de HIP es de 3.9 a hasta 13.3 veces mayor en pacientes
hipertensos sobre los no hipertensos. 5 La ingesta crónica de alcohol ha
sido también involucrada como un factor de riesgo, ya que se asocia
también a trastornos de coagulación. El consumo de tabaco y la
administración crónica de aspirina han mostrado poca y ligera influencia
en el desarrollo de la HIP, respectivamente.
Una vez que ocurre el sangrado, el hematoma suele alcanzar su volumen
máximo en un lapso de 15 a 20 minutos, a menos de que presente
inmediatamente un resangrado, el que es poco frecuente, no obstante se
ha determinado mediante TC una reexpansión importante del hematoma
durante las tres primeras horas del evento en un poco más del 20% de los
casos.2 El hematoma se expande siguiendo un curso hacia zonas de menor
resistencia, y se ve limitado básicamente por la resistencia elástica
del tejido cerebral y de la presión de perfusión.10 La hemorragia masiva
provoca destrucción importante de la sustancia blanca, invasión al
sistema ventricular y un incremento importante de la presión
intracraneal (PIC) (figura 2).
En más del 80% de los casos el HIP se localiza en hemisferios
cerebrales, el 64% se origina de los ganglios
de la base, entre un 15 a 25% en el tálamo (figuras 3, 4 y 5). En cerca
de un 50% de los casos los hematomas se extienden hacia las cavidades
ventriculares. En el espacio infratentorial, se localizan en el cerebelo
en un 12%, y en el tallo cerebral básicamente se encuentran el puente
constituyendo
entre un 10 a 12% de los casos (figura 6).
Posterior al sangrado se puede observar edema perilesional que inicia
durante las primeras 24 horas después
del ictus y alcanza su período máximo entre 3 a 5 días. Esto ha sido
atribuido por muchos autores y desde hace muchas décadas a la zona de
penumbra isquémica, constituyendo un daño secundario por hipoperfusión
que inicialmente se desencadena por cambios en la presión hidrostática
ocasionados por el hematoma.10,11 Actualmente se conoce que la
disrupción de la barrera hematoencefálica, ocasionada por sustancias
inflamatorias provocadas por la lisis del coágulo, son también
responsables de este hecho, que finalmente llevarán al daño neuronal y a
la muerte celular3 (cuadro 1).
Diagnóstico
En lo que respecta a la clínica, el paciente presenta un déficit
neurológico focal súbito o ictus que suele progresar en cuestión de
minutos u horas. Este déficit depende de la localización de la lesión.
Una cuarta parte de todos los pacientes que sufren una HIP primaria
presentan deterioro de su cuadro inicial durante las primeras 24 horas,
y de estos a su vez, un 14 a 38% lo hacen dentro de las primeras 6
horas.2,6 Este deterioro inicial es secundario principalmente a edema
cerebral o, menos frecuentemente, por reexpansión del hematoma. La
progresión y el deterioro son raros más allá de las primeras 24 horas,
sobre todo en sangrados

Figura 2: Fotografías de especímenes de
autopsia de hemorragia masiva. A: Cerebro en un corte dorsoventral a
nivel de los atrios ventriculares, en una vista posterosuperior.
Apreciamos la hemorragia talámica con extensión ventricular y disección
de la sustancia blanca. B. Corte
rostrocaudal a nivel del esplenio del cuerpo calloso y los atrios
ventriculares en una hemorragia lobar. Se aprecia la destrucción de la
masa encefálica e invasión ventricular.

Figura 3: Paciente hipertenso de 58 años con
hemorragia intraparenquimatosa putaminal izquierda con ligera
irrupción al ventrículo (A y B). Fue ingresado para manejo médico, pero
en el transcurso de su evolución inmediata presentó deterioro de su
estado de alerta. Por lo tanto se realizó otra TC, la que demostró un
hematoma lobar frontoparietal izquierdo (C). Fue sometido a craneotomía
y drenaje del hematoma lobar (D y E) sin evidencia ni macroscópica ni
microscópica de lesión causal. A las seis semanas del evento el hematoma
putaminal presenta importante reabsorción (F y G) así como el pequeño
residual del lobar (H).
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Figura 4: Paciente de 81
años con hematoma capsular derecho con invasión a ventrículo
(A, B y C), que ingresó con ECG de 10. Fue manejado sin
cirugía. Diez semanas después el hematoma se encuentra es
reabsorción (D, E y F). El paciente quedó con un síndrome
piramidal denso izquierdo. |
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Figura 6: Masculino de 60
años hipertenso con hematoma pontino. La TC demuestra el
hematoma (A). Podemos apreciar el hematoma en la pieza
anatómica a nivel de la unión ponto mesencefálica (B). |
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Figura 5: Hipertenso de
72 años con hematoma talámico derecho con importante
extensión al ventrículo ipsilateral y dilatación ventricular
(A y B), que ingresó con puntaje de 8 en la ECG. Se
intervino quirúrugicamente para la colocación de una
ventriculostomía (C y D), con la que presentó mejoría
clínica. A las 6 semanas la TC y la IRM muestran importante
reabsorción del coágulo (E y F). |
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Cuadro 1: Algunos de los
mecanismos más aceptados del daño neuronal ocasionado por el
hematoma intraparenquimatoso.
BHE: barrera hematoencefálica. |
con volúmenes menores de 25 cc. El 90% de
los pacientes llegan a las salas de emergencia con HAS como respuesta a
una liberación intensa de catecolaminas y el aumento brusco la presión
intracraneal. Un importante porcentaje de los pacientes presentan vómito
asociado al ictus, siendo este un dato importante, ya que esta
asociación no se presenta con tal frecuencia en los pacientes que
padecen un evento isquémico.1 Un 10% de los casos presentan crisis
convulsivas, que en la mayoría de los casos se produce dentro de las
primeras 24 horas. Se ha visto que el riesgo más importante de
presentarse una crisis es cuando los hematomas son lobares originándose
en hasta un 35% en estos casos.
La tomografía computarizada (TC) ha sido considerada como la técnica de
imagen ideal en el diagnóstico, llegando a tener hasta un 100% de
sensibilidad. La imagen clásica es la presencia de una imagen hiperdensa,
generalmente de márgenes irregulares, la que aparece desde períodos
agudos.1,10,12,13 Sin embargo, se ha visto en raras ocasiones, la
ausencia de este patrón, como es el caso de etapas ultratempranas del
sangrado, en hemorragias petequiales, o en casos de pacientes con
hematocrito menor de 20%.12 A medida que evoluciona la lesión en tiempo,
por ejemplo en estados subagudos, la hemoglobina se degrada,
disminuyendo esta hiperdensidad para dar paso a hipodensidad de
progresión concéntrica, mientras que en estadíos crónicos, queda una
imagen hipodensa localizada generalmente en el foco de origen de la
hemorragia, que en algunas ocasiones se demuestra como una cavidad. La
tomografía es una herramienta importante para determinar la localización
exacta de la lesión, el volumen de la misma y además muestra datos que
influirán en nuestra conducta tanto clínica como quirúrgica en el
tratamiento
a determinar.
Una manera simple y útil para calcular el volumen del coágulo se aplica
con la siguiente fórmula que es una modificación de la fórmula del
elipsoide, propuesta por Kothari et al: A x B x C/2, donde A es el mayor
diámetro del hematoma, B es el diámetro perpendicular a A, y, C el
número de cortes tomográficos en lo que se logra demostrar el hematoma,
multiplicado por el grosor en milímetros de los mismos.13 Algunos
autores han clasificado a la HIP por su localización, siendo las escalas
propuestas por Beatty y Zervas las más ampliamente difundidas14 (tablas
3 y 4). La TC es útil en la demostración de HIP por causa tumoral,
debido a la apreciación temprana de edema perilesional de aspecto
digitiforme en la sustancia blanca (figura 7).
La imagen por resonancia magnética (IRM) es capaz de detectar la HIP,11,15-20
la que en estadíos hiperagudos (24 horas) por la presencia de
oxihemoglobina es hipo o isointensa en T1 e hiperintensa en T2. Dentro
de la primera semana, la deoxihemoglobina le da una señal hipointensa en
T1 y T2. Entre la primera y cuarta semanas, por la presencia de
metahemoglobina, el coágulo adquiere una señal hiperintensa en T1, la
que inicia en la periferia y progresivamente involucrará al centro,
mientras que en T2 la señal es hipointensa con un halo hiperintenso.
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Figura 7:
Dos casos con hemorragia secundaria a neoplasia.
A: Tomografía que demuestra el edema digitiforme alrededor
de la lesión, la que presenta una densidad heterogénea.
Se trató de un glioblastoma multiforme. B: IRM ponderada en
T1 que demuestra una lesión hemorrágica localizada en el
vermis cerebeloso, principalmente en culmen y declive, con
hidrocefalia supratentorial. Se trató de un melanoma
metastático. |
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| Tabla 3:
Calificación para hematomas de ganglios basales. |
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| Tabla 4:
Calificación para hematomas talámicos. |
Aproximadamente al mes del sangrado, la
presencia de hemosiderina condiciona la señal de hipointensidad en las
ponderaciones T1 y T2. Algunos estudios indican la efectividad de
secuencias no convencionales como T2*, DWI y FLAIR (fluid-attenuated
inversion-recovery) sobre las secuencias convencionales, sobre todo en
las hemorragias hiperagudas.19 La IRM no es un método de uso
mundialmente difundido para el diagnóstico de la HIP, debido a su falta
de disponibilidad en todos los centros, costo, tiempo prolongado de
adquisición de imágenes, y su incompatibilidad y mala calidad de
imágenes en presencia de materiales ferromagnéticos, muchos de ellos
indispensables para el sostén de pacientes que se encuentran en estado
crítico (vg: ventiladores, bombas de infusión, etc.), o por patología
previa (vg: marcapasos, implantes metálicos, etc.). Sin
embargo, a pesar de lo expresado, se convierte en un método altamente
adecuado e incluso superior a la TC en casos de sospecha de una HIP de
tipo secundaria, ya que nos permite visualizar lesiones neoplásicas,
malformaciones vasculares y aneurismas con mejor detalle que la TC.16-20
Además, la IRM es útil en el diagnóstico de lesiones asociadas, tal como
la presencia de hematomas subdurales isodensos en la TC.16
La angiografía cerebral es un método que generalmente se delega o no se
toma en cuenta en el manejo de la HIP; sin embargo, ya ha sido
demostrado en general que los pacientes hipertensos que han padecido una
hemorragia intracerebral, entre un 9% a 25% de ellos pueden presentar
alteraciones estructurales causales, tales como malformaciones
vasculares y aneurismas, demostradas mediante la angiografía, mientras
que en jóvenes no hipertensos estas alteraciones están por un promedio
alrededor del 50%.1,3,21,22 Por lo tanto se propone la realización del
estudio en casos de pacientes menores de 45 años, sin antecedentes de
HAS, y en hematomas lobares (figura 8).
En casos de hematomas temporales o silvianos, sobre todo asociados con
hemorragia subaracnoidea, se ha logrado determinar que el 90% se
acompañan de lesiones estructurales sobre todo aneurismas de la arteria
cerebral media, por lo tanto en presencia de dicho patrón tomográfico o
de IRM se debe solicitar una arteriografía o una angiografía por
resonancia magnética (angioRM). Es menester puntualizar que, en
presencia de un paciente en coma y mal estado general, la angiografía
debe ser diferida, y que en caso de un paciente alerta que cumpla los
criterios descritos, pero que su condición neurológica muestre una
progresión hacia el deterioro, su cirugía y manejo definitivo no deben
retrasarse por la espera del estudio angiográfico.
Aquí debemos señalar que la IRM supera a la angiografía en su capacidad
para detectar angiomas cavernosos, los que se caracterizan por ser
angiográficamente negativos.16- 20 Además la angioRM puede ser igual o
superior, ya que además de ser un método no invasivo, no requiere
material
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Tabla 4: Calificación para
hematomas talámicos. |
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Figura 8: Masculino de 22 años
con cuadro súbito de cefalea y crisis convulsivas tónico
clónicas. La TC y la IRM mostraron un hematoma perietal
izquierdo (A y B).
La arteriografía demostró una malformación arteriovenosa
(C). Fue intervenido quirúrgicamente para la exéresis de la
lesión (D). |
fico o de IRM se debe solicitar una
arteriografía o una angiografía por resonancia magnética (angioRM). Es
menester puntualizar que, en presencia de un paciente en coma y mal
estado general, la angiografía debe ser diferida, y que en caso de un
paciente alerta que cumpla los criterios descritos, pero que su
condición neurológica muestre una progresión hacia el deterioro, su
cirugía y manejo definitivo no deben retrasarse por la espera del estudio
angiográfico. Aquí debemos señalar que la IRM supera a la angiografía en
su capacidad para detectar angiomas cavernosos, los que se caracterizan
por ser angiográficamente negativos.16- 20 Además la angioRM puede ser
igual o superior, ya que además de ser un método no invasivo, no
requiere material fico o de IRM se debe solicitar una arteriografía o una
angiografía por resonancia magnética (angioRM). Es menester puntualizar
que, en presencia de un paciente en coma y mal estado general, la
angiografía debe ser diferida, y que en caso de un paciente alerta que
cumpla los criterios descritos, pero que su condición neurológica
muestre una progresión hacia el deterioro, su cirugía y manejo definitivo
no deben retrasarse por la espera del estudio angiográfico.
Aquí debemos señalar que la IRM supera a la angiografía en su capacidad
para detectar angiomas cavernosos, los que se caracterizan por ser
angiográficamente negativos.16- 20 Además la angioRM puede ser igual o
superior, ya que además de ser un método no invasivo, no requiere
material de contraste nefrotóxico y nos brinda unas imágenes adecuadas,
incluso para la planeación quirúrgica, sobre todo en caso de aneurismas
rotos.23-51 En un estudio clínico realizado por nosotros, el que se
encuentra en vías de publicación (Rev. Neurol.), presentamos la
seguridad y efectividad en el clipaje de aneurismas utilizando la
angioRM como único
medio de diagnóstico (figuras 9 y 10).
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Figura 9:
Femenino de 55 años con cefalea y pérdida del estado de
alerta. La tomografía demostró hematoma temporal izquierdo y
hemorragia subaracnoidea (A y B) muy sugestivos de la
ruptura de un aneurisma. La IRM en secuencia FLAIR (C y D)
confirmó estos hallazgos, además se logró apreciar una
ausencia de señal en la porción esfenoidal de la cisterna
silviana (C). La angioRM mostró
un aneurisma de la bifurcación de la arteria cerebral media
(E), imagen que se correlacionó muy bien con el hallazgo
quirúrgico (F). |
Evolución y Pronóstico
Respecto a la evolución, se ha determinado una regla, la que se ha
denominado del tercio, haciendo alusión de que 30% de los pacientes
muere sin llegar a recibir atención médica hospitalaria, 30% muere o
desarrolla un déficit severo dentro del ámbito hospitalario y, por
último, el otro
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Figura 10:
Masculino de 48 años con ictus. La IRM en secuencia FLAIR
mostró un hematoma temporal y hemorragia subaracnoidea (A).
La angioRM (B) evidenció un aneurisma de la bifurcación de
la arteria cerebral media (punta de flecha). |
30% de los pacientes abandona el hospital
con mínimo o ningún déficit.5,52 La mortalidad es alta, con una sobrevida
de un año de alrededor de solamente 38% de los pacientes.
1-6 Definitivamente el pronóstico mejoró por algunos factores, entre
ellos el advenimiento de la TC, y el desarrollo de los cuidados
neuroanestesiológicos y neurointensivos, y de las técnicas
microquirúrgicas. Antes de la era de la TC de 50 a 80% de los pacientes
morían al mes, actualmente se aprecia este hecho en aproximadamente 32 a
52%.5
Se ha logrado determinar que el pronóstico se ve afectado por un volumen
mayor del hematoma, un puntaje
bajo al ingreso de la valoración clínica con la escala de coma de
Glasgow (ECG), la invasión o extensión a
las cavidades ventriculares, luego de un consumo intenso de alcohol. Se
debe recalcar que un diámetro mayor a 3 cm de un hematoma cerebeloso
afectará gravemente el pronóstico.1
Tratamiento Quirúrgico
Se ha postulado que la evacuación quirúrgica lleva a una disminución de
la presión intracraneal, que evita la
reexpansión y elimina o disminuye la citotoxicidad ocasionada por el
coágulo y los metabolitos liberados en su
degradación, sin embargo, existe gran controversia respecto al mejor
tratamiento para el paciente que sufrió una HIP. Esta es tan evidente
hasta el punto en que no hay un consenso claro y el comportamiento en
algunos centros es disímil al de otros tantos, incluso dentro de una
misma institución se evidencia diferencia de criterios. Esto se debe a
que no existen trabajos metodológicamente bien llevados y pareados unos
con otros para obtener niveles de evidencia y recomendación certeros y
realmente útiles. No obstante, con los datos obtenidos en los estudios
existentes, aleatorizados que comparan la cirugía versus el mejor
tratamiento médico53-61 (tabla 4), no aleatorizados,6,62-67
revisiones,68-72 y las guías de manejo de la American Heart Association
(AHA),1 podemos obtener criterios y tendencias que pueden normar
conductas de carácter colectivo para tomar una decisión de cuándo y cómo
intervenir quirúrgicamente.
En el cuadro 2 mostramos un algoritmo de manejo que hemos confeccionado,
y que trata de resumir las tendencias que vamos a comentar. Es
importante iniciar dejando en claro que la HIP es una emergencia
neurológica que puede llevar al paciente a un deterioro neurológico
rápido y a la muerte, por lo tanto
debe ser ingresado en una unidad de cuidados intensivos para control
ceñido y frecuente de sus condiciones clínicas y neurológicas. Por lo
tanto el manejo médico es fundamental para el control de la patología y
la prevención de posibles complicaciones. Los detalles del manejo médico
se escapan del tópico principal de este artículo, pero no por eso dejan
de ser fundamentales, tanto para los pacientes quirúrgicos como los no
quirúrgicos.
Los pacientes con un puntaje de 13 a 15 en
la escala de coma de Glasgow (ECG) raramente requieren cirugía,
mientras que los pacientes con valores entre 3 a 5 no se beneficiarán. En
cambio, los pacientes que se presentan con puntaje de 6 a 12 con
evidencia de que su condición neurológica va en deterioro, son quienes
pueden verse francamente beneficiados con una evacuación quirúrgica.
Los pacientes menores de 60 años con hematomas lobares grandes (≥ de 50
cc de diámetro) y clínica de deterioro se verán también beneficiados con
la evacuación quirúrgica (Figura 11).
La evacuación estereotáxica y la cirugía neuroendoscópica guiada se han
convertido en un arma terapéutica
que sigue siendo prometedora en el manejo de los HIP. Sus ventajas
radican en el concepto mínimo invasivo que esta
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Cuadro 2: Algoritmo de manejo quirúrgico de
la hemorragia intraparenquimatosa espontánea.
†: Todos los casos, quirúrgicos o no, deben recibir
tratamiento médico en UCI o unidad de cuidados neurológicos.
* : La tomografía es el método de elección en la actualidad
para el diagnóstico.
‡: La IRM es útil y puede llegar a reemplazar a la TC, y con
angioIRM detecta causas secundarias.
¥: La cirugía estereotáxica y la neuroendoscopía pueden ser
útiles con mínima invasión y menor morbilidad en pacientes
que inician deterioro neurológico.
HIP: Hematoma intraparenquimatoso, HAS: hemorragia
subaracnoidea, ECG: escala de coma de Glasgow. |
técnica ofrece con escaso o nulo daño sobre
el parénquima cerebral sano, corta duración del procedimiento quirúrgico
y la posibilidad de realizarlo con sedación o bajo anestesia local. En
un estudio aleatorizado realizado por Auer et al, en pacientes tratados
con cirugía endoscópica guiada por ultrasonido se observó una
disminución de mortalidad a 6 meses de evolución en los pacientes con
HIP de ganglios basales versus manejo médico conservador (42% vs. 70%,
respectivamente). Los que se beneficiaron más en este estudio fueron los
pacientes cuyo hematoma tenía un volumen mayor a 50cc, mientras que en
menores a 50cc no se presentaron diferencias de mortalidad, pero sí
mejor calidad de sobrevida.55 Teernstra et al, en un estudio donde
trataron 36 pacientes con lisis con uroquinasa y aspiración
estereotáctica, observaron una reducción en la mortalidad a 180 días y
comprobaron una mayor disminución del hematoma cuando los compararon con
34 pacientes manejados conservadoramente, sin embargo no demostró significativamente
alguna modificación en la calidad de sobrevida.61 La uroquinasa ha
mostrado un potencial de resangrado de hasta 22%, al parecer el
activador del plasminógeno tisular puede superar este problema.66
La extensión intraventricular del hematoma y la hidrocefaliasubsiguiente,
incrementan el deterioro y empobrecen el pronóstico, por tal motivo se
recomienda la colocación de un sistema de derivación ventricular
externo en esos casos (figura 5).
La hemorragia cerebelosa debe ser evacuada cuando existe evidencia de
compresión importante del tallo cerebral o hidrocefalia.65,68 Es difícil
determinar un volumen definitivo, mas sin embargo, las hemorragias de más
de 3cm de diámetro evolucionarán mejor cuando se evacuan. 1,65,68,71,72
Los pacientes incluso con puntaje ≤ 4 en la ECG pueden beneficiarse con
el drenaje. La derivación ventricular sola como manejo de las
hemorragias de fosa posterior, por ocupación y/o compresión del 4to.
ventrículo, es peligrosa por su alto potencial de provocar una
herniación transtentorial del vermis cerebeloso, dando como resultado la
compresión mesencefálica de consecuencias devastadoras.
En la actualidad, la mayoría de los centros han abandonado la
craneotomía para la evacuación de hematomas
profundos tales como los talámicos y pontinos, ya que de por sí tienen
mala evolución, y la cirugía incrementa morbilidad, sin embargo, la
evacuación estereotáxica se ha convertido en una posibilidad prometedora
para intervenir a los pacientes que ingresan con un puntaje adecuado de
la ECG y que se podrían beneficiar. Un artículo publicado recientemente
nos presenta una técnica transacueductal para el drenaje de hematomas
pontinos mediante el endoscopio flexible con un acceso prefrontal.73 Los
autores presentan apenas cuatro casos, de los cuales uno permaneció en
coma y dos llevan una sobrevida adecuada, y uno
quedó severamente limitado.
Un tópico que nos llama la atención es el papel de la craniectomía
descompresiva con durotomía (CD) en
el manejo de la HIP. La mayoría de los neurocirujans durante un
procedimiento quirúrgico a menudo hemos tenido que tomar la decisión de
dejar sin el colgajo óseo al paciente debido al grado de edema del
cerebro, incluso
entramos a quirófano previendo aquella posibilidad. Además, durante
nuestra formación tuvimos la oportunidad
tanto de intervenir o presenciar descompresiones solamente, sin
evacuación del hematoma, sobre todo en los
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Figura 11:
Hipertenso de 50 años con ictus. La TC y la IRM demostraron
un hematoma temporoparietal derecho (A y B). La angiografía
no reveló causas subyacentes. Presentó deterioro de su
estado neurológico, por eso se intervino para drenaje del
hematoma, además nos vimos en la necesidad de retirar el
colgajo óseo. Mejoró clínicamente y la TC de control
demostró alineación de estructuras de línea media (C y D). |
Tabla 5: Principales estudios
aleatorizados de la literatura
en inglés que comparan la cirugía vs. manejo solamente
médico. |
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profundos asociados a edema severo con
desplazamiento importante de las estructuras de línea media y datos
clínicos incipientes de síndrome de herniación, convirtiéndose en una
indicación puramente anecdótica, a pesar de que algunos pacientes se
beneficiaron. Desde un plano teórico, la CD aliviaría la hipertensión
intracraneal rebelde y disminuiría el daño secundario, además
técnicamente es un procedimiento relativamente sencillo y que no
requiere de tecnología sofisticada.74-76 La CD ha sido utilizada en el
manejo del infarto maligno de la arteria cerebral media, y en algunos
casos de trauma craneal severo, HSA con hematoma silviano y
neuroinfección, con disminución de la mortalidad e incluso beneficios en
lo que respectaa la función, sin embargo aún existe controversia por la
ausencia de estudios grandes y metodológicamente biendiseñados para
conocer a ciencia cierta si es segura y efectiva, quienes realmente se
beneficiaran funcionalmente, yel tiempo más apropiado para
practicarlo.74-85 La HIP no es la excepción, peor aún, existen escasas
publicaciones que puedan evidenciar su utilidad.6,86-88 En vista de lo
discutido, nosotros hemos seguido estas tendencias mediante el algoritmo
expuesto en el cuadro
2. En un pequeño análisis retrospectivo de dos años de duración,
observamos que en 42 casos de HIP primaria admitidos en el Hospital
Teodoro Maldonado Carbo de Guayaquil, el manejo fue en su mayoríamédico.
Los pacientes operados básicamente fueron para colocación de
ventriculostomía, y otros para la evacuación de hematomas lobares en
menores de 60 años que presentaron deterioro dentro de su evolución
(tabla 6). A tres meses de evolución, observamos que 33% de los
pacientes quedaron con secuelas mayores y 50% fallecieron, sin embargo,
los del grupo quirúrgico sólo constituyeron el 4.7% tanto en las
secuelas graves como de la mortalidad (tabla 7).
Esta recolección es retrospectiva y pequeña, por lo tanto no queremos
decir que la cirugía es superior. Lo que se percibe es lo devastadora de
la patología con altos índices de mortalidad y secuelas mayores, y que
una buena decisión quirúrgica bajo indicaciones precisas, puede mejorar
la evolución de los pacientes.
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Tabla 6: Pacientes con
hemorragia intraparenquimatosa primaria tratados en el
Hospital Teodoro Maldonado Carbo entre Julio del 2002 y
Julio del 2004. La edad media de los pacientes fue de 70
años con un rango de 52 a
80 años.
*: Se ha utilizado la clasificación de Beatty y Zervas tanto
para tálamo, como para ganglios de la base (GB).
**: Solamente ventriculostomía. |
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Tabla 7:
Evolución de los 42 pacientes con hemorragia
intraparenquimatosa tratados en el Hospital Teodoro
Maldonado Carbo. |
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