Relación
entre manifestaciones motoras y deterioro cognitivo en la
enfermedad de Parkinson
Dr. David Cassinelli, Dra. Rocío Santibáñez
Servicio de Neurología Hospital Regional Dr. Teodoro Maldonado
Garbo Guayaquil, Ecuador
RESUMEN: La enfermedad de Parkinson es un trastorno
degenerativo del sistema nervioso central que posee componentes
tanto motores como cognitivo; sin embargo, la relación entre
dichos componentes, aunque sugerida, ha sido poco estudiada. El
objetivo del presente estudio es encontrar la relación que existe
entre los síntomas motores y el deterioro cognitivo asociado a
esta patología en una muestra de 50 pacientes tratados en la
consulta externa del Servicio de Neurología del Hospital Dr.
Teodoro Maldonado Carbo, quienes fueron sometidos a varias pruebas
que evaluaban su función mental y motora. Los resultados
demostraron una clara disminución de las funciones cognitivas que
se encontraban paralelas con los síntomas motores. Conclusión:
Los pacientes con esta enfermedad presentan un deterioro motor y
cognitivo en el cual cada una de estas variables parecen tener
alta co-dependencia.
ABSTRACT: Parkinson's disease is a degenerative disorder of
the central nervous system with motor and cognitive symptoms.
However, the relationship between these symptoms, although
suggested, has been little studied. The objective of this study is
to find if there is such a relationship between motor symptoms and
cognitive impairment associated to this pathology. A sample of 50
patients under treatment by the Neurology outpatient clinic of Dr.
Teodoro Maldonado Carbo Hospital was selected and underwent a
series of tests that evaluated their motor and mental performance.
The results showed a significant decrease of their cognitive
functions that were parallel with their motor symptoms.
Conclusion: Patients with this disease present a motor and
cognitive impairment in wich each one of these variables seemed to
be highly codependent.
La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno degenerativo del
sistema nervioso central descrito por primera vez por James
Parkinson en 1817, quien describió como síntomas principales de
esta patología la rigidez, el temblor y los trastornos de la
marcha, sin reconocer en ella un deterioro psíquico o
intelectual, pero 50 años más tarde, Charcot y Vulpian, en su
obra "Dela paralysie agitante", describen deterioros
autonómicos y cognitivos asociados a esta patología [1,2]. Clásicamente
se caracteriza por la presencia de temblor de reposo, rigidez,
bradicinesia y pérdida de los reflejos posturales, pudiendo estar
acompañado de fenómenos disautonómicos, micrografia, hipofonía-
o disartria.
Correspondencia: Dra. Rocío Santibáñez, cosilla 09-04-462
Policentro, Guayaquil. Ecuador Dra. Rocío Santibáñez,
cosilla 09-04-462 Policentro, Guayaquil, Ecuador
La prevalencia de esta enfermedad es de aproximadamente el 1 % en
personas mayores de 65
años y ésta aumenta a medida que se analizan poblaciones más añosas;
es ligeramente más frecuente en hombres que en las mujeres y la
raza blanca parece tener un mayor riesgo de padecerla [3,4]. Su
etiología es desconocida, pero distintos factores ambientales y
genéticos han sido relacionados con la misma. [5-8]
La característica fisiopatológica fundamental de la EP es la
degeneración de las neuronas dopaminérgicas en la pars compacta
de la sustancia negra, con la consiguiente afectación del sistema
nigroestriado, aunque también disminuyen otros neurotrasmisores
como la acetilcolina y la serotonina [1,4]. En los últimos años
varios estudios han resaltado la importancia de las
manifestaciones cognitivas en el transcurso de esta patología.
[9-16]. Se afectan "principalmente, las funciones ejecutivas,
habilidades visuoespaciales, y algunas modalidades de la memoria y
el lenguaje. A pesar de que las manifestaciones motoras de esta
enfermedad son las más conocidas e iniciales, los síntomas
cognitivos que suelen aparecer más tardíamente también son muy
frecuentes, y parecen estar en relación con la presentación
temprana de alucinaciones visuales, una mayor rigidez / acinesia y
temblor al inicio de la patología. Las fluctuaciones cognitivas
no son tan floridas como las motoras, pero a veces son tanto o más
invalidantes que éstas, aún en los casos más leves. Los
pacientes expresan que no se sienten tan libres y ágiles para
pensar en los periodos "Off' como lo están en los periodos
"On", lo cual sugiere que una adecuada transmisión
dopaminérgica es necesaria para el procesamiento de información
cognitiva. Estos síntomas extrapiramidales aparentan estar
relacionados de forma recíproca dado que la presencia temprana de
trastornos cognitivos parece condicionar una evolución más rápida
en la sintomatología motora [15-17]. La prevalencia de la
demencia en la EP ha sido determinada entre el 8 y el 81 % y la
incidencia superior a la de la población general; además los
pacientes que la padecen tienden a tener una progresión más rápida,
mayor mortalidad y muerte temprana [17,18].
Estos pacientes presentan también inercia psíquica la
cual lentifica la actividad mental de los enfermos, sin que exista,
en los casos puros, un verdadero deterioro de su psiquismo. Esta
inercia psíquica viene a ser para la actividad mental lo que la
rigidez y la acinesia son para la actividad motriz; representaría
un bloqueo de la personalidad mental del paciente, similar al
bloqueo que la rigidez y acinesia ejercen sobre los músculos
[19,20]
El deterioro cognitivo se presenta aproximadamente en el 20 - 60%
de los pacientes y es más frecuente en personas mayores, en
quienes se encuentran en etapas más avanzadas, o sufren de
depresión. Los trastornos depresivos poseen un impacto negativo
en la cognición (particularmente en la memoria) en la EP. Se lo
ha implicado como el síntoma psicopatológico no cognitivo más
frecuente, pues alcanza prácticamente al 50 % de los pacientes
[11,15,21-25]
Estas alteraciones varían desde la normalidad absoluta, hasta un
cuadro de demencia subcortical tipo Alzheimer, caracterizado por
alteraciones en el habla, dificultad para evocar información,
dificultad en resolución de problemas [9,26].
La fisiopatología de la demencia aún no está del todo
esclarecida, pero probablemente la patología nigral por si sola
no es suficiente para el desarrollo de la misma. Los últimos
estudios clinicopatológicos sugieren que tres tipos de patología
pueden ser la causa de demencia en la EP: degeneración por
cuerpos de Lewy en estructuras corticales y límbicas, patología
tipo Alzheimer coincidente en estructuras corticales y límbicas,
y patología en estructuras subcorticales [3,24,27-29]
Con frecuencia, los fármacos que se utilizan para el tratamiento
de los trastornos motores de la EP afectan negativamente a las
funciones cognitivas y del comportamiento. La manía, hipomanía y
la euforia son efectos indeseables de la medicación
antiparkinsoniana que no se observan en pacientes no tratados.
Estos efectos pueden ser reducidos disminuyendo la dosis de
levodopa en los pacientes con EP leve a moderada [1,28,29].
En este estudio hemos comparado algunas pruebas realizadas a los
sujetos con EP para determinar su deterioro cognitivo y motor, con
el objetivo de relacionar los déficits encontrados en la esfera
mental de los pacientes con sus manifestaciones motrices.
PACIENTES Y MÉTODOS
Se estudiaron 50 pacientes diagnosticados de EP idiopática por
los especialistas de la Consulta de Neurología del Hospital
Teodoro Maldonado Carbo en la ciudad de Guayaquil y que
actualmente se encuentran bajo tratamiento médico. Los pacientes
fueron interrogados utilizando un cuestionario que contenía
diferentes pruebas para evaluar la función motora e intelectual.
Fueron excluidos los pacientes que tuvieran otra enfermedad neurológica
o neuromuscular que interfiera con la validez de las pruebas
aplicadas. Asimismo fueron excluidos los pacientes con
parkinsonismo secundario.
Las pruebas y escalas utilizadas en este estudio para evaluar los
aspectos motores y cognitivos en la EP fueron escogidas entre las
diversas existentes [30], considerando un grado de complejidad que
permitiese ser aplicada en la visita médica, a la vez que cubra
los diferentes aspectos motores y cognitivos de los pacientes.
Escala de Hoehn y Yahr: La principal escala utilizada para
valorar EP. Comprende 5 estadíos y evalúa aspectos
estrictamente motores.
Prueba de Minimental: Utilizada como parte de la evaluación
de la esfera mental. Se evalúa sobre 30 puntos e incluye
preguntas sobre orientación temporal y espacial, atención,
lenguaje, cálculo, memoria de fijación y praxia constructiva
elemental.
Escala de Barthel: Es una escala de actividad básica de la
vida diaria (ABVD), que incluye la valoración del autocuidado y
la movilidad como actividades primarias de la persona, que
permiten una independencia elemental y vivir en su domicilio sin
necesitar ayuda. Evalúa diez actividades básicas de la vida
diaria y su valor máximo es 100 puntos.
Escala de Reisberg: Valora la psicosis dividiéndola en
estadíos del 1 al 7, siendo mayor el grado de demencia mientras
mayor es el estadío.
Batería de Valoración Frontal (FAB): Consiste en seis
subtests diseñados para explorar conceptualización, flexibilidad
mental, programación motora, sensibilidad a la interferencia,
control inhibitorio y autonomía ambiental. Tarda aproximadamente
10 minutos en ser evaluada y su puntaje mayor es 18.
Como un dato adicional se consideró que el paciente realizara
actividad mental de manera rutinaria, catalogándola como positiva
si los pacientes realizaban tareas que requieran el correcto
desempeño de sus funciones ejecutivas (Le. crucigramas,
rompecabezas), o si aún eran productivos para la sociedad en su
profesión u oficio.
En este estudio transversal de cohorte, se correlacionaron las
pruebas de función motora con las de función intelectual
utilizando Ji cuadrado y correlación de Pearson. Para esto se usó
el paquete estadístico Statgraphic y Microsoft Excel, diseñados
para Windows XP.
RESULTADOS
El grupo de los 50 pacientes estudiados tuvieron una edad media de
68±11 años, dentro de un rango entre 35 años como edad mínima
y 86 años como edad máxima. 15 pacientes (30%) pertenecían al
sexo femenino y 35 (70%) al masculino. El 96% de los pacientes
presentó al menos algún grado de educación, detallándose esta
variable en el gráfico 1. El tiempo de evolución de la
enfermedad fue de 9,39:t6 años. El tiempo de exposición a la
medicación fue variable, pero todos recibieron levodopa.
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La intensidad de la enfermedad evaluada mediante la escala de
Hoehn y Yahr obtuvo una media de 2,84:f:1,22.
De los 50 pacientes sometidos a este estudio, 47 fueron sometidos
a la prueba' de Minimental, De los 3 excluidos, 2 presentaron
demencia severa (Reikberg 6) y 1 presentó, al momento de la
entrevista, síntomas motores que interferían con la realización
de la prueba. De los pacientes analizados, se obtuvo en el puntaje
una media de 25,60:f:5,44.
El test de Barthel, para evaluar las actividades de la vida
diaria, se realizó en los 50 pacientes, obteniéndose una media
de 77,5:f:30,86. Todos los pacientes fueron evaluados según los
criterios de la escala de Reisberg para la clasificación de la
demencia, dando como resultado una media de 2,02:f:1 ,29. .
El FAB se realizó en 45 pacientes, 5 fueron excluidos porque su
enfermedad se encontraba demasiado avanzada para realizar esta
prueba. Los resultados se exponen en la Tabla 8. El promedio del
puntaje en la prueba fue de 11,78 con una desviación estándar de
3,78.
Se evaluó la actividad mental de los ,pacientes por
interrogatorio directo e indirecto (familiares que convivían con
el enfermo y/o sus cuidadores), y se los dividió en grupos de
acuerdo al estadío de Hoehn y Yahr en que se encontraban. (Tabla
1, gráfico 2) según su actividad mental, de acuerdo a la escala de
Hoehn y Yahr.
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Tabla No. 1.-
Distribución porcentual de los pacientes con EP |
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Gráfico No 2. - Representación porcentual en gráfico
de barras de la actividad mental de los pacientes de acuerdo a su estadía de Hoehn y Yahr. |
Por medio de la prueba Ji cuadrado se estableció una relación
entre el estadio del paciente y el hecho de realizar actividades
de tipo mental. Se obtuvo un estadístico ji cuadrado que otorgaba
una p < 0.01 con un 95 % de confianza.
El coeficiente de correlación de Pearson entre la prueba de
Minimental y la escala de Yahr en los 47 pacientes en que se
realizó fue de r= -0.58; y una p <0.05 con un 95 % de
confianza (Gráfico 3). Al realizarla entre los pacientes que se
encontraban en estadios de Hoehn y Yahr 111, IV Y V (n= 28) dio
como resultado una r= -0.70 con una p <0.05 Y un 95% de
confianza (Gráfico 4).
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Gráfico No 3. - Correlacíón gráfica entre los
resultados del test de Mínímental y el estadío de Hoehn y Yahr
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Gráfico
No 4.- Correlación gráfica entre los resultados del test
de Minimental en los pacientes con un estadío de Hoehn y Yahrmayor de
II |
El coeficiente de correlación de Pearson fue de r= -0.57 entre la
escala de Yahr y el FAB, en los pacientes que se sometieron a esta
prueba (n= 45), con un 95 % de confianza y una p <0.01.(Gráfico
5). Considerando el grupo de pacientes que se encuentran en un
estadío de Hoehn y Yahr a partir de 111 (n= 26) se obtuvo una
correlación de r= -0.59 con un 95 % de confianza y una p <0.01
(Gráfico 6).
Gráfico No 5.- Correlación gráfica entre la puntuación
obtenida en el FAB y el estadío de Hoehn y Yahr
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Gráfico No 6.- Correlación gráfica entre los
resuffados del FAB y los pacientes con un estadía de Hoehn
y Yahr III, IV y V. |
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| Gráfico
No 7.- Correlación gráfica entre el estadío de la escala
de Reisberg y la escala de Hoehn y Yahr |
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Gráfico No 8. - Correlación gráfica entre la escala Reisberg y los pacientes con un Hoehn y Yahr
III, IV y V. |
El coeficiente de correlación de Pearson de los 50 pacientes, al
comparar la escala de Reisberg con la escala de Hoehn y Yahr, fue
de 0.47 con un 95 % de confianza (p <0.001). Al realizar la
misma prueba en los pacientes con un Yahr mayor a 11 (n= 31) se
observó una r= 0.65 con un 95 % de confianza (p <0.01). (Gráficos
7 y 8).
DISCUSiÓN
Son varias las escalas descritas para evaluar la EP. Clásicamente
se ha utilizado la escala unificada (UPDRS por sus siglas en
ingles). Sin embargo la extensión de la prueba la hace poco práctica
en la consulta diaria. Existen otras escalas que evalúan
diferentes aspectos relacionados con disfunción motora e
intelectual. Una reciente escala corta y aparentemente confiable
ha sido reportada [31], evaluando las discapacidades motoras y su
influencia en
las actividades de la vida diaria. Ya que la EP es una entidad
compleja que involucra varios aspectos, es difícil encontrar una
forma de evaluación integral, que sea precisa y fundamentalmente
práctica. Es por eso que en este trabajo hemos utilizado varias
escalas, de aplicación rápida, que fundamentalmente evalúen los
problemas motores. y la función intelectual, a fin de
correlacionarlos.
La incidencia de EP según el sexo de los pacientes fue en una
proporción aproximada de 2:1 a favor del sexo masculino, lo que
concuerda con la literatura consultada, que señala una proporción
similar [3,4].
La edad de la mayoría de estos pacientes fue de más de 65 años
debido a la mayor frecuencia de esta patología en pacientes de
tercera edad; sin embargo en este estudio se encontraron 2
pacientes menores de 45 años, los cuales son considerados como EP
de inicio juvenil. 2 pacientes que actualmente sobrepasan los 45 años
fueron diagnosticados a la edad de 40, por lo cual, también son
incluidos entre los pacientes con EP juvenil.
Los pacientes del estudio que tuvieron un grado de escolaridad básica
o superior a ésta, fue mayor del 95%,
con lo cual podemos deducir, que la gran mayoría de ellos que no
se encontraban en un grado de demencia severa, pudieron entender y
realizar correctamente cada una de las pruebas a las que fueron
sometidos.
De los pacientes que fueron sometidos a la prueba de minimental,
el 95% obtuvo un puntaje de 20 ó mayor en la misma. Según un
estudio realizado en Zaragoza, España [25], se considera a los
sujetos con un puntaje menor a 21 como pacientes con deterioro
cognitivo severo, bajo este criterio, sólo un pequeño porcentaje
de los pacientes del estudio presentaron un grado severo de
demencia.
Las puntuaciones en el test de Barthel para evaluación de
actividades de la vida diaria fueron muy variados, debido al
diverso grado de afección de los pacientes y del efecto de la
medicación en cada uno de ellos. Además al ser esta prueba
utilizada generalmente para evaluar pacientes con evento
cerebrovascular, no es muy específica para funciones superiores.
La mayoría de los pacientes se encontraban en una clasificación
en la escala de Reisberg de 2 ó menor, . pero el bajo estadiaje
en esta escala no es suficiente para descartar demencia o
deterioro cognitivo.
El puntaje de gran parte de los pacientes en el FAB no superó los
15 puntos; esto indica que la mayoría de los pacientes tienen
dificultad en realizar tareas de predominio frontal. Los valores
de la escala de Hoehn y Yahr fueron muy variados y por sí solos
no tienen mucha relevancia.
Al relacionar la actividad mental de los pacientes por medio de la
prueba ji cuadrado se demostró que existe evidencia significativa
de la dependencia entre el estadío del paciente y el hecho de
realizar actividades de tipo mental. Al aumentar el estadiaje de
Hoehn y Yahr, los pacientes muestran una clara tendencia a
disminuir su actividad mental.
De la misma manera, la correlación de Pearson entre la escala de
Yahr y la prueba de Minimental, indica que existe evidencia
significativa de que la correlación es diferente de cero con un
95 % de confianza. A medida que los valores del puntaje del
Minimental aplicados al grupo de pacientes en estudio van siendo
menores, éstos se encuentran en un estadío de Yahr mayor, lo
cual implica el deterioro de los pacientes tanto al nivel motor
como cognitivo se encuentran correlacionadas en grado medio. Sin
embargo, al realizar la misma prueba de correlación únicamente
con los pacientes que se encontraban en estadíos de Yahr
superiores a II, ésta tiende a ser inversamente más fuerte,
indicando un deterioro cognitivo, según el test de Minimental,
mayor a partir del estadío III de Yahr.
De igual forma, al correlacionar la escala de Yahr con el FAB, se
encuentra que están relacionados de una manera inversa débil,
pero estadísticamente significativa; pero nuevamente, al tomar en
cuenta para la prueba únicamente a los pacientes que se
encontraban en estad íos de Hoehn y Yahr de III, IV Y V, indica
una relación inversa ligeramente más fuerte, lo cual nos indica
que los pacientes con un FAB mayor se encuentran en un estadio de
Yahr menos avanzado.
En cambio, cuando la escala de Yahr es relacionada con la escala
de deterioro global de Reisberg, ésta se encuentra positiva
proporcionalmente. Esto nos indicaría que a medida que los. pacientes
presentan mayores manifestaciones motoras, aumenta su grado. de demencia
débilmente, pero ésta se torna fuertemente positiva entre ambas a partir
de los pacientes en estadio III de Yahr. A medida que el paciente aumenta su grado de demencia las
manifestaciones motores son más frecuentes, con un 95 % de
confianza (p <0.01). Esto
puede explicarse de varias maneras de acuerdo a la literatura
revisada. En la EP, los síntomas motores, se deben a la disminución
de la actividad dopaminérgica del putamen. En cambio la
fisiopatología de los trastornos cognitivos en esta enfermedad aún
es controvertida. Dado que el mecanismo fisiopatológico de la EP
implica una alteración de la vía dopaminérgica y,
por tanto, un inadecuado funcionamiento de los ganglios basa les
(GB), se ha tomado en consideración el papel de dichas
estructuras en la cognición humana. En este sentido, se ha
sugerido que, a través de sus conexiones anatomofuncionales con
la corteza prefrontal (CPF), dirigen la actividad de ésta. La CPF
se encarga de activar las áreas cerebrales necesarias para la
realización de las llamadas funciones ejecutivas (ejemplo: atención,
planificación, asimilación, realización). Por tanto si los GB
ciertamente monitorizan esta actividad cortical por medio de la
elección de los programas cognitivos y motores que más se
adecuan a las exigencias del medio, su afectación provocaría un
cuadro caracterizado por alteraciones cognitivas de un modo
similar al que altere al sistema motor [9,26].
Por otra parte, se ha generado gran polémica en torno a que la
terapéutica ~ la EP puede estar relacionada con el deterioro
cognitivo en algún grado no determinado. Se ha comunicado que,
aunque la levodopa es la droga antiparkinsoniana más efectiva, su
uso crónico provoca efectos adversos, tanto desde el punto de
vista motor como cognitivo [26]. También se ha sugerido una
posible contribución de los fármacos anticolinérgicos a las
alteraciones cognitivas de la EP, por disminuir la reserva de un
sistema colinérgico ya dañado [2,25]. Esto puede estar apoyado
por algunos estudios que indican que la demencia podría estar
relacionada en gran parte por defectos en sistemas no dopaminérgicos
asociados con deterioro motor [32].
Debemos tomar en cuenta también, el papel de la depresión en los
pacientes con EP. En este grupo de estudio, casi un cuarto de los
pacientes presentaron síntomas depresivos que requirieron
tratamiento con amitriptilina. Existe evidencia de que la depresión
en algunos pacientes puede añadir problemas a las alteraciones
cognitivas, e incluso pueden preceder a los signos motores en
porcentaje muy importante de sujetos con EP [2,23]. Se ha
descrito, también que la apatía es una consecuencia directa de
la enfermedad, relacionada a cambios fisiológicos, más que una
reacción psicológica a la discapacidad [33]
Todo esto confirma el impacto negativo de la EP en la calidad de
vida de los pacientes que la padecen, constituyéndose en una
enfermedad con gran carga tanto mental como física, superior a
otras
enfermedades neurológicas crónicas o a otros individuos de la
misma edad con enfermedades crónicas [34-36]
CONCLUSIONES
Los pacientes estudiados presentaron un deterioro cognitivo
directamente proporcional a su deterioro motor. Dicho deterioro es
más evidente al correlacionar únicamente a los pacientes que se
encontraban en un estadío de Yahr mayor a II.
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