Descripción y Fundamentos de la Resonancia
Magnètica en el Diagnóstico de la Enfermedad Cerebrovascular.
Dr. Carlos Valencia-Calderòn, Dra. Ana
Calderón-Valdiviezo, Dr. Amadeo Muntané-Sànchez, Dr. Sirajh Bechich, Dr.
Rupero Oliveró-Rigau, Dr. Cristòbal. Segura-Cros.
Centro Internacional de Medicina Avanzada.
Clínica CIMA., Ciudad Sanitaria y Universitaria de Bellvitge. Hospital
Príncipes de España, Barcelona, España.
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Correspondencia:
Dr. Carlos
Valencia-Calderón.
Ciudad Sanitaria y Universitaria de Bellvitge.
Hospital Príncipes de España,
Centro Internacional de Medicina Avanzada
Barcelona - España
La RM es un fenómeno físico
por el cual ciertos elementos como el H+ pueden absorber
selectivamente energía electromagnética de radiofrecuencia al ser
colocados bajo un potente campo magnético. En la rutina clínica, pedir una
RM significa obtener una seriada tomográfica por resonancia de los núcleos
de H+ de los distintos compartimentos del organismo. Para
obtener una imagen de RM se necesita a) una fuente creadora de un campo
magnético (imán), b) una antena que emita pulsos de radiofrecuencia de
diversos valores y separados a intervalos de tiempo adecuados (secuencias
de pulso), c) una antena que reciba las señales emitidas por los
tejidos examinados, y, d) un ordenador con un sistema de representación de
imágenes o de análisis espectrométrico que construya las imágenes
[1].
Un volumen de tejido del organismo tiene una
densidad (D) específica en núcleos de H+. Así, el agua tendrá
una D diferente a la sangre, al hueso y al parénquima de cada músculo o
víscera. Cada uno de estos compartimentos o tejidos se llamaran voxels.
Cuando los núcleos de H+ de un determinado voxel son sometidos
a un campo magnético y absorben energía de radiofrecuencia y entran en
resonancia. Cada voxel resonará de forma diferente a los otros voxels,
debido a las diferencias de densidades de H+, y un mismo voxel
resonará diferentemente según la secuencia de pulso al que sea sometido.
El exceso energético de los núcleos en
resonancia será liberado en forma de emisión de radiofrecuencia en un
proceso llamado de relajación (liberación de energía de los núcleos
de H para volver a su posición de equilibrio). Durante la relajación se
induce una señal eléctrica que es captada por la antena receptora que
envía información a la computadora para obtener la imagen tomográfica en
la RM. Esta imagen está determinada fundamentalmente por la densidad de
los voxels y por la secuencia de pulsos a la que se sometan los voxels en
estudio, así como por el tiempo de repetición o TR (tiempo en que
se repiten las secuencias de pulso a lo largo de la obtención de la
imagen) y por el tiempo eco o TE (tiempo transcurrido entre la
excitación de los núcleos de H+ y la recogida de la señal a
modo de eco) [1].
Existen 3 tipos básicos de secuencias de
pulso: a) SE (Spin-Echo) que puede potenciar las imágenes en T1, T2 y
Densidad protónica (D). Es la secuencia más utilizada por sus
posibilidades diagnósticas, b) IR (Inversion-Recovery), que potencia la
imagen en T1, y c) GE (Gradient-Echo), que potencia las imágenes en T1, T2
y T2*. La imagen potenciada en T2* tiene su máxima representatividad en el
estudio del sistema músculo esquelético.
El uso de material de contraste intravascular
paramagnético (gadolinio) en la RM proporciona información de la
integridad de la barrera hematoencefálica. La señal de resonancia de un
tejido depende de algunos parámetros intrínsecos: Densidad protónica (D),
T1 y T2: las imágenes potenciadas en D precisan un TR > de 2000
ms y un TE < de 60 ms, las imágenes T1 precisan un TR < de 500 ms y un TE
< de 60 ms, las imágenes potenciadas en T2 tienen un TR > de 2000 ms y un
TE > de 120 ms.
Imagen potenciada en
densidad protónica (TR largo y TE corto):
La escala de intensidades en la imagen es proporcional a la densidad de
núcleos de Hidrogeno. Hay que recalcar que no es densidad absoluta de
tejido, sino densidad de núcleos de H+, que provienen básicamente del agua
y de los tejidos grasos (los cuales se verán hiperintensos). Su imagen
es directamente proporcional a la densidad de núcleos de Hidrogeno.
(Figura 1a).
Imagen potenciada en T1 (TR
y TE cortos):
Está relacionada con la mayor o menor facilidad que tienen los núcleos de
H de liberar energía. El H en una molécula de grasa tiene facilidad para
liberar energía (T1 corto), mientras que el H en una molécula de agua
tiene dificultad en liberar energía (T1 largo). Una imagen está potenciada
T1 cuando la grasa aparece hiperintensa y los líquidos aparecen
hipointensos. Su imagen es directamente proporcional a la liberación de
energía de los núcleos de Hidrogeno. Actualmente se utilizan
sustancias de contraste como el gadolinio. Su efecto es facilitar la
relajación de los núcleos de H con los que se relaciona, por lo tanto
acortar el T1 (imágenes hiperintensas) [1] (Figura 1b).
Imagen potenciada en T2 (TR
y TE largos):
Está relacionada con la frecuencia con que los núcleos en relajación
liberan su exceso energético dentro de un campo magnético. En el agua
libre, los núcleos de H, al estar prácticamente aislados, perciben el
mismo campo magnético (relajación sincrónica o coherente = señal
hiperintensa), mientras que en los diferentes tejidos, los núcleos de H
perciben campos magnéticos distintos debido a que están rodeados de
electrones de varios tipos (relajación asincrónica o incoherente = señal
hipointensa). En una imagen potenciada T2, el agua libre aparece
hiperintensa. Por lo general toda patología comporta un aumento de agua
libre y por tanto se detecta en T2 como una señal hiperintensa. Su
imagen es directamente proporcional a la frecuencia con que los núcleos de
Hidrogeno liberan su energía [1] (Figura 1c).
VENTAJAS Y DESVENTAJAS
Aunque la RM es más sensible que la TC en la
demostración de un infarto agudo, sea lacunar o cortical grande, no la
puede sustituir en la valoración inicial del paciente vascular cerebral.
Sus ventajas son: a) Es más útil que la TC para mejor visualización de la
fosa posterior y para valorar la edad de la hemorragia cerebral [2], b)
Ausencia de radiación ionizante, c) Alta sensibilidad al flujo sanguíneo,
d) Capacidad de producir imágenes tomográficas en cualquier dirección del
espacio, con campos de visión variables y situados en cualquier punto del
organismo, e) Alta sensibilidad a la acumulación de hierro en los tejidos,
f) Alta resolución de contraste de los tejidos blandos, y g) Alta
sensibilidad a los tejidos edematizados.
Sus desventajas frente a la TC incluyen: a)
Poca disponibilidad en hospitales comunitarios, debido a su alto costo, b)
Reacciones de claustrofobia de algunos pacientes. Este factor junto con
prótesis metálicas y otros aparatos portátiles obligatorios pueden excluir
hasta un 14% de pacientes referidos para este estudio [3], c) Es menos
eficaz que la TC para detectar calcificaciones, alteraciones óseas y
articulares, y hemorragia subaracnoidea aguda [4].
La ausencia de riesgos biológicos conocidos
hasta la fecha, dentro de las normativas que regulan su uso clínico, hacen
que se la considere como una de las armas más potentes en el campo del
diagnóstico neurorradiológico. Sin embargo, por trabajar con un alto poder
magnético, está contraindicada en pacientes con fragmentos ferromagnéticos
intraorbitarios o intracraneales, clips de aneurismas, implantes óticos o
cocleares, válvulas cardiacas metálicas, marcapasos o neuroestimuladores.
RESONANCIA MAGENETICA POR DIFUSION Y PERFUSION.
Las imágenes de resonancia magnética por
difusión (RMD) se basan en la difusión del agua en el tejido cerebral. Ya
que la RM se utiliza para el estudio de patologías que llevan implícito él
acumulo de agua regional (edema, inflamación, desmielinización), la RMD
mide la autodifusión, que es el movimiento de agua entre otras moléculas
de agua. Esta tasa de difusión está determinada por energía cinética de
partículas, por lo tanto es temperatura dependiente [5].
Es importante anotar que en los tejidos
biológicos no existe una difusión libre, ya que las estructuras
constituyentes (membranas) y las interacciones químicas se presentan como
obstáculos a la difusión. Por lo tanto, la autodifusión de agua en los
tejidos biológicos es referida como una difusión aparente, que la
RMD la mide como coeficiente de difusión aparente (CDA) [5]. La
fase aguda de la isquemia cerebral determina una disminución del CDA
debida al edema citotóxico, lo cual se manifiesta como una imagen
hiperintensa desde los 2 o 3 minutos del inicio del infarto hasta las
primeras 96 horas. En la fase crónica de la isquemia cerebral se produce
un aumento del CDA, a causa de un aumento del contenido de agua
extracelular, manifestándose como una señal hipointensa.
La RM por perfusión (RMP), también conocida
como resonancia magnética hemodinámica, mide el flujo, el volumen y el
tiempo en que la sangre irriga el parénquima cerebral total o regional. En
una definición más clásica, la perfusión se refiere a la entrega de
oxigeno y nutrientes a través de los capilares. Se basa en los cambios
inducidos por la susceptibilidad magnética intravascular. Estas técnicas
de susceptibilidad utilizan moléculas paramagnéticas extrínsecas
(gadolinio, Gd-DTPA), o intrínsecas (deoxihemoglobina). Las estructuras a
estudiar se diferencian por la alta susceptibilidad de las moléculas
paramagnéticas en medio de la baja susceptibilidad del tejido adyacente.
La mayor susceptibilidad magnética causa una mayor pérdida de intensidad
de la señal [6]. Esta técnica demostrará las zonas isquémicas como áreas
con un flujo sanguíneo cerebral regional (rFSC) y un volumen sanguíneo
cerebral regional (rVSC) reducidos, así como un incremento en el tiempo
medio de transito de la sangre a través del tejido afecto con una imagen
hiperintensa [5,6] (Figura 2).Aunque aun es un procedimiento poco
disponible, parecer tener una alta sensibilidad y especificidad en la
detección temprana de la isquemia cerebral; estas técnicas pueden ser
capaces de diferenciar los AITs de los infartos agudos, así como detectar
en forma fiable áreas de riesgo de isquemia.
RESONANCIA MAGNÉTICA ESPECTROSCÓPICA.
El uso más reciente de la resonancia magnética en el diagnóstico de las
patologías humanas ha sido muy variado: imágenes anatómicas, funcionales y
bioquímicas. La resonancia magnética espectroscópica (RMS) proporciona
información química del metabolismo celular. Tanto la resonancia del
hidrogeno (1H) y del fósforo 31 han sido usadas para estudiar
el tejido cerebral, pero la sensibilidad a la resonancia magnética de los
protones es mayor que la del fósforo. La espectroscopia de protón permite
determinar las concentraciones de algunos compuestos como lactato, N-acetil
aspartato (NAA), la creatina (Cr) y los derivados de la colina (Cho). En
el espectro del fósforo se puede determinar la fosfocreatina y el ATP [7].
Una de las mayores contribuciones de la RMS a la neurología clínica es su
capacidad de cuantificar la perdida neuronal y demostrar daño neuronal
reversible.
A
partir de un estudio convencional de resonancia magnética, se analiza el
espectro de un segmento de parénquima (voxel), lo que da una imagen en
ejes de frecuencia que representa los principales metabolitos cerebrales:
colina, N-acetil-aspartato, creatina, lactato, etc (Figura 3). Dado que
los metabolitos cerebrales existen en concentraciones mili molares, las
señales del agua y de los tejidos vecinos del cerebro pueden enmascarar y
distorsionar las señales de los metabolitos de interés. Para vencer esto,
se usan técnicas que suprimen las hiperseñales, o las previenen de ser
excitadas desde el primer momento.
Causas de ↑del pico de colina: enfermedades desmielinizantes, tumores con
incrementada densidad celular.
Causas de ↓ de colina: hepatopatías crónicas [8]
Causas de ↓ del pico de creatina: procesos patológicos destructivos como
tumores malignos.
Causas de ↓ de NAA: perdida neuronal: desordenes degenerativos, daño
axonal, stroke, tumores gliales [9,10].
Causas de ↑ de lactato: neoplasias, isquemia, alrededor de quistes llenos
de líquido, necrosis.
Podemos decir que la necrosis produce elevación de la colina y el lactato
y disminución del NAA.
La principal ventaja de la RME es la de poder estudiar “in vivo”
diferentes procesos metabólicos, sin interferir en ellos ni utilizar
técnicas agresivas. La utilidad de la RME en la práctica clínica se
fundamenta en la posibilidad de realizar una caracterización cualitativa y
cuantitativa del tejido y de seguir la evolución de esos parámetros con la
evolución de la enfermedad o la terapia.
Infarto cerebral agudo y subagudo
Anormalidades arteriales:
Incremento de señal intraluminal por pérdida de flujo sanguíneo; pueden
ser vistas dentro de los primeros minutos del inicio de los síntomas.
Cambios morfológicos:
Leve efecto de masa, debido a edema citotóxico con compresión de
ventrículos o surcos; pueden aparecer dentro de las primeras 2 horas del
inicio.
Alteración de señales:
El área de edema en un territorio vascular se verá hiperintensa en
densidad protónica y en T2, dentro de las primeras 8 horas. En T1 se verá
una señal hipointensa entre las 16 y las 24 horas del inicio [11-13].
Modificaciones con
administración de contraste:
La administración de contraste intravenoso dará un aumento de señal
intravascular de los vasos alrededor de la zona infartada, lo que suele
aparecer entre el día 1 y 3 en el 75% de los infartos corticales. También
se puede ver un aumento de señal parenquimatosa entre el 3er y el 7mo día,
tomando entre 1 y 6 meses en resolverse.
Infartos crónicos (>1 mes)
Los hallazgos no son
específicos y deben distinguirse de otras formas de lesión cerebral. El
aumento de señal generalmente desaparece entre los 3 y 6 meses, época en
que se pueden ver cambios encefalomalácicos [14], pérdida de volumen en la
distribución vascular afectada y ocasionalmente residuos hemorrágicos (hemosiderina
y ferritina).
Hallazgos por resonancia magnética funcional:
RM por difusión y perfusión.
Infarto agudo (0-96 horas).
La RMD
mostrará una región hiperintensa tan pronto como a los 2 minutos de la
oclusión arterial [15], lo cual demuestra una isquemia hiperaguda y no un
marcador de infarto. Sin embargo esta intensidad progresará a infarto en
ausencia de reperfusión o de intervención neuroprotectora. Aquí, el CDA
estará lógicamente disminuido [12]. La RM por perfusión (RMP) mostrará
reducción del rFSC y del rVSC, con una imagen hipointensa, debido a que
la deoxigenación de la hemoglobina (deoxihemoglobina) incrementa la
susceptibilidad magnetica de los eritrocitos y esto da una pérdida de
intensidad de la señal.
En el infarto subagudo
(4-10 días),
la RMD dará una imagen normal o hiperintensa y el CDA se habrá normalizado
o estará algo disminuido. La RMP no presentará cambios significativos.
En el infarto crónico,
la RMD mostrará una iso o hipointensidad con un incremento del CDA, y la
RMP mostrará una imagen con una intensidad cerca a la del LCR en la
secuencia T2.
Hallazgos por RM en la hemorragia intracerebral
La RM puede ser útil para confirmar o excluir
una hemorragia intracerebral (HIC) como mecanismo de una EVC. Ya que los
aspectos técnicos de la generación de imágenes por RM y la interpretación
de los hallazgos de una HIC pueden ser difíciles, el diagnostico puede no
ser tan claro como con la TC. La RM puede detectar, en forma más precoz
que la TC, áreas de transformación hemorrágica (infarto hemorrágico)
dentro de un infarto reciente.
La determinación exacta de la fase de
evolución de la hemorragia se basa en la capacidad de la RM de detectar
los diferentes estadios de la transformación química de la molécula de
hemoglobina a oxihemoglobina, deoxihemoglobina, metahemoglobina y
hemosiderina, moléculas que darán una señal diferente en cada secuencia
potenciada. Además puede detectar hematomas subdurales isodensos, que la
TC no los distinga [13,15].
En la fase hiperaguda de la hemorragia
intracerebral, la RM mostrará imágenes hipo o isointensas en T1, con
hiperintensidad en T2 [16]. En las imágenes en T2 se suele observar un
anillo hipointenso que es menos marcado en las imágenes en T1, rodeando
una imagen isointensa o heterogénea de hematoma hiperagudo [17]. En estado
agudo, considerado entre el inicio y la semana del cuadro, la masa de la
hemorragia es rica en deoxihemoglobina, y se comporta hipointensa en T1 y
en T2 [18]. En estado subagudo (entre las semanas 1 y 4), la
deoxihemoglobina se transforma en metahemoglobina, la cual da una alta
señal en T1 en la periferia del hematoma, cambio que subsecuentemente
involucra el centro del hematoma a medida que los cambios químicos
progresan centralmente. El T2 es típicamente hipointenso con un halo
hiperintenso. En el estado crónico (a partir del mes de inicio de la
hemorragia), la hemoglobina se ha degradado en hemosiderina, localizada
principalmente dentro de los macrófagos. Este cambio bioquímico se
correlaciona con una marcada hipointensidad en T1 y en T2.
La localización, o características de la
hemorragia suele indicar su causa: en ganglios básales por hipertensión
arterial; frontal basal por trauma craneal o ruptura de aneurisma;
aquellas con gran efecto de masa y edema digitiforme pueden indicar un
tumor que sangró; las hemorragias lobares suelen indicar angiopatía
amiloide (en personas mayores), ruptura de MAVs (generalmente en
normotensos), uso de drogas simpaticomiméticas (en jóvenes), o una
yatrogenia (por uso de trombolíticos o anticoagulantes).
Los cambios hemorrágicos en los tumores
intracraneales son: lesiones de estadios múltiples, ausencia del anillo de
hemosiderina bien definido, evolución retarda de los cambios de la
hemoglobina y persistencia de hiperintensidad en T2 en etapa crónica.
REFERENCIAS
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Alzheimer, la enfermedad de Binswanger y los infartos lacunares. Estudio
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Biblioteca de la Universidad Autónoma de Barcelona.
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1998;19:1471-1507
18.
Gomori JM, Grossman RI, Goldberg
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1985;157:87
LEYENDAS DE FIGURAS
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FIGURA 1.-
Resonancia Magnética nuclear de cerebro. a) Corte axial del
cerebro potenciada en densidad protónica. b) Corte sagital del encéfalo
potenciada en T1. c) Corte axial del cerebro potenciada en densidad T2.
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FIGURA 2.-
Cortes axiales de RM por perfusión. En A se observa una
zona isquémica con un flujo sanguíneo cerebral regional reducido, en B un
volumen sanguíneo cerebral regional disminuido, y en C un incremento en el
tiempo medio de transito de la sangre a través del tejido infartado.
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FIGURA 3.-
Representación esquemática de la adquisición de la
espectroscopía a partir de la resonancia magnética convencional
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