Descripción y Fundamentos de la Tomografía
Computada en el Diagnóstico de la Enfermedad Cerebrovascular.
Dr.
Carlos Valencia-Calderòn, Dra. Ana Calderón-Valdiviezo, Dr. Amadeo Muntané-Sànchez,
Dr. Sirajh Bechich, Dr. Rupero Oliveró-Rigau, Dr. Cristòbal. Segura-Cros.
Centro
Internacional de Medicina Avanzada. Clínica CIMA., Ciudad Sanitaria y
Universitaria de Bellvitge. Hospital Príncipes de España, Barcelona,
España.
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Desde
el punto de vista técnico, la tomografía computada (TC) es un tubo de
rayos X que emite un haz (radiación total) sobre un plano tomográfico del
objeto a estudiar. Parte de esta radiación se pierde, y parte penetra el
organismo. El paso de los rayos X a través de los tejidos atenúa la
radiación, la cual es recogida por detectores muy sensibles y después
analizada por un ordenador que reconstruye las diferentes medidas
obtenidas en imágenes bidimensionales que se proyectan en una pantalla de
rayos catódicos. Así se obtienen una serie de cortes transversales al eje
axial del cráneo, a partir de la línea orbitomeatal. Esta línea une el
lado externo de la órbita con el conducto auditivo externo, y forma un
ángulo de 15° con el plano horizontal. Los equipos actuales permiten
cortes más finos (hasta de 1 mm) y también cortes en el plano coronal
[1,2].
La TC
recoge imágenes en tonalidades de grises, que representan las diferentes
densidades tisulares de la anatomía estudiada. Por esto se creó una escala
de densidades denominada Unidades Hounsfield (en honor del
descubridor de la TC). Esta escala da al agua un valor densimétrico de
cero, con extremos que van del -1000 (aire, imágenes muy hipodensas),
hasta +1000 (hueso compacto/ cuerpos extraños, imágenes muy hiperdensas).
La TC helicoidal utiliza una tecnología más avanzada que permite estudiar
todo un volumen de tejido por medio de disparos múltiples en un solo acto,
obteniendo en un corto espacio de tiempo, imágenes tridimensionales y en
múltiples planos, permitiendo entender mejor las relaciones anatómicas y
la extensión de la patología, en ocasiones difíciles de precisar en los
cortes axiales. Mediante la administración intravenosa de medio de
contraste yodado pueden visualizarse en la TC los principales vasos
sanguíneos, así como las alteraciones de la barrera hematoencefálica. La
administración de contraste no está indicada en la valoración inicial de
un paciente con sospecha de enfermedad vascular cerebral (EVC), y debe
utilizarse para descartar alguna lesión poco definida en la TC simple
(Malformaciones vasculares, tumores, imágenes quísticas) [1,2].
Ventajas y Desventajas
La TC
es una técnica fácilmente disponible en la mayoría de hospitales de
segundo y tercer nivel, y además es un examen muy rápido ya que solo se
requieren 2 a 3 minutos para su realización. Es una técnica altamente
sensible para detectar calcificaciones y hemorragias agudas. Permite una
excelente visualización de estructuras óseas, tales como base del cráneo y
vértebras. Puede ser utilizada en personas con implantes ferromagnéticos
(marcapasos, prótesis) [3]. Es útil en pacientes críticos que requieren
observación directa y de equipos de soporte vital dentro de la sala de
estudio. Con respecto a la TC helicoidal, sus principales ventajas son la
mayor rapidez y el poder evitar los artefactos provocados por el
movimiento.
La TC
tiene poca resolución al estudiar la fosa posterior; los infartos
localizados en esta zona solo se observan en el 5% de los casos [4].
Además, tiene poca sensibilidad para detectar infartos lacunares recientes
y aquellos infartos no lacunares dentro de las primeras horas de
evolución. La TC emite radiación, por lo que constituye una
contraindicación relativa durante el embarazo, aunque en caso necesario,
se deberá utilizar un delantal de plomo, para disminuir los efectos de la
radiación sobre el feto. Finalmente, existen las molestias relacionadas
con alergia al medio de contraste.
Infarto
cerebral
Las
lesiones isquémicas producen edema y necrosis (acumulación intra y
extracelular de agua), por lo que tomográficamente son proporcionalmente
hipodensas a la edad de la misma.
En el
infarto agudo, de menos de 24 horas de evolución, un estudio tomográfico
puede no visualizar una lesión, incluso un infarto cortical grande a
menudo no se lo puede ver dentro de las primeras tres horas de inicio [5],
pero cerca del 60% pueden ser detectados en las primeras 24 horas [6]. El
edema que ocurre en el infarto cerebral agudo, de tipo citotóxico
(acumulación de agua intracelular), produce las pérdidas de diferenciación
entre estas estructuras, lo que se conoce como signos tempranos de infarto
cerebral, estos son [7-10]: a) Pérdida de diferenciación entre la
sustancia gris y la blanca, debido al edema temprano, b) Borramiento de la
sustancia gris de la ínsula y del claustrum debido a edema, c)
Oscurecimiento o pérdida de definición del núcleo lentiforme y de la
cápsula interna, d) Arteria cerebral media hiperdensa debido a la
presencia de un trombo-émbolo intraluminal; pueden observarse en las TC no
contrastadas. Estas pueden adoptar la forma de estructuras redondas
pequeñas o ligeramente alargada, hiperdensas, dentro de una arteria (signo
de la arteria hiperdensa), que corresponden al coagulo fresco
intravascular, e) Signo del punto (del ingles, Dot sign) definida
como una hiperdensidad puntiforme de una estructura arterial en la cisura
de Silvio, contralateral a la focalidad neurológica aguda (Figura 1) [11].
La sensibilidad de la TC en las primeras 24 horas del infarto está entre
el 60 y el 90% [12]. En el infarto subagudo (1 día a 1 mes de evolución),
la sensibilidad de la TC es superior al 90%, debido a una hipodensidad
mayor representada por un edema tanto citotóxico como vasogénico
(acumulación de agua extracelular), en una distribución vascular
reconocible [12,13].
La
transformación hemorrágica de un infarto suele ocurrir entre el primer y
el cuarto día, usualmente debido a reperfusión de un endotelio
dañado por isquemia. La embolia de una arteria cerebral es la lesión
inicial en la mayoría de los casos. Un émbolo se aloja inicialmente en un
vaso proximal (generalmente la ACM) y produce una lesión isquémica precoz
del parénquima cerebral y el endotelio vascular. Cuando los émbolos se
lisan y se restablece la circulación en el área isquémica, el endotelio
dañado permite la extravasación de la sangre en el parénquima previamente
isquémico o infartado [14]. Los infartos venosos también pueden
convertirse en hemorrágicos. Las lesiones dan inicialmente una
hipodensidad en los núcleos lenticulares o en la corteza, con desarrollo
posterior de focos parcheados de alta densidad que dan un patrón
irregularmente hiperdenso dentro de las primeras 24 horas [15,16]. Cabe
indicar que el 5% de los infartos se transformaran espontáneamente en
infartos hemorrágicos [17].
El
efecto de masa de los edemas grandes alcanza su pico máximo entre los 3 y
5 días, aunque puede ser detectados en una TC inicial realizada dentro de
las primeras horas del inicio, principalmente en los infartos masivos del
territorio de la arteria cerebral media. Estos infartos ocasionan
borramiento de los surcos corticales, desplazamiento del ventrículo
lateral y de las estructuras de la línea media al lado contralateral al
infarto. Entre la segunda y tercera semana la densidad del infarto
puede retornar a niveles normales. En este periodo isodenso (fogging
effect), el infarto puede hacerse evidente con la utilización de
medios de contraste.
Los
infartos crónicos suelen mostrar gliosis y atrofia, produciendo una
encefalomalacia quística con señales de la misma densidad que el LCR. En
raras ocasiones suele aparecer calcificación distrófica [12].
Hemorragia parenquimatosa.
La TC
diagnostica prácticamente el 100% de las hemorragias intracerebrales (HIC,
salvo raras excepciones, como las hemorragias petequiales y hemorragias
isodensas en pacientes anémicos con hematócritos muy bajos (<20%) [18].
Las características tomográficas de la HIC varían según el tiempo de
evolución.
En el
estado hiperagudo (hasta 4 horas del inicio), la sangre extravasada aún no
se ha coagulado, produciendo una colección irregular hiperdensa
intracerebral con efecto de masa local; la TC puede mostrar un nivel
líquido, lo cual debe ser interpretado como un signo de muy reciente
sangrado [19], sangrado en una cavidad preexistente (quiste), o sangrado
secundario a coagulopatía o a terapia trombolítica [17]. Se ha reportado
un crecimiento del hematoma dentro de las 3 primeras horas del inicio
hasta en un 26% de casos, cuando son comparados con la TC de base tomada
en la primera hora [20]. Se puede calcular el volumen del hematoma en
mililitros multiplicando el diámetro más largo (a) por el más ancho (b)
por el número de cortes tomográficos (c) de un cm de grosor divido para 2:
a x b x c/2 [21].
En el
estado agudo (5 a 72 horas del inicio), la sangre se hace más densa como
resultado de la formación del coagulo y de la pérdida gradual del suero,
produciendo una relativa concentración de hemoglobina, lo cual da como
resultado una imagen más hiperdensa. La pérdida de suero produce un halo
hipodenso alrededor del hematoma hiperdenso (Figura 2).
En el
estado subagudo (4 días a 3 semanas), la densidad del hematoma comienza a
declinar debido a la degradación de la hemoglobina, progresando
concéntricamente, con un consecuente crecimiento de la zona periférica
hipodensa. El efecto de masa va desapareciendo gradualmente [22]. El
estado crónico (> 3 semanas), está caracterizado por una hipodensidad con
respecto al tejido cerebral sano; eventualmente queda una cavidad
porencefálica isodensa [22].
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LEYENDAS DE FIGURAS
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Figura 1.
Imagen tomográfica de un infarto cerebral en el territorio
de la arteria cerebral media izquierda en el que se observa una lesión
hipodensa con una imagen puntiforme hiperdensa secundaria a un trombo
intravascular (dot sign). |
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Figura 2.
TC de un hematoma intraparenquimatoso a nivel del núcleo lenticular
derecho. |