Enfermedad Vascular Cerebral en los Trópicos *
Dr.
Oscar H. Del Brutto
Departamento
de Ciencias Neurológicas, Hospital-Clínica Kennedy, Guayaquil –
Ecuador.
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CORRESPONDENCIA:
Dr. Oscar H. Del Brutto
Oficina
S7, Guayaquil – Ecuador
*
Publicado en REV NEUROL 2001;33:750-62 y
reproducido gracias a un acuerdo de colaboración de la Federación de Revistas
Neurológicas en Español.
RESUMEN:
Objetivo.
Revisar las manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento de
entidades responsables del desarrollo de enfermedad vascular cerebral
(EVC) en regiones tropicales. Desarrollo. Entre las enfermedades
tropicales que se asocian con EVC destacan: la anemia de células
falciformes, la arteritis de Takayasu, la cisticercosis, la endocarditis
infecciosa, la enfermedad de Chagas, las fiebres hemorrágicas virales, la
gnatostomiasis, la leptospirosis, las mordeduras de serpiente, el
paludismo cerebral, la trombosis venosa puerperal y la tuberculosis.
Dichas entidades pueden producir infartos o hemorragias cerebrales y, en
la mayoría de los casos, estas complicaciones se relacionan con daño
vascular secundario a angeitis o se presentan como parte de una coagulopatía
diseminada con sangrado en otros órganos. En algunos casos, la gravedad
del compromiso neurológico no permite identificar un síndrome ictal
específico y las complicaciones cerebrovasculares solamente son
reconocidas mediante estudios de neuroimagen o en la autopsia.
Conclusiones. Existe un grupo de enfermedades, infecciosas o no, capaces
de producir infartos o hemorragias cerebrales en los trópicos. Su
reconocimiento oportuno permite iniciar tratamiento específico destinado
a reducir la magnitud del daño cerebral y a evitar ictus recurrentes.
ABSTRACT:
Objectives. To review the clinical manifestations, diagnosis, and
therapy of diseases causing cerebrovascular disease (CVD) in the tropics.
Development. Most prevalent conditions causing CVD in the tropics include:
sickle cell disease, Takayasu’s arteritis, cysticercosis, infective
endocarditis, Chagas’ disease, viral hemorrhagic fevers,
gnathostomiasis, leptospirosis, snake bites, cerebral malaria, puerperal
venous thrombosis, and tuberculosis. These conditions may cause cerebral
infarcts or hemorrhages, and in most instances are related to either
vascular damage secondary to angiitis or hemorrhagic diathesis with
bleeding in other organs. In some patients, the severity of the
neurological picture makes impossible to identify an specific stroke
syndrome and cerebrovascular complications are only recognized on
neuroimaging studies or autopsy. Conclusions. There is a group of tropical
infectious and non-infectious diseases that may cause cerebral infarcts or
hemorrhages. Prompt diagnosis and therapy are needed to reduce the
severity or brain damage and to avoid recurrent strokes.
Al
igual que en el resto del mundo, la enfermedad vascular cerebral (EVC) es
una de las causas más importantes de morbi-mortalidad en regiones
tropicales. A medida que aumente la expectativa de vida en dichas
regiones, tambien aumentará el porcentaje de individuos mayores de 65 años
y, por lo tanto, será mayor el número de gente con factores de riesgo
para desarrollar EVC. Tal es la magnitud del aumento de casos de EVC, por
lo menos en América Latina, que la Organización Panamericana de la Salud
considera que este será tan importante en los próximos años, que el
problema puede ser considerado como una verdadera epidemia [1]. Sin
embargo, la real prevalencia de EVC en los trópicos es dificil de
establecer ya que la mayoría de estudios epidemiológicos se encuentran
limitados por la investigación incompleta de los pacientes, debido a que
en muchas de estas regiones no se encuentran disponibles los equipos de
neuroimagen necesarios para el diagnóstico de los diferentes subtipos de
EVC.
Por
otra parte, la gente que habita en países tropicales, en vías de
desarrollo, no es consciente de la gravedad de la EVC y, por lo general,
no buscan atención médica oportuna. Esto se traduce en la presencia de
cuadros neurológicos más graves cuando los pacientes llegan al hospital.
El porcentaje de EVC recurrente tambien suele ser mayor debido a un mal
control de los factores de riesgo y a la ingesta irregular de medicación
anti-hipertensiva [2]. La tasa de mortalidad por EVC es más alta en
regiones tropicales que en naciones desarrolladas, en parte debido a la
mayor prevalencia de hemorragias intracraneales, lo cual parecería estar
relacionado con factores raciales aún no bien estudiados [3,4]. A todo
esto se le agrega la presencia de una serie de entidades neurológicas,
muy frecuentes en los trópicos, que contribuyen con la prevalencia
elevada de EVC en estas regiones (Tabla 1).
A continuación describiremos los aspectos más relevantes de dichas
entidades.
ANEMIA
DE CELULAS FALCIFORMES
La
anemia de células falciformes es una enfermedad genéticamente
determinada que resulta de la herencia de dos genes anormales, uno de los
cuales es el gen de células falciformes (sickle
cell gene), encargados del control de la síntesis de las cadenas beta
de la hemoglobina. Esta entidad es prevalente en Africa, especialmente en
áreas donde el paludismo es endémico [5]. De hecho, se estima que este
gen anormal apareció como una mutación necesaria durante la evolución
del ser humano para inducir cambios en la molécula de la hemoglobina de
tal forma que los eritrocitos sean más rigidos y resistentes a la infección
por Plasmodium falciparum.
La anemia de células falciformes afecta cada año a más de
100.000 niños nacidos en Africa, de los cuales únicamente el 5%
sobrevivirá hasta la edad escolar. Esta entidad es tambien frecuente en
la población Afro-Americana que vive en los Estados Unidos de América. A
diferencia de lo que ocurre en Africa, más del 85% de los niños
Afro-Americanos con anemia de células falciformes sobreviven hasta la
vida adulta [6]. Esto se debe indiscutiblemente a las diferencias en el
nivel de atención médica en ambas regiones.
Tabla
1.
Etiologías específicas de EVC en los trópicos
|
ENFERMEDAD
|
SUBTIPOS
DE EVC
|
DISTRIBUCION
GEOGRAFICA
|
|
Anemia
de células falciformes
|
Infartos
cerebrales, hemorragias parenquimatosas.
|
Africa.
|
|
Arteritis
de Takayasu
|
Infartos
cerebrales
|
Asia,
probablemente distribución mundial.
|
|
Cisticercosis
|
Infartos
cerebrales, hemorragias subaracnoideas.
|
América
Latina, Africa, Asia.
|
|
Endocarditis
infecciosa
|
Infartos
cerebrales cardioembólicos, hemorragias parenquimatosas y
subaracnoideas.
|
Distribución
mundial.
|
|
Enfermedad
de Chagas
|
Infartos
cerebrales cardioembólicos.
|
America
del Sur.
|
|
Fiebres
hemorrágicas virales
|
Hemorragias
parenquimatosas y subaracnoideas.
|
América
del Sur, Africa y Asia.
|
|
Gnatostomiasis
|
Hemorragias
parenquimatosas y subaracnoideas.
|
Sudeste
Asiático.
|
|
Leptospirosis
|
Hemorragias
parenquimatosas y subaracnoideas.
|
Asia,
América del Sur.
|
|
Mordeduras
de serpientes
|
Infartos
cerebrales, hemorragias parenquimatosas y subaracnoideas.
|
Distribución
mundial.
|
|
Paludismo
cerebral
|
Hemorragias
parenquimatosas, infartos cerebrales.
|
América
Latina, Asia y Africa.
|
|
Trombosis
venosa puerperal
|
Infartos
cerebrales hemorrágicos.
|
India,
América Latina.
|
|
Tuberculosis
|
Infartos
cerebrales.
|
Distribución
mundial.
|
Tabla
2. Complicaciones cerebrovasculares de la anemia de células
falciformes.
|
MECANISMO FISIOPATOLOGICO
|
SUBTIPO DE EVC
|
|
Oclusión
de arteriolas por eritrocitos rígidos.
|
Infartos
pequeños localizados en sustancia blanca subcortical, tallo
cerebral o cerebelo.
|
|
Angeitis
de arterias de gran calibre con formación de émbolos
arteria-arteria.
|
Infartos
limítrofes.
|
|
Fallo
hemodinámico (hipoperfusión).
|
Infartos
limítrofes.
|
|
Trombosis
venosa.
|
Infartos
corticales hemorrágicos.
|
|
Embolia
grasa luego de infartos óseos.
|
Infartos
de distinto tamaño y localización.
|
|
Debilitamiento
de la pared de arterias intracraneales.
|
Hemorragias
parenquimatosas o subaracnoideas.
|
Fisiopatología
La
estructura anómala de la hemoglobina dificulta el paso de oxígeno a los
tejidos y altera la deformabilidad de los eritrocitos, lo que a su vez,
condiciona taponamiento de pequeños vasos sanguíneos y favorece el
desarrollo de isquemia tisular. Por otra parte, la presencia de
eritrocitos rígidos en los vasa vasorum de las arterias de gran calibre produce daño
endotelial [7]. Esto último puede inducir oclusión o ruptura arterial
debido a debilitamiento del endotelio. La anemia de células falciformes
afecta los vasos sanguíneos de todo el organismo. Sin embargo, los órganos
más frecuentemente afectados en esta entidad son los riñones, pulmones,
huesos, bazo, hígado y el sistema nervioso [8].
Cuadro clínico
La
anemia de células falciformes puede afectar niños y adultos. Los
pacientes presentan anemia hemolítica y crisis dolorosas relacionadas con
infartos óseos, pulmonares, o de otros órganos. Aproximadamente el 15%
de los pacientes presentan EVC, la cual puede ser isquémica o hemorrágica
y se encuentra relacionada con diversos mecanismos etiopatogénicos (Tabla
2). Los infartos cerebrales pueden ser precipitados por episodios de
acidosis, por infecciones concomitantes o por caídas bruscas en la
concentración de hemoglobina. Los niños que sobreviven más allá de los
primeros 5 años de vida suelen presentar crisis convulsivas y deterioro
intelectual [9,10].
Diagnóstico
El
diagnóstico definitivo de anemia de células falciformes se establece
mediante electroforésis de hemoglobina, la cual muestra las típicas
alteraciones en las cadenas beta. Los estudios de neuroimagen suelen
mostrar infartos o hemorragias cerebrales de distinto tamaño y localización
[11]. El doppler transcraneal es de gran utilidad para demostrar estenosis
de arterias intracraneales antes del desarrollo de eventos isquémicos
[12].
Tratamiento
El
tratamiento de la anemia de células falciformes está principalmente
dirigido a reducir el nivel de hemoglobina anormal circulante. Esto se
logra mediante transfusiones sanguíneas repetidas [12]. Algunos autores
sugieren el uso de drogas que aumenten la deformabilidad de los
eritrocitos tales como la pentoxifilina, así como de medicamentos que
aumenten los niveles de hemoglobina fetal circulante [8,13]. No existe
evidencia sólida que favorezca el uso de agentes antiagregantes
plaquetarios o de anticoagulantes en estos enfermos.
Arteritis
DE TAKAYASU
La
arteritis de Takayasu es una arteriopatía crónica de causa desconocida
que afecta a la aorta y sus ramos principales. Se observa con mayor
frecuencia en mujeres jóvenes Orientales que habitan en Japón y en
regiones del sudeste Asiático. Sin embargo, esta entidad ha sido descrita
en hombres, mujeres y niños de todas las razas y de diferentes regiones
del mundo [14].
Fisiopatología
La
arteritis de Takayasu se caracteriza por estenosis segmentaria de arterias
de grande y mediano calibre, incluyendo la aorta y sus ramas principales,
tales comoel tronco braquio-cefálico, la arteria carótida primitiva
izquierda, la arteria subclavia izquierda, las arterias renales y las
arterias femorales. En algunos casos pueden comprometerse las arterias
pulmonares [15]. Los vasos de pequeño calibre no se afectan, por lo que
la vasculatura intracraneal es normal en esta entidad. Desde el punto de
vista histopatológico, la arteritis de Takayasu se caracteriza por la
presencia de un infiltrado inflamatorio en la pared arterial, lo que
condiciona degeneración de la capa elástica, fibrosis de la media y
proliferación celular en la íntima (panarteritis).
Cuadro clínico
La
arteritis de Takayasu cursa con dos estadíos clínicos distintos, una
fase aguda caracterizada por fiebre, malestar general y aumento en la
velocidad de sedimentación globular, y una fase crónica en la que
predominan los síntomas isquémicos por estenosis arterial progresiva.
Las manifestaciones más importantes en esta última fase inccluyen
disnea, taquicardia, claudicación intermitente, hipertensión arterial,
ausencia de pulsos periféricos, soplos vasculares o cardiacos y
diferencias de presión arterial entre los brazos y las piernas [16].
Hasta el 10% de los pacientes desarrollan complicaciones neurológicas,
las que pueden marcar el inicio clínico de la enfermedad [17-19]. Dichas
complicaciones se deben al desarrollo de infartos cerebrales, los que
usualmente se localizan en el territorio carotídeo. Los infartos pueden
ser de gran tamaño, comprometiendo todo el territorio de las arterias
cerebral anterior y media, o bien ser pequeños y encontrarse confinados a
un ramo pial. Los infartos cerebrales son causados por fallo hemodinámico
o por embolismos arteria-arteria y su tamaño no se correlaciona
necesariamente con la extensión del daño vascular. Esto se debe al
desarrollo lento de estenosis y oclusión arterial, lo que permite la
formación de circulación colateral alrededor de los vasos que forman el
polígono de Willis.
Diagnóstico
La
aortografía permite el diagnóstico y clasificación adecuada de la
arteritis de Takayasu. De acuerdo con Lupi-Herrera y colaboradores [20],
se reconocen 4 tipos de arteritis de Takayasu dependiendo de la extensión
del compromiso arterial (Tabla 3). Los
hallazgos angiográficos incluyen estenosis u oclusión arterial,
dilataciones post-estenóticas, formación de una red anormal de vasos
colaterales alrededor de los sitios de oclusión arterial, y formación de
aneurismas (Figura 1). Estos hallazgos angiográficos
pueden encontrarse en otros tipos de enfermedades de la aorta,
tales como aterosclerosis, diisplasia fibromuscular o coartación de la
aorta. Por lo tanto, el diagnóstico definitivo de arteritis de Takayasu
solamente se establece con certeza en aquellos pacientes que cumplan con
los criterios diagnósticos de Ishikawa (Tabla
4).
Tabla
3. Tipos
angiográficos de la arteritis de Takayasu.
|
Tipo I.
Compromiso
del arco aórtico y troncos supra-aórticos.
Tipo II.
Compromiso
de la aorta descendente torácica y abdominal.
Tipo III.
Compromiso
tanbto del arco aórtico como de la aorta descendente.
Tipo IV.
Compromiso
de la arteria pulmonar (asociado con cualquiera de las
combinaciiones anteriores). |
Tabla
4. Criterios de Ishikawa para el diagnóstico de arteritis de
Takayasu*.
Criterio
obligatorio
|
|
Edad menor de 40 años
|
|
Criterios mayores
|
|
Afección
de la arteria subclavia izquierda
|
|
Afección de la arteria
subclavia derecha
|
|
Criterios menores
|
|
Velocidad
de sedimentación globular aumentada.
|
|
Dolor a la palpación de la carótida.
|
|
Hipertension
arterial
|
|
Insuficiencia
aórtica
|
|
Afección
de la arteria pulmonar
|
|
Afección
de la arteria primitiva izquierda
|
|
Afección
distal del tronco braquio-cefálico
|
|
Afección
de la aorta torácica
|
|
Afección
de la aorta abdominal
|
*
El diagnóstico se establece en pacientes que tengan, además del criterio
obligatorio: a) dos criterios mayores, b) un criterio mayor y dos menores,
o c) cuatro criterios menores.
Tratamiento
Durante
la fase aguda de la enfermedad (pacientes con velocidad de sedimentación
globular elevada) se encuentra indicado el uso de corticosteroides
(prednisona 1 mg/kg/día) [21]. En la fase crónica o en aquellos
pacientes que no responden a corticosteroides, puede considerarse la opción
de cirugía vascular reconstructiva [22].
CISTICERCOSIS
La
cisticercosis es la enfermedad parasitaria más frecuente del sistema
nervioso central y uno de los problemas de salud más importantes en
naciones en vías de desarrollo de América Latina, Africa y Asia [23].
Esta enfermedad ocurre cuando el hombre se transforma, en forma
accidental, en el huesped intermediario en el ciclo biológico de la Taenia
solium al ingerir sus huevecillos en alimentos contaminados. Una vez
ingeridos, los huevecillos se transforman en oncosferas, las que
attraviezan la pared intestinal, entran a la circulación y viajan hacia
los tejidos del huesped para los que el parásito tienen trofismo
(especialmente músculos estriados, ojos y sistema nervioso central). A
este nivel, las oncosferas maduran formando cisticecos.
Fisiopatología
Los
cisticercos pueden localizarse en el parénquima cerebral, el espacio
subaracnoideo, el sistema ventricular o la médula espinal. La reacción
inflamatoria que rodea a estos parásitos desencadena una serie de cambios
en el sistema nervioso, incluyendo edema cerebral, gliosis, y la formación
de un denso exudado en el espacio subaracnoideo compuesto por fibras colágenas,
linfocitos, células gigantes multinucleadas, eosinófilos y membranas
parasitarias hialinizadas [24,25]. Esto causa engrosamiento de las
leptomenínges basales con atrapamiento de los nervios craneales y de los
vasos sanguíneos que forman el polígono de Willis. Esto último es
responsable del desarrollo de complicaciones vasculares—isquémicas o
hemorrágicas—de la cisticercosis. Los infartos cerebrales se deben a la
oclusión inflamatoria de pequeñas arterias perforantes en la base del cráneo
o a la formación de depósitos de ateroma en la
luz arterial como resultado de la ruptura del endotelio (Figura 2). Las
hemorragias, especialmente subaracnoideas, se deben al
debilitamiento de la pared arterial con formación de aneurismas micóticos.
|

|
|
Figura
1. Angiografía
carotídea en un paciente con arteritis de Takayasu que muestra
las características de la enfermedad, incluyendo oclusión
arterial, estenosis y formación de una amplia red de vasos
colaterales anormales.
|
|

|
|
Figura
2. Corte
histopatológico de un vaso leptomeníngeo afectado por angeitis
cisticercosa. Se aprecia proliferación de la pared vascular
(flechas) y oclusión de la luz arterial.
|
Cuadro
clínico
La
cisticercosis es una enfermedad pleomórfica debido a variaciones
individuales en la severidad de la infección, en la localización de las
lesiones y en el grado de respuesta inmune del huesped frente al parásito.
Las manifestaciones clínicas más frecuentes de la enfermedad incluyen
crisis convulsivas, signos focales, hipertensión endocraneal y demencia.
Dichas manifestaciones suelen evolucionar en forma subaguda o crónica
[25]. Sin embargo, un porcentaje de enfermos presentan signos focales de
inicio súbito como consecuencia del desarrollo de un infarto cerebral
[26]. Las complicaciones cerebrovasculares de tipo isquémico de la
cisticercosis incluyen infartos lacunares e infartos grandes [27]. Los
primeros se localizan en el brazo posterior de la cápsula interna o en la
corona radiada y condicionan síndromes lacunares (hemiparesia motora
pura, hemiparesia atáxica) similares a los observados en pacientes con
aterosclerosis [28,29]. Por otra parte, algunos enfermos desarrollan
infartos cerebrales grandes relacionados con oclusión de la arteria
cerebral anterior, la arteria cerebral media o incluso la arteria carótida
interna [30-32]. Los reportes
de hemorragia subaracnoidea secundarios a cisticercosis cerebral son
escasos, aunque es factible que un número de casos no hayan sido
diagnosticados correctamente [33]. En la Tabla 5 se resumen las diferentes
complicaciones cerebrovasculares de la cisticercosis y su mecanismo de
producción.
Tabla 5. Complicaciones cerebrovasculares
de la cisticercosis.
|
Síndrome
clínico
|
Subtipo y topografía de enfermedad
vascular cerebral
|
Mecanísmo patogenético
|
|
Hemiparesia
atáxica.
Hemiparesia
motora pura.
|
Infarto
lacunar en brazo posterior de cápsula interna o en corona radiada.
|
Oclusión
inflamatoria de arterias de pequeño calibre (endarteritis).
|
|
Déficit
sensorimotor.
Afasia.
Coma.
|
Infarto
grande en territorio de arteria cerebral anterior o cerebral media.
|
Oclusión
de arterias de mediano calibre por depósitos de ateroma.
|
|
Demencia.
|
Infartos
en ambos lóbulos frontales.
|
Oclusión
de ambas arterias cerebrales anteriores.
|
|
Síndrome
del tope de la arteria basilar.
Síndrome
de Parinaud.
|
|
Oclusión
inflamatoria de ramos paramedianos de la arteria mesencefálica.
|
|
Ataques
isquémicos transitorios.
|
- - - - - - - - - -
|
Estenosis
de la arteria carótida interna.
Desarrollo
gradual de enfermedad de pequeños vasos.
|
|
Cefalea, vómito, rigidez de nuca.
|
Hemorragia
subaracnoidea.
|
Ruptura
de aneurismas micóticos.
|
Diagnóstico
El
diagnóstico definitivo de cisticercosis es posible mediante el análisis
adecuado de los datos aportados por los estudios de neuroimagen y las
pruebas serológicas [34]. En pacientes con infarto cerebral secundario a
cisticercosis, la TC y la IRM usualmente muestran, además del infarto,
reforzamiento anormal de las leptomenínges, quistes subaracnoideos e
hidrocefalia. La angiografía de vasos intracraneales puede ser normal o
revelar estenosis segmentaria de arterias de mediano calibre. En estos
pacientes, el estudio de LCR usualmente es anormal, con pleocitosis
mononuclear (hasta 500 células x mm3), aumento de proteínas (hasta 2.000
mg/dl) y glucosa normal [29]. Las pruebas serológicas, especialmente el
inmunoblot, suelen ser positivas en estos enfermos, confirmando el diagnóstico.
Tratamiento
Por
tratarse de una enfermedad pleomórfica, el tratamiento de la
cisticercosis debe individualizarse dependiendo de su forma de presentación.
Las drogas cisticidas (albendazol, 15 mg/kg/día por una semana y
praziquantel, 100 mg/kg en dosis única) son efectivas para el tratamiento
de quistes viables parenquimatosos y ventriculares [23]. Debido a la
proximidad de los quistes subaracnoideos con vasos leptomeníngeos, la
reacción inflamatoria que resulta de la destrucción de los quistes puede
desencadenar cambios en la pared de los vasos y favorecer su oclusión.
Por lo tanto, la administración simultánea de dexametasona (16 a 32 mg/día)
está indicada para prevenir este riesgo de infarto cerebral relacionado
con la terapia cisticida [35]. La administración de corticosteroides debe
comenzar unos días antes del inicio del tratamiento cisticida y su uso se
debe prolongar hasta después de finalizado el tratamiento [36].
Finalmente, los pacientes con hidrocefalia deben ser sometidos a derivación
ventricular antes del uso de albendazol o praziquantel.
ENDOCARDITIS
INFECCIOSA
La
endocarditis infecciosa es causada por colonización del endocardio y de
las válvulas cardiacas por bacterias, hongos, u otros microorganismos
[37]. En la mayoría de los casos, el agente causal es el Streptococcus
viridans o el Staphylococcus
aureus [38,39]. La endocarditis infecciosa usualmente ocurre en
pacientes con válvulas cardiacas protésicas, aunque un número
importante de individuos con válvulas nativas tambien pueden padecer esta
enfermedad. En este último caso, los factores que predisponen el
desarrollo de endocarditis infecciosa son: fiebre reumática, cirugía de
corazón, prolapso de válvula mitral, lineas de alimentación parenteral.
hemodiálisis y abuso de drogas intravenosas. La endocarditis infecciosa
es muy común en los trópicos debido a la elevada prevalencia de fiebre
reumática en dichas regiones.
Fisiopatología
Los
mecanismos básicos responsables del desarrollo de endocarditis infecciosa
incluyen, en este orden, daño endotelial, agregación plaquetaria y
formación de trombos. El crecimiento de dichos trombos forma
vegetaciones, las cuales pueden infectarse, originándose la endocarditis.
La respuesta inmune del huesped hacia las vegetaciones infectadas favorece
la formación de complejos inmunes ciirculantes, que son responsables de
parte de las manifestaciones de la enfermedad, tales como nódulos de
Osler, glomerulonefritis y angeitis sistémica. Otros mecanismos patogenéticos
que juegan un papel importante en las manifestaciones de la endocarditis
infecciosa son las bacteremias recurrentes, los fenómenos embólicos y el
daño vascular in situ [40].
Cuadro clínico
La
endocarditis infecciosa puede tener inicio agudo o subagudo. La
insuficiencia cardiaca congestiva es la forma más frecuente de presentación
de la enfermedad. Un porcentaje importante de pacientes desarrollan
complicaciones neurológicas tales como meningitis, abscesos cerebrales y
EVC isquémica o hemorrágica [41]. Los infartos se deben a la oclusión
de arterias cerebrales por material embólico originado en las
vegetaciones endocárdicas y se localizan, con mayor frecuencia, en el
territorio de la arteria cerebral media o anterior. Estos infartos suelen
tener un componente hemorrágico debido a su naturaleza cardioembólica.
En vista de que el material embolígeno suele estar contaminado con
microorganismos, es factible observar el desarrollo de un absceso cerebral
en el tejido infartado. El 6% de los pacientes con endocarditis infecciosa
presentan hemorragias intracraneales, las que pueden relacionarse con el
desarrollo de angeitis necrotizante o con la ruptura de un aneurisma micótico
[42,43]. La angeitis necrotizante se debe a la erosión de la pared
arterial por émbolos sépticos y suele asociarse con hemorragias
subaracnoideas o parenquimatosas múltiples. Los aneuriismas micóticos
suelen ser pequeños, múltiples y se localizan en ramos distales de las
arterias cerebrales anterior y media. Son el resultado del debilitamiento
de la pared arterial por embolización séptica de los vasa vasorum o de
la misma pared arterial [40].
Diagnóstico
La
endocarditis infecciosa debe considerarse en el diagnóstico diferencial
de pacientes que se presenten con fiebre, soplos cardiacos y
esplenomegalia, particularmente si existe algún factor predisponente. La
mayoría de los enfermos presentan anemia, leucocitosis y aumento en la
velocidad de sedimentación globular. Los cultivos de sangre revelan el
agente causal en más del 80% de los casos y el ecocardiograma permite la
visualización de las vegetaciones prediamente descritas. El tipo y
gravedad de las complicaciones neurológicas es revelado en los estudios
de neuroimagen.
Tratamiento
Los
pacientes deben recibir antibióticos de amplio espectro con acción
demostrada contra los microorganismos más frecuentemente implicados en el
desarrollo de endocarditis infecciosa. El reemplazo quirúrgico de la válvula
cardiaca afectada es de fundamental importancia en el manejo de estos
enfermos. Finalmente, los pacientes con vegetaciones endocárdicas deben
recibir tratamiento anticoagulante en forma indefinida para prevención
primaria o secundaria de EVC. La mortalidad de los enfermos con angeitis
necrotizante es elevada ya que no existe tratamiento específico para esta
complicación de la endocarditis infecciosa. Los pacientes con aneurismas
micóticos rotos deben ser sometidos a cirugía, mientras que aquellos en
los que dichos aneurismas se detectan en estudios rutinarios antes de
romperse, pueden ser manejados en forma conservadora con drogas
antimicrobianas [44].
ENFERMEDAD DE Chagas
La
enfermedad de Chagas (tripanosmiasis Americana) es un grave problema de
salud pública en Sud América, así como una enfermedad de creciente
importancia en naciones desarrolladas con alto flujo de inmigrantes
provenientes de áreas endémicas [45]. Es causada por el Trypanosoma
cruzi, un protozoario que se transmite mediante la picadura de
chinchorros del género Triatoma
[46]. Se estima que de 6 a 18 millones de personas tienen enfermedad de
Chagas en Sud América, de los cuales mueren más de 50,000 pacientes cada
año.
Fisiopatología
La
enfermedad de Chagas cursa por tres estadíos evolutivos: agudo,
indeterminado y crónico [47]. La fase aguda se caracteriza por una
intensa respuesta inflamatoria del huesped frente al parásito, lo cual
causa edema a nivel del sitio de entrada del mismo (usualmente en la región
orbitaria), así como miocarditis o encefalitis. Durante las fases
indeterminadas y crónica de la enfermedad, el daño se centra en tubo
digestivo (megaesófago y megacólon) y en el miocardio (cardiomiopatía
dilatada). Esta última es la principal responsible de la aparición de
complicaciones cerebrovasculares de la enfermedad de Chagas [48-50].
Cuadro
clínico
Las
manifestaciones principales de la fase aguda de la enfermedad de Chagas
incluyen el edema orbitario ya descrito (signo de Romaña) y malestar
general. En raras ocasiones la fase aguda se manifiesta como una
encefalitis (especialmente en niños y en pacientes con SIDA) [51]. De
igual manera, durante la fase indeterminada los pacientes pueden
permanecer asintomáticos o desarrollas únicamente hipertensión arterial
o arritmias cardiacas sin traducción hemodinámica. Las complicaciones
cerebrovasculares aparecen en la fase crónica y suelen observarse en
pacientes con arritmias cardiacas graves o en aquellos con insuficiencia
cardiaca. Se estima que del 9% al 36% de los pacientes con cardiopatía
chagásica desarrollan un EVC [49]. Debido a la naturaleza cardioembólica
de los infartos, éstos usualmente se localizan en territorio de arteria
cerebral media y pueden sufrir transformación hemorrágica [52].
Diagnóstico
El
diagnóstico de enfermedad de Chagas se confirma mediante la demostración
del T. cruzi en sangre o LCR, o mediante pruebas serológicas. En
pacientes con enfermedad crónica es frecuente observar cambios en el EKG,
incluyendo bloqueo de rama derecha y fibrilación auricular. El
ecocardiograma usualmente revela dilatación auricular izquierda,
insuficiencia mitral, disfunción sistólica de ventrículo izquierdo,
disminución de la fracción de eyección ventricular, aneurismas
apicales, zonas de acinesia ventricular y trombos intracavitarios [48,53].
En aquellos pacientes con EVC, éste se demuestra mediante estudios de
neuroimagen.
Tratamiento
Para
pacientes con enfermedad de Chagas en fase aguda o con reactivación de
una enfermedad crónica, existen varias opciones de tratamiento,
incluyendo nifurtimox (8-10 mg/kg/día), benznidazol (5-10 mg/kg/día) o
itraconazol (400 mg/día). Sin embargo, no existe tratamiento específico
para aquellos cuya enfermedad se encuentre en fases indeterminada o crónica
[46]. Los pacientes que han sufrido un EVC deben ser sometidos a
tratamiento crónico con anticoagulantes orales para evitar recidivas.
FIEBRES
HEMORRAGICAS VIRALES
Con
el nombre de fiebres hemorrágicas virales se incluyen una serie de
entidades capaces de producir, entre otras manifestaciones, hemorragias
intracraneales. Estas enfermedades afectan miles de individuos en los trópicos,
se presentan en forma de brotes epidémicos confinados a diferentes
regiones geográficas y pueden ser transmitidas por vectores (mosquitos,
garrapatas) o mediante contagio directo de persona a persona (Tabla
6).
Tabla
6. Fiebres hemorrágicas virales más frecuentes.
|
ENFERMEDAD
|
ETIOLOGIA/TRANSMISION
|
DISTRIBUCION
GEOGRAFICA
|
|
Fiebre
hemorrágica Argentina
|
Virus
Junín.
Roedores
a humanos.
|
Argentina.
|
|
Fiebre
hemorrágica Boliviana
|
Virus
Machupo.
Roedores
a humanos.
|
Bolivia.
|
|
Fiebre
hemorrágica de Crimean-Congo.
|
Virus
de Crimean-Congo.
Garrapatas
a humanos.
|
Africa,
Europa del Este, Oriente Medio, China.
|
|
Dengue
hemorrágico
|
Virus
del Dengue.
Mosquitos
a humanos.
|
Latino
América, Asia, Africa.
|
|
Ebola.
|
Virus
Ebola.
Primates
a humanos.
|
Africa
Central.
|
|
Enfermedades
por hantavirus.
|
Hantavirus.
Roedores
a humanos.
|
Distribución
mundial.
|
|
Enfermedad
de Kyasanur.
|
Flavivirus.
Garrapatas
a humanos.
|
India.
|
|
Fiebre
amarilla.
|
Flavivirus.
Mosquitos
a humanos.
|
Sud
América, Africa.
|
Fisiopatología
Los
mecanismos por los que una fiebre hemorrágica viral puede favorecer el
desarrollo de una hemorragia intracraneal incluyen aumento en la
permeabilidad vascular, alteración en la función plaquetaria,
trombocitopenia y coagulación intravascular diseminada [54-58].
Cuadro clínico
Los
pacientes usualmente presentan fiebre, cefalea, dolores musculares
generalizados, equimosis y sangrado gingival o de tubo digestivo. Cuando
la enfermedad progresa hasta comprometer el SNC, es frecuente el
desarrollo de una encefalitis aguda, con delirio, deterioro de conciencia
y crisis convulsivas. Aunque es raro observar signos focales bien
definidos, muchos de los pacientes con fiebres hemorrágicas virales
presentan hemorragias en el parénquima cerebral o el espacio
subaracnoideo.
Diagnóstico
El
diagnóstico se establece mediante aislamiento del virus o por detección
de anticuerpos específicos en sangre, en un contexto epidemiológico
adecuado.
Tratamiento
Es
fundamental la corrección oportuna de los problemas de coagulación
(reposición de plasma fresco, administración de vitamina K) en pacientes
que desarrollan una hemorragia intracraneal en el curso de una fiebre
hemorrágica viral. En algunos casos, el uso de agentes antivirales, ej,
rivadirina, ha resultado eficaz para reducir la gravedad de la enfermedad
[56, 58]
Gnatostomiasis
La
gnatostomiasis es causada por el Gnathostoma
spinigerum. Perros y gatos son huéspedes definitivos de este nematode
y diversas especies animales actúan como huéspedes intermediarios. El
hombre se infecta al ingerir pescado crudo, contaminado con larvas de G.
spinigerum. Una vez en el tubo digestivo, las larvas del parásito
atraviezan la pared intestinal y migran hacia tejidos subcutáneos, músculos
esqueléticos y órganos internos, incluyendo el SNC [59]. La
gnatostomiasis es endémica en Asia, particularmente en Tailandia, así
como en Centro y Sud América. Es importante recordar, sin embargo, que
existen marcadas diferencias geográficas en la expresión clínica de
esta entidad, ya que el compromiso neurológico es frecuente en Asia y muy
raro en América [60].
Fisiopatología
La
migración de las larvas a travéz del SNC resulta en la formación de
tractos de tejido necrótico rodeados por infiltrado inflamatorio. Dichos
tractos se observan a nivel de parénquima cerebral, espacio subaracnoideo
o médula espinal. La gnatostomiasis se asocia con mielitis transversa,
meningitis y hemorragias intracraneales, subaracnoideas o parenquimatosas
[61]. Estas últimas se presentan en el 15% a 30% de los casos y
representan la complicación más grave de la enfermedad [62].
Cuadro
clínico
La
gnatostomiasis usualmente se caracteriza por el desarrollo de zonas de
eritema y enduurecimiento subcutáneo de caracter intermitente. La migración
de la larva a travéz de la retina es causa de ceguera súbita. Las
complicaciones neurológicas incluyen paraplejía de inicio súbito
(mielitis transversa), así como cefalea, vómitos, crisis convulsivas,
rigidez de nuca (hemorragia subaracnoidea) o signos de focalización
(hemorragias parenquimatosas).
Diagnóstico
En
pacientes con gnatostomiasis del SNC, el estudio de LCR suele revelar
pleocitosis (hasta 3.000 células x mm3) e
hiperproteinorraquia. Los estudios de neuroimagen pueden mostrar largos
tractos hemorrágicos en el parénquima cerebral. El diiagnóstico se
confirma únicamente al identificar la larva en estudio de tejidos, ya que
no hay pruebas serológicas confiables.
Tratamiento
La
forma subcutánea de la enfermedad se maneja con albendazol (15 mg/kg/día
x 21 días). Sin embargo, no hay estudios que soporten el uso de esta
droga en pacientes con gnatostomiasis del SNC. En estos últimos casos el
tratamiento es meramente sintomático y el pronóstico dependerá del tamaño
y localización de la hemorragia intracraneal.
LEPTOSPIROSIS
La
leptospirosis es causada por la Leptospira
interrogans y se adquiere luego de la exposición de la piel y mucosas
con agua o tierra contaminada con dicha espiroqueta o mediante el contacto
directo con la orina de animales infectados (ratas, perros, etc) [63].
Esta entidad es rara en naciones desarrolladas, pero lamentabblemente aún
representa un grave problema de salud pública en áreas tropicales del
sudeste Asiático y América Latina [64,65].
Fisiopatología
Estudios
recientes sugieren que una toxina elaborada por el agente causal es la
principal responsable de las complicaciones de la leptospirosis. Los
efectos tóxicos de dicha toxina nducen, entre otras cosas, necrosis
tubular aguda, diátesis hemorrágica secundaria a vasculitis diseminada,
miocarditis, meningitis y uveitis [63].
Cuadro
clínico
La
leptospirosis puede causar una enfermedad multisistémica, denominada síndrome
de Weil, caracterizada por fiebre, ictericia, insuficiencia renal y diátesis
hemorrágica [66]. El compromiso neurológico usualmente se limita a una
meningitis aséptica auto-limitada la cual puede progresar, en algunos
casos, hacia una franca encefalitis. Un número importante de pacientes
tambien desarrollan hemorragias intracraneales como consecuencia de la diátesis
hemorrágica que acompaña a esta entidad [67]. Algunos enfermos presentan
angeitis de vasos intracraneales, la cual puede condicionar el desarrollo
de una red de vasos colaterales exhuberantes similar a la observada en la
enfermedad de moyamoya. De hecho, algunos autores consideran que la
leptospirosis es causa de enfermedad de moyamoya en China y otros países
de Asia [68].
Diagnóstico
El
diagnóstico se confirma al aislar el agente causal en sangre u orina, o
mediante la demostración de un aumento de 4 veces en los títulos de
anticuerpos específicos en dos muestras de sangre tomadas al ingreso y
luego de algunos días de iniciado el cuadro. Los estudios de neuroimagen
son de utilidad para visualizar la presencia de hemorragias
intracraneales.
Tratamiento
La
penicilina (6 millones UI/día) y la doxiciclina (200 mg/día) durante una
semana son altamente eficaces contra la L.
interrogans. Sin embargo, los antibbióticos no tienen efecto sobre
las complicaciones cerebrovasculares de esta entidad. Los pacientes con
angeitis deben recibir corticosteroides (dexametasona 4-16 mg/día) y
aquellos con hemorragias intracraneales pueden requerir vitamina K si el
tiempo de protrombina se encuentra alterado.
MORDEDURAS
DE SERPIENTE
Las
serpientes venenosas representan un problema de salud para gente que
habita en zonas rurales en los trópicos. Para citar algunos ejemplos, las
mordeduras de serpientes son reponsables de hasta el 20% de muertes en
habitantes de algunas tribus Amazónicas y son causa de más de 20.000
muertes por año en Asia [69,70]. Si bien algunas especies de serpientes
son irritables y atacan sin razón aparente, en la gran mayoría de los
casos, las serpientes venenosas muerden a sus víctimas cuando son
provocadas o molestadas accidentalmente.
Fisiopatología
El
veneno de las serpientes es probablemente uno de los venenos más
complejjos que existen en la naturaleza. Contiene, entre otras sustancias,
fospholipasa A2, acetilcolinesterasa, hialuronidasa y
metaloproteinasas. Algunas de estas enzimas tienen efecto neurotóxico
directo, mientras que otras ejercen su efecto neurotóxico mediante su
actividad procoagulante o fibrinolítica [71,72]. Entre las causas
probables de EVC secundario a mordedura de serpiente destacan la hemólisis
vascular, la coagulación intravascular diseminada, la vasculitis tóxica
y el shock hipovolémico.
Cuadro
clínico
La
complejidad en la composición del veneno, así como diferencias
individuales entre las diferentes especies de serpientes venenosas, son
los princiipales responsables de las distintas formas clínicas de
presentación de los pacientes mordidos por serpientes venenosas. Las
manifestaciones sistémicas más comúnes son hipotensión arterial, shock
hipovolémico, rhabdomiólisis, insificiencia renal aguda y parálisis
muscular [70]. Por otra parte, algunos pacientes desarrollan signos neurológico
focales secundarios al desarrollo de un infarto o una hemorragia cerebral
[72-75].
Diagnóstico
Tratamiento
La
pronta administración de suero antiofíidico, así como la instalación
de medidas de soporte, son fundamentales en el manejo de pacientes con
mordedura de serpientes venenosas. En los pacientes con hemorragias
intracraneales se recomienda la reposición de plasma fresco y el uso de
vitamina K y en aquellos con infartos se encuentra indicado el uso de
corticosteroides.
PALUDISMO CEREBRAL
El
paludismo es uno de los problemas de salud pública más importantes en
regiones tropicales. Se estima de que más de 500 millones de individuos
sufren paludismo cada año y que casi 3 millones de éstos fallecen a
consecuencia de la enfermedad [77,78]. Existen 4 especies de Plasmodium
que afectan al hombre. De estos, únicamente el P.
falciparum invade el SNC y causa paludismo cerebral. La infección se
adquiere cuando el parásito es inoculado a travéz de la piel durante la
picadura del mosquito Anopheles.
Los parásitos son llevados por el torrente sanguíineo hasta el hígado,
donde se multiplican, maduran y desde donde entran nuevamente a la sangre
para invadir globulos rojos.
Fisiopatología
Los
pacientes con paludismo cerebral presentan edema cerebral difuso,
hemorragias petequiales en sustancia blanca subcortical y taponamiento de
capilares cerebrales por eritrocitos parasitados [79]. Las hemorragias
resultan de la extravasación de eritrocitos debido al daño vascular
secundario a liberación de sustancias vasoactivas. Estos hallazgos
sugieren que el daño cerebral en el paludismo cerebral se encontraría,
en parte, mediado inmunológicamente (hipótesis humoral de daño
cerebral) [80,81].
Cuadro
clínico
Los
pacientes con paludismo cerebral presentan cefalea, crisis convulsivas,
agitación psicomotriz, signos focales y deterioro progresivo de
conciencia hasta llegar al coma. Otras complicaciones frecuentes en la
infección por P. falciiparum incluyen edema de pulmón, insuficiencia
renal aguda, hemólisis intravascular y coagulación intrvascular
diseminada. En algunos casos, los signos focales se relacionan con el
desarrollo de infartos cerebrales durante la fase aguda de la enfermedad
[82].
Diagnóstico
El
examen de sangre usualmente revela hipoglicemia, anemia hemolítica,
acidosis láctica, aumento en los productos de degradación del fibrinógeno
y alteración en pruebas de función hepática. El P.
falciparum se visualiza mediante examen de gota gruesa con tinción de
Giemsa. En ocasiones es necesario realizar exámenes seriados para
detectar el agente causal ya que la parasitemia es cíclica. El estudio
citoquímico de LCR es normal en pacientes con paludismo cerebral. Los
estudios de neuroimagen pueden mostrar edema cerebral, infartos o pequeñas
hemorragias múltiples en sustancia blanca subcortical [83].
Tratamiento
La
droga de elección para el tratamiento del paludismo cerebral es la
quinina. Esta debe ser administrada en forma de un bolo inicial de 20
mg/kg, seguido de una dosis de mantenimiento de 10 mg/kg cada 8 a 12
horas, dosis que debe regularse de acuerdo con el monitoreo de niveles séricos
de la droga. La quinidina y el artemeter son alternativas de tratamiento
en casos que no se disponga de quinina [84,85]. Las complicaciones sistémicas
de los pacientes con paludismo cerebral deben ser reconocidas y manejadas
en forma oportuna, recordando que el uso de corticosteroides se encuentra
contraindicado en estos casos [78].
TROMBOSIS
VENOSA PUERPERAL
La
trombosis aséptica de venas intracraneales y senos durales usualmente
ocurre durante el puerperio y representa una de las causas más frecuentes
de EVC en mujeres jóvenes que habitan en regiones tropicales de India y
América Latina [86].
Fisiopatología
La
trombosis venosa puerperal usualmente se debe al desarrollo de un estado
de hipercoagulabilidad favorecido por la presencia de deshidratación y
anemia. Esto causa éstasis y obstrucción venosa, lo que a su vez produce
edema cerebral, disminución en la velocidad de reabsorción de LCR,
aumento en la presión intracraneal e infartos cerebrales [87].
Cuadro
clínico
Los
pacientes con trmbosis venosa usualmente se presentan con crisis
convulsivas, signos meníngeos, aumento de presión intracraneal y
deterioro de conciencia. Estas manifestaciones simulan las producidas por
una hemorragia subaracnoidea secundaria a ruptura aneurismática. Algunos
enfermos presentan signos focales cuando el cuadro se complica con un
infarto cerebral [88].
Diagnóstico
Los
estudios de neuroimagen pueden mostrar infartos cerebrales (con componente
hemorrágico) hasta en el 50% de los casos. En pacientes con trombosis del
seno longitudinal superior es frecuente observar el denominado “signo
delta”, visualizado como una zona triangular o
redondeada, hipodensa en TC y desprovista de señal en IRM (Figura 3).
|

|
|
Figura
3.
TC contrastada que revela un infarto venoso con componente hemorrágico
en una paciente con trombosis venosa puerperal. |
Tratamiento
Las
pacientes con trombosis venosa puerperal deben ser hidratadas
adecuadamente. Se recomienda el uso de heparina para prevenir la extensión
del proceso trombótico hacia otros senos venosos. De igual manera, está
indicado el tratamiento sintomático de crisis convulsivas y de hipertensión
endocraneal en caso que se presenten estas complicaciones [89].
TUBERCULOSIS
La
tuberculosis es causa importante de morbi-mortalidad en regiones
tropicales, con más de 8 millones de individuos infectados cada año. La
mayoríia de los casos de tuberculosis son producidos por infección con
el bacilo ácido-alcohol resistente Mycobacterium
tuberculosis. Este agenta entra al organismo por el tracto
respiratorio, se establece en los pulmones y alcanza el SNC por vía hematógena.
Una vez en el parénquima cerebral, el agente causal induce el desarrollo
de una respuesta inflamatoria que termina con la formación de tubérculos
diminutos denominados focos de Rich [90].
Fisiopatología
La
localización de los focos de Rich determina la forma de presentación de
la tuberculosis del SNC. Aquellos localizados cerca de la superficie del
cerebro se abrirán hacia espacio subaracnoideo, favoreciendo el
desarrollo de meningitis tuberculosa. Por el contrario, los focos situados
en el interior del parénquima cerebral crecerán hasta formar
tuberculomas. La meningoencefalitis fíimica se caracteriza por la
presencia de un denso exudado leptomeníngeo que atrapa los nervios
craneales en la base del cráneo, así como a las arterias que forman el
polígono de Willis. Dicho compromiso vascular causa oclusión arterial e
infartos cerebrales. Entre los hallazgos histopatológicos en la
meningitis fímica destacan la presencia de un exudado inflamatorio que
invade la pared de arterias de pequeño y mediano calibre, degeneración
hialina de la capa íntima, proliferación celular subendotelial y
presencia de linfocitos perivasculares [91]. De igual manera, estudios
histopatológicos han demostrado la presencia de daño vascular en el
interior de tuberculomas intracraneales. Este proceso degeneratiivo es
causa de hemorragias intralesionales por ruptura de pared arterial [92].
Cuadro clínico
Hasta
el 40% de los pacientes con meningoencefalitis fímica desarrollan
infartos cerebrales. La mayoría de estos se localizan en los territorios
de irrigación de los ramos lentículo-estriados de las arterias
cerebrales anterior y media, y pueden ser bilaterales y simétricos
[93,94]. Tambien se han descrito infartos grandes que comprometen todo el
territorio de la arteria cerebral media e infartos de tallo cerebral
secundarios a la oclusión de la arteria basilar [95]. Las hemorragias
intracraneales son poco frecuentes en pacientes con tuberculosis del SNC,
sin embargo, éstas pueden encontrarse relacionadas con la formación de
aneurismas micóticos en pacientes con meningitis, o por la ruptura ya
descrita de vasos sanguíneos en el interior de tuberculomas [91,92].
Diagnóstico
El
análisis de LCR en pacientes con meningoencefalitis fímica revela
pleocitosis linfocitaria, hiperproteinorraquia e hipoglucorraquia. La
tinción de LCR muestra bacilos ácido-alcohol resistentes en manos del
50% de los casos, aunque los cultivos suelen ser positivos en el 80% de
los pacientes. La detección de antígenos en LCR mediante PCR es de ayuda
en casos de duda diagnóstica. Los estudios de neuroimagen revelan
hidrocefalia, reforzamiento anormal de leptomenínges
basales y los infartos cerebrales ya descritos [96]. Es estudio
angiográfico de la vasculatura intracraneal puede revelar estenosis
arterial segmentaria y retardo en el tiempo de circulación cerebral. El
diagnóstico de los tuberculomas intracraneales es complejo ya que éstos
se presentan en forma de lesiones ocupativas que simulan otro tipo de
procesos infecciosos o tumorales del SNC (Figura 4).
|

|
|
Figura
4.
IRM potenciada en T1 de un paciente con tuberculoma de tallo
cerebral. Se visualiza una zona hiperintensa correspondiente a
sangrado intra-lesional.
|
Tratamiento
Una
combinación de drogas antiituberculosas debe administrase tan pronto se
sospeche el diagnóstico ya que cualquier retraso en el inicio del
tratamiento se asocia con aumento en la mortalidad [90]. El esquema debe
escogerse dependiendo de la forma de la enfermedad y del estado inmunológico
del huésped (Tabla 7). La mayoría de
estos enfermos deben recibir corticosteroides (dexametasona 16-32 mg/día)
para reducir la reacción inflamatoria en el espacio subaracnoideo o en el
parénquima cerebral. La mortalidad de los pacientes con
meningoencefalitis tuberculosa que desarrollan un infarto cerebral es tres
veces mayor que aquellos que no presentan dicha complicación y los
sobrevivientes usualmente quedan con secuelas incapacitantes.
Tabla
7. Esquemas
de tratamiento de la tuberculosis del SNC.
Meningitis
tuberculosa en niños
1.
Isoniazida 10 a 15 mg/kg/día (dosis máxima 300 mg/día)
por 12 meses
2.
Rifampicina 10 a 20 mg/kg/día (dosis máxima 600 mg/día)
por 12 meses
3.
Pirazinamida 20 a 40 mg/kg/día (dosis máxima 2 g/día)
por 2 meses
4.
Estreptomicina 20 a 40 mg/kg/día (dosis máxima 1 g/día)
por 2 meses
1.
Isoniazida 5 mg/kg/día (dosis máxima 300 mg/día) por 9 a
12 meses (**)
2.
Rifampicina 10 mg/kg/día (dosis máxima 600 mg/día) por 9
a 12 meses (**)
3.
Pirazinamida 15 a 30 mg/kg/día (dosis máxima 2 g/día)
por 2 meses
1.
Isoniazida 10 a 15 mg/kg/día (dosis máxima 300 mg/día)
por 9 a 12 meses
2.
Rifampicina 10 a 15 mg/kg/día (dosis máxima 600 mg/día)
por 9 a 12 meses
3.
Pirazinamida 20 a 30 mg/kg/día (dosis máxima 2 g/día) o
Etambutol 25 mg/kg/día (dosis máxima 2,5 g/día) por 9 a 12
meses.
4.
Estreptomicina 20 a 40 mg/kg/día (dosis máxima 1 g/día)
por 6 meses
Tuberculomas
intracraneales (niños y adultos)
1.
Isoniazida 5 a 10 mg/kg/día (dosis máxima 300 mg/día)
por 12 meses
2.
Rifampicina 10 a 15 mg/kg/día (dosis máxima 600 mg/día)
por 12 meses
3.
Pirazinamida 15 a 30 mg/kg/día (dosis máxima 2 g/día) o
Etambutol 25 mg/kg/día (dosis máxima 2,5 g/día) por 12 meses
Tuberculosis
vertebral (enfermedad de Pott) con compresión medular
1.
Esquema de tres drogas similar al tratamiento de los
tuberculomas
2.
Descompresión quirúrgica y resección del absceso
paravertebral
(*)
Si se sospecha resistencia bacteriana, agregar Etambutol 15 a 25
mg/kg/día o Estreptomicina 15 mg/kg/día por dos meses.
|
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