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Neuritis
Optica: análisis de 30 pacientes.
Dra.
Alicia Teresa Valdés-Ramos
Servicio
de Neurooftalmología, Instituto de Neurología y Neurocirugía de Cuba, La Habana, Cuba El
término neuritis óptica se usa en forma muy amplia para denotar inflamación,
degeneración o desmielinización del nervio óptico y, aunque algunos le llaman
indistintamente papilitis, es más adecuado reservar el término neuritis para las
inflamaciones propiamente dichas del nervio óptico, incluyendo las afecciones contiguas
de las meninges, tejidos orbitarios, senos paranasales y enfermedades desmielinizantes.
Por lo general, las opiniones coinciden en que debe reservarse el término papilitis para
la forma intraocular de neuritis que va acompañada de cierto grado de edema o hiperemia
del disco. Esta entidad se presenta con más frecuencia en pacientes entre 20 y 50 años
de edad, aunque se ha descrito en niños. Clínicamente cursa con dolor intenso alrededor
y detrás del ojo, especialmente con los movimientos oculares a lo que puede añadirse
cefalea frontoocular ipsilateral. La relación entre el dolor y la pérdida visual es
variable, el dolor casi siempre precede un día o dos al inicio de la alteración visual.
Otros síntomas oculares referidos por los enfermos son la disminución de la nitidez de
percepción, sensación de irritación del ojo, lagrimeo excesivo, escozor, fotofobia y
fotopsia. El síntoma típico más importante es la pérdida un tanto súbita (horas o
días) de la agudeza visual. Si la pérdida de la visión es lenta y se prolonga durante
meses debe ofrecer dudas el diagnóstico. La
neuritis óptica es una de las enfermedades más frecuentes que afectan el nervio óptico
y tiene clara relación con algunas entidades específicas, tales como procesos
inflamatorios de la vecindad, enfermedades sistemáticas y esclerosis múltiple. En esta
última, la perdida monocular de la función visual está dentro de la tríada de
síntomas más frecuentes. En
el diagnóstico diferencial precoz, son decisivos los métodos de exploración funcional
(agudeza visual, campo visual, visión de colores, examen de sensibilidad al contraste,
etc.) y los electrofisiológicos (electrorretinograma y potencial evocado visual cortical)
así como la anamnesis y el examen físico; aunque este último a veces sólo permite
sospechar el diagnóstico al observarse un reflejo pupilar perezoso o ausente (pupila de
Marcus Jun) en presencia de fondo de ojo normal. Es nuestro objetivo demostrar la utilidad
de algunos de estos métodos en el reconocimiento temprano de la enfermedad y lo que ellos
pueden aportar al diagnóstico diferencial y etiológico. MATERIAL
Y METODOS
Se
examinaron 30 pacientes con diagnóstico de neuritis óptica atendidos en consulta de
Neurooftalmología del Instituto de Neurología y Neurocirugía de Cuba. Las edades
estuvieron comprendidas entre 22 y 47 años. A todos se les practicó examen
oftalmológico que incluyó estudios electrofisiológicos; electrorretinograma (ERG) y
potencial evocado visual cortical (PEVc). El ERG se registró en un electrorretinógrafo
Handaya con constante de tiempo de 300 milisegundos y estímulos simples de 5 Joules; no
se utilizó midriasis ni preadaptación. Se realizaron 16 promediaciones. Para la
interpretación se tomó en cuenta la amplitud de sus principales componentes
dividiéndolos en: normal, cuando la amplitud de las ondas A y B coinciden con las normas
del laboratorio; hipernormal, cuando está aumentada la amplitud de ambas ondas;
subnormal, cuando la amplitud de ambas ondas están disminuidas y negativo, cuando la onda A y la onda B están
disminuidas. Este último tipo se subdivide en negativo-negativo si la amplitud de la onda
B está por debajo de la línea izo eléctrica y negativo-positivo si esta onda se
encuentra por encima de la isolínea. Los PEVc se obtuvieron con un equipo EREV-12 de la
firma Lace el cual se acopló a una microcomputadora Sanyo 285 IBM compatible, mediante
interfase y programa EREV-232 desarrollado al efecto en el propio laboratorio. Los
pacientes fueron reunidos en 3 grupos según la agudeza visual y los resultados se recogen
en tablas 1 y 2.
RESULTADOS
Y DISCUSION Para
algunos, la neuritis constituye un síndrome y no una afección primitiva; a pesar de que
sus causas pueden ser numerosas y variadas, la mayor parte de los casos sobrevienen como
un proceso monosintomático aislado. De las múltiples clasificaciones existentes
consideramos muy útil su clasificación en 4 grupos principales: Neuritis óptica
idiopática y neuritis óptica secundaria a enfermedades desmielinizantes, procesos
inflamatorios e infecciones sistémicas. En nuestra serie, 8 pacientes tuvieron neuritis
óptica idiopática, 19 tuvieron neuritis óptica secundaria a enfermedades
desmielinizantes, un paciente tuvo neuritis óptica secundaria a procesos inflamatorios y
los dos pacientes restantes tuvieron neuritis óptica relacionada con infecciones
sistémicas. La
neuritis óptica idiopática corresponde al grupo de pacientes a los cuales no se le
conoce la causa. Es muy probable que con el progreso de la medicina muchos de estos casos
idiopáticos pasen a formar parte de nuevas clases de neuritis óptica; sin embargo,
mientras esto no ocurra, no se puede olvidar la existencia de este grupo de neuritis
óptica. En cuanto a las enfermedades desmielinizantes, la combinación de una neuritis
óptica con una esclerosis múltiple fue descrita por primera vez en el siglo pasado por
Charcot. Desde entonces se ha acumulado gran cantidad de literatura sin que se haya
llegado a tener una idea unánime de la citada asociación que varía según las
publicaciones. Los
procesos inflamatorios incluyen las inflamaciones vecinas que se propagan al nervio
óptico y que pueden ser oculares, tales como la retinitis, uveítis, panoftalmía,
escleritis y oftalmia simpática; orbitarios/sinusales o meningeos (meningitis aguda o
crónica). Entre las infecciones sistémicas se encuentran las enfermedades virales,
bacterianas, rickettsiosas, protozoarias, sarcoidosis y otras entidades como la enfermedad
de Leber, la polineuritis en el síndrome de Landry-Guillan-Barré, la neuritis
periférica, opticociliar y el embarazo y la lactancia. La
disminución repentina de la agudeza visual es el síntoma clásico de la neuritis optica.
En el primer día de su aparición el 60% de los pacientes presentan una agudeza visual de
0,1 o peor. Después sigue un período en que la tendencia a la recuperación de la
agudeza visual es un síntoma característico de neuritis óptica que casi siempre
comienza a producirse entre 1 y 4 semanas. Frecuentemente la agudeza visual llega a ser
normal al cabo de 1 ó 2 semanas de haber empezado a mejorar. En nuestros casos, sólo el
26% (8 pacientes) presentaban al momento del estudio una agudeza visual menor de 0,1. El
40% (12 pacientes) tenían la visión entre 0,7 y 0,1 y el 37 % (10 pacientes), entre 0,8
y la unidad. La recuperación raramente tarda un largo tiempo, ocurriendo primero
gradualmente y con rapidez más tarde. En
la neuritis óptica desmielinizante la disminución de la agudeza visual puede ser lenta.
Por lo general ésta suele recuperarse incluso hasta la normalidad, luego de 4 meses tras
una pérdida completa, de aquí que el uso de corticosteroides haya sido muy discutido
como terapéutica de elección. Para algunos autores no hay justificación para el empleo
rutinario de ACTH y corticosteroides. En la mayoría de los casos existen excepciones como
son los enfermos con compromiso bilateral, dolor no controlable con analgésicos
corrientes o cuando la ocupación del paciente depende de una agudeza visual en el ojo
dominante. En estos pacientes la indicación deberá ser individualizada según el caso.
Sin embargo, un déficit residual puede persistir durante muchos meses y no es por la
permanencia de un ligero enturbiamiento de la visión central correspondiente a un
escotoma central relativo residual. En estos casos los estudios de visión cromática y
perimetría estática son excelentes técnicas para detectar un déficit asintomático.
Actualmente se dispone del examen de sensibilidad al contraste, sencilla técnica que
está demostrando su gran utilidad para poner en evidencia defectos subclínicos. Entre
las alteraciones del campo visual observadas en esta casuística (Tabla 1), el escotoma
central fue el de más frecuente presentación (80% de los casos); menos común fue la
reducción concéntrica (16,6%), lo que puede concomitar con el defecto central y que de
presentarse sólo la toma periférica, sugiere posible etiología granulomatosa. Un solo
paciente de esta serie presentó escotoma paracentral aislado. Otras
alteraciones campimétricas que pueden apreciarse son el escotoma centrocecal, referido
hasta en el 25% de los casos, así como defectos fasciculares, sectoriales, altitudinales,
escotoma juncional o hemianóptico, escotoma anular y ceguera completa. En la neuritis
óptica en período de estado se encuentra alterada la visión cromática casi siempre en
el eje rojo-verde aunque también el
azul-amarillo del espectro puede afectarse. En los estadios finales con atrofia óptica
sólo es deficiente la discriminación del rojo-verde; pero estos métodos de estudios
psicofísicos son subjetivos e interviene la cooperación del enfermo. Si los estudios
electrofisiológicos (ERG y PEVc) son objetivos aunque en este último debemos asegurarnos
de que el enfermo cumpla las orientaciones adecuadamente. El
ERG en la neuritis suele tener una amplitud normal aunque puede verse elevada producto del
fenómeno irritativo o del bloqueo de impulsos descendentes inhibitorios; también puede
estar ligeramente disminuida la onda B cuando ya existe atrofia y el órgano está menos
irrigado, o por ligera degeneración transináptica. En este estudio se encontró que el
66,6 % de los pacientes, sobre todo los de mejor agudeza visual presentaban un ERG normal
(Tabla 2), es decir, no tenían alteraciones preganglionares. Se descató un paciente con
ERG subnormal enfermo de neuroretinitis con lesiones extensas de capas externa y media, lo
que pone en evidencia la utilidad de este examen para evaluar la participación de
estructuras vecinas. Algunos
autores han observado en enfermos con avanzadas lesiones ópticas de esclerosis
múltiples, disminución de las respuestas electroretinograficas, mientras otros han
encontrado su extinción o intensificación. Se ha descrito disminución de la onda B con
latencias normales y se considera que el daño retinal no es debido a la perdida de
mielina, pero que pudiera estar relacionado con la afectación de los elementos retinianos
gliales asociados con la onda B, probablemente las células de Muller. Por otra parte, se
ha comprobado que el suero de enfermos con esclerosis múltiple deprime las respuestas
reflejas polisinapticas, siendo esto, posiblemente, el mecanismo responsable del
debilitado ERG que puede obtenerse en la atrofia óptica de los pacientes con esta
enfermedad desmielinizante. En la esclerosis múltiple, la neuritis puede ser el primer
episodio de la enfermedad y algunos consideran el cuadro aislado de neuritis óptica como
una forma frustre de esclerosis múltiple. Otras alteraciones oftalmológicas que suelen
presentarse en esta enfermedad son la oftalmoplejia ínternuclear y la diplopia. En
cuanto a los PEVc, como se aprecia en la Tabla 2, el 100% estuvo afectado, prolongado en
el 63% de los casos y ausente en el 36%; esto ultimo en relación directamente
significativa (p<0,001) con el grupo de peor agudeza visual, lo que ratifica el valor
de esta prueba en la detección y seguimiento de las lesiones que provocan trastornos de
conducción aun en estadios subclínicos o comenzantes. Diversos autores han reportado
prolongaciones o ausencias de los PEVc, lo cual suele estar en relación con el déficit
visual como sucedió en nuestros casos. Los defectos de conducción del nervio óptico secundarios o enfermedades desmielinizantes , comúnmente producen prolongaciones de latencias sin mucho cambio en la configuración de sus ondas. En estas entidades, aunque lo fundamental en el diagnostico es la anamnesis y en el examen neurológico, los PEVc ayudan a sospecharlas o definirlas al demostrar la disfunción del sistema sensorial insospechada, como pudo verse en el grupo de pacientes con esclerosis múltiples al poner en evidencia los posibles focos de desmielinizacion. Recientemente esta diesmielinizacion en los nervios ópticos se ha podido comprobar mediante técnicas modernas de resonancia magnética nuclear. CONCLUSIONES 1.
El déficit visual de variada intensidad con escotoma central fue el hallazgo más
llamativo y frecuente en enfermos de neuritis retrobulbar. 2.
El ERG global normal o con mínimas variaciones en el cuadro electrofisiológico que
caracteriza a esta entidad. 3.
Los PEVc suelen estar prolongados en relación directa con el déficit visual. La
prolongación de su latencia con conservación de la morfología y la amplitud es el
cuadro electrofisiológico que con mas frecuencia se observa en la neuritis óptica por
esclerosis múltiple.
REFERENCIAS1.
Cutler RW. Demyelinating disease. Scientific American 1993;11(Neuro):1-8. 2.
Smith CR, Scheimberg LC. Clinical features of multiple sclerosis. Sem Neurol 1985;5:85-93.
TABLA
1.
Alteraciones del campo visual en 30 pacientes con neuritis
óptica.
TABLA
2.
Relación entre el grado de afectación visual, el ERG y el PEVc en 30 pacientes con
neuritis óptica.
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