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El
neurólogo frente a la histeria. Dr. Marco Serrano-DueñasDepartamento
de Neurología, Hospital Carlos Andrade Marín, Quito -
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- Correspondencia:
Dr. Marco Serrano-Dueñas, Casilla
17-03-1694, Quito-Ecuador. Entre el
20 al 40% de los pacientes tratados por los neurólogos presentan síntomas inexplicables
que terminan en muchos casos etiquetados como histéricos. La histeria ha sido
prácticamente eliminada de los manuales de clasificación de las enfermedades
psiquiátricas; en su lugar se emplean términos tales como: trastornos somatomorfes, de
somatización o de conversión. Curiosamente hay enfermos que presentan síntomas y signos
claramente psicogénicos y en quienes no puede ser establecido el diagnóstico de
trastorno somatomorfe o de conversión; por otro lado bajo el título de Trastorno de
somatización se incluyen erróneamente- a entidades como la cefalea tipo tensional.
Si recordamos que la histeria no es un término que involucre necesariamente una
enfermedad categorial, es una palabra descriptiva; que no es obligatoriamente un
sustantivo, que puede ser la mayoría de veces un adjetivo, y que, existe una clara
influencia de lo psicológico sobre la funcionalidad neuronal; probablemente terminemos
manejándonos mejor y de forma más cómoda ante los pacientes con síntomas y signos
histéricos.
La historia de la histeria es una historia -un tanto histérica-: padece de
personalidad múltiple, es tan difícil de expresar como la despersonalización, y parece
vagar por los manuales al uso como los estados de fuga, colándose a veces donde no debe,
e incluyendo cierta amnesia- para el término en los sistemas de clasificación
actuales
[1].
Con la libertad que permiten las palabras como anotan esos autores-, iniciamos estas
reflexiones. En
las líneas que siguen más que una ponencia pretendemos desarrollar, en realidad, un
reconocimiento a la dificultad, no de diagnosticarla sino más bien de cómo denominar a
estos síntomas y dentro de qué grupo etiopatogénico incluirlos. Y el justificante viene
dado por la realidad cotidiana, en la que con la frecuencia esperada en estos casos (se
manejan cifras de entre 20 a 40% de pacientes con síntomas inexplicables tratados por los
neurólogos británicos: Mace and Trimble 1991, y Ewald et al 1994 citados por
Crimlisk [2])
se encuentran síntomas y signos primeramente inexplicables y posteriormente, algunos de
ellos, etiquetados como histéricos. La
definición operativa de la histeria, que hacemos nuestra, es la de Marsden [3]:
Pérdida o distorsión de una función neurológica, no completamente explicada por una
enfermedad orgánica o funcional, excluida por el examen clínico y una completa
investigación. Confusión
e interrogantes
La epidemiología no nos sirve a la hora de aclarar
los interrogantes, pues sobre la frecuencia de la histeria, las cifras son bastante
dispares; dependerán del lugar de donde provienen las muestras; así tenemos que Mai
[4]
la encontró en el 12,2 % de un total de 1752 consultas psiquiátricas consecutivas en un
hospital general (13,8 % para las mujeres y 9,3 % para los varones). En tanto que Marsden [3]
la reporta en el rango del 1 % de diagnósticos neurológicos. Los valores numéricos
reportados son con frecuencia contradictorios; Stefansson el al (citados por Boffeli et al
[5])
reportaron una incidencia anual de 0,02% en New York y de 0,01% en Islandia, a pesar de que la histeria es más frecuente en
zonas rurales y grupos socioeconómicos deprimidos [6,7]. Por
otro lado, esta confusión viene dada por los cambiantes conceptos y criterios sobre esta
entidad, la histeria; por ejemplo, como señalan Kaplan et al [8]:
En 1980 el DSM-II situó oficialmente a este grupo polisintomático de
quejas somáticas en la categoría del trastorno por somatización, y los síntomas
limitados a la esfera neurológica en la categoría del tratorno de conversión. Aunque el
DSM-III-R introdujo síntomas no neurológicos en esta categoría, el DSM IV vuelve a
restringir el diagnóstico a aquellos trastornos que sólo presentan síntomas de tipo
neurológico
. En
resumidas cuentas, la histeria se divide, según el DSM IV [9],
en trastornos Somatomorfes y Disociativos; dentro de los primeros están los trastornos de
Conversión, es decir, aquellas manifestaciones neurológicas de:
alteración
o pérdida de una función física que sugiere una enfermedad orgánica pero que de hecho
es la expresión de un conflicto o necesidad psicológica
[4].
En tanto que el ICD-10 [10]
en el eje F 44, bajo el título de Trastornos disociativos (de conversión) y eje F 45
Trastornos somatomorfes incluye elementos que caracterizan a la histeria. Frente
a lo anterior, cabe una pregunta: ¿ por qué no denominarle simplemente histeria ? Es
verdad que ese término tiene una connotación peyorativa, indiscutiblemente, para el
paciente; pero también para el médico, tal como se ha señalado [3,5,11,12].
Pero no parecería que se haya ganado mucho cambiando la nominación. Y
la materia parece complicarse más cuando se señala, como lo hace Engel [13]
que:
los síntomas de conversión no están, de ningún modo, restringidos a
los pacientes con diagnóstico de histeria
; o como se desprende de la serie
de enfermos con temblor psicogénico presentados por Gironell et al [14]
que encontraron (criterios del DSM IV) que de 8 enfermos, en 4 hubo trastornos de
somatización y solamente en 2 trastornos de conversión, es decir que el espectro de
signos y síntomas histéricos vistos en la práctica neurológica escapan a los elementos
que para la histeria (llámese trastorno de conversión) tiene el DSM IV. Además,
en cuanto a los movimientos psicógenos, autoridades como Koller et al [15],
manifiestan que cuando un movimiento es concluyentemente psicógeno, el diagnóstico
psiquiátrico asociado cae bajo las siguientes categorías: desórdenes somatomorfos,
facticios, de ansiedad, simulación, depresión, y menos frecuentes desórdenes
histriónicos de la personalidad. Es decir que lo histérico escapa al término y ámbito
nosológico de la histeria. Finalmente,
sólo para resumir y para complicar más las cosas, se escribe y habla sobre
Síndromes somáticos funcionales, definidos como:
síntomas que
después de apropiada investigación médica no pueden ser explicados en los términos que
de forma convencional definen una enfermedad médica
[16];
¿ no serían síntomas conversivos o histéricos ?; curiosamente esos autores incluyen
dentro de los neurológicos a la cefalea tensional, de la que autoridades en el campo de
la cefalea, como Silberstein
et al [17]
y Jensen [18]
claramente la definen como orgánica, y de la que recientemente demostramos que es
independiente de la depresión [19],
causa supuesta para una improbable psicogenicidad. Así
como en la reciente publicación de Simon et al [20]
sobre síntomas somáticos y su relación con la depresión en la que se trabaja con tres
conceptos: 1) Que los pacientes con somatización son aquellos que tienen enfermedades
psiquiátricas pero que se presentan con síntomas somáticos; 2) Se hace énfasis en la
asociación de depresión y síntomas somáticos médicamente inexplicados, ¿ histéricos
?; y, finalmente 3) La somatización es una defensa psicológica contra la expresión de
un distrés psicológico, -¿ histéricos ?- pues son los fundamentos del DSM IV para
trastorno de conversión. La última afirmación tiene características de referencia a
hipótesis etiológica, conceptualización rechazada por Lipowski [21],
somatización de la que este mismo autor dice que es un problema
no resuelto de la medicina- [22]. De
lo que de forma sucinta hemos señalado, al menos se producen interrogantes, que por afán
de acortar resumimos en las siguientes: 1)¿ Por qué no llamar a todos estos síntomas y
a veces signos como histéricos ?, en caso contrario ¿ cómo denominarlos ?; 2) ¿
Podemos confiar en criterios que son bastante dispares a los que se maneja en la
neurología ?; el caso de la cefalea tensional es un claro ejemplo; y, 3) ¿ Hay signos
histéricos sin que esté presente la enfermedad histérica ? Respuestas
Parece
evidente que existen signos histéricos en ausencia de enfermedad histérica: Engel
[13]
así lo manifiesta; Marsden [3],
de sus 34 casos personalmente observados encontró solamente en 7 de ellos (21%) criterios
para etiquetarlos como síndrome de Briquet; el grupo de trabajo de Guze de la Universidad
George Washington lo dijo claramente:
los síntomas de conversión son una
categoría puramente descriptiva
[5]. Así
mismo, parece claro que hay un alto grado de coexistencia de desórdenes psiquiátricos y
neurológicos junto a los signos histéricos; Ljunberg (citado por Boffeli et al
[5])
de su muestra de 135 enfermos varones, encontró que 25,2% de ellos tenían trauma
craneal. Marsden [3]
halló coexistencia de enfermedad física en 44% de sus enfermos. Putnam [7]
se refiere a una concurrencia del 50%. Crimlisk et al [2]
encontraron la coexistencia de trastornos psiquiátricos y síntomas inexplicables en 75%
de enfermos. Existe
por otra parte temor a su diagnóstico, puesto de manifiesto a raíz del trabajo de Eliot
Slater [23]
quien puso en duda la existencia de la histeria; posteriormente Slater and Glithero [24],
en el seguimiento de 85 enfermos con diagnóstico de histeria, encontraron que el 58%
desarrollaron una enfermedad orgánica; de los 32 restantes 8 tuvieron depresión y 2
esquizofrenia. El
equipo de trabajo de Marsden (Crimlisk et al [3]) que siguió durante 6 años a un grupo de
enfermos con síntomas motores inexplicables (su artículo se titula Slater
revisited ), encontró que de 64 de ellos solamente 3 enfermos (4,6%) desarrollaron
enfermedades que podrían explicar total o parcialmente los síntomas inicialmente
etiquetados como inexplicables. Dudas
Es
evidente que a la hora de su denominación hemos preferido al término
histérico; el de pseudoneurológico que utiliza Shorter
[11]
nos resulta incómodo. Este problema es actual: recientemente Carson et al [25]
reconocen que los pacientes con trastornos neurológicos, en los que concomitantemente se
encontró ansiedad y depresión, presentaron síntomas que estos autores llamaron
inexplicables. Si seguimos el razonamiento que hizo Marsden [3],
al cual nos adherimos, tenemos que el nombre de funcional, como lo emplean
Wessely et al [16]
es inadecuado y lamentablemente muy utilizado, pues correctamente esa palabra designa una
enfermedad sin patología visible debida a una trastorno en la función; el temblor
esencial es un claro ejemplo. El término conversión presupone una
patogénesis en el sentido de Freud- que no siempre se encuentra [3,5,14]. Parecería
que el término psicogénico es adecuado, y dentro de los trastornos del
movimiento es ampliamente utilizado: temblor psicogénico [26],
distonía psicogénica [27],
mioclonus psiocogénico [28],
parkinsonismo psicogénico [29],
disquinesias psicogénica [30],
aunque A. Lewis (citado por Marsden [3])
creía que psicogénico era -una posición teórica inconsistente y misericordiosa-. El
adjetivo pseudo (seudo) que significa supuesto o falso como pseudoneurológico
[11]
es adecuado en estricto sentido semántico; se lo emplea frecuentemente para mencionar un
entidad que parecería corresponder a una etiología clínica y se debe a otro motivo, por
ejemplo: pseudodemencia, pseudobulbar, pseudomiotonía [31,32,33,34];
pero es incómodo para el uso diario, por ejemplo: marcha pseudoneurológica no significa
lo mismo que marcha pseudoparética, esta última puede utilizarse para la marcha
hipotónica que aparentaría debilidad. Finalmente
volvemos a la dificultad de la nominación, y debemos reconocer que nos entusiasmamos con
la postura de Marsden [3],
que prefiere histeria y de la que Ford [12],
resume:
como dice Marsden, si no utilizamos la palabra histeria, ¿ cómo
denominarla ?
. Histeria, es también un término ampliamente utilizado:
distonía histérica [35],
marcha histérica [36]. Conclusión
Debemos
reconocer y aceptar que tiene distinto significado el empleo de la palabra como adjetivo
que si la empleamos como sustantivo; como señaló Slater [23],
el adjetivo implica una descripción del síntoma y el sustantivo una enfermedad; y como
escribió Marsden [3]:
el problema con el uso de histeria
ocurre cuando se toma como un diagnóstico antes que como una descripción
.
Tema fundamental es puramente una categoría descriptiva- que el grupo de trabajo de
Guze [5]
delineó en 1962. Para
terminar, y dentro de la tónica de su etiología, la búsqueda de las causas de la
fenomenología histérica, algunos de cuyos hallazgos han sido importantes, como la
alteración del potencial cerebral progresivo (Bereitschafts-potential) encontrado en los
sujetos con parálisis histérica [3],
la lateralidad de los afectados y la teoría
de interruptores [7],
debe ahora incorporar el concepto de lo psicológico como modificador de la función
cerebral, puesto de manifiesto por el grupo
de Baxter et al entre 1992 y 1996 (citado por Price et al [37])
cuando demostraron que en enfermos con trastorno obsesivo compulsivo tanto el tratamiento
con fluoxetina cuanto con terapia conductual disminuyó en 70% de los sujetos
involucrados, la anormal hiperactividad del caudado derecho domostrado con
tomografía con emisión de positrones-. REFERENCIAS1.
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