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Cirugía de Aneurismas IntracranealesDr. Angel J. Lacerda-Gallardo, Dr. Julio A. Díaz-Agramonte, Dr. Oilen Hernández-Guerra, Dr. Gilberto Miranda-Rodríguez. Servicio
de Neurocirugía, Hospital General Docente Roberto Rodríguez, Ciego de Avila, Cuba. -
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- - - - - - - - - - - - - - - - - Correspondencia:
Dr Angel J. Lacerda Gallardo, Servicio
de Neurocirugía, Hospital General Docente Roberto
Rodríguez, Morón.67210. Ciego de Avila. Cuba. La
hemorragia subaracnoidea (HSA), constituye una de las enfermedades más devastadoras del
SNC y una de las urgencias neurológicas más frecuentes, con una incidencia que fluctúa
entre los 10 y 19/100,000 y una letalidad del 63% en el primer año y del 72% en los
primeros cinco [1]. Según Pakarinen [2], en las primeras cuatro semanas posterires a la
ruptura de un aneurisma intracraneal, fallecen el 51% de los casos; 70% a causa de la
hemorragia inicial y el 30% restante por resangramiento, al tiempo que el 65% mueren o
quedan severamente incapacitados [3]. Los primeros pasos en la cirugía para un aneurisma
intracraneal datan de 1855, cuando Sir Victor Horsley, logró ligar con éxito ambas
arterias carótidas, en un paciente con un aneurisma que causaba compresión del quiasma
[4]. En la década de los 50, Hunter propuso la ligadura proximal de la arteria carótida,
con el objetivo de disminuir el flujo sanguíneo en el saco aneurismático [5], pero el
riesgo de isquemia con el uso de esta técnica, condujo a Selverstone; en 1951, a proponer
el cierre progresivo de la arteria en el segmento cervical, lo que lograría activar el
funcionamiento de colaterales carótida interna-externa, ofreciendo además, la
posibilidad de apertura del presillamiento en casos de intolerancia a la reducción del
flujo [6].
Con
el descubrimiento de la angiografía por Egas Moniz en 1927, comienza el período de los
abordajes directos a loa sacos aneurismáticos, por los neurocirujanos de la época, así
en 1933, Dott es el primero en empaquetar con músculo, un aneurisma de la bifurcación de
la carótida interna y Dandy en 1938, consiguió presillar con éxito, por vez primera, el
cuello de un aneurisma [7-9]. La
provincia de Ciego de Avila, en Cuba, tiene una extensión de 6910.36 Km2 , con
una densidad de población de 58.4
habitantes/Km2 . En la misma existe solo un servicio de neurocirugía,
localizado en nuestro hospital, donde se admiten y estudian todos los casos con
diagnóstico de HSA, con el objetivo de identificar la etiología y recibir el tratamiento
definitivo. El
presente constituye un reporte de los resultados en la cirugía de aneurismas de la
circulación anterior, luego de cinco años de iniciado el servicio de cirugía
cerebrovascular. PACIENTES
Y METODOS Se
realizó un estudio observacional descriptivo y prospectivo, de 53 pacientes; 31 mujeres
(58.5%) y 22 hombres (41.5%), intervenidos quirúrgicamente en nuestro Hospital General de
Morón, en la provincia de Ciego de Avila, Cuba, con diagnóstico de aneurisma
intracraneal, localizados en el segmento anterior del circulo de Willis, que fueron
admitidos entre enero de 1996 y diciembre del 2000. El diagnóstico se realizó mediante
TC o estudio de LCR. Todos los enfermos fueron investigados con angiografía cerebral,
realizada por el método de Seldinger en la fase aguda, de acuerdo al algoritmo de trabajo
diseñado por nuestro equipo (Fig 1). Los pacientes se evaluaron al momento de la
admisión según la escala de Hunt y Hess [10]. En
todos los casos se estudiaron variables sociodemográficas, además de determinarse el
tamaño y localización del aneurisma, presencia de lesiones asociadas y complicaciones.
Los resultados al egreso fueron evaluados de acuerdo con la escala de resultados de
Glasgow [11]. Los datos fueron recogidos en un cuestionario confeccionado por los autores,
utilizando el paquete estadístico EpiInfo para el análisis de los resultados. La
estadística descriptiva y la distribución de frecuencias fueron las más empleadas. RESULTADOS En
el período estudiado, fueron admitidos en nuestro centro, 64 pacientes con diagnóstico
de HSA de etiología aneurismática, corroborado imagenológicamente con TC y
angiografía. De estos 53 (82.8%), recibieron tratamiento quirúrgico, 7 (10.9%)
fallecieron sin obtener tratamiento definitivo y 4 (6.3%), declinaron la cirugía. De los
53 operados, 6 (11.3%) tenían aneurismas múltiples, abordándose en la casuística, un
total de 68 sacos aneurismáticos. De ellos, 53 (78%) estaban rotos y 15 (22%) no. De
estos, 56 (82.3%) fueron presillados, 10 (14.7%) reforzados y 2 (3%) fueron atrapados. Las
vías de abordaje utilizadas fueron la fronto lateral, para aquellos situados en la
carótida paraclinoidea, según Batjer et al [12], aquellos situados en los segmentos de
la comunicante posterior y coroidea anterior, bifurcación y complejo comunicante
anterior-cerebral anterior, hasta A2, alcanzando el lado contralateral por esta vía, de
ser requerido, empleando el abordaje pterional con flap temporal interfascial para
preservar la rama fronto-temporal del nervio fascial, según proponen Yasargil et al [13],
solo para los aneurismas situados en la arteria cerebral media. De
los aneurismas tratados 24 (35.3%) eran pequeños, 30 (44.1%) medianos, 10 (14.7%) grandes
y 4 (5.9%) gigantes, mientras que su localización puede apreciarse en la Tabla 1,
predominando los de la arteria comunicante posterior. Las lesiones intracraneales
asociadas fueron: hidrocefalia en 4 (7.5%), infarto cerebral en 2 (3.8%), una
malformación arteriovenosa en 1 (1%), hemorragia intracerebral en 1 (1%) , un hematoma
subdural crónico en 1 (1%) y una fistula carótido-cavernosa en 1 (1%). Las
complicaciones encontradas aparecen en la Tabla 2, donde se demuestra como las
preoperatorias fueron las más frecuentes. En
la Tabla 3 se observan los resultados al momento del egreso de acuerdo a la escala de
resultados de Glasgow y su relación con la escala de Hunt y Hess al ingreso,
sobresaliendo el 86.8% ( grados I y II de ERG) de los casos con resultados satisfactorios,
reincorporados socialmente y el 5.7% de mortalidad quirúrgica. La cirugía fue practicada
en la fase tardía (más de 15 días de
evolución) en 51 casos (96.2%) y en dos (3.8%), esta se llevó a cabo en la fase aguda
(0-3 días), uno en grado I de Hunt y Hess, con resultado satisfactorio y otro en grado
IV, que falleció a los 11 días del post operatorio, por causa extraneurológica. DISCUSION La
cirugía de aneurismas intracraneales constituye un reto en todo servicio de
neurocirugía, tanto por lo excitante, como por el riesgo que implica y resulta indudable
que los resultados son influidos por numerosos factores. Existe uno subjetivo, relacionado
con el entrenamiento del equipo de cirugía cerebrovascular y el resto se relacionan de
forma objetiva con otros elementos de interés como son el momento en que se realiza la
intervención y la elección del abordaje quirúrgico, el estado clínico del paciente en
el momento del ingreso, la topografía, el tamaño y la morfología del aneurisma, así
como la edad del paciente, un tema controvertido en la actualidad, pero en el que la
mayoría acepta que la edad no constituye una contraindicación para la cirugía
[10,14,15]. A
pesar que de acuerdo con algunos estudios, la mortalidad no depende del momento en que se
practique la cirugía, pues su incremento por resangrado en el período agudo de la
evolución que se aprecia en la cirugía en fase tardía, es compensado por un incremento
en la mortalidad por vasospasmo en la cirugía en agudo (0-3 días), en los aneurismas
intracraneales rotos en los grados I,II yIII de la escala de Hunt y Hess, ésta es
defendida y aceptada por la mayoría de los neurocirujanos contemporáneos, tomando en
consideración que de esta forma se evitan el resangrado, causa importante de muerte en
las primeras horas y el vasospasmo que aparece alrededor del cuarto día y cuya terapia se
dificulta sin la exclusión del saco aneurismático de la circulación [16-18]. En nuestra
serie se han reportado 2 casos operados en fase aguda, para cuya práctica se requirieron
numerosos recursos como disponibilidad neurorradiológica (TC, angiografía cerebral),
durante las 24 horas, disponibilidad neuroanestésica, unidad de cuidados intensivos
entrenados en el manejo de estos pacientes en la fase aguda, disponibilidad y
entrenamiento en el neuromonitoreo durante el transoperatorio, lo que facilita mantener la
PIC por debajo de 15 mmHg y la PPC por encima de 70 mmHg , mediante el drenaje de LCR por
ventriculostomía, apoyado por el uso de diuréticos osmóticos. La diferencia
arterio-yugular de 02, facilita el conocimiento del patrón circulatorio
intracraneal cada 30 minutos y permite un mejor control de los gases sanguíneos y la
ventilación mecánica asistida. En nuestra casuística no fue utilizada la terapia triple
H (hemodilución hipervolemica hipertensiva). Debido
a que la mayoría de nuestros pacientes fueron intervenidos en fase tardía, las
complicaciones preoperatorias se manejaron de forma médica y conservadoramente, el
vasospasmo con antagonistas del calcio, sin terapia triple H y la hidrocefalia con
diuréticos osmóticos. Solamente se colocaron sistemas de derivación del LCR, una vez
presillados los sacos aneurismáticos, bajo PIC controlada para evitar la ruptura tras la
reducción de la presión transmural en la pared del saco [16]. Los
resultados al egreso demuestran su estrecha relación con el grado clínico al ingreso, en
este caso por la posibilidad de secuelas, pues la mortalidad en la serie está más
influida por complicaciones extraneurológicas, un resultado lógico al tratarse de
pacientes operados en fase tardía, en su mayoría. No sucede así con la cirugía en
agudo, en la que los resultados se encuentran estrechamente relacionadas con el grado
clínico al ingreso en lo referente a mortalidad y morbilidad inmediata debido a la
presencia de vasospasmo, edema cerebral y cifras elevadas de PIC que dificultan la
manipulación quirúrgica en esta fase [10], por lo que ha se ha sugerido en los grados IV
y V, disminuir las cifras de PIC y mejorar el estado clínico del paciente antes de tomar
una decisión quirúrgica [16]. REFERENCIAS 1.
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Kassell NF, Torner JC, Jane JA. The international cooperative study on the timing of
aneurysm surgery. Part II: surgical results. J
Neurosurg 1990;73:37-47. TABLA
1.-
Localización de 68 aneurismas intracraneales en 53 pacientes incluidos en esta serie (47
pacientes con aneurisma único y 6 con aneurismas múltiples).
TABLA
2.
Complicaciones en 53 pacientes con aneurisma intracraneal.
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