La
asociación de infecciones
crónicas HPV con el cáncer
de cuello uterino, fue
reportada desde hace casi
tres décadas y en un
comienzo se la consideró
como un agente casual. La
acumulación progresiva de
información y el
entendimiento de la
oncogenicidad de este virus
lograron demostrar su
directa vinculación con una
de las principales causas de
muerte de las mujeres en el
mundo entero, y en lo que
respecta a Ecuador,
puntualmente incluida dentro
de las cinco causas de
muerte de las ecuatorianas.
Este
conocimiento adquirido ha
motivado que se evalúen
métodos clásicos como el
Papanicolaou, método que si
bien tuvo un rol histórico
presenta de acuerdo a
trabajos últimos una muy
baja sensibilidad, no solo
relacionada con la
experiencia o subjetividad
de quien hace el diagnóstico
sino con la lentitud y
pleomorfismo de los cambios
celulares inducidos por la
presencia del virus, los
cuales pueden tardar años y
ser tan ligeros al inicio,
que incluso pueden escapar
al personal mejor entrenado.
La
universalidad de los
conceptos de la genética
molecular basados en el
conocimiento de la
estructura del ADN y la
versatilidad de las
tecnologías desarrolladas a
partir de entonces, y su
aplicación en la
identificación del material
genético del HPV en muestras
biológicas, constituye uno
de los aportes más
impactantes en el
entendimiento de la
epidemiología tanto del HPV
como de las patologías con
las que está vinculada, que
incluso ahora incluyen a
varones como objeto de
estudio al considerarse la
papilomatosis como
enfermedad de transmisión
sexual.
El poder
de esta tecnología ha
motivado a diversos grupos
de estudio de cáncer de
cuellos uterino a revisar
los algoritmos de manejo de
pacientes (y sus parejas),
tanto en la prevención,
diagnóstico, tratamiento y
seguimiento, puesto que no
solo permite identificar la
presencia del material
genético del HPV sino
también detectar genotipos
de alto riesgo más
importantes en nuestra
población, mucho antes que
aparezcan los primero
cambios displásicos; dando
las herramientas a los
médicos para que puedan
tomar decisiones clínicas
y/o quirúrgicas que incluso
pueden ser curativas.
Resulta
prometedor para el Mundo
entero el inicio de la
aplicación de las dos
vacunas exitentes en el
mercado contra los genotipos
más frecuentemente asociados
a cáncer de cuello uterino
(16 y 18, Cervarix) así como
aquella que también incluye
los genotipos más
frecuentemente asociados a
verrugas venéreas y
condilomas acuminados (16,
18; y 6 y 11, Gardasil) no
solo por el impacto en la
salud sino por el impacto
social y económico que
tendrá con el transcurso de
los años cuando se observen
los primeros resultados con
la disminución de la morbi-mortalidad
asociada al HPV, mientras
tanto es cada vez más
evidente la expectativa y
prospectiva que se ha
generado en algunos países
desarrollados al haberla
incluido dentro de los
esquemas de vacunación
poblacional cubiertos por el
Estado.
A pesar
de lo controversial que
resultan las vacunas contra
el HPV, como todo aporte
científico innovador, dan a
la Humanidad la esperanza de
poder controlar una
patología causada por un
agente infeccioso y que en
el camino aprenderemos y
entenderemos más y mejor su
comportamiento
epidemiológico dependiente
de factores genéticos
propios de nuestra población
o de las migraciones de
nuestros ciudadanos.
Dr.
Juan Carlos Ruiz C. M.D.
M.Sc.
Médico
– Biólogo Molecular
Jefe
del Laboratorio Clínico y
Molecular de SOLCA
Director CEDIAGMOL