Cadena de supervivencia del Ictus:
Un desafío de la medicina actual
Dr. Luis Gómez Peña, Lic. Ivonne Rocha Cisnero,
Dra. Mayelin Ramírez Castellanos
Facultad de Ciencias Médicas
Mariana Grajales Coello
Hospital V. I. Lenin
Holguín, Cuba
Resumen
Se realizó un estudio cuasi experimental, sobre
la cadena de supervivencia del ictus en pacientes diagnosticados
de una enfermedad cerebrovascular pertenecientes al Municipio
Holguín, con el objetivo de caracterizar el sistema de acceso de
estos pacientes a la unidad de atención secundaria, Hospital
Provincial Docente V. I. Lenin, durante mayo–octubre 2006. Se
aplicaron escalas de valoración neurológica y de valoración del
riesgo vasculocerebral, obteniéndose los siguientes resultados:
las edades de 60 a 74 años fueron las más afectadas, con un
predominio del sexo masculino. La mayor frecuencia fue de
infartos cerebrales aterotrombóticos. Solo 8 casos (23,5%)
accedieron al hospital en las primeras tres horas del evento. La
hipertensión arterial, el antecedente de enfermedad
cerebrovascular y las cardiopatías constituyeron los factores de
riesgo más frecuentemente encontrados. La escala de Glasgow, con
un valor por encima de 11 puntos, se observó en la totalidad de
los casos. Se concluye que, si queremos restablecer el flujo
cerebral después del ictus, es necesario participar en toda una
cadena de actuación de supervivencia.
Abstract
A quasi experimental study was carried out in patients with
cerebrovascular disease, through the stroke survival chain at
the Municipality Holguín, in order to characterize the access
getting of these patients to the secondary care unit at the
Hospital Provincial Docente V. I. Lenin, from May to October
2006. Neurological evaluation and cerebrovascular risk scales
were applied, obtaining the following results: ages from 60 to
74 years were the more affected, predominantly in male.
Atherotrombotic cerebral infarcts were the more frequent. Only 8
patients (23,5%) arrived to the hospital during the first three
hours of the event. High blood pressure, history of
cerebrovascular disease and cardiopathies were the more
frequent risk factors. Glasgow coma scale above 11 points was
observed in all the cases. We conclude that, in order to
reestablish cerebral blood flow after stroke, it is necessary to
participate in a whole performance survival chain.
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En Cuba, en el año 2002, la enfermedad
cerebrovascular (ECV) constituyó la tercera causa de muerte,
con un total de 7,656 defunciones y una tasa de mortalidad
de 68 por 100,000 habitantes. Esto representó el 6.22% de
muertes a escala nacional y el 12.4% del total de
defunciones anuales por ECV y/o complicaciones neurológicas
y no neurológicas. Ocupa la tercera causa de muerte a partir
de los 50 años de edad con una tasa de 82.5 por
100,000 habitantes. En el grupo de 65 años y más, la tasa se
eleva a 611.0 por 100,000 habitantes.1
Entre las 10 primeras causas de muerte, la
ECV y la diabetes mellitus son las únicas en las que existe
mayor riesgo de morir en el sexo femenino. En el resto, el
mayor riesgo le corresponde al sexo masculino. La tasa de
mortalidad femenina (75.5 por 100,000 habitantes) es
superior a la reportada en el sexo masculino (70.0 por
100,000 habitantes). La probabilidad de morir por ECV
se duplica con cada década.1
El ictus es un déficit neurológico focal, de
presentación brusca, no convulsivo, debido a una alteración
de la circulación de la sangre en el sistema nervioso
central (SNC). Esta entidad representa una de las
primeras causas de morbimortalidad en nuestro país,
así como la primera causa de invalidez en los adultos. En
los últimos años el conocimiento de la fisiopatología
del ictus ha permitido el desarrollo de nuevos
tratamientos, que han permitido una mejoría importante en la
calidad de vida de estos pacientes, así como una
importante reducción de los casos de dependencia.
Desde el primer momento en que se produce la
oclusión de una arteria intracerebral se van a establecer
dos zonas en el territorio isquémico, por un lado una
pequeña zona de tejido (core) donde los mecanismos de
muerte celular y apoptosis ya se han puesto en marcha que
irremediablemente se va a trasformar en tejido necrótico, y
otra zona (penumbra isquémica) de mayor tamaño, que poco a
poco se irá transformando en tejido necrótico a menos que
consigamos detener este proceso. Sobre esta zona de penumbra
isquémica se va a centrar la actuación de los equipos de
ictus intentando por un lado reestablecer el flujo de la
zona isquémica con tratamientos recanalizadores (fibrinolíticos),
y por otro lado administrando fármacos y medidas
neuroprotectoras que impidan el desarrollo de la cascada
isquémica. El factor principal que limita esta atención es
el tiempo, ya que la transformación del área de
penumbra en tejido necrótico es tiempo- ependiente, por lo
que es prioritario la atención de estos pacientes en fase
hiperaguda. La puesta en marcha de unidades/equipos de ictus
obliga a la coordinación con sistemas de emergencia
extrahospitalaria, así como de los propios servicios de
urgencias de los hospitales para poder ofrecer al paciente
con ictus una atención inmediata.2
Cuando un paciente sufre un ictus “el tiempo
es cerebro” y se requiere un correcto abordaje del paciente
“durante las tres primeras horas después de la aparición de
los primeros síntomas.” La disminución del aporte de sangre
tarda varias horas en desarrollarse y este tiempo,
denominado ventana terapéutica, supone una oportunidad para
evitar o minimizar los daños en el cerebro.3
Si se restaura el flujo de sangre dentro de
esta ventana estrecha de oportunidad, que en la actualidad
se considera ser de 2 horas aproximadamente, entonces
algunas de estas células pueden salvarse y hacerse
funcionales nuevamente. Investigadores han aprendido que el
restablecimiento del flujo de sangre a estas células puede
lograrse administrando el agente trombolítico que disuelve
los coágulos t-PA dentro de tres horas del inicio del
accidente cerebrovascular.
La medición mediante el uso de escalas
constituye el método científico ó clinicometría. Podemos
definir capacidad funcional, como la capacidad de las
personas para realizar las actividades de la vida diaria y
ciertos roles sociales. No obstante la diversidad de
escalas, dificulta la uniformidad en los resultados y la
salud percibida por el paciente, es independiente de la
valoración médica.3
Cuba ha disminuido en los últimos años la
incidencia y mortalidad por ECV, la cual constituye la
tercera causa de muerte y la primera de discapacidad por
afecciones neurológicas. En ello ha contribuido el programa
nacional de atención para ese fin. Creado en 2005, incluye
la prevención, diagnóstico, tratamiento y
rehabilitación. El doctor Miguel Ángel Buergo, jefe del
grupo nacional de esa especialidad, manifestó a la
Asociación Internacional de Neurología que antes de
1999 la tasa de mortalidad por esa causa era de 89.8 por
cada 100 mil habitantes, y en 2004 fue de 73.6 con una
prevalencia de 4.4 por 100 mil habitantes. Precisó que
el grupo de edades más afectado es el de 65 años o más,
mientras las mujeres constituyeron la mayoría. El jefe del
departamento de la especialidad en el Instituto de
Neurología y Neurocirugía señaló que, entre los objetivos
del programa, figuran reducir la mortalidad entre un 20 y 30
por ciento para el 2015. Para ello, es esencial la labor de
prevención desde la atención primaria, si se tiene en cuenta
el envejecimiento poblacional en Cuba, en la que el 15 por
ciento de los habitantes supera los 60 años.1
Teniendo en cuenta que la expectativa de vida
de la población cubana se ha incrementado en los últimos
años, es de suponer que la prevalencia e incidencia de la
ECV aumente. Sobre las complicaciones, es posible influir
previniéndolas o reconociéndolas tempranamente, para tomar
medidas que eviten el empeoramiento del paciente, y es por
lo cual hemos realizado este trabajo.
Objetivos
General:
Caracterizar la cadena de supervivencia del ictus en
pacientes admitidos al servicio de urgencias del Hospital
Lenin durante los meses de mayo a octubre de 2006.
Específicos:
1. Identificar los factores que determinan el retraso en la
llegada al hospital de pacientes con un ictus.
2. Determinar el perfil vascular del ictus y su relación con
el estudio tomográfico.
3. Aplicar escalas de valoración neurológicas que determinan
el riesgo vasculocerebral y el pronóstico individual.
Método
Se realizó un estudio cuasi experimental, sobre la
cadena de supervivencia del ictus en pacientes
diagnosticados de una ECV pertenecientes al Municipio
Holguín, con el objetivo de caracterizar el sistema de
acceso de estos pacientes a la unidad de atención
secundaria, Hospital Provincial Docente V. I. Lenin, durante
mayo–octubre 2006.
I. De la selección de la muestra. El universo estuvo
constituido por 61 pacientes diagnosticados en el Servicio
de Urgencias del Hospital Lenin. Para la selección de la
muestra se tomaron en cuenta los siguientes criterios:
Criterios de Inclusión:
- Edades comprendidas entre los 60 años o más.
- Ambos sexos. Criterio de exclusión:
- Paciente que a pesar de tener el diagnóstico de una ECV,
llega fallecido al servicio de urgencias.
II. Técnicas y procedimientos de
aplicación de la intervención. Una vez llegado el
paciente al servicio de urgencias se realiza de manera
rápida el diagnóstico clínico del caso y se traslada al
servicio de observación, se toma muestra para estudios
analíticos, electrocardiografía, fondo de ojo y tomografía
de urgencia. De inmediato se inicia el tratamiento médico.
Es durante todo este momento que se realiza un
interrogatorio oportuno que incluya las variables de nuestro
interés. Se aplican las escalas de valoración neurológicas
indicadas por el Programa Nacional de ECV, la Escala de
Valoración del Riesgo Vasculocerebral y la Escala de
Glasgow.
III. De la recolección de la información.
Para la recolección de la información se utilizó una ficha
de control que incluyó las variables objeto de estudio.
1. Factores que determinan el retraso
en la llegada al hospital:
1a. Relacionados con las características del
paciente: edad avanzada, enfermedades concomitantes
crónicas.
1b. Relacionados con las actitudes del paciente:
asistencia en primera instancia a instituciones de atención
primaria.
1c. Relacionados con el inicio de los síntomas:
síntomas de fin de semana, aparición durante el sueño, o
ictus al despertar.
1d. Relacionado con las características del ictus:
comienzo gradual con inestabilidad, cefalea alteraciones
visuales. Síntomas leves o moderados. Etiología isquémica no
cardioembólica del ictus.
1e. Relacionado con las características del área
sanitaria: no activación del sistema integrado de urgencias
médicas.
2. Perfil vascular del ictus: isquémico o
hemorrágico.
3. Escalas de valoración Neurológica.
IV. De procesamiento y análisis de los
resultados. Para el procesamiento de la información se
resumieron las variables estudiadas mediante una base de
datos creada para el efecto en Microsoft Excel. Para el
análisis estadístico se utilizó el paquete estadístico
Epinfo. Se utilizaron medidas de frecuencia y, para su
distribución, el porcentaje; se calculó el comportamiento de
la razón y la proporción en la serie del estudio. Los
resultados se llevaron a cuadros y gráficos de interés.
Discusión de los resultados
El Municipio Holguín tiene una población general de
329,028 habitantes, de ellos 54,351 lo constituyen pacientes
en edades geriátricas lo que representa el 16.5 % de la
población total. Las áreas de salud que mayor prevalencia de
pacientes con ECV son Mario Gutiérrez, Alcides Pino y Pedro
del Toro con cifras de 255, 206 y 201 casos
respectivamente. Fueron las Policlínicas de Máximo Gómez,
Mario Gutiérrez y Pedro del Toro las que también aportaron
mayor cantidad de casos al estudio con 18, 14 y 10
casos respectivamente. La mortalidad en el período de enero
a octubre de este año fue significativa en las áreas de
salud, Pedro del Toro con 15 casos, Díaz Legra con 13
casos y en el área de Alcides Pino con 10 fallecidos.
Nuestro estudio encuentra que las edades
comprendidas (figura 1) entre 60 a 74 años fueron las
mayoritariamente afectadas –22 pacientes–, le continuó la
cuarta edad con 8 casos, y los longevos con 4 casos. El sexo
masculino es el más afecto con 18 casos. Es de señalar que
la razón fue de 1.2 hombres por cada mujer con una
proporción de hombres muy similar a las féminas, pues de
cada 4 pacientes con ictus cerebral dos eran hombres y
constituyeron a su vez el 52.9% de los casos.
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Figura 1: Distribución de los pacientes
según grupos de edades. Hospital Lenin.
Mayo–octubre, 2006. |
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Tabla 1: Distribución de los pacientes
según factores que retrasan la llegada al
Hospital. Mayo–octubre, 2006. |
La tabla 1 representa la distribución de los
casos según los factores que retardan la llegada del
paciente a la institución hospitalaria. De los relacionados
con las características del paciente, dos aparecieron en la
totalidad de los casos: la edad avanzada y la presencia de
enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), 12 pacientes
tenían 75 años y más. Entre los relacionados con la actitud
del paciente o familiares, el 23.5% asistieron de
primera intención al Policlínico.
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PERFIL VASCULAR |
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Figura 2: Distribución
de los casos según perfil vascular. Hospital
Lenin, mayo–octubre 2006. Fuente: ficha de
control. |
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Tabla 2: Distribución de los pacientes
según antecedentes patológicos personales.
Hospital Lenin. Mayo–octubre 2006. |
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Tabla 3: Distribución
de los casos según tiempo de demora al Hospital,
mayo–octubre 2006. |
Aunque existen las condiciones en estas
unidades para ofrecer las primeras medidas de atención, el
retraso en el transporte hacia el hospital, conspiraría para
la llegada durante las primeras tres horas de iniciado el
ictus. El momento de inicio de los síntomas es un elemento
fundamental: en 8 casos estos se presentaron el fin de
semana (23.5%), en 29.4% de casos, los síntomas aparecieron
en horas de la noche y en 5.8%, al despertar. Estos
factores se relacionan con un retardo en la llegada al
hospital, pues el evento no aparece de forma brusca,
relacionado además con la forma clínica más frecuente
que fue la de etiología aterotrombótica.
Relacionado con las características del
ictus, en un 58,8% de casos, los síntomas iniciales fueron
la inestabilidad, alteraciones visuales, cefalea,
unidas a la presentación gradual de la enfermedad. En un
41.1% de casos los síntomas fueron leves o moderados y
no favorecieron la asistencia inmediata de los enfermos al
hospital. Solo un 35.2% de casos activaron los servicios que
ofrece el sistema integrado de urgencias médicas. A
esto debemos añadir que 12 pacientes en una primera
entrevista médica no les fue diagnosticada la ECV y
regresaron a sus casas, hasta que hubo una mayor
profundización de las manifestaciones neurológicas.
La figura 2 representa la distribución de los
pacientes según el perfil vascular de presentación de la
enfermedad. El infarto cerebral aterotrombótico constituye
la forma clínica más frecuente con 20 casos (58.8%); le
siguen el infarto lacunar con 5 casos y el infarto
cardioembólico (9.6%), el ataque transitorio de isquemia (ATI)
y los cuadros hemorrágicos con 3 casos cada uno. La
literatura revisada4, 5 encuentra que entre el 15 a
20% de los casos corresponde al infarto cardioembólico; no
ocurre así con nuestra serie. La hipertensión arterial (HTA)
constituyó el principal factor de riesgo, con un 64.8% de
frecuencia. Del total de pacientes, independientemente
si tenían o no el diagnóstico previo de HTA, solo 8 tenían
cifras de tensión arterial normal; 5 pacientes tenían cifras
entre 140/90 mmHg y 159/99 mmHg y 21 pacientes tenían
cifras por encima o igual 160/100 mmHg. El antecedente de
una ECV anterior se encontró en 10 casos (29.3%), seguido de
las cardiopatías (23.5%) (tabla 2).
En cuanto al tiempo de demora desde el inicio
del ictus hasta su llegada al hospital, 26 (76.5%) pacientes
arribaron después de las 3 horas (tabla 3). Solo 8 casos
(23.5%) llegaron antes de las tres horas. Es de mencionar
además que 12 de los casos asistían por segunda vez a una
unidad asistencial (35.3%). El periodo de latencia media
de nuestra serie fue de 13.4 horas, similares a estudios
realizados en Dinamarca y España (14 horas y 14.1 horas
respectivamente), sin embargo la serie Anderson en
Inglaterra y estudios en Holanda encuentran frecuencias
medias de 3.5 horas y 4 horas respectivamente. Cabe señalar
que la Food and Drug Administration (FDA) en EEUU como
posteriormente la Agencia Europea del Medicamento, han
restringido el margen de ventana terapéutica de tres horas,
por lo que si queremos ayudar al paciente, la unidad en la
actuación de pacientes, familiares y personal sanitario es
vital al igual que los fármacos utilizados en estos
eventos.5-11
La tabla 4 muestra las escalas aplicadas una
vez llegado el paciente al servicio de urgencias. La escala
que evalúa los factores de riesgo vasculocerebrales (PRUMOC)
encuentra que un 55.5% de casos tienen un riesgo moderado
para desarrollar un ictus y un 29.5%, un riesgo elevado. Si
esta escala la hubiéramos aplicado antes del evento
apoplejico existía la posibilidad de prevenir la enfermedad
en un número determinado de casos.
La escala a aplicar según el programa
nacional para las ECV encuentra tanto en el nivel primario
como en el secundario un 100% de pacientes con riego
elevado: el solo hecho de la presentación aguda de los
síntomas da un valor de 9 puntos; si añadimos que la
totalidad de los casos tenían diagnóstico de ECNT y un alto
numero de casos se presentaban con defecto motor, es de
pensar que la mayoría de las veces estas escalas nos
aportarán individuos con un elevado riesgo a desarrollar un
evento cerebrovascular. Cuando aplicamos la escala de
Glasgow, importante en el valor pronóstico de la misma,
encontramos que 19 de los casos tenían cifras de 13 o 14
puntos que se corresponde con un estupor ligero, por lo que
el pronóstico de los pacientes seria más favorable.1
Conclusiones
1. La existencia de factores que retardan la llegada de
un paciente con un ictus a la institución hospitalaria,
favorece el incremento de la zona de necrosis a sabiendas
que la cantidad de tejido dañado depende estrictamente del
tiempo de duración de la isquemia.
2. Existe un predominio del perfil isquémico
de la enfermedad cerebrovascular en correspondencia con la
literatura revisada y confirmada con estudio tomográfico.
3. El riesgo vasculocerebral elevado
determinado con la Escala de Valoración del Riesgo
Vasculocerebral propicia el desarrollo de la ECV con un
pronóstico favorable, si consideramos la utilidad de la
escala de Glasgow.
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Tabla 4: Escalas de Valoración
Neurológica. Hospital Lenin, mayo-octubre, 2006. |
Bibliografía
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Trombolisis en el ictus: consideración inapropiada del
período de ventana. Rev Neurol 2005; 40 (5): 274–278.
11. Chapman KM, Wolferedn AR. Intravenous
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12. García Gómez A, Almeida Correa E, Pérez
O, Gutiérrez Gutiérrez. Enfermedad Cerebrovascular durante
el segundo Semestre del 2003. En: Cuidados Intermedios de
Medicina. Rev Cub Med Int Emerg 2004; 3(4) 95-105.
| ANEXOS |
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Anexo 1: Programa Nacional. Escala de
valoración neurológica. Nivel primario.
Riesgo bajo 0 – 5 puntos (Grado I)
Riesgo Moderado 6 – 13 puntos (Grado II)
Riesgo Elevado 14 – o mas puntos (Grado III) |
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Anexo 2:
Programa Nacional. Escala de valoración
neurológica. Nivel secundario.
Riesgo bajo, Primer
nivel con 2–5 puntos (Grado I)
Riesgo leve Grupo
II- II primer nivel más de 6 puntos (Grado II)
Riesgo Moderado 7 a
10 puntos (Grado III)
Riesgo Grave 10 o
más puntos (Grado IV |
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