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Artículos para médicos y pacientes

Síndrome de apnea obstructiva del sueño
y accidentes de tráfico

Dra. Ana Isabel Sánchez1, Dra. Elena Miró1, Dra. María Pilar Martínez Narváez-Cabeza de Vaca1

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Resumen
En los últimos años numerosos estudios consideran al Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño como uno de los factores de riesgo más importantes en la provocación de accidentes cuando se conducen automóviles. Los pacientes más severos informan de su somnolencia durante la conducción no solo en carretera o viajes largos -lo que les lleva incluso, en algunas ocasiones, a detener su vehículo y dormir durante un período de tiempo corto- sino también en tramos cortos de ciudad. El interés suscitado por este problema ha hecho que diversas investigaciones hayan centrado su objetivo en identificar cuáles son los factores responsables de este incremento en los accidentes de tráfico. Los estudios polisomnográficos han constatado que el sueño de estos pacientes es poco reparador, lo que durante el día se traduce en una excesiva somnolencia diurna y una sensación de cansancio y fatiga, responsable en cierta medida, de los accidentes de tráfico. En el presente trabajo se revisan algunos de los estudios que se han realizado al respecto para evaluar la prevalencia de los accidentes de tráfico en los pacientes con Síndrome del Apnea Obstructiva del Sueño, así como los factores implicados. En la actualidad la Presión Positiva Continua Nasal es el tratamiento de elección en el Síndrome del Apnea Obstructiva del Sueño. Por ello, y en relación a la problemática que nos ocupan los accidentes de tráfico en pacientes con este síndrome, hemos revisado las investigaciones que se han realizado para evaluar hasta qué punto la terapia con Presión Positiva Continua Nasal disminuye la tasa de accidentes de tráfico en pacientes con Síndrome del Apnea Obstructiva del Sueño.

 

Palabras clave: Accidentes de tráfico, Apnea del sueño, Presión Positiva Continua Nasal (nCPAP), Prevalencia, Simuladores de conducción, Somnolencia.

 

 

Abstract
In recent years many studies have shown that Obstructive Sleep Apnea Syndrome is one of the biggest risk factors for drivers. The most severe patients report that they become sleepiness not only while driving on the highway or over long distances - during which the driver may stop the vehicle to sleep for a short time - but also during short distances around town. The interest raised by this problem has caused several studies to centre their objective on identifying the factors that are responsible for this increase in traffic accidents. Polysomnographic testing has verified that the sleep of these patients is fragmented which causes an excessive daily sleepiness and a sensation of tiredness and fatigue, which, up to a point can cause traffic accidents. Current work is revising some the studies which have been undertaken in order to evaluate the prevalence of traffic accidents in patients with Obstructive Sleep Apnea Syndrome according to the statistics. At present the nasal Continuous Positive Airway Pressure is the treatment of choice of this syndrome. For that reason and in relation to the problem that we are studying, the traffic accidents in patients with Obstructive Sleep Apnea Syndrome, we have recently revised some of the studies that have been undertaken to evaluate up to what point the therapy of Continuous Positive Airway Pressure diminishes the frequency of traffic accidents in patients with Obstructive Sleep Apnea Syndrome.

 

Key words: Driving simulators, Nasal Continuous Positive Airway Pressure (nCPAP), Prevalence, Sleep apnea, Sleepiness, Traffic accidents.

 

 

 

 

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Introducción
El síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) se caracteriza, entre otros síntomas, por una obstrucción repetida de las vías aéreas superiores, que da lugar a una desaturación de oxígeno, así como a un estado de importante activación durante el sueño. El trastorno se define fundamentalmente por dos eventos respiratorios que ocurren durante el sueño nocturno.

 

Las apneas que implican un cese del flujo aéreo durante un período mínimo de diez segundos de duración y las hipopneas definidas según la American Academy of Sleep Medicine1 por alguno de los siguientes criterios:

1. Reducción del flujo aéreo superior al 50%.

2. Descenso moderado (<50%) del flujo aéreo superior con desaturación de oxígeno superior al 3%.

3. Reducción moderada del flujo aéreo superior con evidencia electroencefalográfica de despertar.

 

Son numerosos los datos que constatan que el sueño de estos pacientes es poco reparador, lo que durante el día se traduce en una excesiva somnolencia diurna y una sensación de cansancio y fatiga.2 Las apneas e/o hipopneas, características de esta patología del sueño, son diferentes en función del grado de severidad y/o duración. La etapa del sueño y la posición del cuerpo durante el mismo también determinan, en muchas ocasiones, la severidad de estos sucesos respiratorios. Asimismo, se distingue entre tres tipos de apneas3: En la denominada apnea obstructiva permanece el esfuerzo respiratorio, en la apnea central está ausente, y en la apnea mixta empieza siendo central (sin esfuerzo respiratorio) y termina siendo obstructiva.

 

Si analizamos las definiciones que ofrece la literatura acerca de este trastorno, en la gran mayoría de ellas el síndrome se define en base a la frecuencia de apneas sin hacer referencia a otros síntomas. Los estudios epidemiológicos han informado, sin embargo, que la presencia de apneas durante el sueño es algo bastante común en la población general, por lo que se recomienda que en la definición clínica del síndrome se incluyan algunos otros síntomas, entre ellos, la somnolencia diurna, que es el principal síntoma del trastorno.4

 

The American Academy of Sleep Medicine publicó, en el año 1999,1 los criterios de clasificación de severidad del SAOS. En función de los eventos respiratorios relacionados con el sueño se distingue entre apnea leve (entre 5-15 eventos por hora de sueño), moderada (entre 15-30) y severa (más de 30 eventos por hora de sueño).

 

La apnea del sueño es un trastorno que se va desarrollando en el paciente a lo largo de varios años. El paciente prototipo con SAOS es un varón obeso con una edad comprendida entre los 40 y 60 años. Dependiendo del criterio que se aplique y de la población que se estudie, las tasas de prevalencia del SAOS son diferentes. Algunos estudios sitúan la prevalencia del trastorno en un 2–4% en los varones, y en un 1–2% en las mujeres, en personas de mediana edad, aunque las estimaciones exactas son difíciles, ya que un porcentaje muy alto de estos pacientes no está diagnosticado.5, 6

 

En concreto, en España se estima que apenas llegan al 10% los pacientes diagnosticados en sus formas más graves y que reciben, por tanto, tratamiento.7 La frecuencia del trastorno es de dos a tres veces mayor en hombres que en mujeres, lo que parece deberse a factores hormonales.8 El complejo sintomático del SAOS es muy heterogéneo e incluye excesiva somnolencia diurna, numerosos déficits cognitivos (memoria, atención razonamiento, fluidez verbal, dificultades de concentración) alteraciones en el estado de ánimo, cambios en la personalidad y en el carácter, problemas sexuales, ronquidos, fragmentación de sueño, despertares nocturnos, así como cambios en la arquitectura del sueño: aumento de las fases 1 y 2 del sueño y disminución o supresión de las fases 3 y 4 del sueño de ondas lentas, y sueño MOR (movimientos oculares rápidos).3

 

De todos estos síntomas, la somnolencia diurna es el más frecuente y uno de los más incapacitantes. Parece claro que se debe a una ausencia de sueño reparador durante la noche, debido a las perturbaciones en la arquitectura del sueño causadas por la apneas-hipopneas.

 

 

Accidentes de tráfico y apnea del sueño

En los últimos años numerosos estudios consideran al SAOS como uno de los factores de riesgo más importantes en la conducción de automóviles. Los pacientes, sobre todo los más severos, informan de somnolencia intensa durante la conducción no solo en carretera o viajes largos, lo que les lleva incluso en algunas ocasiones a detener su vehículo y dormir durante un periodo de tiempo breve, sino también en tramos cortos de ciudad. Este es uno de los problemas más frecuentes encontrados en las clínicas de sueño, el cual a su vez ocasiona una gran ansiedad a las personas que lo sufren.9

 

En España, en el año 1998, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), indicó que la apnea del sueño era la segunda causa más frecuente de accidentes de tráfico. Un estudio llevado a cabo por Terán-Santos y colaboradores10 estima que los conductores que padecen apnea del sueño -índice de apnea-hipopnea (IAH)>10- tienen un riesgo siete veces mayor de sufrir un accidente de tráfico que los conductores sin SAOS, cifra que puede elevarse hasta 11 si el paciente consume alcohol. Además, según el citado estudio, esta cifra podría superarse si se realizara un estudio teniendo en cuenta los fallecidos en accidentes mortales.

 

Hasta la fecha, los estudios publicados que han evaluado la tasa de accidentes de tráfico en pacientes con SAOS pueden dividirse en dos grandes categorías:

a. Aquellos que han evaluado la tasa de accidentes de tráfico en pacientes diagnosticados de apnea del sueño y la han comparado con sujetos controles sin SAOS utilizando para ello medidas objetivas (informes de compañías de seguros, datos de la delegación de tráfico) y subjetivas (datos proporcionados por el paciente mediante un cuestionario).

b. Los estudios, que utilizando simuladores de conducción, han comparado la capacidad de conducción de los pacientes con SAOS con la de sujetos control.

 

En los estudios incluidos en la primera categoría, la gran mayoría informa de una mayor tasa de accidentes de tráfico en pacientes con SAOS. Terán-Santos y colaboradores10 entrevistaron a 102 conductores que habían tenido un accidente en autopista y 152 controles seleccionados aleatoriamente en centros de salud. En el primer grupo, un 21% de los casos presentaba un IAH>10, mientras que en el grupo control solo se observó en un 4%. Comparando ambos grupos, los pacientes con un IAH>10 presentaban una probabilidad de 6,3 veces superior al grupo control de tener accidentes de tráfico. Esta relación persistió tras ajustar múltiples factores de confusión, tales como consumo de alcohol, fármacos que pudieran causar somnolencia, años de conducción, índice de masa corporal, edad, problemas visuales, horario de sueño, etc. Estos resultados apoyan a los informados con anterioridad por otras investigaciones,11, 12 en las que también se ha observado un mayor porcentaje de accidentes de tráfico en pacientes con apnea del sueño. Por su parte, Young y colaboradores13 evaluaron el rango de trastornos de la respiración en la población general (leve-severo) y su asociación con los accidentes de tráfico. La muestra estaba compuesta por 913 adultos. Los resultados mostraron que los sujetos (hombres y mujeres) con IAH>15 frente a aquellos que no tenían trastornos de la respiración, tenían significativamente más probabilidad de tener accidentes múltiples (odds ratio 7,3).

 

Lloberes y colaboradores14 evaluaron los accidentes de tráfico sufridos en los últimos 5 años en una muestra de pacientes derivados a la unidad de sueño debido a sospecha de SAOS. De los 189 pacientes que acudieron a la consulta, 122 fueron diagnosticados de SAOS y 67 fueron considerados roncadores no apneicos. Los resultados mostraron que el número de accidentes de tráfico informados por los sujetos era significativamente más alto en los pacientes con SAOS que en el grupo control.

 

Una de las cuestiones a resolver es, en qué medida el número de accidentes de tráfico mantiene alguna relación con la severidad del trastorno o si, por el contrario son dos factores totalmente independientes. En el estudio de Findley y colaboradores15 se encontró una relación entre la severidad del síndrome y el número de accidentes de tráfico. En concreto, evaluaron los accidentes de tráfico de 46 pacientes con diferentes grados de severidad, en la ciudad de Virginia (USA). Los datos mostraron que los pacientes con apnea obstructiva grave constituían el grupo con mayor porcentaje de accidentes de coche. George y Smiley 16 también encontraron que el incremento de los accidentes de tráfico asociados al SAOS sólo parecía observarse en los pacientes más graves (IAH>40). Resultados similares se encuentran en el estudio de Horstmann et al.17 en el que se muestra que los pacientes con SAOS de moderado a severo, tienen un 15% más de riesgo de sufrir un accidente de tráfico.

 

En lo que respecta a la segunda categoría de estudios, es decir aquellos que han utilizado simuladores de conducción, la gran mayoría informa de una peor ejecución, tiempos de reacción más largos, así como dificultades de concentración en los pacientes con SAOS. La pregunta que debemos hacernos es ¿hasta qué punto estos simuladores pueden predecir a aquellos pacientes con SAOS con mayor riesgo de accidentes de tráfico? Turkington y colaboradores18 utilizaron un simulador de conducción (una tarea que duraba 20 minutos) con el objetivo de identificar qué factores se asocian con la actuación de los pacientes en el simulador. La prueba identificaba correctamente a aquellos pacientes que no habían tenido accidentes en el año anterior y sólo a un 10% de los que sí habían sufrido un accidente. Se concluye que hay una relación escasa entre la habilidad real para conducir en los pacientes con SAOS y su actuación en un simulador de conducción. Baulk y colaboradores,19 utilizando como medida de la capacidad de conducción el tiempo de reacción, encontraron que esta variable no era útil para evaluar el nivel de vigilancia de los pacientes con apnea en un simulador de conducción. Orth y colaboradores,20 con una muestra de 31 pacientes diagnosticados de SAOS, observaron que la ejecución de estos pacientes en el simulador de conducción fue significativamente peor que la del grupo control (mayor frecuencia de accidentes y más fallos en la concentración).

 

Una de las pruebas más utilizadas por estos estudios ha sido el Steer Clear, prueba realizada en el ordenador donde se simula un paseo largo y monótono en carretera durante 30 minutos. Utilizando esta tarea, Findley y colaboradores21 llevaron a cabo una investigación con el objeto de detectar el déficit de vigilancia en pacientes con SAOS. El sujeto frente a la pantalla del ordenador y mediante la barra espaciadora del teclado, debía evitar la colisión contra una serie de obstáculos que aparecen de forma aleatoria (780 obstáculos en 30 minutos). Se observó una asociación entre la pobre ejecución de los sujetos en la prueba y el mayor grado de accidentes de tráfico. En concreto, 21 de los pacientes que habían tenido una ejecución muy pobre en la prueba de vigilancia informaron de 8 accidentes de coche en 5 años estando, además, producidos el 38% de estos accidentes por fallos de los conductores. Barbé y colaboradores22 también informaron de niveles más bajos de vigilancia, así como de una peor ejecución utilizando la misma tarea.

 

Los resultados anteriores ilustran que, gracias a los simuladores de conducción, es posible evaluar la actuación de los pacientes en una serie de tareas, dadas las enormes dificultades para analizar estos aspectos durante la conducción real. Estas pruebas permiten analizar el grado de implicación de diferentes habilidades en la conducción, ejemplo: somnolencia, tiempo de reacción, habilidades visuales, motoras, cognitivas, etc. y su nivel de afectación en esta patología del sueño. Sin embargo, a pesar de lo informado anteriormente, la generalización de estos resultados a la conducción real debe hacerse con bastante cautela debido, entre otros factores, a las diferencias sustanciales entre los simuladores de conducción (grado de realismo de la tarea, duración de la misma, tareas requeridas, di- ficultad de las tareas, etc.), y a las enormes diferencias entre la actuación en los simuladores y la actuación real lo que lleva a obtener resultados diferentes en numerosos casos.23

 

Basándose en la literatura revisada, parece clara la relación entre apnea del sueño, especialmente los casos de apnea moderada a severa y accidentes de tráfico, lo que pone de manifiesto la importancia de que estos pacientes sean tratados de una forma adecuada. A pesar de ello, los resultados de algunos de estos estudios han sido criticados por diversas razones metodológicas. Muchos de ellos no han utilizado un grupo control adecuado, en ocasiones los pacientes han sido seleccionados de muestras clínicas (no conviene olvidar que un porcentaje muy alto de personas tienen SAOS y no están diagnosticadas), y en muchos trabajos factores, tales como la edad, el sexo, el tiempo de conducción, el uso de alcohol, drogas, etc., no han sido controlados de una forma adecuada.24

 

Con el objetivo de evaluar las colisiones anuales relacionadas con el SAOS, así como los costos que ello implica en Estados Unidos, Sassani y colaboradores25 llevaron a cabo un estudio en el que analizaron el costo-beneficio que suponía tratar a conductores que padecen SAOS con Presión Positiva Continua Nasal (nCPAP). Los resultados mostraron que en el año 2000 más de 800.000 choferes se vieron involucrados en accidentes de tráfico relacionados con esta enfermedad. Estas colisiones costaron 15.900 millones dólares y 1.400 vidas. Si los conductores que padecen SAOS fuesen tratados con nCPAP en Estados Unidos, el coste supondría 3.180 millones de dólares, ahorrando por tanto 11.100 millones de dólares en costes de colisiones y, lo más importante, salvando al año 980 vidas.

 

 

Accidentes de tráfico y somnolencia

El interés suscitado por esta relación entre SAOS y accidentes de tráfico ha hecho que, en los últimos años, diversos estudios hayan intentado identificar los factores responsables del incremento en los accidentes de tráfico asociados a esta patología de sueño. Son numerosos los datos que constatan que la calidad del sueño de las personas con apnea del sueño es muy pobre, lo que produce durante el día una excesiva somnolencia responsable, en cierta medida, de los accidentes de tráfico. Según la Comisión Nacional de Investigación de Trastornos del Sueño, en Estados Unidos, se estima que la somnolencia está involucrada en el 36% de todos los accidentes de tráfico fatales y entre un 42% y un 54% de todos los siniestros.26

 

En el Reino Unido, algunas estimaciones sugieren que la somnolencia es la causa de 20 a 25% de los accidentes de tráfico en autopista.27 A pesar de ello, no siempre es fácil encontrar una relación significativa entre parámetros específicos del SAOS, la somnolencia y los accidentes de tráfico. Ejemplo: se ha informado que, aunque los conductores con mayor IAH reconocen ir casi dormidos o muy somnolientos durante la conducción, no hay diferencias estadísticamente significativas entre los sujetos con un IAH>10 y aquellos cuyo índice es inferior a 10.10 Barbe y colaboradores22 también informaron de un mayor riesgo de accidentes de tráfico en los pacientes con SAOS, aunque no encontraron ninguna correlación entre algunos de los marcadores clínicos o fisiológicos usados habitualmente para definir la gravedad del SAOS [IAH, hipoxemia nocturna, nivel de vigilancia, somnolencia diurna, ejecución ante un simulador de conducción (ESE)] y el riesgo de accidentes de tráfico. Por el contrario, Noda y colaboradores,28 utilizando la ESE, sí encontraron una correlación significativa entre las puntuaciones en la escala y los accidentes de tráfico (r = 0.56, p<0.01), por lo que concluyen que la escala puede ser útil para detectar a los pacientes con mayor riesgo de accidentes automovilísticos asociados a la alta somnolencia diurna.

 

De todos los factores implicados, algunos estudios apuntan a que la somnolencia informada por los pacientes durante la conducción es el factor que más se asociaba al incremento en el riesgo de accidentes de tráfico tanto en los pacientes con SAOS como en los pacientes que sólo presentan ronquidos, lo que pone de manifiesto la importancia de usar esta variable para alertar a los pacientes y darles prioridad en las clínicas de sueño.14, 29

 

La excesiva somnolencia diurna es quizá el síntoma más informado por los pacientes con SAOS y uno de los más estudiados. Son numerosas las investigaciones que han analizado el papel de esta variable, aunque en la actualidad un problema asociado es que no está demasiado clarificada la relación entre los parámetros polisomnográficos clásicos utilizados en el SAOS: IAH, índice de arousal (IAr), saturación de oxígeno (SaO2) y los niveles de somnolencia diurna. Sorprendentemente, Guilleminault y colaboradores30 no encontraron ninguna relación significativa entre la severidad del SAOS medida con el IAH y la latencia de sueño medida con el Test de Latencia Múltiple de Sueño (TLMS).

 

Tampoco se observaron correlaciones significativas entre la latencia de sueño y la hipoxemia nocturna medida a través del porcentaje de tiempo, con un nivel de saturación de oxígeno inferior al 90% (SaO2< 90%). Carmona y colaboradores,31 utilizando como muestra a conductores profesionales con SAOS, tampoco encontraron correlaciones significativas entre los parámetros polisomnográficos clásicos (IAH, IAr, SaO2 mínimo) y el nivel de somnolencia establecido por el TLMS y la ESE, planteándose que esta escasa relación entre los parámetros polisomnográficos empleados en el SAOS y la somnolencia diurna, puede deberse a una combinación de factores. Entre ellos, que los procedimientos de evaluación de la somnolencia no sean adecuados (en algunos casos se utilizan medidas subjetivas y en otros, indicadores objetivos), el escaso tamaño de la muestra utilizado, etc.31

 

Un estudio reciente llevado a cabo por Masa y colaboradores32 con 40 conductores habitualmente somnolientos y 23 controles (conductores no somnolientos), pone de manifiesto que el alto riesgo de accidentes de tráfico en conductores somnolientos no viene determinado por las apneas del sueño, sino por un exceso de RERA (respiratory effort-related arousals) microdespertares inducidos por el esfuerzo respiratorio).

 

Es evidente el papel que juega la excesiva somnolencia diurna en el incremento de los accidentes de tráfico. Sin embargo, no parece ser la única variable implicada. Factores tales como el tiempo de reacción, el juicio distorsionado que los pacientes tienen sobre su capacidad para conducir de forma segura, así como el conocimiento por parte del paciente de su somnolencia, parecen jugar también un papel significativo en los accidentes de tráfico. Los pacientes que son conscientes de su somnolencia pueden decidir dejar de conducir en un momento determinado; sin embargo, hay otros pacientes que no reconocen su excesiva somnolencia, que incluso a veces catalogan como ataques de sueño que se presentan sin avisar.33

 

Para explicar el aumento de siniestrabilidad vial de los pacientes con SAOS y su posible relación con otras variables, Mayorales y colaboradores34 llevaron a cabo un estudio con el objeto de evaluar si el ruido monótono del motor de un coche podía empeorar los resultados de las pruebas cognitivas de forma más acusada en pacientes con apnea del sueño que en sujetos normales. En el estudio, en el que participaron 18 pacientes con SAOS y 18 sujetos control, se evaluaron el nivel de vigilancia, el tiempo de reacción, la atención, la coordinación y la memoria con y sin ruido. Los resultados indicaron que el ruido monótono del motor de un vehículo en marcha no empeora la capacidad cognitiva en mayor proporción en los pacientes con SAOS en comparación con los sujetos sanos.

 

 

Prevalencia del trastorno en conductores profesionales

¿Son los problemas respiratorios asociados al sueño y la excesiva somnolencia más comunes en conductores profesionales que en la población general? Esta es una pregunta a la que han tratado de dar respuesta algunos estudios, variando los resultados obtenidos en función del país donde se realiza la investigación y del tamaño de la muestra. Stoohs y colaboradores35 encontraron que los conductores de camión con desórdenes respiratorios asociados al sueño y obesidad presentaban más riesgo de accidentes de tráfico. En España, en una muestra compuesta por 163 conductores profesionales de camión se ha informado de una prevalencia del SAOS del 8,6%, apreciándose, además, un incremento de la prevalencia con la edad.36

 

Utilizando una muestra bastante amplia, Masa y colaboradores37 llevaron a cabo un estudio en el que entrevistaron a 4.002 choferes seleccionados al azar, con el objetivo de identificar la prevalencia de conductores que habitualmente presentan somnolencia durante la conducción. De la muestra entrevistada, 145 (3,6%) presentaban de forma habitual somnolencia durante la conducción, observándose en este grupo una frecuencia significativamente más alta de accidentes de tráfico, al igual que una prevalencia mayor de trastornos respiratorios relacionados con el sueño. El estudio concluye que los conductores que manifiestan somnolencia de forma habitual se ven implicados con mayor frecuencia en accidentes de automóvil. Asimismo, este exceso de accidentes puede explicarse, en parte, por los trastornos respiratorios durante el sueño, los cuales son tratables, por lo que muchos de estos accidentes de tráfico en conductores somnolientos pueden prevenirse. Además, los resultados del estudio muestran que, si las cuestiones que evalúan la somnolencia hacen referencia al momento de la conducción, se puede identificar mejor a los sujetos con trastornos de la respiración durante el sueño.

 

En un estudio más reciente, Kingshott y colaboradores38 examinaron la prevalencia de los problemas del sueño relacionados con la respiración, los niveles de somnolencia y el deterioro en la ejecución en una muestra de 60 conductores que habían sufrido accidentes de tráfico y 60 sujetos control. Se observaron diferencias significativas en la somnolencia objetiva utilizando el Test de Mantenimiento de la Vigilia (mayores niveles de somnolencia para los conductores) mientras que no se observaron diferencias en los niveles de somnolencia subjetiva (ESE). Tampoco se observaron diferencias en las distintas medidas del polisomnograma entre los dos grupos de sujetos. Los conductores que habían sufrido accidentes tenían niveles significativamente más altos de somnolencia subjetiva durante la conducción, tiempos de reacción más largos y mayores niveles de somnolencia objetiva comparados con el grupo control. Sin embargo, estos resultados eran independientes de los factores responsables de la fragmentación de sueño, ya que ambos grupos mostraban niveles moderados de trastornos leves de la respiración relacionados con el sueño.

 

Howard y colaboradores39 llevaron a cabo un estudio en Australia con un propósito similar a los anteriores, evaluar la prevalencia de la somnolencia diurna y los trastornos respiratorios en una muestra de conductores comerciales de vehículos. Los datos indicaron que más de la mitad de los conductores (59,6%) tenían trastornos de la respiración relacionados con el sueño y el 16% tenían apnea obstructiva (IAH mayor o igual a 5 y una puntuación mayor o igual a 11 en la ESE). Además, el 24% de los conductores presentaba excesiva somnolencia diurna crónica, que se incrementaba a medida que aumentaba la severidad del trastorno de sueño.

 

Yee y colaboradores,40 en un estudio también realizado en Australia, evaluaron la frecuencia de los trastornos del sueño en conductores que habían sido atendidos en el servicio de urgencias como consecuencia de las lesiones sufridas después de un accidente de tráfico. A través de una carta y una llamada telefónica seleccionaron a 120 conductores, de los cuales 40 (33%) completaron el protocolo del estudio. De la muestra seleccionada, 27 de los pacientes (67%) informaron de sensación de cansancio al despertarse y 10 de ellos (25%) tenían una puntuación elevada en la ESE (superior a 10). Seis de ellos (15%) informaron de somnolencia, o bien de haberse quedado dormidos de forma previa al accidente. Respecto a la prevalencia de trastornos del sueño, se observó que el 40% presentaba problemas entre los que destacaban apnea del sueño en 14 de ellos (35,9%), movimientos periódicos de las piernas en 3 (7,7%), 5 de ellos informaron de problemas de restricción de sueño consistentes en tener un sueño nocturno menor de 6 horas (12,5%), y un sujeto informó de insomnio (2,5%).

 

 

Influencia del Tratamiento con nCPAP en los accidentes de tráfico

La Presión Positiva Continua Nasal (nCPAP) es actualmente el tratamiento estándar en la apnea del sueño, aunque está indicada fundamentalmente en los pacientes con SAOS de moderado a grave. En los pacientes con índices de severidad leve el abandono de la terapia es bastante significativo. Aunque el tratamiento del trastorno reduce el riesgo de accidentes, no se ha probado el hecho de que otras intervenciones que reducen la somnolencia reduzcan también el riesgo de accidentes.39 Respecto a su eficacia, son numerosas las investigaciones que han evaluado los efectos de la nCPAP en la sintomatología del SAOS, entre ellos la excesiva somnolencia diurna, siendo los resultados, en algunos casos, contradictorios.

 

Concretamente algunas investigaciones no han encontrado mejorías significativas en los niveles de somnolencia objetiva (TLMS) ni subjetiva (ESE) después de la nCPAP,41 mientras que otras han informado de una mejoría significativa en la somnolencia diurna subjetiva (ESE),42, 43 pero no en la objetiva (TMV).42 Engleman y colaboradores44 sí encontraron que la nCPAP mejoraba los niveles de somnolencia medida tanto de forma objetiva (TLMS) como de forma subjetiva (ESE). Se han planteado algunas explicaciones a estos resultados, entre las que cabe destacar, la variabilidad de la muestra utilizada, el tipo de pruebas utilizadas, la utilización o no de un grupo placebo, y sobre todo la adherencia a la terapia. Los estudios indican que las mejorías más notables se observan en aquellos pacientes que informan usar la nCPAP de forma continuada.

 

En relación a la problemática que nos ocupa, los accidentes de tráfico, las investigaciones realizadas al respecto informan que la terapia con nCPAP disminuye la tasa de accidentes de tráfico autoinformados en pacientes con SAOS. Krieger y colaboradores45 encontraron que el número de accidentes de tráfico informados por los pacientes con SAOS disminuía después de un año de tratamiento con nCPAP. Findley y colaboradores,46 a diferencia de otros estudios, utilizaron una medida objetiva para evaluar el descenso en los accidentes de tráfico en pacientes con SAOS después de instaurar la terapia con nCPAP. Examinaron los accidentes de tráfico de pacientes con SAOS antes y después de la terapia con CPAP y los compararon con conductores con SAOS que no habían aceptado el tratamiento. De los 50 pacientes estudiados, el 72% informó haber usado el tratamiento con nCPAP durante el período de 2 años. Antes de la terapia el estudio muestra que en los pacientes con SAOS el rango de accidentes de tráfico era superior al de todos los conductores del Estado de Colorado. Sin embargo, una vez instaurada ésta, la tasa de accidentes de tráfico se vio disminuida, dato que no se observó en los pacientes no tratados. En este segundo grupo la tasa de accidentes continuaba siendo alta.

 

Utilizando una muestra de 210 pacientes tratados con nCPAP durante 3 años, George47 observó que antes de la terapia, el riesgo entre los afectados era tres veces superior al de los individuos sanos. No obstante, al cabo de tres años de tratamiento, dicho riesgo descendió al mismo nivel de la población general. Tras dos años de tratamiento con nCPAP, Yamamoto y colaboradores48 llevaron a cabo un estudio en el que evaluaron, en un grupo de pacientes con SAOS el uso de la terapia, la somnolencia diurna, los niveles de depresión, así como su historial de conducción durante el tratamiento utilizando para ello una encuesta. No se observaron accidentes de tráfico entre los usuarios rutinarios de automóvil durante el tratamiento, mientras que 13 de estos pacientes (33%) sí había informado de accidentes antes del tratamiento.

 

La somnolencia diurna también se vio disminuida significativamente en los pacientes después del tratamiento con nCPAP. En otro estudio, esta vez después de un año de terapia, Cassel y colaboradores49 observaron que la terapia con nCPAP reducía los niveles de somnolencia diurna medida de forma objetiva (TLMS) y que esta disminución, unido a una mejoría en variables tales como fatiga y tiempo de reacción, era la responsable de un descenso en el rango de accidentes de tráfico observado en estos pacientes.

 

Utilizando simuladores de conducción también se ha evaluado si la ejecución de los pacientes con SAOS mejora después de la terapia. Prueba de ello es el estudio llevado a cabo por Orth y colaboradores20 en 31 pacientes diagnosticados de SAOS. Estos autores evaluaron la ejecución en una tarea antes y después de 2 y 42 días respectivamente de instaurar la nCPAP. Los datos se compararon con 10 sujetos controles saludables sin SAOS. Los resultados mostraron que, después de la terapia, disminuía de forma significativa la frecuencia de accidentes, así como los fallos en la concentración en el simulador de conducción. Otros estudios después de 1 y 12 meses de tratamiento50 y después de 1 mes de tratamiento,51 respectivamente, también han puesto de manifiesto las mejorías observadas en la ejecución en las pruebas de conducción después de la terapia con nCPAP.

 

 

Conclusiones

Los estudios anteriores identifican claramente al SAOS como un factor de riesgo en los accidentes de tráfico con las consecuencias tan importantes que esto con lleva para la seguridad pública, particularmente porque estos accidentes que envuelven a pacientes con SAOS están asociados con lesiones mayores. Esta y otras consideraciones han llevado a que se plantee la cuestión sobre la conveniencia o no de que estos pacientes puedan tener licencia para conducir al menos hasta que sean tratados adecuadamente. Existen serias dificultades en relación a este aspecto. En primer lugar porque el diagnóstico del SAOS no depende sólo del IAH, sino que deben tenerse en cuenta otros aspectos, como el deterioro de la arquitectura del sueño que lleva especialmente al padecimiento de somnolencia y, en segundo lugar, porque existen grandes diferencias entre los países.52 Actualmente no hay una regulación uniformemente aceptada en Europa acerca de la licencia para la conducción de los pacientes con SAOS.

 

Sin embargo, es sumamente importante buscar medidas adecuadas que protejan tanto a los pacientes con SAOS como a la comunidad de las lesiones, e incluso de las posibles muertes relacionadas con los accidentes de tráfico causados por conductores somnolientos con SAOS no tratados. Particular atención merecen los conductores profesionales de larga distancia. Las directrices sobre estas regulaciones acerca de las licencias de conducción de los pacientes con SAOS deben incluir una responsabilidad compartida entre el médico, los pacientes y las autoridades correspondientes en la emisión y control de dichas licencias.


En España, por ejemplo, la tarea de detección del conductor de riesgo está encomendada a los Centros de Reconocimiento de Conductores, lo que representa un doble problema en el caso de pacientes con SAOS; por una parte porque es mínimo el porcentaje de pacientes diagnosticados y, por otra, porque el conductor puede ocultar durante el reconocimiento su enfermedad (voluntaria o involuntariamente). Actualmente las clínicas de sueño se encuentran con un gran problema grave cuando tienen ante ellos conductores de riesgo (profesionales en algunos casos) y no encuentran la vía para impedir que puedan conducir, en parte derivado de la ley de protección de datos, así como de la confidencialidad de los datos médicos. Hasta ahora las soluciones las va dando cada profesional o servicio a nivel individual, aunque lo deseable sería establecer un procedimiento para que el médico encargado del paciente, comunicara a los responsables de tráfico los pacientes con alto riesgo de sufrir un accidente de tráfico.2

 

En España (Apartado 7.2. del Anexo IV Real Decreto 772/1997, de 30 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento General de Conductores), se recoge en el apartado de Trastornos del Sueño de origen respiratorio al síndrome de apneas obstructivas del sueño estableciendo que los afectados de esta patología que cuenten con un informe favorable de una Unidad de Sueño donde se especifique que están siendo sometidos a tratamiento y control de la sintomatología diurna, podrán obtener o prorrogar su permiso o licencia con período de vigencia máximo de dos años para conductores no profesionales y un año para el caso de conductores profesionales, lo que pone de mani- fiesto que estos pacientes, aportando un informe favorable de una Unidad de Sueño en el que conste que están siendo sometidos a tratamiento y control de sus síntomas, podrán obtener o prorrogar su permiso de conducir.53

Un problema añadido es que, a través de los diversos estudios publicados, no ha sido posible predecir, a partir de estudios polisomnográficos de sueño, test objetivos y subjetivos de somnolencia, o pruebas que evalúan la habilidad para mantener la vigilia, cuáles pacientes con apnea tienen mayor riesgo de sufrir accidentes, ya que la literatura indica que muchos conductores con apnea no han tenido accidentes, por lo que no parece razonable impedir que a todas las personas con está patología del sueño puedan conducir.54

Por ello, y en relación a todo lo anterior, una forma de disminuir el riesgo de accidentes debido a la apnea de sueño es aumentar el conocimiento sobre esta enfermedad, sobre todo a través de la educación, particularmente de los síntomas, que en muchos casos son reconocidos por los propios pacientes y sus familiares. Hay que informar al paciente sobre el riesgo aumentado de conducir somnoliento en esta patología, proporcionándole, además, información por escrito de los datos que actualmente existen sobre la gran proporción de accidentes de tráfico causados por trastornos del sueño.

 

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